El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 82
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- Capítulo 82 - 82 La Maestra y el Juego
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82: La Maestra y el Juego 82: La Maestra y el Juego (Samara) El agotamiento se había ido, reemplazado por una tensión palpable.
En lugar de sentir el miedo del Coleccionista, sentía la punzada de cien preguntas sin respuesta.
Caelum y Ana, después de una intensa sesión de relatos, se levantaron.
El aire en la cabaña se sintió súbitamente más ligero, pero a la vez, el nerviosismo se disparó.
—Ana y yo tenemos un par de cosas por hacer antes de seguir ayudando —dijo Caelum, su voz sin emociones, pero sus ojos transmitían una urgencia que no podíamos ignorar.
Se despidieron de todos y, tal como lo había dicho, con una facilidad pasmosa, Caelum abrió un portal.
No fue un velo etéreo como los de ULTIMA, sino una fisura en el aire, bordeada por la luz blanca y líquida del plano onírico.
—En cuanto salgan de esta cabaña, vayan directo a la oficina de Ványar —ordenó Caelum, justo antes de cruzar—.
Es imperativo que esté al tanto de la situación.
Sean cautelosos.
—Hasta que el flujo nos reúna de nuevo, cuídense.
Ambos se deslizaron por la fisura, y el portal se cerró con un chasquido silencioso, dejando un rastro de olor a ozono y a tierra húmeda.
Nimue llegó de la otra habitación y se sentó junto a mí en el sillón de musgo.
—Interesante conversación la que tuvieron —dijo la profesora, sonriendo ligeramente.
Diana la miró con recelo.
—¿Nos había escuchado?
Sentí el calor subir a mi cuello.
Había roto una regla fundamental de la confianza, pero era una cuestión de supervivencia.
—Samara fue muy amable y dejó un canal de comunicación abierto conmigo —dijo Nimue.
Víktor y Diana me miraron con sorpresa, con la decepción en sus ojos tan clara que no necesitaba el vínculo para entenderla.
Fui la Bansheaver, la más analítica, la que se supone que confía en el proceso.
Y había puesto un espía.
—Profesora —dije, ignorando el juicio de mis compañeros y saltando directamente al tema que me consumía—.
Usted, cuando nos vio a Diana y a mí besándonos en el jardín…
dijo que era tan natural como la raíz que busca el agua.
Creo que solo usted podría ver el sexo de manera tan natural.
Quería su consejo y opinión sobre lo que propuso Ana.
Nimue sonrió con una ternura infinita.
—Es algo que vale la pena intentar, Samara.
Incluso como parte natural de su relación.
La no pertenencia del cuerpo es una dinámica que, bien llevada en cualquier tipo de relación, fomenta la comunicación y el respeto, no el drama.
Además, si la magia responde a esa apertura, sería negligente no usarla.
—Lo haremos —dijo Víktor, levantándose de golpe, su enojo por mi imprudencia olvidado ante el pragmatismo de la supervivencia.
Diana asintió.
Yo, por mi parte, me quedé pensativa.
Querer y poder no es lo mismo.
Tenía que ser honesta.
—Primero tenemos que buscar a alguien compatible a nosotros.
Una magia similar que podamos absorber o que mejore las nuestras —analicé—.
Tenemos la ventaja de estar en una universidad llena de criaturas hormonales.
—Algunos alumnos se acostarían con Diana y conmigo sin pedir explicación, no lo dudo.
Pero quizá con otros debamos buscar formas de acercarnos, sin decir la verdad del propósito, o tal vez buscar una conexión que nos permita llegar a ese punto.
—Será extraño…
y tiempo es algo que no nos sobra.
Además de que debemos estar cómodos los tres con quien de nosotros realizará el acto, y con quien lo haríamos…
El coleccionista no nos da una tregua.
La idea es útil en teoría, pero la práctica se puede complicar.
—Es verdad —respondió Diana.
Víktor solo miraba el techo como si estuviera pensando en geometría avanzada, recargado en el respaldo de la silla e inclinándola en dos patas.
—No tienen que buscar mucho —dijo Nimue, con pasmosa tranquilidad.
Mi corazón se detuvo.
La miré, sin comprender.
Nimue asintió.
—Mi magia es compatible.
En cuanto dijo eso, un ruido fuerte nos obligó a voltear.
Víktor estaba en el piso.
La silla se había deslizado.
Sin levantarse, preguntó: —¿A qué se refiere, Profesora?
Nimue se rio.
Diana y yo tratábamos de permanecer serias, pero la situación era tan absurda que era casi imposible.
—Primero, lo primero —dijo Nimue, con un tono oficial que contrastaba con la sonrisa en sus labios—.
Están oficialmente expulsados de ULTIMA.
No son más alumnos de esta escuela.
Son libres de usar las instalaciones a voluntad, y si detienen al Coleccionista, lo consideraré un logro y una aportación suficiente al plantel para restituir su matrícula y graduarlos con honores.
Los tres nos quedamos pasmados.
La confusión se tradujo en una ola de Sinergia silenciosa: ¿Expulsados?
—¿Qué…
por qué?
—pregunté, sintiendo mi propia incredulidad.
Nimue respiró hondo, su sonrisa se amplió.
—Me tomo muy en serio las reglas señorita Keane, no puedo coger con alumnos, ¿o sí?
Diana casi se va de espaldas.
Víktor tenía una cara de incredulidad total.
—Ya dominan los elementos —continuó Nimue—.
Pero aún no comulgan con el Bosque.
Samara controla el viento, pero este no le susurra sus secretos.
Víktor siente la tierra, pero no habla con los árboles; las raíces no le obedecen.
Diana imita la vida del Bosque, pero no siente su pulso.
Soy la opción más lógica para una prueba de campo que, si tiene éxito, pulirá las habilidades de los tres.
Víktor se levantó del suelo, tratando de mantenerse firme.
—Entonces, ¿usted y yo?
—preguntó, con la voz temblando.
Nimue respondió: —Bueno, solo si sus compañeras están cómodas con la idea, y de ser así, yo solo tengo una petición.
Diana me miró, con los ojos brillando.
—Sam, ese sería un espectáculo inaugural increíble.
Quiero verlo.
—Creo…
que yo también, Diana —respondí, el pragmatismo ganando.
—Bien, señor Von Wolf, parece que usted y yo seremos el entretenimiento para sus compañeras.
En cuanto a mi petición…si hacemos esto, si lo hago con usted para poner a prueba la teoría y refinar su poder…
—Nimue me miró a los ojos, y sentí el color llegar hasta mi frente, rojo intenso—.
Después de Víktor…
la quiero a usted, solo por gusto.
—Profesora…
yo…
—logré decir, sintiendo mi alma de Bansheaver expuesta.
—Llámenme Nimue, no más títulos.
—Nimue…
yo…acepto —dije, sintiendo que acababa de firmar un pacto ancestral.
—¡Qué envidia!
—dijo Diana tras de mí.
—Disculpa, Diana, la conexión que comparto con Samara es diferente —dijo Nimue, con un tono que no necesitaba explicación.
—No tienes nada que explicar, Nimue —dijo Diana, sonriente—.
Yo disfrutaré viendo y sintiendo.
—Bueno —dijo Nimue, levantándose con una gracia felina—.
Parece que tenemos un plan.
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