El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 80
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80: Relatos 80: Relatos (Samara) Después del entrenamiento de la Sinergia Total, el silencio en la cabaña no era paz, sino agotamiento.
La adrenalina nos había quemado las reservas.
En mi mente, el análisis seguía funcionando sin descanso, clasificando el miedo, la traición y la estrategia como piezas de un ajedrez mortal.
Era la única forma de mantenerme a flote sin sucumbir al lamento.
Mi atención se centró en el Profesor Caelum.
Su aparición era un milagro, pero mi lógica de banshee exigía una explicación.
—Profesor, no es que no nos agrade verlo —empecé, mi voz firme—, pero ¿Cómo llegó aquí?
Nimue nos dijo que usted estaba en las tierras lejanas de Oblatan y que un posible aliado terrenal no podría viajar por el velo.
Caelum se movió con la calma de alguien que ve el tiempo en espiral.
Su voz resonaba como si la propia Cabaña hablara, profunda y sabia.
—Es correcto, señorita Keane —confirmó, y la formalidad era un recordatorio de la jerarquía que habíamos dejado atrás—.
Su información es acertada, pero inconclusa.
El director me envió lejos con la intención de ayudarlos, está al tanto de la situación, el viaje de ida fue en efecto por el velo entre mundos que distorsiona el espacio y el tiempo mismos.
Pero ustedes, sin saberlo, me dieron la clave para volver con premura.
Hizo una pausa, y sus ojos blancos sin pupilas nos miraron a los tres, como si leyera el mapa de nuestras almas.
—En el plano onírico, aun cuando no duermen, sus mentes lo visitan.
Esas pesadillas que tienen aun cuando están despiertos: la tensión de la montaña, el miedo del museo, la brutalidad de la arena de combate.
Sueñan despiertos.
Sus mentes siguen fijas en el coleccionista y sus mentes aun atrapadas en la montaña.
Gracias a eso, pude ver y analizar los portales de su guarida.
Sus recuerdos son tan vívidos, y la Sinergia compartida de los tres aporta tanta información sobre la naturaleza de todo lo que ven, que es como si me hubieran dejado los planos para el portal en el mundo onírico.
Un portal que incluso mi amiga, casi terrenal, puede usar sin problema.
—Increíble, usa el miedo para construir —dijo Diana con fascinación, el cansancio pintado en su rostro, pero con la curiosidad de la Nextherian brillando.
Su sencillez siempre era un respiro.
—Es correcto, señorita Wilder —Caelum sonrió con melancolía—.
El miedo es una herramienta poderosa en las manos adecuadas.
Y el Coleccionista es un maestro en manejar los miedos ajenos.
Nimue, que había estado observando a Caelum con devoción, rompió el silencio con la preocupación más apremiante.
—Thalor —llamó a Caelum por su primer nombre, algo que nunca hacía en público—, los chicos tenían una esencia de dragón con ellos.
No un Wyrm del continente, sino un dragón primigenio.
El Coleccionista lo robó.
Caelum cerró los ojos, como si hubiera meditado una eternidad en un instante.
El aire alrededor de su cabeza vibró, procesando la información del vidente.
—Ese es un peligro no calculado, pero manejable —dijo con una calma irritante.
—Disculpe mi pesimismo, Profesor, pero no sé cómo sería manejable un dragón —dije de mala gana.
La pérdida del dragón primigenio me seguía doliendo en el alma—.
Lo vimos pelear.
—Envidiable.
Poder presenciar al dragón debe haber sido majestuoso —admitió Caelum, abriendo los ojos—.
Su ira y su miedo son justificados, un dragón es incontrolable, incluso para el Coleccionista.
Él no es omnipotente; solo es un ladrón.
—Sam cree que es un Elfo oscuro y la profesora Nimue no descarta a Vanyar.
—Interesante teoría Nimue, pero dejas que viejas rencillas nublen tu juicio, El servicio de Vanyar a la escuela es inconmensurable y si a eso le añadimos nuestra presencia, tu con el viento y yo entre el velo, la teoría no se sostiene.
—Volviendo a la piedra del dragón.
Dudo que pueda usarlo como arma y aun si lo usa para absorber poder, la cantidad que su cuerpo resistiría es mínima comparada con la que posee una criatura primordial.
Lo tendrá sellado, intentando dosificar su fuerza.
Es una amenaza, sí, pero no el fin de la misión.
Víktor lanzó la pregunta como un dardo envenenado, con su desconfianza natural de Lycan.
—Profesor… usted está aquí solo… ¿Qué hay de su amiga?
Caelum sonrió de nuevo, y antes de que pudiera responder, una sombra se deslizó desde el suelo.
Una serpiente oscura y grande siseó, subió por la pierna del Profesor Caelum y llegó hasta sus hombros, observándonos con cautela.
De repente, se lanzó hacia nosotros y en pleno vuelo, se transformó, adquiriendo una forma base a solo un paso de mí.
Mis instintos de banshee se dispararon, pero mi mente reconoció el patrón del cambio: era elegante y fluido, no violento ni forzado.
—Mis disculpas —dijo una joven de piel morena, ojos color miel y una expresión de disculpa.
Su voz era dulce, casi un arrullo—.
Permítanme presentarme, Mi nombre es Anayatzin.
Pueden llamarme Ana si es más fácil para ustedes.
—¡Una Cambiaformas!
—gritó Diana, más emocionada que asustada.
—No, lo siento —se apresuró a corregir Ana—.
No soy una cambiaformas.
En realidad, soy más humana que criatura.
Soy una nahuala.
Solo puedo adquirir la forma que me otorga mi espíritu protector.
—¿Espíritu?
—pregunté, mi curiosidad superando mi cautela.
Diana se apresuró a responder, con una suficiencia que solo la Nextherian posee.
—Espíritu y forma animal.
Es como juntar lo mejor de ambas, Sam.
Inmediatamente lanzó una mirada aniquiladora en dirección a Víktor.
—¡No te hagas ideas raras, lobo mañoso!
—¡Ey!, yo no he dicho nada —respondió Víktor, aunque la sonrisa burlona en sus labios lo delataba.
—Discúlpalos, Ana, son un par de niños —dije, sonriendo.
—No se preocupen —dijo Ana, con su calma contagiosa—.
El Profesor Caelum me contó sobre ustedes, sobre su vínculo, sobre cómo estando juntos ha evolucionado su magia.
Cuéntenmelo todo.
Quiero entenderlos más, por favor.
Quizá pueda ayudarles en algo.
Nimue y Caelum se retiraron hacia la habitación lateral.
Parecía que tenían mucho de qué hablar sobre el plan de fuga y la traición institucional en ULTIMA.
Nos dejaron solos.
Nos sentamos en la mesa de madera viva, con el anillo en mi dedo latiendo al ritmo de la Sinergia Total.
Era hora de contar.
Y Ana, la nahuala, con su quietud profunda, era el oyente perfecto.
Le contamos todo.
Desde el primer aullido espectral, la runa encontrada, la hoguera, los nudos, la montaña, la muerte de Thörne, hasta la arena de combate y la forja de los anillos.
Con lujo de detalle, gracias a la impudencia de Diana, que mencionaba hasta los momentos de intimidad de manera…gráfica, haciendo que Víktor y yo nos sonrojáramos.
Ana solo sonreía y asentía de vez en cuando, absorbiendo cada palabra.
—Creo que entiendo —fueron sus palabras después de escucharnos.
En ese momento, vimos pasar a Nimue y Caelum rumbo al sótano.
Dejaron una advertencia antes de bajar.
—No salgan de la cabaña.
Aun la discreción del bosque puede ser peligrosa si hay ojos ajenos.
Descansen.
Ana dijo que tenía que pensar algunas cosas antes de dar sus conclusiones.
Se acomodó en un sillón de musgo en la sala y medito hasta caer dormida.
Nosotros fuimos a la habitación, y no puedo decir que no había extrañado esa enorme cama.
El cuerpo, que había estado en tensión constante desde el inicio de la misión, se rindió.
El miedo del Coleccionista estaba fuera, pero el agotamiento era más fuerte.
Por fin, la mente de la Bansheaver podía apagarse.
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