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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 84

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  4. Capítulo 84 - 84 Vendaval
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84: Vendaval 84: Vendaval (Víktor) Me vestí sin prisa.

Mis pies en la tierra transmitían una sensación diferente, más allá de la simple firmeza de mi magia licántropa.

No solo las rocas, sino las raíces, la misma savia que corría bajo el suelo.

La magia se había refinado.

Esta nueva sensación, más profunda de conexión con la Tierra y con el Fuego subterráneo, era indescriptible.

El Refinamiento del Bosque era real.

Aún desnuda en la cama de musgo, Nimue me miró.

Su voz, ahora sutil y suave, era un susurro de hojas.

—Al salir, haga pasar a sus compañeras.

Asentí, sintiendo que mi cuerpo, aunque exhausto, estaba renovado.

Me giré, abrí la puerta y salí de la habitación, dando la espalda al altar de musgo.

En cuanto salí, vi a Samara y Diana.

Sus caras de placer lo decían todo.

Disfrutaron de esta primera experiencia tanto como yo.

Sus ojos estaban ligeramente vidriosos, sus mejillas enrojecidas.

La transferencia a través del vínculo había sido total.

—Quiere verlas —dije, tratando de recuperar el aliento.

Mi corazón aún latía al ritmo del magma controlado.

—¿A ambas?

—preguntó Diana, con la curiosidad de la therian brillando.

Asentí con un gesto.

(Samara) Vi el pulso de Víktor, la furia controlada en sus ojos, el sudor en su frente.

Vi el placer que aún se aferraba a su piel, la prueba irrefutable de que el ritual no había sido solo un ejercicio de magia, sino algo profundamente carnal y satisfactorio.

Sentí la fuerza de su Fuego y su Tierra a través del vínculo, ahora densa y poderosa.

Y luego, supe que era mi turno.

Tomé la mano de Diana.

Estábamos temblando de nervios, expectación y el placer residual que el vínculo había dejado.

Juntas, entramos en la habitación.

La vista era hermosa.

La piel desnuda de Nimue se fundía con la cama de musgo.

La luz filtrada por la cabaña hacía que su cuerpo pareciera hecho de savia y sombra.

—Diana, toma asiento —dijo Nimue, con una voz de mando suave.

Diana, la Nextherian que podía transformarse en cualquier cosa, obedeció sin objetar, sentándose en el borde de la cama, lista para observar.

—Samara, venga por favor.

Mis pies avanzaron por su cuenta.

El terror de la Bansheaver luchaba contra la curiosidad de la mujer.

Yo controlaba el Viento, el elemento más libre y escurridizo.

El Viento no se somete, pero Nimue había pedido precisamente eso: mi sumisión, y mi entrega.

Ella no estaba interesada en mi magia por necesidad; me quería solo por gusto y eso me excitaba más de lo que me atrevía a confesar.

—Mi conexión es diferente a la de Víktor —logré decir, mi voz apenas un susurro de aire.

—Lo sé —respondió Nimue, sin dejar de mirarme.

Sus ojos, profundos como estanques, me desnudaron—.

Víktor es la fuerza que debe aprender la paciencia.

Tú eres el secreto que debe aprender a hablar.

Tu viento sabe cosas que tu mente no te permite escuchar.

Me desvestí lentamente, sintiendo la mirada de Diana desde la cama y la de Víktor desde el vínculo, pero era Nimue la que me quemaba.

Me acosté a su lado.

Nimue no usó fuerza; simplemente fluyó.

Sus besos eran largos, húmedos, explorando mis labios con una paciencia que me obligó a liberar el Viento de mis pulmones.

Sus manos, que olían a pino, eran suaves y errantes, buscando los puntos de mi cuerpo que solo Víktor y Diana habían explorado, en mi intimidad, encontró puntos que ni ellos ni yo sabía que tenía, un placer intenso como vendaval agitaba mi piel.

El vínculo se abrió, y Samara la analista se desvaneció.

Solo quedaba el Éter.

Nimue se movió hacia mí, y el contacto de nuestros cuerpos fue el inicio de una danza aérea.

Sentí su cuerpo de vida y raíces dándome un peso que nunca había conocido, una tierra a la que mi viento podía regresar.

Ella usó la fricción, la lentitud del encuentro, para obligar a mi mente a callar.

Sentí el placer, agudo e incontrolable, pero también sentí el propósito.

El Viento de mi Bansheaver se filtró en Nimue, y ella me devolvió algo: secretos.

El susurro del bosque no venía de mis oídos, sino de mis venas.

Sentí la conversación de las hojas, la memoria de las raíces.

Mi viento estaba aprendiendo a hablar con el Bosque.

Dialogaba con piel, potenciando cada movimiento, cada sensación era una rendición silenciosa, nuestras piernas entrelazadas y nuestras caderas en movimientos cual brisa de verano, fluyendo juntas en un huracán de sensaciones.

Sus besos me robaban el aliento, podía sentir el calor de Víktor en el vinculo y el caso de sensaciones desbordadas de Diana que nos observaba atenta.

Sus manos evocaban viento cálido en mi espalda y en mi cuello, al pasar por mis pechos, erizaban mi piel con un frio invernal, Nimue no solo controlaba la fuerza del viento, tambien su temperatura y la usaba con maestría en la cama para provocar sensaciones diferentes por todo mi cuerpo, hice lo propio, con mis manos espectrales rozaba usando frio, el calor de mi forma base la hacía vibrar.

Los senos de Nimue se veían increíblemente hermosos en mis manos y el sabor del sudor que resbalaba por ellos, era como beber agua pura de manantial.

El clímax fue un estallido etéreo.

No fue un rugido ni un trueno.

Fue una canción silenciosa que llenó la cabaña, un lamento puro y sin dolor.

El vínculo se rompió por un instante, me sentí flotando en una calma invisible.

—El Susurro del Bosque es tuyo, Samara —dijo, su voz ronca por el esfuerzo—.

Y el gusto fue mío.

Cuando quieras, puedes explorar mis caminos de nuevo.

Asentí.

La idea de volver a danzar con ella en los vientos del placer era tentadora.

Nimue entonces poso sus ojos en Diana.

—Te sentí, no necesito un vínculo para ver lo evidente, tus emociones se desbordan como un rio en la tormenta, quítate la ropa y déjame calmar tus aguas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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