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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 Los nombres como las runas tienen poder
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9: Capítulo 9: Los nombres, como las runas, tienen poder 9: Capítulo 9: Los nombres, como las runas, tienen poder (Víktor) El camino de regreso al hotel fue mágico.

El sol comenzaba a descender, bañando el pueblo en una luz dorada y suave.

El vínculo que nos unía no dejaba de vibrar, pero esta vez la energía era diferente.

No era la conexión salvaje de nuestra cacería, sino algo más íntimo, más suave y cálido.

Supe de inmediato que las chicas estaban teniendo un momento.

Podía sentirlo: una oleada de ternura, de asombro y de una profunda conexión emocional que fluía entre ellas, un hilo plateado y brillante entrelazándose con el resto de nuestro vínculo.

Era la sensación de un descubrimiento, de una intimidad que les pertenecía solo a ellas.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro, una que no tenía nada que ver con el orgullo de la caza y sí con una sensación de plenitud.

No había celos.

No había exclusión.

Solo…

paz.

Sabía que las chicas estaban bien, que estaban fortaleciendo no solo su lazo conmigo, sino el que existía entre ellas.

Caminé sin prisa, tomando la ruta más larga por las calles adoquinadas del pueblo, dándoles su espacio.

El aroma del pan recién horneado de una panadería y el murmullo de los últimos compradores del día llenaban el aire.

Disfruté de esa normalidad humana, sabiendo que, en la habitación del hotel, mi familia se estaba volviendo más fuerte.

Cuando finalmente llegué, abrí la puerta en silencio.

Estaban sentadas en el suelo, rodeadas de su cosecha del día: una colorida variedad de bayas, raíces, hierbas aromáticas y un conjunto de pescados plateados que ya estaban limpios y listos.

Trabajaban juntas con una sincronía silenciosa y perfecta, preparando las raciones para el viaje que se avecinaba.

Por un instante, me quedé inmóvil en el umbral, simplemente observando.

La luz del atardecer entraba por la ventana, bañándolas en un resplandor dorado.

La escena era de una paz doméstica, de un compañerismo tan natural que me golpeó con la fuerza de una revelación.

Era un hogar.

Levantaron la vista al sentir mi presencia.

El cansancio del día se desvaneció al verlas.

—Buena caza —dijo Samara, sus ojos recorriéndome, notando la sangre seca y la tierra en mi ropa.

Su voz era una caricia.

—Buena recolección —respondí, mi voz llena de un orgullo que no pude ocultar.

Diana me sonrió, una sonrisa genuina y agotada, pero sus ojos brillaban con una luz nueva, más profunda.

—La meditación con Sam es intensa —dijo—.

Flotamos juntas como neblina, fue mágico.

—Así que eso fue —Respondí más para mí mismo, entendiendo la vibración que había sentido.

—¿Qué sentiste, lobo?

—Dijo Samara con una sonrisa llena de malicia, trataba de provocarme de nuevo.

—Sentí… un nuevo tipo de conexión, supongo, no sabría cómo explicarlo… Y no soy un lobo.

—Ya te lo expliqué yo —replicó Diana, con una confianza tranquila—.

Flotamos juntas.

Como una nube.

Miré a Samara confundido, como esperando una mejor explicación, pero ella solo sonrió, una sonrisa cómplice que compartía un secreto solo con Diana.

—No hay mejor forma de describirlo —dijo Samara entre risas.

—Ahora, si no podemos llamarte lobo, entonces dime cómo.

Diana es una increíble y hermosa Nextherian, yo soy una impresionante y mística Bansheaver.

¿Y tú?

Es obvio que también has llegado al límite de tu linaje y has evolucionado en algo más, Víktor, algo que hace que Diana y yo nos sintamos aún más felices por estar a tu lado.

Las miré por un segundo.

La sinceridad en sus voces, el amor incondicional que fluía de ellas, hizo que el vínculo apretara mi corazón con fuerza.

Lo que estas chicas sentían por mí, lo que sentíamos los tres, era increíblemente hermoso y abrumador.

Me tomé un momento, buscando la palabra correcta.

“Lobo” era un insulto, un recordatorio de la bestia descontrolada, del error de la naturaleza que había visto en la visión de mi linaje.

Pero lo que sentía ahora, mi conexión con la tierra, mi control sobre la transformación, mi instinto protector…

eso era diferente.

Era una evolución.

Era una redención.

—Yo…

—comencé, mi voz firme—.

Yo, mi hermosa Bansheaver, mi dulce Nextherian…

Yo soy simple, fuerte y elegante.

Soy un Lycan.

Samara dejó de respirar por un segundo.

El apodo juguetón de “lobo” murió en sus labios para siempre, reemplazado por un profundo respeto.

Vio en mis ojos que esa palabra, “Lycan”, no era un simple nombre: era una declaración.

Era la recuperación del orgullo de mi linaje, la encarnación del equilibrio entre el hombre y la bestia, no la sumisión a ella.

Diana, sintiendo la solemnidad del momento, se puso de pie de un salto, rompiendo la tensión con una alegría incontenible.

—¡El Lycan, la Bansheaver y la Nextherian inician la aventura!

¡Es genial!

Samara asintió, su sonrisa era la confirmación de que todo estaba en su lugar.

—Claro que lo es.

La atmósfera cambió de lo trascendental a lo práctico.

Traje la carne del jabalí que había almacenado en mi bolso mágico y la puse junto al resto de sus provisiones.

—Tenemos trabajo que hacer —dije, arremangándome.

Lo que siguió fue la coreografía más hermosa en la que he participado.

Samara, con la precisión de su nueva naturaleza de Tejedora, tomó el mando de la logística.

Separó las hierbas para antídotos, las raíces para cataplasmas y las bayas para alimento.

—Víktor, necesitamos porciones de carne para al menos dos semanas.

Diana, tú encárgate de las pieles y de empacar el pescado— dirigía, no con autoritarismo, sino con una claridad eficiente que nos hacía movernos como una sola unidad.

Mientras trabajábamos, el eco dorado de Alun’diel vibraba cálidamente entre nosotros.

Era una presencia silenciosa, un recordatorio constante de por qué hacíamos esto.

No éramos solo tres estudiantes preparándose para una misión.

Éramos una manada, una familia, proveyendo y protegiéndonos mutuamente para el viaje que se avecinaba.

—¿Creen que el “coleccionista” sea…

pegajoso?

—preguntó Diana de repente, mientras envolvía un filete de pescado con una hoja grande—.

Porque hicimos muchas bombas pegajosas, pero ninguna opción “anti-pegajosa”.

Samara y yo nos miramos y nos echamos a reír.

—Si es pegajoso, querida Nextherian —dijo Samara, limpiándose las manos—, simplemente dejaremos que Víktor vaya primero.

—Muy graciosas —repliqué, aunque no podía dejar de sonreír.

Terminamos bien entrada la noche.

La habitación del hotel estaba impecable, y nuestros bolsos mágicos, ahora vinculados, estaban repletos de comida, pociones, antídotos y armas improvisadas.

Estábamos listos.

El agotamiento era profundo, un cansancio ganado a pulso que se sentía bien.

Esa noche, nos metimos los tres en la cama.

Ya no era un acto de pasión desesperada o de consuelo en medio del duelo.

Era simplemente…

normal.

Era nuestro lugar.

Me acomodé en el centro.

Diana se acurrucó a mi derecha, su respiración volviéndose suave casi al instante, su energía chispeante finalmente en reposo.

Samara se acomodó a mi izquierda, apoyando su cabeza en mi pecho y pasando un brazo sobre mi torso.

Sentí el beso suave que depositó sobre la cicatriz de Ványar, un gesto de aceptación silenciosa.

Rodeado por el aroma de ambas, el olor a bosque de Diana y la fragancia a ozono y flores de Samara, me sentí completo.

Ya no era Víktor Von Wolf, el licántropo solitario y furioso.

Era el Lycan.

Y no estaba solo.

Esa noche, nos fuimos a dormir, unidos no solo por un vínculo, sino por nuestras nuevas identidades.

Nombres que habíamos forjado y elegido nosotros mismos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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