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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 57

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  4. Capítulo 57 - 57 Alquimia Onírica
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57: Alquimia Onírica 57: Alquimia Onírica (Samara) El estupor mágico que nos reclamó se sintió como hundirse en hielo espeso.

No fue un sueño natural.

Fue una desconexión forzada, un peso antinatural que me arrancó de la conciencia.

Cuando recuperé los sentidos, el frío de la roca había desaparecido.

Abrí los ojos, no a la oscuridad de nuestra cueva improvisada, sino a la familiar luz púrpura y gris del plano onírico.

Estábamos de vuelta en nuestro “espacio” mental, el cielo arremolinándose sobre un suelo de piedra oscura y pulida.

Víktor y Diana se materializaron a mi lado, sus formas astrales parpadeando con confusión antes de solidificarse.

—¿Qué…?

¿Cómo llegamos aquí?

—murmuró Diana, frotándose los ojos—.

¿Fue el Coleccionista?

¿Otro ataque?

—No.

He sido yo quien los ha invocado.

La voz del Profesor Caelum resonó, no desde un punto, sino desde todas direcciones, como si el propio aire hablara.

Flotaba frente a nosotros, su túnica de niebla estelar brillando suavemente, su rostro enigmático e impasible.

—En cuanto sentí que sus presencias se escondían del velo, supe que habían encontrado refugio.

Y sentí su agotamiento, pero también su urgencia.

Decidí traerlos aquí, mientras sus cuerpos físicos descansan seguros en la montaña.

Su forma pareció solidificarse ligeramente.

—Debo disculparme por mi abrupta partida la última vez.

La magia que desataron para defender su vínculo, su “Sinfonía del Alma”, fue…

notable.

Y provocó una reacción que no podía ignorar.

Su mirada blanca pareció enfocarse en algo más allá de nosotros, en un recuerdo de otro plano.

—Detecté un flaqueo momentáneo en la magia del Coleccionista.

Una ola de pura frustración que rompió brevemente su ocultamiento.

Creí que podría rastrearlo hasta su origen.

—¿Y pudo?

—pregunté, mi voz sonaba ansiosa, la esperanza mezclándose con el temor.

Caelum nos observó, y por primera vez sentí una vibración de algo parecido a.… incertidumbre en su aura.

—No.

Recuperó la compostura casi al instante, volviendo a ocultarse tras sus barreras psíquicas.

Su adversario tiene un temple formidable, una disciplina férrea.

Sin duda es una criatura antigua, poderosa y metódica.

El silencio que siguió fue pesado.

Si Caelum, el Augur del Velo, lo describía con tanta gravedad, nuestra misión era aún más peligrosa de lo que imaginábamos.

—No he podido deducir más —prosiguió Caelum—.

He buscado ecos y flujos que me lleven a él, pero no he tenido la habilidad suficiente.

—Les aseguro que no están solos en esta búsqueda.

La Profesora Nimue sigue escuchando susurros en el viento, buscando pistas.

Y el Profesor Ványar no ha salido de su oficina; parece estar repasando cada libro y pergamino en ULTIMA, buscando desesperadamente algo que pueda ayudarlos.

Sentí una oleada de gratitud.

Saber que Ványar, con su vasto conocimiento, estaba dedicado a encontrar una respuesta, nos daba un respiro.

Él y Nimue eran nuestros aliados más fuertes en la universidad.

—En cuanto al Profesor Thörne —continuó Caelum—, él, como siempre, es más práctico.

Me pidió que les entregara esto, asumiendo que tendría esta…

tutoría con ustedes.

El Augur levantó su mano etérea.

Flotando sobre su palma, aparecieron dos frascos que reconocí al instante, brillando con una luz interna.

Mi Raíz de Lamento.

Y el Polvo de Luna de Víktor.

Nuestros catalizadores base, las esencias de nuestros linajes originales.

Víktor soltó el aliento, un suspiro de puro alivio.

Se acercó y tomó el frasco astral.

—No podían llegar en mejor momento.

—Para la magia y el destino no hay coincidencias, Señor Von Wolf —respondió Caelum, su aura brillando con lo que supuse era el equivalente a una sonrisa—.

Asumo entonces que, al encontrar su nuevo refugio, se disponían a practicar el fino arte de la alquimia.

—¡Exactamente, profesor!

—exclamó Diana, su energía habitual regresando de golpe—.

¡Ahora que tenemos mi Corazón Cambiante, que es un catalizador universal, y también el polvo y la raíz, podemos hacer las recetas más poderosas de nuestros linajes!

Caelum nos observó, y luego su mirada blanca se posó en mí.

—Este plano puede tener sus ventajas.

No deja de ser “el mundo de los sueños”, si es que podemos simplificar de esa manera su naturaleza.

Aquí, la intención y la realidad están intrínsecamente ligadas.

—Pueden crear cosas aquí que se harán realidad.

Pero dichos objetos, como ya saben, no pueden viajar al plano existencial.

Aquí podrían soñar con la bomba energética más poderosa del universo, pero al despertar en la montaña, tendrían las manos vacías.

Sin embargo…

Hizo una pausa, dejándonos llenar el vacío.

La idea me golpeó con la fuerza de una revelación, la misma lógica de nuestro vínculo aplicada a la materia.

Como Tejedora, vi la distinción al instante.

No podíamos crear materia de la nada, pero podíamos crear forma.

—Sin embargo —interrumpí, la excitación creciendo en mi voz—, podemos crear las herramientas.

¡Una mesa para alquimia!

Completa.

Con mecheros, morteros de distintos tamaños, viales de cristal perfectamente limpios…

todo listo para preparar mezclas reales.

Caelum inclinó la cabeza, su aura brillando con aprobación.

—Correcto, como siempre, Señorita Keane.

Mientras hablaba, el aire frente a nosotros se solidificó.

La piedra oscura del suelo onírico se retorció y reformó, convirtiéndose en una larga y pulida mesa de trabajo, idéntica a las del laboratorio del Profesor Thörne.

Sobre ella, mecheros con llamas etéreas azules ya ardían silenciosamente, y filas de morteros de mármol y viales de cristal impecables esperaban.

Era perfecto.

—Pueden usar el mobiliario onírico para crear las pociones reales —explicó—.

Los ingredientes físicos que traen en sus bolsos mágicos existen en ambos planos.

Lo que creen aquí, usando esos ingredientes, se lo llevarán consigo al plano existencial.

Su forma de niebla estelar comenzó a desvanecerse en los bordes, volviéndose translúcida.

—Supongo que ya sabrán que el tiempo aquí no fluye de la misma manera.

Un día entero de trabajo aquí podrían ser apenas unos minutos en la montaña.

O unas horas.

Es…

fluido.

Tomen su tiempo.

Hagan su arsenal.

Y cuando estén listos…

cierren los ojos.

Durmiendo aquí, despiertan allá.

¿No son fascinantes las contradicciones y paradojas mágicas?

Aún no mencionaba la última palabra cuando su cuerpo ya se había desvanecido por completo.

Su voz, sin embargo, permaneció un segundo más, proyectada desde todas direcciones, dejándonos solos en nuestro sueño, con un laboratorio imposible y una tarea urgente por delante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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