El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 88
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- Capítulo 88 - 88 Resguardo
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88: Resguardo 88: Resguardo (Narra Samara) El instinto me gritó antes de que Ványar terminara la frase.
La contención.
No era una amenaza vacía; era un plan que llevaba tiempo gestándose en la penumbra de su mente académica.
Sentí el pulso salvaje de Víktor, su Fuego a punto de incinerar la habitación, y tuve que reaccionar con la velocidad y el silencio del Viento.
«¡Víktor, para!» Mi mente inundó el Vínculo, un grito silencioso que solo él y Diana podían oír.
«¡No revelen nada más!
Ványar conoce el Vínculo, pero no la Sinergia total, no sabe de la ayuda de Nimue…» La tensión era tan densa que podía saborearla: a pólvora y cobre.
Mantuve mi postura, pero mis sentidos se dispararon.
Estaba analizando la oficina de nuevo, no como un refugio de saber, sino como una trampa sellada.
La pesada mesa, los muros de piedra que absorbían la magia, las runas en la puerta…
todo conspiraba ahora contra nosotros.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
La verdad, cruda y dolorosa, cayó en su lugar como la última pieza faltante de un mapa sombrío.
«¡Nimue tenía razón!» El recuerdo de la elfa, su antigua sabiduría y su advertencia sobre su propio linaje, me golpeó.
La Dama lo dijo en Whitepines: los elfos de la Primera Era, su miedo a que la magia se extinguiera o se corrompiera.
Ellos no buscaban tesoros; ellos «resguardaban» la magia.
Ványar no era un simple ladrón.
Él era un purista.
Una debilidad fugaz y desesperada me llegó del Fuego de Víktor.
«no puede ser…» Pero la furia ya lo había superado.
Víktor dio un paso al frente, ignorando mi advertencia, su cuerpo en posición de ataque irradiando un calor abrasador.
Su Tierra se sentía inamovible, su Fuego listo para la ignición.
Sus ojos, dorados y peligrosos, se fijaron en Ványar.
—¡Fuiste tú!
—La acusación era un rugido gutural, una certeza que cortó la falsa calma—.
Tú eres el único que podría crear otro acceso al universo de bolsillo que nos diste.
Tú nos enviaste allí.
¡Tú nos robaste!
¡Tú eres el maldito Coleccionista!
Ványar ni se inmutó.
De hecho, esbozó una pequeña sonrisa, una mueca condescendiente que me revolvió el estómago.
Dio un paso atrás hacia la seguridad de su escritorio.
—Osadas palabras, pero sé que vienen de una criatura acorralada —dijo Ványar—.
No sabes lo que dices, Víktor.
Eres inestable.
Siempre lo fuiste, incluso como estudiante.
Por eso eres peligroso.
No para mí… para ULTIMA.
Es mi deber protegerla de ustedes.
De tu inestabilidad, del sentimentalismo de Diana y de tu imprudencia, Samara.
El Viento en mí se encendió con la ofensa.
Su coartada era un insulto a mi inteligencia.
—¿Y qué peligro representaba Thörne?
—Le pregunté, mi voz inyectada de una furia gélida.
Era un dardo directo al punto ciego de su excusa—.
Él no es una criatura impulsiva.
No tiene un Vínculo caótico.
¿Por qué él?
Ványar se giró hacia mí.
Por primera vez, vi la máscara resquebrajarse.
Había auténtica furia en sus ojos, el fastidio de un alto elfo al que le han señalado un error logístico.
—¡Insisten en verme como su enemigo!
Su mente infantil no puede concebir otra idea, tienen esa absurda fijación conmigo.
—Sé cuándo alguien miente, Ványar —respondí.
Mi voz era plana, sin hechizos, solo la certeza implacable de mi intelecto—.
Sé cuándo estás construyendo un muro de excusas.
El hilo de Thorne fue cortado.
Nadie vio nada, solo tu conoces lo suficientemente bien esta escuela como para cubrir las huellas.
Él me miró con una mezcla peligrosa de respeto macabro y desprecio.
—Astuta, señorita Keane, pero necia e impulsiva —su voz se hizo un susurro peligroso—.
Una razón más para contener el Vínculo.
Para hacer lo que ni la Hoguera ni la Montaña pudieron: silenciarlos de una vez por todas.
Su magia es demasiado fuerte, demasiado volátil.
El Agua de Diana se sintió como una ola de desesperación y tristeza.
Su alma simple y empática no podía asimilar la traición.
—Entonces es verdad —murmuró Diana.
La sonrisa de Ványar se amplió.
Ahora se sentía libre de la mentira, libre de la carga de su fachada.
—¿Coleccionista?
—dijo con desdén, agitando la mano—.
Absurda palabra de mentes simples que no entienden el peso de la responsabilidad.
Yo resguardo, no colecciono.
Desde la Primera Era, mi clan ha jurado proteger la magia de Theryndal.
Es mi deber sagrado continuar su trabajo y corregir su error.
El mundo debe ser protegido de peligros como este poder, su aullido espectral…su vínculo, por eso, debe ser puesto en custodia.
«El linaje del guardián de la Primera Era», pensé con rapidez.
«No quiere nuestra magia para él; quiere detenerla.
Quiere congelarla».
Su amenaza no era la de un ladrón, sino la de un puritano temeroso del cambio.
—¿De qué rayos estás hablando, Ványar?
—Víktor rugió, dando otro paso, acortando la distancia con la clara intención de combate.
Ványar levantó la mano.
El aire se hizo casi sólido.
Pude sentir la magia de la Academia, la misma que nos había protegido, ahora respondiendo a su mando, cerrando cada vía de escape mental y física.
—Si lo que quieren es respuestas, dejen su burda violencia a un lado —su voz se volvió persuasiva, un veneno dulce—.
Esta es una cámara sagrada de conocimiento ancestral.
Hablemos.
Les diré todo lo que necesitan saber, la historia que les ocultaron… a cambio, entregarán su magia.
Será indoloro y rápido.
De lo contrario, ULTIMA se sumirá en un caos que ni el Colmillo Gris ha presenciado en la Historia.
Y les recuerdo que ya no hay un dragón para protegerlos.
Ese es el precio de su fracaso en el colmillo gris.
La mención del Dragón, el guardián más antiguo, fue el golpe de gracia.
La prueba irrefutable de que él estaba operando en las sombras, el robo la piedra del dragón.
El mentor en quien confiábamos…necesitaba escuchar, saber desde cuando fabrica su traición.
«Víktor, Diana», mi voz en el Vínculo era firme, recuperando el control táctico.
«Escúchenlo.
Necesitamos saber qué es el ‘error’ que está ‘corrigiendo’.
Necesitamos la información de la Primera Era para entender cómo funciona el resguardo.» Víktor detuvo su avance, su cuerpo temblando con la frustración de la Tierra contenida.
Diana asintió levemente, sus ojos fijos en Ványar, la tristeza ahora teñida de resolución.
«Sigamos su juego, en cuanto sepamos todo… acabamos con él.» La decisión estaba tomada.
El tiempo de la violencia aún no había llegado.
Era momento de la astucia, de dejar que el Viento de la mente trabajara antes que el Fuego de las manos.
La negociación era solo una pausa forzada antes de que la sangre manchara el suelo de su sagrada cámara.
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