El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 87
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87: Contención 87: Contención (Viktor) La pesada puerta de madera se sentía como un muro antes de un castigo.
Era gruesa, oscura, un trozo de historia tallado con runas que tragaban cualquier sonido, cualquier magia.
Mientras mi mano se cerraba alrededor del pomo de bronce, sentí la tensión de mis compañeras a través del Vínculo.
Diana, el Agua, era un nudo de nervios.
Samara, el Viento, estaba quieta, pero podía sentir los engranajes de su mente girando a toda velocidad.
Fuerza, les envié mentalmente.
Fuego.
No vamos a temblar.
No llamé.
Empujé la puerta y entré.
Un informe de derrota no merecía cortesía.
La oficina del Profesor Ványar siempre fue un lugar de autoridad silenciosa.
Las paredes de piedra no tenían adornos; solo estanterías hasta el techo, repletas de libros que contenían historia prohibida y magia olvidada.
El aire olía a pergamino quemado y conocimiento antiguo, pero ahora, el ambiente era denso.
Se sentía como si alguien hubiera drenado la energía vital de la habitación.
Ványar estaba sentado detrás de su inmenso escritorio de caoba.
Era el mismo de siempre: imponente, con la barba gris bien cuidada y los ojos fijos en nosotros por encima de sus lentes.
No se movió.
Solo esperó, con esa calma que siempre me ponía nervioso.
La calma del que ya sabe.
Avancé, sintiendo cómo mis botas resonaban en el silencio.
Dos pasos firmes.
Me detuve.
Posición de respeto, sí, pero con mi cuerpo listo para convertirse en Tierra pura en un segundo.
Sentía el calor de mi esencia Lycan, mi Fuego y Fuerza, esperando una orden.
—Profesor —mi voz era ronca, casi un gruñido.
Lo más difícil no era la criatura del túmulo, sino admitir esto—.
Venimos con el informe de la derrota.
Ványar alzó una ceja, invitándome a continuar.
—Era una trampa —declaré, la vergüenza se había convertido en la rabia de un guerrero engañado—.
Una prueba.
El Coleccionista nunca estuvo allí.
La batalla resultó en una paliza total, Profesor.
Apenas escapamos.
Hablé con la fría claridad de los hechos.
Samara y Diana se mantuvieron quietas a mis costados, manteniendo el Vínculo como un campo de fuerza invisible.
Ványar se recostó en el respaldo de su silla.
Juntó las manos sobre el escritorio, y por un momento, fue solo el académico.
—Lo entiendo, Víktor.
La derrota es una gran maestra si se estudia.
Dime: ¿qué encontraron?
¿Qué conjuro, qué tipo de criatura ancestral logró doblegar a la Sinergia total?
Me preparé para entrar en detalles sobre el gólem y la ilusión, pero Diana no pudo esperar.
El Agua se desbordó.
—¡Hay algo más urgente, Profesor!
—Su voz se rompió por la prisa, ignorando cualquier protocolo.
El pánico era real—.
El Coleccionista está aquí… en ULTIMA.
Y Thörne… fue asesinado.
El silencio fue ensordecedor.
El rostro de Ványar se contrajo.
La calma se esfumó y dejó una expresión de escepticismo gélido.
—¿Asesinado?
—Preguntó, y su voz era más dura que el acero—.
Señorita Wilder, Thörne ha desaparecido antes.
¿Qué pruebas sustentan una acusación tan grave?
Samara tomó la palabra.
No había emoción en su tono, solo el análisis frío del Viento.
—Mi magia ha cambiado, Profesor —explicó, sus ojos brillantes con una luz espectral—.
Ahora puedo ver la esencia vital.
Los hilos de la vida, si quiere llamarlo así.
El hilo del Profesor Thörne… fue cortado.
No se extinguió por causas naturales.
Vi la cicatriz en el éter.
Un tajo limpio, intencional.
Ványar dejó de fingir duda.
Se levantó de golpe.
El crujido de su silla en el suelo de madera rompió el silencio.
Se mantuvo en pie por un momento, asimilando la verdad de Samara.
—Es una desgracia.
Una gran pérdida para la Academia.
Luego, la energía de la habitación se transformó.
No en el fragor de una pelea, sino en la pesadez opresiva de una sentencia.
Sentí el Vínculo congelarse de nuevo.
Esto no era una conversación.
Era una emboscada silenciosa.
—Si lo que dicen es verdad —Ványar rodeó el escritorio lentamente, moviéndose como un depredador en un pasillo—, si el Coleccionista nos ha seguido hasta aquí, solo hay una solución.
Se detuvo.
—La contención de su Vínculo.
La frase era una bofetada helada.
La alarma sonó en mi pecho, una sirena primitiva.
Sentí que el mundo se hacía pequeño y que solo quedábamos nosotros tres y él.
—¿De qué está hablando, Profesor?
—Logré articular, aunque mi voz me sonó distante.
Ványar me miró.
Su mirada no era de un aliado, sino de un juez que ya ha firmado el veredicto.
—El Coleccionista está aquí por ustedes.
Por su sincronía, por sus magias que alteran el Gran Flujo.
Atraen la atención equivocada, Víktor.
Thörne ya pagó el precio de ese descuido.
Yo debo proteger ULTIMA.
Debo asegurar que su poder, un poder que no pueden controlar completamente, no destruya todo lo que hemos construido.
Debo resguardar su magia.
Mi mente Lycan desechó la lógica.
Solo quedó la defensa.
El Fuego regresó, esta vez no como calor, sino como una explosión de pura rabia.
Me puse en posición de combate al instante, la postura ancha, bajo el centro de gravedad.
Estaba listo para liberar mi forma híbrida.
Interpuse mi cuerpo, mi Tierra y mi Fuego, entre él y mis compañeras.
—¡Eso es imposible, Ványar!
—Gruñí.
La autoridad que emanaba ahora era la de la bestia, la de un alfa defendiendo a su manada—.
Nuestro Vínculo no es un conjuro o un artefacto que puedas guardar en una caja.
¡Es nuestra esencia!
¡No hay manera!
¡No voy a permitir que nos toques!
La oficina, el corazón del saber de ULTIMA, se había convertido en un campo de batalla.
Nuestro aliado.
Nuestro mentor.
El verdadero peligro no estaba en el túmulo, sino frente a nosotros, y acababa de alzar su mano.
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