El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 71
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- Capítulo 71 - 71 Perversión
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71: Perversión 71: Perversión (Samara) Diana no había terminado de pronunciar la última palabra cuando la tormenta se desató.
“La cena está servida”, había dicho, y en un instante, Víktor interpretó la invitación en la forma más primigenia posible.
Desapareció de mi vista, hundiéndose entre mis piernas, su boca reclamando mi intimidad con una vehemencia que me robó el aliento.
No hubo ternura.
Fue un acto de pura devoción salvaje.
Su lengua me devoraba, experta y exigente, mientras sus manos se aferraban a mis muslos con una adoración casi dolorosa.
La perversión que había sentido vibrar en el vínculo horas antes, cuando Diana lo transformó en Lycan, ahora era una realidad tangible.
Sentí sus dientes rozar la cara interna de mis muslos, mordiscos suaves que enviaban descargas eléctricas directamente a mi centro.
Y mientras el Lycan me reclamaba desde el sur, la Nextherian me tomaba desde el norte.
La mano derecha de Diana se cerró alrededor de mi cuello, un agarre firme, dominante, que no buscaba asfixiar, sino controlar.
Me permitía respirar solo lo suficiente, en jadeos cortos y desesperados, forzándome a disfrutar del asalto sin límites.
Su mano izquierda se apoderó de mi pecho, apretando, pellizcando mis pezones con una precisión rítmica que se sincronizaba con la locura que Víktor desataba abajo.
Su boca recorría mi cuello, dejando un rastro de besos húmedos y calientes.
Nunca, ni en mis momentos de mayor desenfreno, había sido tan consciente de la bendición que era el hechizo que cancelaba el ruido en la habitación.
Mis gemidos habrían sido capaces de despertar a toda la montaña, ecos de un placer tan abrumador que rayaba en el dolor.
Justo cuando el placer amenazaba con consumirme por completo, sentí el movimiento.
Víktor se levantó, su rostro encendido por la lujuria, sus ojos dorados brillando con la intensidad del Lycan.
Me tomó por los tobillos en un movimiento rudo, un reclamo total, y me jaló hacia el borde de la cama, acomodando mis muslos sobre sus caderas.
En una sola y profunda embestida, entró en mi cuerpo, llenándome por completo.
Pero el asalto no se detuvo ahí.
Diana, con una agilidad que solo ella poseía, acomodó su cuerpo sobre el mío.
Se sentó sobre sus rodillas, colocándolas a ambos lados de mi cabeza, su intimidad ahora expuesta directamente ante mi boca.
Se sujetó de los hombros de Víktor para mantener el equilibrio, creando un puente viviente de deseo.
—Bébeme, Bansheaver…
—susurró, su voz ronca.
Víktor la besó mientras sus caderas seguían moviéndose dentro de mí, un ritmo implacable.
Me aferré a las piernas de Diana, una súplica silenciosa para que no se moviera, para que me dejara beber de su humedad mientras Víktor usaba la mía para llegar más y más profundo.
Escucharla gemir tan cerca, sentir su sabor en mi lengua mientras el hombre que amaba me poseía, podría volverse mi nuevo vicio.
El placer era una obra de arte retorcida y perfecta.
En un momento, Diana se movió.
Víktor giró mi cuerpo, poniéndome boca abajo sobre las sábanas.
«Acomódate», proyectó Diana en mi mente.
La orden era clara.
Obedecí.
Me coloqué en cuatro puntos, mis manos y rodillas hundiéndose en el colchón.
Víktor me tomó por la cintura con una furia posesiva, sus manos aferrándose a mis caderas.
Sentí un tirón agudo y placentero mientras jalaba de mi cabello, levantando mi rostro lo suficiente para que Diana, ahora arrodillada frente a mí, pudiera besarme.
Era una coreografía de dominio absoluto.
Las manos de Víktor impactaban mi trasero, y casi en el mismo instante, una de las manos de Diana golpeaba mi mejilla.
El ardor era exquisito, una coordinación descomunal entre los dos que me tenía completamente sumisa a sus deseos.
Me dejé llevar por la sensación, por el ritmo de sus castigos.
—¡Más fuerte, Nextherian!
—supliqué entre gemidos, llamándola por su nuevo nombre—.
¡Embiste más duro, Lycan!
Diana se recostó frente a mí, con las piernas abiertas, una invitación silenciosa.
Víktor soltó mi cabello.
Volví a devorarla con locura, mi boca aferrándose a ella como si mi vida dependiera de ello.
Ahora eran sus manos en mi cabello, impidiéndome alejarme, dándome solo pequeñas rendijas para respirar.
Mi trasero enrojecido seguía disfrutando del castigo rítmico de Víktor.
Sentí sus uñas en mi espalda, no solo la presión de sus dedos, sino el filo de las garras del Lycan, apenas contenidas.
Este fuego de placer, lo entendí en ese momento, ardía con tal intensidad que bañaba mi cuerpo, borrando las cicatrices físicas y mentales de la batalla en la montaña, reemplazándolas por marcas de deseo.
Víktor rugió, un sonido gutural que vibró a través de mí, liberándose en mi interior.
Su orgasmo fue simultáneo con el de Diana y el mío, una explosión trina que hizo que nuestro vínculo de acero brillara con una luz cegadora en mi mente.
Caí rendida sobre la cama, mi cuerpo temblando, completamente agotada.
Víktor se levantó y caminó hacia un lado de la habitación, su pecho subiendo y bajando, admirando su logro.
Diana se sentó a mi lado, su rostro sonrojado y sus ojos brillantes de ternura.
Aún no, Bansheaver —susurró—.
Aún no es tiempo de recuperar el aliento.
Sus dedos ágiles se deslizaron por mi piel, encontrando un punto de placer casi insoportable en mi interior.
Mi cuerpo traicionero respondió de inmediato.
Víktor se sentó cerca de mi cabeza, sosteniendo mis muñecas contra la cama, observando con una fascinación depredadora cómo los espasmos provocados por Diana me sacudían.
—¡Sí, así, así!
—gritaba sin parar, mi voz rota por el placer.
Diana me llevó al éxtasis de nuevo, una ola blanca y pura que borró el mundo.
Víktor me soltó, permitiendo que mi cuerpo se curvara sobre sí mismo mientras asimilaba la intensidad.
—No puedo más…
—jadeé.
Me senté al borde de la cama, mi respiración pesada.
—Son un torbellino…
La voz de Víktor rompió el silencio.
—Aún no bebes de mí, Bansheaver.
En un instante, apareció frente a mí, de pie, la firmeza de su cuerpo era hipnotizante.
Antes de que pudiera procesarlo, sentí la mano de Diana en mi cabello, guiándome firmemente hacia él.
Abrí los labios tímidamente.
Diana empujó.
Obedecí.
Mi cuerpo se volvió a acomodar por puro instinto y perversión, en cuatro puntos en la cama, devorando al Lycan, mi propia intimidad expuesta, Diana no dejo pasar la oportunidad, sentí sus manos en mi trasero, un par de azotes, una mordida, su lengua…su lengua siguió un osado camino que llegaba a donde nunca nadie había llegado antes, una sensación nueva, invasiva…exquisita que dejaba mis ojos en blanco.
Mi boca siguió por inercia, estimulando al Lycan hasta hacerlo estallar de placer.
Un río de calor recorrió mi garganta, su esencia vital, un sabor a poder y a él.
Apenas había asimilado la sensación cuando Diana ya estaba frente a mí, besándome, compartiendo el sabor del Lycan que aún estaba en mi boca.
Mis pensamientos se perdieron, mi respiración se quebró.
Caí rendida sobre la cama, derrotada por el placer.
Víktor me ayudó a acomodarme, su toque ahora gentil.
Diana se acurrucó a mi lado, su cuerpo cálido buscando el mío.
Con el Lycan recostado tras de mí, su aliento tranquilo en mi nuca, y mi Nextherian acurrucada contra mi pecho, caímos rendidos, durmiendo en un abrazo irrompible.
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