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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 83

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  4. Capítulo 83 - 83 El Refinamiento del Bosque
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83: El Refinamiento del Bosque 83: El Refinamiento del Bosque (Víktor) La propuesta de Nimue había sacudido la cabaña con la fuerza de un terremoto.

Había aceptado la locura del intercambio instintivo en teoría, pero que la Maestra Druida, nuestra aliada, fuera la primera en la fila era otra cosa.

Yo quería acción, pero esto era un rito de iniciación.

Me levanté del sillón de musgo, sintiendo la tensión en mi espalda.

Nimue caminó hacia la habitación.

Yo la seguí.

Justo en el umbral, Nimue se detuvo y se giró hacia las chicas.

Samara y Diana se habían movido de la sala y estaban de pie, justo en el límite de la puerta.

—Samara, Diana —dijo Nimue, con una calma que me hizo temblar—.

Es necesario que permanezcan vinculadas.

El placer es la base, pero el propósito es el refinamiento de su poder.

Su presencia activa el canal.

La Maestra Druida nos miró con autoridad, cediéndoles el control del momento.

—Pueden esperar aquí, en el umbral, o entrar a la habitación.

Para mí no hace diferencia.

Su atención es el catalizador.

—Samara y yo esperaremos aquí, en la puerta —dijo Diana, con una sonrisa pícara, sin moverse del marco—.

Así podremos sentir con claridad la corrección de tu magia, y el voyerismo es mejor si el actor principal no está distraído.

Sentí la aceptación de mis compañeras fluir por el vínculo.

Entré, dejando la puerta abierta tras de mí.

La habitación no tenía una cama normal.

En el centro, una gran alfombra de musgo verde, grueso y vivo olía a tierra y a lluvia.

Nimue no esperó.

Se colocó en el centro de la alfombra.

Y entonces, su atuendo de enredaderas, ese vestido que siempre portaba, comenzó a moverse.

El tejido se desintegró en hebras de luz y savia.

Fue reemplazado instantáneamente por un nuevo ropaje: hojas frescas, musgo espeso y pequeñas flores de bosque que se tejieron sobre su piel en un patrón intrincado, cubriendo solo lo esencial.

No era un vestido; era la piel del bosque.

Su cuerpo, suave y terso, se convirtió en una extensión viva de la Tierra.

El cambio fue una descarga para mis sentidos.

La joya roja en mi anillo palpitó.

Sentí el pulso de Vida fluir desde ella, directo al Fuego y la Tierra que yo era.

Era una invitación elemental, no solo física.

—Ahora que estamos en el templo —susurró Nimue, y su voz era el susurro de la brisa entre las hojas—.

No te desnudes todavía, Víktor.

Quiero sentir tu fuerza Lycan contra mi forma natural.

Yo llevare la iniciativa.

Me miró.

En sus ojos no había lujuria, sino intención pura.

La Maestra Druida no era una mujer; era la Madre Bosque.

Y yo era el lobo que debía rendirse a sus raíces.

Ella se acercó.

Sus manos, que olían a tierra fértil, se posaron sobre mi pecho.

—Vamos a refinar tu conexión con la Tierra, Víktor —dijo, con un tono urgente y seductor—.

Tu fuego es potente, pero es demasiado superficial.

Arde rápido.

Necesitamos que hable con las Raíces, que arda desde la profundidad.

Mi instinto Lycan luchó por tomar el control, por poseerla, por reducir el acto a la fuerza bruta.

Pero Nimue era una maestra.

—Cede, Víktor —ordenó, y su voz era el crujido suave de la madera—.

Cede la Tierra a mis raíces.

El contacto de su piel, que se sentía como corteza suave, envió una oleada de Vida pura a través de mi carne.

Me besó, y no fue un encuentro de bocas, sino una transferencia de humedad y calma.

Ella me desnudó con una lentitud calculada, sin prisa, como un río que erosiona la piedra con paciencia.

Cada roce de sus dedos se sintió como una raíz explorando mis zonas erógenas, buscando los puntos de mayor concentración de Fuego.

(Samara) Lo sentí.

Desde el umbral, a pocos metros.

No solo el roce de la piel, sino la frecuencia.

El vínculo de la sinergia total se abrió y el voyerismo se convirtió en una inmersión total.

Sentí la suavidad húmeda del musgo bajo sus espaldas y el aroma de la savia.

Sentí el pulso feroz de Víktor, la fuerza Lycan que él intentaba contener, y luego, la maestría de Nimue.

Ella no buscaba placer.

Ella estaba usando el acto más íntimo como una llave.

Su cadencia era lenta, profunda, como el movimiento tectónico.

Sentí cómo sus manos, ásperas como corteza, buscaban la parte más instintiva y salvaje de Víktor, justo donde el Fuego era más puro, usándolo como un mapa energético.

En el punto de mayor fricción, sentí que la energía de Nimue no era líquida, sino fibrosa.

Estaba empujando la energía de Tierra/Fuego de Víktor hacia abajo, guiándola a través de su médula.

Enraizando el poder.

Era la cosa más fascinante y erótica que jamás había presenciado, porque no se trataba de lujuria, sino de poder.

La mirada de Diana a mi lado era de asombro puro.

(Víktor) El mundo se redujo al musgo, la humedad y el ritmo paciente de Nimue.

Mi Fuego, que normalmente estallaba en una furia caliente, se sentía dirigido.

Era la primera vez que un acto sexual me obligaba a un control tan absoluto de mi esencia.

El Atuendo de hojas de Nimue desapareció por completo, ella usó la presión de su cuerpo, la fricción calculada, para obligar a mi energía a descender, nos bañábamos en un lago de caricias calculadas.

Ella se recostó en el musgo y me guio hacia ella.

Cuando nuestros cuerpos se unieron, no fue un impacto, sino una conexión profunda.

La joya roja en mi anillo ardió.

El movimiento de caderas de Nimue evocaba un huracan, sus gemidos se sentían como susurros en el viento, un rio desbordado entre nosotros, su creciente humedad, me aferraba sediento a sus besos, el sabor del bosque llenaba mis sentidos, Nimue se movió, rompiendo el contacto, me recostó sobre el musgo húmedo, encontró su lugar sentada sobre mí.

El movimiento cambió, el viento suave paso a un oleaje, fluido y audaz, sus piernas se aferraban como raíces a mis caderas, mis manos buscaron sus pechos Nimue dejo escapar un gemido, una melodía.

—Con suavidad Víktor— murmuró, no reclames, explora, moldea mi cuerpo a tus manos como cuando invocas el poder de la tierra, deja que tu fuego arda controlado entre mis piernas.

La experiencia sensorial del encuentro era abrumadora.

Nimue volvió a mover el contacto, con un gesto sutil me indico que me moviera, me arrodille en el borde de la cama mientras ella se recostaba, el sudor en su cuerpo parecía gotas de rocío en las hojas de los árboles, el aroma pino, la suavidad del ambiente era embriagante, me aferre a sus pechos con mis labios, ella respondió abriendo las piernas, esperando mi tacto.

—El terreno inexplorado se recorre con cautela —murmuró Mis dedos obedecieron, exploraban con la calma de la brisa que alimenta una hoguera, Nimue dejo caer sus manos justo por sobre su cabeza.

—las raíces de la cama, Viktor, dales la orden Manteniendo una manos dentro de su ser, pose la otra en la cama, sintiendo la vibración, la respuesta fue inmediata, enredaderas se aferraron a sus muñecas —El instinto salvaje tambien es natural — dijo Nimue Deje el control en manos del Lycan que tomo el cuerpo de Nimue como un ansiado trofeo, fuerte intenso y certero, pero no era solo instinto, era flujo, permanencia, fuego y aire, una comunión natural sin comparación.

En el clímax, el Fuego de mi Lycan se hundió, encontrando las raíces más profundas de Nimue.

Sentí el latido lento y profundo de la Tierra viva.

Mi Tierra se había vuelto más densa, más sabia.

Mi Fuego era ahora subterráneo, volcánico, con la paciencia de un magma durmiente.

(Diana) En el momento del final, la energía que Nimue y Víktor compartieron fue abrumadora.

Sentí el poder de Tierra de Víktor multiplicarse, volviéndose denso y sólido.

Mi propia magia de Agua se sintió más pesada, más profunda.

El voyerismo se rompió cuando el estallido final no fue un grito, sino un silencio ensordecedor de la tierra.

Mi cuerpo tembló por el placer reflejado y por la pura potencia de la magia transferida.

El experimento había funcionado de manera aterradora.

(Víktor) Nimue sonrió, el triunfo en sus ojos.

—Bien, Víktor—dijo, ella—.

El Refinamiento del Bosque es tuyo.

La experiencia ha sido plena y satisfactoria para ambos, en momentos de menor adversidad y sin una amenaza latente que nos fuerce…me gustaría repetir.

Nimue sello su lección con un beso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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