El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 51
- Inicio
- Todas las novelas
- El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo
- Capítulo 51 - 51 La Dama de la Brisa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
51: La Dama de la Brisa 51: La Dama de la Brisa (Diana) Nos quedamos en la cueva un rato, recuperando el aliento.
El olor a ozono y roca quemada por el pilar que Víktor había invocado era fuerte.
Yo temblaba un poco, no por el frío, sino por la adrenalina y el…
asco mental que nos había dejado el Wendigo.
Ver cómo casi volvía a Víktor en nuestra contra…
fue horrible.
Estábamos sentados, muy juntos, apoyados contra la pared de la cueva, tratando de que el silencio nos calmara.
Fue entonces cuando el aire cambió.
No fue un cambio gradual.
Fue de golpe.
El calor de la fogata pareció encogerse, y una helada profunda se metió en la cueva.
No era el frío normal de la montaña, ese que muerde la piel.
Era un frío quieto, pesado, que se sentía antiguo y se te metía en los huesos.
Las brasas de nuestro fuego chisporrotearon con rabia, y el vapor de nuestra propia respiración se hizo visible al instante.
—¿Qué es eso?
—murmuré, buscando en mi bolso mágico una poción de fuego, cualquier cosa.
Una niebla pálida, casi con un tono azulado, comenzó a formarse cerca de la entrada.
No entró desde afuera; pareció nacer del aire mismo dentro de la cueva.
Se arremolinó sobre sí misma, haciéndose más y más densa, hasta que empezó a tomar forma.
La forma de una mujer.
Era alta, increíblemente hermosa, pero de una manera que te daba escalofríos.
Su piel era pálida como la nieve bajo la luna, y su cabello, largo y blanco, flotaba lentamente a su alrededor como si estuviera bajo el agua.
Llevaba un kimono o algo parecido, de un blanco puro con bordes azules.
Nos miraba.
Mi primer pensamiento fue: «¡Otro más!
¡El Coleccionista no nos da ni un respiro!».
Saqué una granada sónica, lista para lanzarla.
A mi lado, Víktor reaccionó al instante.
No se transformó, pero sentí la furia del Lycan despertar en él; sus manos se crisparon y un gruñido bajo retumbó en su pecho mientras se ponía delante de nosotras.
—Tranquilos —dijo Samara.
Su voz era firme, tranquila.
Puso una mano en el brazo de Víktor—.
No viene a hacernos daño.
Víktor y yo la miramos, ¿cómo podía estar tan segura?
—La siento…
—continuó Samara, sus ojos fijos en la aparición—.
Su hilo es frío, muy frío, pero estable.
No siento intención de ataque.
Solo…
una inmensa curiosidad.
Ella es la brisa misma, nos viene siguiendo desde hace tiempo.
Si quisiera matarnos, ya lo habría hecho mientras corríamos por las laderas.
La mujer de hielo inclinó la cabeza, un gesto lento y elegante.
Su voz sonó exactamente como me la imaginaba: como el viento pasando sobre cristales de hielo.
—La Tejedora tiene razón.
Los he observado.
Y estoy…
agradecida.
Víktor relajó un poco sus músculos, pero no del todo.
—¿Agradecida por qué?
—Por limpiar la montaña —dijo el espíritu.
Se deslizó un paso más cerca, flotando sin esfuerzo sobre el suelo de roca—.
Desde que aquel tipo se instaló en lo alto del Colmillo, hace ya mucho tiempo, no ha hecho más que contaminarla.
Mi corazón dio un brinco.
—¿El Coleccionista?
La Yuki-onna (tenía que ser una Yuki-onna, como en los bestiarios de ULIMA) asintió.
—Trae sus extrañas criaturas.
El monstruo de piedra que duerme de día.
Los muertos hambrientos que salen de la tierra.
El espíritu del hambre helada que acaban de destruir.
Son suyos.
Juguetes que ensucian la pureza de mi montaña.
—¿Cómo los trae?
—preguntó Víktor, siempre táctico—.
No hemos visto rastros de un ejército subiendo.
—Nunca baja o sube la montaña a pie —explicó la mujer de nieve—.
Va y viene usando un extraño artefacto dentro de su cueva.
Como una puerta brillante que se abre a otros lugares oscuros.
Siempre regresa con un nuevo poder, o una nueva…
abominación que añadir a su colección.
Un escalofrío me recorrió.
Un portal.
Eso significaba que no estaba atrapado aquí.
Podía ir y venir.
Eso lo hacía mucho más peligroso.
—Su aura es descomunal —continuó la mujer, y casi pude verla temblar—.
A veces intento vigilarlo, convertida en ventisca, en la nieve que cae.
Pero él…
él puede sentirme.
Siento sus ojos sobre mí, incluso cuando soy solo aire y nieve.
Jamás he tenido el valor de acercarme demasiado.
Nos miró a los tres, uno por uno, su rostro helado y perfecto era muy serio.
—Si planean enfrentarlo…
recen porque el Guardián del Colmillo los acompañe.
—¿El Guardián?
—preguntamos casi al mismo tiempo.
—¿El Leshy?
—interrumpí yo, era una suposición lógica—.
¡Ya lo conocimos!
Nos mostró un camino secreto…
Antes de que pudiera terminar la frase, la Yuki-onna desapareció.
Un instante estaba frente a nosotros, y al siguiente, sentí un frío mortal en mi nuca, como si alguien hubiera presionado un bloque de hielo contra mi piel.
Me congelé.
—El Leshy es el guardián de la superficie —susurró en mi oído, su aliento era un vapor gélido—.
Les enseñó las venas de la montaña, los caminos.
Me giré de golpe, pero ella ya estaba flotando en el centro de la cueva de nuevo.
Samara y Víktor la miraban con la misma tensión que yo sentía.
—El verdadero Guardián vive en el corazón de la montaña.
Tan profundo —me miró directamente, y su mirada me hizo sentir pequeña— que ni tú, pequeña cambiante, te atreverías a excavar para llegar.
—Su mirada se volvió distante, como si mirara a través de la piedra misma—.
No hay criatura viva en esta tierra que lo haya visto.
Por eso lo dudo…
pero espero que los ayude de una forma u otra.
Y así como apareció, su forma se deshizo.
Se convirtió en una niebla helada que se y desapareció en el viento de la noche.
Nos quedamos solos otra vez, tiritando un poco.
El calor de la fogata parecía volver lentamente.
Nos miramos los tres.
El Coleccionista usa portales.
Y hay otro guardián.
Un guardián que nadie ha visto, en un lugar al que no nos atreveríamos a ir.
—Bueno —dije, tratando de sonar más valiente de lo que me sentía—.
Esta montaña se está volviendo mucho más complicada.
Víktor asintió, su rostro sombrío.
Pero fue Samara quien habló, su voz tensa, y me di cuenta de que ella se había quedado pensando en algo más.
Algo que nos afectaba a todos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com