El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 90
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90: El Precio PagadoEl Precio Pagado 90: El Precio PagadoEl Precio Pagado (Diana) El golpe de la silla de Víktor contra la madera sonó como un disparo.
Su Fuego era una ola que amenazaba con quemarnos a todos, y sabía que, si dejaba que atacara ahora, Ványar los mataría.
Ya no era un profesor; era un guardián desquiciado con un plan de dioses.
Tenía que detenerlo.
Tenía que usar lo único que Ványar no podía anticipar: la verdad que el Dragón, en sus últimos momentos en el Vínculo, me había susurrado.
«¡Víktor, no!
¡Alto!» Mi Agua se envolvió alrededor de su Fuego, forzándolo a enfriarse.
«Hay cosas que me mostró el dragón que solo yo sé.
No podemos atacar, no aún.
Deja que este desgraciado disfrute el sonido de su propia voz.
Confía en mí, Víktor.
Te lo ruego.» Sentí su lucha, la bestia Lycan batallando contra el hombre que me amaba, pero lentamente, el Fuego se retiró de la superficie.
Su cuerpo se relajó milímetros.
El aliento que soltó fue un suspiro de rendición a la estrategia.
Aún sentada en el sofá, me dirigí a Ványar.
Sabía que la información que buscaba estaba ligada a un nombre.
—Eldric Thörne.
Ványar me miró con una calculada indiferencia.
No había remordimiento, solo una leve molestia, como si hubiese recordado que tenía que aplastar un insecto molesto.
—Eldric Thörne —repitió con desdén—.
Uno de los pocos humanos dignos de la ordenanza mágica, lo admito.
Una verdadera lástima que su intelecto no negara su naturaleza.
Era el más desconfiado de los profesores.
Hacía demasiadas preguntas.
Cerré los ojos un segundo.
Era tan fácil para él.
Una vida era solo un inconveniente.
—Caelum siempre está perdido en sus flujos de magia.
Nimue, en las hojas de sus árboles, pensando que yo siempre paso por alto los detalles más pequeños —su voz se hizo más íntima, más vanidosa—.
Pero es desde esos detalles que siempre muevo los hilos a mi favor.
La verdad salió de sus labios como un chorro de veneno.
—Con el director lejos y los demás profesores siendo demasiado estúpidos para sospechar, el único riesgo era Thörne.
Cuando descubrió que usaría sus propias esencias en su contra para contenerlos, el maldito se las envió con Caelum, justo antes de que lo encontraran.
«Los viales en el túmulo, no era una simple ayuda…
¡Thörne intentó protegernos!» La comprensión me destrozó el alma.
—Si no me delató fue por alguna falla en su lógica humana —Ványar se encogió de hombros—.
Me mantuve cercano a él sin decir nada, una constante amenaza para garantizar su silencio.
Pero cuando se negó a seguir callado…
bueno, ya saben qué le pasó.
Pude sentir la ola de dolor y odio en el Vínculo.
Era una marea.
Víktor estaba tratando de contenerse con todas sus fuerzas, su rostro inmutable no reflejaba el conflicto interno.
Por dentro, el Fuego estaba listo para explotar.
Samara, el Viento, se estaba volviendo un huracán de rabia controlada.
Ványar, disfrutando del silencio de nuestra conmoción, miró a Samara.
—En resumen, señorita Keane, es mi misión restaurar la magia con un nuevo orden y resguardar o eliminar la magia más peligrosa.
Señaló a Samara.
—Su aullido espectral, por ejemplo.
El mismo que, con la caótica intrusión de la señorita Wilder, se tornó en un Vínculo que no deja de hacer que su magia cambie de manera errática y caótica.
Un poder que, en las manos de un licántropo impulsivo, una banshee terca y una therian despistada, es sin duda un riesgo inaceptable.
Sentí el insulto como un aguijón.
Despistada.
—Así que ahora, los invito a cumplir con su parte del acuerdo.
Tienen una hora para ir a la Gran Sala de los Ecos.
Ahí entregarán su esencia.
Su rostro era duro, innegociable.
—Si le mencionan a alguien lo que acaban de escuchar aquí, o si intentan escapar antes del plazo… los portales del Colmillo Gris se abrirán por toda la universidad.
El caos que tanto odio, será obra suya, no mía.
La amenaza era brillante en su maldad.
Sabía que haríamos cualquier cosa para proteger ULTIMA.
Samara se puso de pie, su movimiento era grácil, pero su intención era mortal.
—Lo siento, Ványar, pero eso no va a suceder —dijo con voz clara—.
No te entregaremos nuestras vidas así de fácil y no soy banshee, se dice Bansheaver.
Ványar no reaccionó.
Estaba tan seguro de su victoria que nuestra negación no significaba nada para él.
—Es hora de irnos —dijo Víktor al mismo tiempo, levantándose con una calma aterradora, su Lycan bajo estricto control.
Era la voz del estratega, no de la bestia.
«Tenemos una hora para conseguir refuerzos y trazar un plan… lo acabaremos en la Sala de los Ecos», resonó su pensamiento en el Vínculo.
Estábamos a punto de salir, a punto de ganar esa batalla de voluntades y tiempo, cuando Ványar dijo una palabra que nos hizo detener en seco.
Una palabra que lo quemó todo hasta los cimientos.
—Alun’diel.
Víktor y Samara se giraron.
La furia que había en sus ojos era apenas contenida.
Era una herida que creíamos sanada, una cicatriz que nadie debía tocar.
Las palabras de Ványar fueron aterradoras, pronunciadas con una voz fría y profesional.
—Yo moví los hilos que los llevaron a la Hoguera.
Ustedes debían morir allí.
Pero la Hoguera solo estaba tomando su esencia, no su vida.
Y fue entonces cuando lo vi.
Sus ojos se iluminaron con un brillo de fanatismo.
—Un poder tan descomunal que, a pesar de ser solo una posibilidad en el plano terrenal, estaba fuertemente afianzado al Gran Flujo de Magia.
Alun’diel.
Una magia peligrosa e incontenible.
Una criatura que, guiada por ustedes, solo sería una invitación al caos, un desastre y un peligro que tenía que remediar.
Ványar dio el paso final a la monstruosidad.
—Yo lo arranqué de su vientre, Samara.
—Su voz era un susurro cruel, lleno de satisfacción—.
Sin la protección de su madre, la Hoguera tomó su vida en lugar del aullido.
El precio pagado y el mundo a salvo de su engendro…
El golpe fue catastrófico.
No sentí solo mi dolor, sino la agonía compartida del Vínculo.
La reacción de Víktor y Samara fue brutal.
No fue un rugido; fue un grito destrozado, una fusión de ira y odio que se convirtió en un ataque sincronizado e imposible.
El aullido espectral, potenciado por la Tierra de Víktor y mi Agua desbordada, fue por primera vez un ataque físico.
La pared de piedra detrás del escritorio de Ványar explotó en una nube de polvo y escombros.
Cuando la vista se aclaró, no había nadie.
Ványar había huido con uno de sus portales.
Nos había dado una hora, pero se había asegurado de dejarnos rotos y desorientados antes de la inevitable confrontación.
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