El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 92
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- Capítulo 92 - 92 El Corazón del Equilibrio
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92: El Corazón del Equilibrio 92: El Corazón del Equilibrio (Narra Diana) El ambiente en la Cabaña de Raíces no era de paz, sino de estrategia militar.
El Fuego de Víktor ardía tan cerca de la superficie que podía sentir el calor.
Samara, el Viento, estaba ya trazando runas en el suelo con un carbón, el rostro inexpresivo por la concentración.
Nimue nos observaba con la sabiduría de los siglos.
—Ványar está actuando bajo una distorsión del juramento de su clan —dijo Nimue—.
La Primera Era buscaba contener el caos, no erradicar la vida.
Si logramos detenerlo… —El objetivo no es Ványar —interrumpí, y todos me miraron.
Sentí que el Agua de mi esencia se volvía clara y fría, libre de la pena.
Tenía que ser la voz de la verdad ahora—.
Ványar no es el objetivo.
Es Uroboros.
Víktor frunció el ceño.
—¿Cómo puede ser un cuerpo inerte el objetivo?
Es un esqueleto.
—Ványar es solo el ejecutor —respondí, sintiendo la mirada de todos.
Samara detuvo su mano sobre el suelo de tierra, y Nimue asintió lentamente, como si ya lo supiera—.
Debemos destruir el cuerpo de Uroboros antes de que Ványar lo alimente con la esencia de los Dragones.
El aire vibró con el peso de la revelación.
Era el único camino.
—Cuando el Dragón de la montaña me mostró el mundo primigenio, cuando hablamos por horas en esa visión o lo que sea que haya sido, él lo dijo.
Lo dijo como si supiera lo que Ványar planeaba, o lo que el clan de Ványar siempre ha temido.
Hice una pausa, obligándolos a sentir la gravedad de mis palabras.
El Dragón, en sus últimos momentos, me había entregado una verdad que solo ahora tenía sentido completo.
—Si la magia de los dragones regresara, sería el fin para la humanidad.
El miedo y la guerra con nuestro mundo, con el poder reestablecido, no sobrevivirían.
El caos sería real, la matanza total.
El Fuego de Víktor se atenuó.
Entendió la brutalidad de la profecía.
No se trataba de quién era más fuerte; se trataba de la supervivencia del planeta.
—Pero si toda la magia dracónica permanece encerrada como hasta ahora, en esas piedras de contención, entonces somos nosotros, las criaturas, los que estamos destinados a la extinción.
La magia escaseará hasta que no quede nada.
Sentí el nudo en la garganta de Samara.
La extinción por sequía mágica.
—El único equilibrio —continué, mi voz firme— se alcanza liberando las esencias de los Dragones en el mundo.
No en el cuerpo de Uroboros.
Solo así habrá suficiente magia para sustentar nuestro mundo sin abrumar a los humanos.
—El último de los Dragones entendió la verdad del Vínculo: no es la fuerza, sino el balance —confirmó Nimue—.
Ese es el verdadero resguardo.
—Entonces el plan es doble —dijo Samara, levantándose también.
El Viento regresó, más fuerte que antes—.
Si no encontramos el cuerpo de Uroboros en los próximos cuarenta minutos, al menos debemos encontrar la colección privada de Ványar.
—La Sala de los Ecos es una trampa de distracción.
Él espera que vayamos allí.
Pero el verdadero objetivo está en el sótano de ULTIMA, donde encontró a Uroboros —analizó Samara.
—Debemos hacer ambas cosas —declaró Víktor.
Su Fuego y Tierra se fusionaron en una táctica implacable—.
Uno de nosotros irá a la Sala de los Ecos para distraerlo.
Los otros buscarán a Uroboros.
La Cabaña de Raíces se silenció.
Nadie quería ser el sacrificio.
Justo en ese momento, el aire detrás de Nimue se rasgó con un sonido sordo, como un trueno amortiguado por la tierra.
Un golpe de magia que no se sentía como el poder de ULTIMA ni como el nuestro.
Era antiguo, frío, familiar.
En el centro de la cabaña se abrió una lágrima plateada.
A través de ella, entraron el Profesor Caelum y Ana.
Llegaron sin aviso, sin alarma.
La magia que los trajo, entendí en ese instante, era la misma que usó Ványar en el túmulo de la montaña: una magia que se camufla en las vetas de la Primera Era.
Eso, sumado a la magia de Nimue, protegiéndonos, impidió que fueran detectados por Ványar.
—Lamento la tardanza —dijo Caelum, sus ojos blancos fijos en nosotros, su voz urgentemente calmada—.
La red de Ványar es más compleja de lo que creí.
—Ya no hay tiempo para debatir quién va a dónde —intervino Ana, mirando la cuenta regresiva en el reloj.
Caelum se acercó a la mesa, su presencia imponía respeto y una estrategia fría.
—Ványar espera al Vínculo.
Nosotros debemos darle lo que quiere para ganar tiempo.
El profesor trazó rápidamente un plan en el aire con un dedo, dibujando un mapa invisible de la Academia.
—El Vínculo debe enfrentarlo.
Irán a la Sala de los Ecos cuando el tiempo esté por agotarse.
El duelo contra Ványar debería mantenerlo lo suficientemente distraído.
Él está ciego por el poder del Vínculo; no verá a nadie más.
Nos miró a Víktor, Samara y a mí.
El papel de cebo era obvio.
Sentí un escalofrío que no era del Agua.
—Mientras tanto, el equipo de búsqueda —continuó Caelum—.
Ana, Nimue y yo iremos al sótano.
ULTIMA misma está en peligro.
La Academia tiene conciencia, y si entiende el peligro, el sótano nos guiará a lo que necesitamos, sea el cuerpo de Uroboros o su colección de esencias.
—Pero ¿y si no logramos contenerlo?
—pregunté.
El miedo por la vida de mis amores era un peso enorme.
—El Vínculo debe vencer, o al menos sobrevivir el tiempo suficiente para que liberemos las esencias de los Dragones o destruyamos el cuerpo —respondió Caelum, con una franqueza aterradora—.
Si logramos el objetivo trazado a tiempo, entonces podre concentrarme en debilitar a Ványar.
Eso debería ser suficiente para que al menos, no pueda invocar los portales.
Caelum se giró hacia Nimue y Ana.
—En el peor de los casos, yo ya sé cómo manipular los portales desde el velo.
Puedo interferir con ellos y cerrarlos.
En cualquiera de los escenarios, si triunfamos en el sótano, ustedes se unen a la batalla contra Vanyar, la sala debería dejarlas entrar, dudo que responda a los caprichos de Vanyar, sin saberlo eligió un campo de batalla que nos da ventaja.
Sus prioridades fueron claras y brutales.
Nos recordó por qué estábamos allí.
—La prioridad es liberar la magia, restaurar el equilibrio dracónico.
Después, la seguridad de ULTIMA.
Al final, la supervivencia de los que estamos aquí.
Nos dio la última prioridad.
Y sabíamos que Caelum, el hombre de la lógica, estaba dispuesto a sacrificarse por el bien de la magia.
Miré a Víktor.
Su rostro era de piedra.
La misión nos había superado; ahora éramos solo piezas en un juego ancestral.
—Nos quedan treinta minutos —dijo Samara, levantándose.
El Viento ya soplaba hacia la Sala de los Ecos.
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