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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - 76 El refugio de la Druida
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76: El refugio de la Druida 76: El refugio de la Druida (Diana) En cuanto llegamos, la Sala de los Ecos, tal como dijo Víktor, cerró sus puertas, aislándonos de ULTIMA.

El clic de los planos sellándose fue un alivio, pero duró poco.

Nimue nos estaba esperando.

Justo cuando terminó de decir que sabía que vendríamos, Samara corrió como un rayo.

La abrazó con tanta fuerza que no pudo evitar llorar de felicidad.

Después de toda la paranoia, ver un rostro de confianza era un golpe emocional.

—Profesora, ¿cómo sabía que vendríamos a la sala a forjar las joyas?

—preguntó Víktor, mucho más sereno que Samara.

—¿Joyas?

—repitió Nimue, con el ceño fruncido y los ojos llenos de genuina confusión—.

¿De qué hablan?

Yo pensé que vendrían a buscar a Caelum.

Él fue el único que logró contactarlos mientras estaban en la montaña.

Lamentablemente no está aquí; el director lo ha invocado a las lejanas tierras de Oblatan.

Al parecer, Caelum lo tiene al tanto del vínculo y del coleccionista, y fueron a buscar a alguien que los pueda ayudar.

Pero es una criatura terrenal, por lo cual no sé cuánto durará el viaje.

Pero díganme, ¿de qué hablan ustedes?

Samara rompió el abrazo.

Miró a Nimue a los ojos, aun llena de lágrimas, y su voz tembló, no por tristeza, sino por rabia.

—Thörne, profesora.

Thörne fue asesinado.

Puedo ver los hilos de la vida; el suyo no se apagó…

lo rompieron.

La expresión de Nimue era de sorpresa y terror absolutos, un reflejo que nunca pensé ver en ella.

Sus manos cubrieron su boca.

—No puede ser —respondió, su voz convertida en un susurro—.

El bosque, el viento, me lo hubieran dicho.

El coleccionista no puede estar aquí, es imposible.

Debe tener algún aliado.

Necesitamos contarle a Ványar.

Él conoce cada palmo de esta escuela; será nuestro mejor aliado para encontrar al responsable…

pero, mencionaron joyas.

¿Qué tienen que ver?

Le mostramos los anillos y las notas de Thörne a Nimue.

Ella las pegó contra su pecho, como si con ellas pudiera sentir a su viejo amigo.

Una lágrima rodó por su mejilla verdosa.

Respiró profundo y dijo, con la voz más firme: —Lo saben.

Si necesitan algo, la sala se adapta y lo provee para ustedes.

Supongo que por eso selló las entradas.

En cuanto terminó la frase, el piso de metal de la Sala de los Ecos se transformó.

Las runas se apagaron y la superficie se volvió la de un bosque, con musgo, tierra compactada y un olor a pino fresco.

Nimue de inmediato hizo crecer enredaderas de madera viva para crear mesas.

Víktor hizo surgir rocas enormes y calientes para crear una forja.

Samara y yo sacamos herramientas de los bolsos mágicos.

Habíamos tomado prestadas algunas cosas del laboratorio del viejo Thörne, esperando este momento.

Nimue nos ayudaba a cada paso.

Ella leía las instrucciones y le daba la estructura que la prisa le negó a su viejo colega.

Incluso para el sacrificio de sangre.

Sacó de entre su vestido de enredaderas una daga ceremonial, de hoja curva y brillante.

—Una druida nunca sale sin ella —dijo, sonriendo un poco.

El gesto era tierno pero aterrador.

Nos ayudó, haciendo cortes precisos en las palmas de nuestras manos.

El dolor de cada uno viajaba por el vínculo, así que lo sentíamos los tres al mismo tiempo, intensificando todo.

Cuando la sangre tocó la mezcla de ingredientes, la reacción fue violenta.

Una descarga mágica que sin duda nos hubiera delatado.

Entre Víktor y Nimue crearon pequeños moldes, figuras que se adaptaban a la hendidura en los anillos.

Cuando la mezcla de ingredientes, magia y sangre se estabilizó, la vertí en los moldes.

Samara cuidadosamente los llevó a la forja.

Tocaría esperar.

Víktor encendió la forja, creando una columna de fuego intenso con sus manos.

Nimue solo sonrió, diciendo: —Eso es nuevo, señor Von Wolf.

—Tenemos mucho que contarle, profesora —interrumpí.

Nos sentamos todos juntos, hablando y recordando a Thörne, hablando de la montaña, lo que vivimos, lo que sobrevivimos.

Le contamos todo.

Incluso le mostré la esencia atrapada del dragón que llevaba.

El corazón de Nimue estaba destrozado.

—Cuídalo, Diana —dijo, casi suplicando—.

No se lo muestres a nadie más.

Solo a mí, Ványar y Caelum.

Nadie más es de fiar, no por ahora.

—Bueno, es tiempo —dije, sintiendo que la mezcla ya se había enfriado.

Fui por las joyas.

Justo cuando las tomé de la forja, un estruendo llamó la atención de todos.

Era como un barullo, golpes violentos desde todas direcciones.

La Sala de los Ecos tembló, algo que jamás había hecho.

Nimue gritó: —¡Sabe que estamos aquí!

¿Quién demonios es esa criatura?

Arrojé las joyas aún al rojo vivo en mi bolso mágico.

El suelo de bosque que la sala había creado se rasgó, abriendo un pequeño pasadizo en lugar de la puerta principal.

—Es un túnel druida —dijo Nimue—.

Esta sala puede abrir puertas en cualquier parte del campus.

Estos túneles son de mis ancestros; ni siquiera el monstruo que los persigue debe saber de ellos.

Vamos, seguro nos guiará a la cabaña en el bosque.

Sigue siendo parte de los terrenos de la escuela, pero…

—Si usted no lo desea, el bosque no la delataría —terminó Víktor, entendiendo su estrategia de inmediato.

—Es correcto, señor Von Wolf.

La cabaña y su sótano serán un refugio seguro.

—¿Teníamos sótano?

—grité, mientras corríamos por el túnel que se cerraba tras nosotros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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