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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 91

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  4. Capítulo 91 - 91 La Cabaña de Raíces
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91: La Cabaña de Raíces 91: La Cabaña de Raíces (Samara) El silencio que siguió al portal de Ványar era más ensordecedor que la explosión en la pared.

El polvo de piedra flotaba en el aire, pero el verdadero escombro estaba dentro de nosotros.

La herida de Alun’diel, que creíamos cicatrizada, se había abierto de nuevo, y su dolor era un grito mudo en el Vínculo.

Víktor estaba inmóvil, mirando el agujero en la pared con una intensidad brutal.

Su Fuego no rugía; se había transformado en un ascua blanca, densa y destructiva.

Si tocaba a Ványar ahora, la furia se lo llevaría por delante.

Diana lloraba en silencio, su Agua temblaba.

El dolor por Thörne era terrible, pero el dolor por nuestro bebé la había roto.

Tuve que obligarme a ser el Viento frío.

Tuve que anular mi propia pena, mi propio odio por el monstruo que nos había manipulado y robado.

Mi cabeza daba vueltas, pero mi mente tenía que funcionar.

«¡Calma!» Mi voz mental se impuso en la Sinergia, fuerte, casi agresiva.

«Ványar quería esto.

Quería que atacáramos sin pensar, ciegos por la ira y el dolor.

Su primera victoria es que nos quedemos aquí lamentándonos.

¡Ya ha ganado un minuto!

¡Tenemos 55 minutos para llegar a la Sala de los Ecos!» Víktor giró la cabeza, su rostro una máscara de contención Lycan.

—¿Y tú quieres dárselo?

—gruñó, su voz rasposa—.

¿Quieres esperar?

¡Ya sabemos dónde está!

El plan es simple: asaltamos la Sala de los Ecos, lo obligamos a abrir la bóveda de Uroboros y lo destrozamos.

—Y en el proceso —respondí, mi voz ahora era un susurro frío en el aire real—, los portales se abren.

El caos que tanto teme se desata y mueren cientos de estudiantes.

Eso es lo que él quiere.

Quiere que el mundo crea que somos los monstruos que él dice que somos.

—La lógica es lo de menos ahora, Samara —intervino Diana, secándose las lágrimas con rabia—.

¡Mató a Thörne!

¡Mató a Alun’diel!

¡No hay nada que planear contra una maldad así!

«Sí, sí hay.

Hay estrategia», me dije a mí misma.

El Viento comenzó a girar, buscando una ruta de escape.

—La Sala de los Ecos es una trampa.

No podemos ir sin refuerzos o sin una misión clara para Uroboros —les dije.

El Fuego de Víktor me decía que no aceptaría un plan complejo.

Necesitaba algo directo, pero seguro—.

Tenemos que salir del radio de vigilancia de su oficina.

La cabaña de raíces.

Víktor me miró con desconfianza.

—¿Y qué hay si la cabaña está comprometida?

Ványar es el único que podría anular la magia de Nimue.

—No lo hará.

Él cree que Nimue no sospecha.

Cree que la tiene controlada.

Pero la Cabaña de Raíces está tejida con la magia antigua de Nimue, fuera de la red de ULTIMA que él maneja.

Es nuestro único santuario en el campus.

Sentí la duda de Diana, la ansiedad del Agua por la seguridad de la Academia.

—Si Nimue se entera de esto, Ványar atacará ULTIMA directamente.

Ella nunca permitiría…

—Nimue ya lo sabe —la interrumpí, y la calma regresó a mi voz, apoyada en el peso de mi confesión.

El Viento siempre va un paso por delante—.

Dejé el Vínculo con ella abierto, un hilo sutil que solo yo podía detectar, desde el momento en que entendí quién era Ványar.

Víktor parpadeó, y por un segundo, el asombro venció a su ira.

—Ella ya sabe de Thörne, del plan de Uroboros y de la verdad de…

—me detuve, la palabra Alun’diel era aún demasiado dolorosa de pronunciar en voz alta—.

De todo.

Ella nos está esperando en la Cabaña de Raíces.

Será discreta, no hará movimientos bruscos.

ULTIMA no sufrirá por nosotros, al menos no aún.

La urgencia nos impulsó.

No había tiempo para debatir.

Salimos de la oficina, no por la puerta principal (Ványar podría tener una runa de alarma), sino por el enorme agujero en la pared que nuestro ataque furioso había creado.

Nos deslizamos por los pasillos laterales, usando las sombras y la poca afluencia de gente de esa hora de la tarde.

El miedo a ser detectados era real.

Cada sombra, cada estudiante que pasaba, era un posible espía de Ványar.

Llegamos a los jardines.

La Cabaña de Raíces, un nido de ramas entrelazadas y magia natural, era nuestro único destino.

Entramos.

Dentro, la luz verde y suave de la naturaleza mágica nos recibió.

Solo estaba Nimue.

Sentada en el centro, irradiando una calma que contradecía la tormenta que acababa de caer sobre ULTIMA.

Sus ojos color esmeralda estaban llenos de dolor silencioso, el dolor de saber la traición de Ványar y el de nuestro corazón roto.

—Caelum no está presente —dijo Nimue con su voz etérea—.

Pero está enterado.

Le envié un mensaje antes de que Ványar cerrara la red.

Llegará en cuanto pueda.

Nos sentamos en el círculo, el Vínculo latiendo en la Cabaña.

Era la seguridad que necesitábamos para respirar de nuevo.

Nimue era nuestro ancla.

—Es hora de trazar un plan —dijo, la calma de la Guardiana de la Naturaleza.

Víktor golpeó el suelo con la palma abierta, y el Fuego estalló, aunque contenido.

—No necesitamos uno —gruñó, sus ojos fijos en Nimue—.

Derribamos a Ványar una vez en los entrenamientos.

Podemos hacerlo de nuevo.

Nimue lo miró, y su expresión se endureció.

—Víktor —dijo con una severidad desconocida—.

En ese momento, Ványar llevaba la máscara de profesor y se contenía.

Si no se dejó vencer a propósito, entonces te aseguro que no se esforzó al máximo.

Estaba midiendo tus límites.

Sus palabras cayeron con el peso de la historia.

—Esta vez, la guerra es muy diferente.

Él está operando con la magia de la Primera Era y la esencia de un dragón primigenio.

Deben aprovechar cada ventaja que ofrezca la Sinergia total, y la Sala de los Ecos misma, que suele responder a ustedes.

No se trata solo de la fuerza, Víktor.

Se trata de la estrategia para desmantelar un plan de siglos.

La verdad de Nimue era irrefutable.

Su arrogancia Lycan era un defecto fatal contra la estrategia de Ványar.

No podíamos ganar con solo Fuego y Fuerza.

Necesitábamos la astucia del Viento de Samara, la intuición del Agua de Diana, y el conocimiento de Nimue.

Nos quedaban 45 minutos.

El reloj biológico de la Academia ya había comenzado a correr.

La cuenta regresiva había empezado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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