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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 86

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  4. Capítulo 86 - 86 El Reencuentro con Ványar
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86: El Reencuentro con Ványar 86: El Reencuentro con Ványar (Víktor) Nimue tenía razón, mientras la vimos caminar rumbo al sótano, dejamos que el sueño se asentara, no importaba que hora era, solo importaba reponer energías.

La última imagen que tuve antes de colapsar fue el rostro de Diana, radiante y exhausta, después de su Transferencia.

El éxtasis compartido de la sinergia total nos había drenado por completo, pero nos había dejado con una paz absoluta.

Desperté.

El aire en la cabaña olía a tierra fresca, musgo y savia, pero ya no había el olor a sudor y magia desbordada de los rituales.

Una luz brillante y perezosa se filtraba por las ventanas, indicando que la mañana estaba avanzada.

El agotamiento, ese depredador que me había acechado desde que dejamos la montaña, se había rendido.

Estaba renovado.

Mi cuerpo se sentía nuevo.

Puse mis pies descalzos en el suelo de madera.

Mi Tierra era pesada y firme, ya no la roca bruta, sino el magma lento y controlado.

El Fuego no era explosivo; era subterráneo.

Había una nueva capa de paciencia y propósito en mi esencia, cortesía del Refinamiento del Bosque.

Samara y Diana ya estaban despiertas, sentadas en el sillón de musgo.

Ambas vestidas, ambas tranquilas.

Nimue no estaba; solo había una nota simple sobre la mesa: “Coman.

Duerman.

Vuelvan por la mañana.

Los sellos están listos.” Comimos las raciones simples que había dejado.

El vínculo de la Sinergia total fluía, no con el caos de la noche anterior, sino con la eficiencia de un sistema bien ajustado.

Ya no éramos tres.

Éramos una sola conciencia operativa.

Al salir de la cabaña, el aire de la mañana en el Bosque Oscuro se sintió diferente, impregnado de una energía protectora.

La paranoia que nos había dominado se había desvanecido, reemplazada por la conciencia sensorial total.

La sinergia total funcionaba como un radar perfecto.

Caminamos por los senderos de ULTIMA.

Sentía el Viento de Samara analizando cada sombra, escuchando el murmullo de las hojas.

Sentía el Agua de Diana fluyendo, mapeando cada criatura viva en un radio de cien metros.

No estábamos buscando al enemigo; simplemente sabíamos, con certeza absoluta, que no estábamos siendo observados en ese instante.

El Coleccionista o el traidor estaban demasiado lejos o demasiado ocupados.

La caminata se sintió extrañamente normal, un paseo de estudiantes por el campus gótico.

Solo que ahora, éramos algo más.

Éramos un arma compartida.

—Esa hada de luna tiene una figura increíble —murmuré, sintiendo que mis labios se curvaban en una sonrisa.

Estábamos pasando por el jardín de Herbología, y una estudiante de piel lila estaba concentrada en un arbusto espinoso.

Samara, que caminaba a mi izquierda, me pinchó el costado con el codo.

—Céntrate, Lycan —dijo, pero su Viento se agitó con diversión.

—Es un ejercicio, Sam —respondí, usando el vínculo para enviarle una imagen mental de cómo el fuego podría reaccionar ante la magia no elemental del polvo de hada—.

Su magia es Vida pura.

Podríamos aprender a hacer que el fuego sea creativo y no solo destructivo.

Diana, a mi derecha, que había estado observando a un vampiro de cuello alto en la fuente mágica, sonrió.

—Míralo a él —dijo Diana, enviándome una oleada de Agua refrescante a través del vínculo—.

Alto, frío.

Magia oscura, sin duda.

No ganaríamos nada elemental, pero imagina cómo se sentirán esos colmillos.

Samara se rió, un sonido ligero y musical.

—¿Qué, Diana?

¿Ya estás lista para el voyerismo con un no-muerto?

—Quizá no gane magia, pero yo refinaría mi Agua —replicó Diana, con un guiño—.

Tendría que mantenerla en perfecto equilibrio para no congelarme con su frío.

Es un reto de control, Sam.

La conversación era liviana, pero la seriedad de nuestro pacto seguía ahí.

El sexo se había convertido en una herramienta.

Y Ana tenía razón.

Compartir el cuerpo abría una dinámica antes desconocida, una tejida en una confianza absoluta, sabiendo que el propósito no era la infidelidad, sino la supervivencia, el poder y por supuesto, placer.

—Profesor, déjeme advertirle, no se acerque demasiado a esa hada tan sensual—bromeó Diana—.

Recuerde que no podría llevarla a la cama sin nuestra ayuda…

sin nuestra agua y viento para la seducción.

—Lo dudo.

Soy el Lycan, el fuego y la fuerza.

—Sí, pero tu conversación es Tierra.

Y sin duda tu enfoque es como el de un martillo —me corrigió Samara, sonriendo, pero la burla era clara.

Ella usó el Viento para despeinarme—.

Sin mi Viento, el encanto y el Agua de Diana, la fluidez social, terminarías pidiéndole que te ayudara a buscar huesos para tu colección.

Nos reímos.

Era la verdad.

La Sinergia total no solo nos hacía más fuertes en combate; nos hacía mejores seres sociales.

—Está bien.

Buscaremos a una súcubo elemental que amplifique mi piromancia —admití, cediendo.

Caminamos en silencio los últimos metros.

La realidad de la misión regresó, fría y dura, como una pared de piedra.

Dejamos el patio central y entramos en el ala administrativa.

El radar sensorial de la Sinergia total nos indicó que había actividad limitada aquí.

Nos detuvimos.

Frente a nosotros, estaba la pesada puerta de madera tallada, adornada con el emblema de la Cábala: La oficina del Profesor Ványar.

Nuestro aliado en el corazón del campus, y el siguiente paso en nuestra guerra silenciosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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