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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 Como una nube
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8: Capítulo 8: Como una nube.

8: Capítulo 8: Como una nube.

(Diana) Después de que Víktor se fuera a tener su conversación súper seria con las piedras, Samara y yo nos dirigimos al Lago del Velo Gris.

¡Teníamos una misión!

Bueno, ella tenía una misión de meditación profunda y yo tenía la misión de conseguir el almuerzo.

Y, sinceramente, de no estorbar mucho.

Mientras Samara recolectaba hierbas con esa elegancia suya en la orilla, yo me transformé en nutria (son adorables y nadan súper rápido) y me dediqué a pescar.

Fue casi insultantemente fácil.

Un chapuzón, un destello plateado, y ya tenía el primero.

Era un juego, sí, pero uno que se sentía… correcto.

Le llevé un montón de pescado a Samara y ella se rio, ¡de verdad se rio!

Una de esas risas suyas, claras y cristalinas, que hacen que el mundo entero parezca un lugar mejor.

Después de limpiar algunos pescados, nos sentamos a meditar en la orilla.

Al principio fue difícil, lo admito.

Mi mente iba a mil por hora, pensando en si las ardillas tienen un rey, en el sabor de las bayas que encontramos, en lo mucho que extrañaba la sensación del grifo… Pero Samara me dijo que solo respirara.

Que sintiera el vínculo.

Y lo hice.

Y entonces, empezó a hablar de los hilos.

Fue…

hipnótico.

Me describió cómo veía el mundo, como un enorme y brillante tapiz de luces.

Hilos que nacían, otros que se desvanecían, y cómo todos estaban conectados.

Era tan… hermoso.

No sé, escucharla hablar con tanta paz, verla tan completa, tan ella…

me hizo sentir pequeñita.

Y a la vez, inmensamente afortunada de estar a su lado, de ser parte de su mundo.

Así que le pregunté.

Tenía que hacerlo.

—Sam…

¿qué soy para ti?

¿Para ustedes?

Su respuesta…

fue como un abrazo en el alma.

Me dijo que era su caudal, el ruido que la salvó del silencio, el nexo.

¡La amalgama!

Que era una parte esencial de ella, de ellos.

Casi me pongo a llorar ahí mismo.

Era lo más bonito que nadie me había dicho nunca.

Ahí fue cuando se me ocurrió, una idea que nació de esa conexión tan profunda.

—Déjame verla —le susurré—.

Déjame ver a la Banshee.

Y lo hizo.

Se transformó frente a mí.

No fue aterrador.

Fue…de una forma…cautivador.

Como ver una tormenta silenciosa llena de estrellas.

Supe en ese momento cómo describirla.

—Una hermosa aura de melancolía…

—dije, más para mí que para ella.

Y entonces, vino a mí, la idea más brillante.

Mientras la miraba, sentí el frío, la niebla verde, la esencia pura de su poder… venía de mí.

Me concentré como Samara me había enseñado en la meditación, abriendo mi percepción.

Recordé lo que dijo Caelum: «puedo transformarme en todo aquello que entienda».

Y entendí que no se trataba solo de leer libros, como con el grifo.

Entender es también conocer…Sentir.

Y yo no conozco a nadie mejor, más profundamente, que a mi querida Samara.

Sus palabras resonaron en mi mente… eres un nexo.

«fluye Diana»…Fluye pensé Y entonces, simplemente pasó, simplemente lo hice.

Sentí su esencia, su tristeza ancestral, su fuerza recién descubierta, su paz… y dejé que me llenara.

La transformación fue como…

respirar.

De repente, yo también era niebla, era un susurro, una Banshee La cara de Samara…

fue mi recompensa.

Se quedó boquiabierta.

Pude sentirlo a través del vínculo: su asombro puro.

Mi transformación no era una imitación; era real.

Compartíamos la misma esencia espectral.

Como hermanas.

Mi corazón saltó de felicidad al sentir esta nueva conexión.

Y entonces…bailamos, no puedo describirlo de otra forma.

Samara, en su forma espectral, me tomó de las manos.

Y danzamos, entrelazadas, flotando a centímetros sobre la superficie inmóvil del lago.

Fue…fue como flotar en una nube con la mujer que amo, pero nosotras éramos la nube.

El mundo desapareció.

Solo éramos ella y yo, dos acordes de la misma canción, vibrando, girando en una danza silenciosa.

Fue la mejor sensación del mundo.

Cuando volvimos a la forma base, caímos suavemente en la orilla, agotadas pero radiantes.

Samara, aún incrédula, no paraba de decir lo increíble que había sido, tratando de entender cómo lo había logrado.

Yo solo me reí, y tal vez dejé caer una lágrima de felicidad al ver su rostro, al ver que la había sorprendido, al ver el orgullo en la mirada de la mujer que amo y admiro.

—Esto es lo que soy ahora, Samara.

El nexo en forma de Therian.

Soy una Nextherian.

Ella no respondió.

Solo se acercó, me tomó por el rostro y me besó, un beso que sellaba la aceptación, la admiración y un amor que trascendía cualquier forma física.

—Es hora de ir al hotel, mi amada Nextherian —me susurró—.

Ha sido un día increíble.

Regresamos al hotel envueltas en una burbuja de asombro.

La danza sobre el lago nos había dejado…

zumbando.

Esa es la única palabra.

Cansadas, pero vibrando con la resonancia de nuestra nueva conexión.

Víktor aún no regresaba de su cacería, así que la habitación era nuestro santuario privado.

—Necesito un baño caliente —dijo Samara, su voz un poco ronca—.

Siento el olor a lago y a pescado hasta en los huesos.

—Buena idea —asentí, sintiendo cómo el cansancio se asentaba en mis músculos.

Mientras el agua caliente llenaba la bañera, creando una nube de vapor que olía a las sales de lavanda del hotel, Samara se sentó en el borde, envuelta en una toalla.

Yo me senté en la alfombra del suelo, frente a ella.

—Fue real, ¿verdad?

—pregunté de nuevo, casi en un susurro, necesitando la confirmación.

—Más real que nada —respondió ella, su voz suave.

Se inclinó y comenzó a cepillar mi cabello, sus dedos moviéndose con una ternura que me hizo estremecer.

El simple gesto se sintió increíblemente íntimo.

Nos metimos juntas en la bañera.

El agua caliente nos envolvió, y solté un suspiro de puro alivio.

Por un rato, solo nos quedamos allí, en silencio, pero el aire estaba cargado de algo nuevo, una electricidad suave que pedía ser explorada.

—Eres hermosa, Sam —susurré, trazando con el dedo la delicada hoja de roble de su collar dorado.

—Tú también lo eres, Diana —respondió ella, su mano encontrando la mía bajo el agua.

Nuestros ojos se encontraron, y fue como si la danza del lago continuara.

Me acerqué lentamente y la besé.

Hacer el amor con Samara, a solas, fue como esa danza.

Silencioso, fluido.

No hubo la furia del licántropo ni el caos de mi propia energía habitual.

Fue…

como dos corrientes de agua encontrándose y mezclándose hasta ser una sola.

Un oleaje de intimidad y paz.

El vapor y el calor nos envolvían.

Salimos del agua y nos envolvimos en toallas, pero la conexión era demasiado fuerte para detenerse.

Nos movimos hacia la cama, nuestros movimientos lentos, casi coreografiados.

Nos acostamos una frente a la otra, sobre las sábanas frescas.

La vi observarme, sus ojos verdes, que habían visto el tejido mismo del universo, ahora me miraban solo a mí, con una mezcla de ternura y un deseo que me hizo temblar.

Su mano, que había estado en mi hombro, trazó un camino lento, deliberado, sobre mi clavícula.

Sentí el cosquilleo de su tacto, y luego…

más abajo.

Su palma se detuvo sobre mi pecho, justo encima de mi corazón.

Contuve la respiración.

Su tacto no era el de una curiosa, sino el de una artista.

Era suave, pero firme, y sentí mi pulso dispararse bajo su palma.

Era un calor que se extendía por todas partes.

Mis labios estaban secos.

Ella pareció notarlo y sonrió, una sonrisa suave que me derritió por dentro.

Se inclinó y sus besos eran un descubrimiento.

Trazaron caminos por mi cuello, mis hombros, dejando un rastro de escalofríos.

Luego, sentí la calidez de su aliento en un lugar nuevo, en la piel sensible de mi muslo.

Me tensé por la pura sorpresa.

Sus labios rozaron mi piel, y fue la sensación más suave que jamás había conocido.

No era un beso de hambre, era un beso de…

adoración.

Un escalofrío delicioso me recorrió de pies a cabeza, y un sonido ahogado se escapó de mi garganta.

Samara, la mujer más hermosa que había conocido, besaba mi intimidad con devoción.

Y momentos después, encontramos un ritmo.

Fue como la danza en el lago, pero física.

Nuestros cuerpos se entrelazaron, las piernas cruzadas, entretejidas como si siempre hubieran estado destinadas a estar así.

Era un vaivén lento, fluido, como el agua de un río tranquilo.

No había prisa, no había urgencia.

Solo la sensación de dos corrientes mezclándose, fluyendo juntas, convirtiéndose en una sola.

Era…

respirar.

Era el movimiento más natural del mundo.

Ella era calma, yo era energía, y juntas creamos una nueva melodía.

Nos perdimos en el tacto, en la sensación de su piel contra la mía, en el sabor de sus besos, en el sonido de nuestras respiraciones volviéndose una.

Fue tierno, fue profundo, y cuando la ola de placer finalmente rompió, lloré un poco.

De pura felicidad y alivio.

Ella solo me sostuvo, besando mis lágrimas, como si entendiera cada parte de mí, cada miedo, cada alegría.

Cuando terminamos, nos quedamos abrazadas entre las sábanas revueltas, hasta que el sol se ocultó por completo y la habitación quedó en penumbra.

—Víktor volverá pronto —susurró, su voz ronca—.

Y olerá la comida…y a nosotras.

Nos reímos suavemente.

Salimos de la cama y nos vestimos con calma, moviéndonos alrededor de la otra con una nueva e íntima familiaridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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