El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 44
- Inicio
- Todas las novelas
- El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo
- Capítulo 44 - 44 La Horda de Muerte
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
44: La Horda de Muerte 44: La Horda de Muerte (Diana) Esto era malo.
Muy malo.
El suelo temblaba, y de ese montón de rocas que habíamos pasado de largo…
salían Ghouls.
Decenas de ellos, tal vez cientos, grises, huesudos, con garras que arrastraban por la roca, un sonido perturbador que erizaba mi piel.
Eran la versión muerta y huesuda de los goblins; El recuerdo de la otra cueva, del pánico helado, me golpeó en la nuca como una ráfaga fría.
Sentí el inicio de la parálisis, el terror que me había negado la transformación.
Pero esta vez, mi mente no cedió.
El pensamiento de Víktor caído, de Samara sola, actuó como un latigazo.
«No me paralizaré.
No otra vez».
Víktor reaccionó al instante.
Corrió hacia adelante tan rápido como podía, contra el Ghoul solitario.
«¡Síganme!», su pensamiento nos llegó claro, una orden urgente que no permitía el debate.
No había tiempo para dudar.
Corrimos detrás de él por la cornisa estrecha, cuidando no resbalar, pero sin perder tiempo valioso.
Víktor llegó hasta el Ghoul que aún se levantaba.
No se detuvo a pelear.
Con una patada lateral potente y precisa, lo mandó a volar, haciéndolo rodar ladera abajo hacia la oscuridad que se tragaba el valle.
Un problema menos, muchos más por venir.
Pasamos corriendo por donde estaba la cabra muerta.
El olor era insoportable, una mezcla de sangre fresca y descomposición que se me pegó a la garganta.
Intenté no mirar, pero la imagen de sus ojos abiertos y vidriosos se quedó grabada.
No podíamos detenernos.
«¡Necesitamos espacio!», proyectó Víktor de nuevo, su mente ya trabajando en la estrategia.
«¡Un claro donde pelear!
¡Las laderas son demasiado peligrosas!».
Tenía toda la razón.
Un resbalón aquí, un empujón de un Ghoul, y caeríamos al vacío.
Mientras corríamos, metí la mano en mi bolso mágico y saqué un par de granadas, de las pegajosas y de las de hielo que hicimos.
Sabía que la horda nos seguía de cerca.
Las fui dejando caer detrás de nosotras, sin mirar, sin detenerme a ver el resultado, esperando que sirvieran de algo.
El miedo y la prisa me hacía un poco torpe, pero mi voluntad era más rápida que el pánico.
Cualquier cosa que nos diera valiosos segundos de ventaja.
Y entonces, lo vi, y se me heló la sangre.
Una parte de la horda…
estaba trepando.
Usaban sus garras largas para escalar por la pared casi vertical de la montaña, moviéndose de forma antinatural, como insectos horribles.
Podían llegar a nosotros por arriba.
Uno de ellos saltó.
Directo hacia mí, desde la pared.
Se me paró el corazón.
Esta vez, sin pensarlo dos veces, la orden de transformación se abrió paso por mi mente.
«¡Lince!
¡Rápido!».
Pero antes de que mi cuerpo pudiera responder, escuché el grito de Samara.
No fue su lamento calmante, fue el grito de Banshee puro, el que te congela por dentro.
Tan potente y concentrado que provocó una onda de sonido que golpeó de lleno al Ghoul en pleno vuelo, desviando su caída.
Lo vi pasar y caer gritando al abismo.
Samara me había salvado, otra vez.
—Gracias —grité, aunque no sé si me oyó.
«No sabía que tu grito podía hacer eso Sam» proyecte en su mente.
Mi sorpresa fue enorme cuando respondió «Ni yo, pero funciona y se ve genial ¿no crees?» Seguimos corriendo, la respiración me quemaba en el pecho y las piernas comenzaban a doler.
Escuchábamos las explosiones sordas de las trampas detrás nuestro, seguidas de gruñidos de dolor.
Algunos Ghouls caían por las laderas, pero sentía que la mayoría seguía detrás.
Eran demasiados, una marea gris de criaturas hambrientas que nos perseguía sin descanso.
—¡Ahí!
¡Un claro al frente !
—gritó Víktor, señalando hacia adelante, a una pequeña meseta unos metros más arriba.
Aceleramos, sintiendo el suelo más firme y ancho bajo nuestros pies, un alivio increíble después de la cornisa traicionera.
Corrimos lo más al centro que pudimos, intentando ganar algo de distancia y tener la ventaja del terreno.
En cuanto llegamos, Víktor se giró y lanzó una de las granadas explosivas.
Una fuerte explosión resonó en la montaña.
Una bola de fuego anaranjado estalló justo cuando los primeros Ghouls entraban al claro.
El fuego parecía funcionar mucho mejor que el hielo o el pegamento.
Varios Ghouls empezaron a arder, soltando unos chillidos agudos y horribles, retorciéndose en el suelo en agonía total, no era agradable a la vista.
Los que venían detrás se detuvieron un instante, como si dudaran, quizás asustados por las llamas.
Eso nos dio un segundo, Samara y yo arrojamos granadas de brea, pegajosa e inflamable frente a las llamas.
Víktor, protector y necio como siempre, se puso delante de nosotras, con los puños apretados, listo para recibirlos él solo.
Terco.
Samara reaccionó al instante.
Lo jaló del brazo hacia atrás con fuerza.
—¡Esta vez no, héroe!
—le dijo, y su voz tenía ese tono que no admite discusión—.
Luchamos juntos o morimos juntos.
Víktor la miró, luego me miró a mí, que asentí con toda la fuerza que pude.
Entendió.
Asintió, un gesto corto y firme.
Juntos.
Pero el respiro duró poco.
Los Ghouls de atrás, recuperados del susto inicial, empezaron a empujar a los que estaban parados frente al fuego.
Algunos más cayeron a las llamas, aumentando la pila de cuerpos ardientes, pero otros, sin importarles nada, pasaron corriendo por encima de los cuerpos de sus compañeros.
Atascándose en la brea y esparciendo la llamas, aun así, eran tantos que algunos lograron pasar por arriba de los cuerpos quemados invadiendo el claro, esa maldita horda parecía interminable.
Nos colocamos hombro con hombro.
Víktor en el centro, firme como una roca.
Samara a su izquierda, concentrada, su energía lista para desatarse.
Yo a su derecha, sintiendo la adrenalina correr por mis venas, planeando cómo acabar con la mayor cantidad posible de una sola vez.
Mi mano ya buscaba la siguiente poción en el bolso mágico, y esta vez, mi mente estaba clara y lista.
Estábamos listos.
Que vinieran.
La verdadera pelea acababa de empezar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com