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El aullido y el lamento - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Esencias y pociones
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10: Esencias y pociones 10: Esencias y pociones Salimos del aula a toda prisa, esquivando a los últimos estudiantes que se rezagaban.

Yo iba a mitad de una frase, urgiendo a Samara a ir a la biblioteca inmediatamente, cuando me detuve en seco.

Justo en el umbral, de espaldas a nosotros, estaba el Profesor Ványar.

No se había ido; examinaba meticulosamente la puerta de madera, como si buscara algo.

—Profesor Ványar —dije, mi voz sonando mucho más neutral de lo que me sentía—.

¿Ocurre algo?

El alto elfo no se giró de inmediato.

Se quedó con la mano alzada, apenas rozando el marco de la puerta.

—Solo examinando la integridad estructural de esta antigua escuela, señor Von Wolf —respondió con ese tono profundo y resonante, sin dejar de mirar la madera—.

Los hechizos de contención y de silencio no son tan robustos como solían ser.

Es una lástima.

El conocimiento debería ser la única cosa que “resuene” con tanta…

fuerza.

No sabía si se refería a la resonancia mágica de la noche anterior o a la visión que acabábamos de tener.

Solo sabía que me sentía expuesto.

—Sí, bueno, supongo que la magia moderna es ruidosa —repliqué, intentando sonar despreocupado.

Samara, a mi lado, estaba tan tensa como el tronco de un abedul.

El profesor Ványar finalmente se giró.

Su mirada de ámbar se posó en mí, luego en Samara, y regresó a mis ojos, deteniéndose apenas un segundo en las gotas de sudor que la visión había dejado en mi frente.

—Recuerden la tarea, señor Von Wolf —se acercó un paso, su voz bajando a un susurro que solo nosotros pudimos escuchar—.

La magia territorial es peligrosa para los que no se conocen a sí mismos.

Y para los que se le acercan.

—Tengan cuidado con lo que busquen, revisen los archivos restringidos o el bosque que rodea el campus.

Como dije, el conocimiento es lo único que separa a la criatura de la leyenda.

Pero a veces, la leyenda es más peligrosa que la criatura.

Nos dio un asentimiento lento y se fue por el pasillo.

La sensación que dejó no fue de amenaza, sino de un fatalismo frío.

—Nos acaba de decir que la runa nos va a matar —murmuró Samara, rompiendo el silencio.

—No —dije, mi mente ya acelerada—.

Nos acaba de decir que sabe lo que sucedió, que sabe lo que puede pasar y nos dijo dónde podemos buscar respuestas.

Estábamos listos para correr hacia los archivos restringidos, pero el destino o, más probablemente, el karma, tenía otros planes.

Apresuramos el paso por el gran corredor, giramos a la derecha en la esquina del pasillo y ahí estaba.

El Profesor Thörne, jefe del departamento de Pociones Avanzadas.

Ese humano viejo y reseco; el tipo de mago que huele a hierbas y a resentimiento.

Siempre me mira como si yo fuera un ingrediente tóxico que necesita ser neutralizado.

Dicen que tiene un remedio para cualquier mal en su bolsillo, pero, aun así, suele ser pesado con los alumnos, en especial conmigo.

Thörne estaba parado junto a un tablón de anuncios, fingiendo revisar un aviso, pero sus ojos grises, agudos como agujas, pronto se fijaron en nosotros.

—Ah, señor Von Wolf.

Señorita Samara —dijo Thörne, su voz seca como un libro viejo—.

Me pregunto a dónde se dirigen con tanta prisa, sobre todo después de saltarse la única clase que, dada la naturaleza volátil de ciertas criaturas, podría serles de genuina utilidad.

—Profesor Thörne —respondí con una sonrisa que no llegó a mis ojos—.

Estamos de camino a una investigación urgente que nos asignó el Profesor Ványar.

Una tarea sobre magia e historia…

lo contrario a la alquimia volátil.

Thörne enarcó una ceja, claramente no impresionado.

—Sí, imagino que es una tarea de gran importancia, señor Von Wolf —replicó, haciendo una pausa significativa—.

Sin embargo, no hay nada más importante en este momento que el cero que tengo para usted en mi registro.

Ahora bien, si mi nariz no me falla, percibo un leve, aunque persistente, olor a madera rota y niebla residual.

¿Otro experimento suyo, señorita Samara?

Samara, recuperando su aplomo, se adelantó ligeramente.

—Profesor, esa es probablemente la vieja tubería de vapor.

Los dormitorios huelen fatal.

Y si nos disculpa, el Profesor Ványar nos necesita para desentrañar un misterio ancestral sobre linajes, que podría resultar más interesante que el punto de ebullición del extracto de raíz de Nyrn.

Thörne se cruzó de brazos.

La amenaza era inminente.

—Qué lástima.

Porque tengo un misterio mucho más mundano que necesitan resolver primero.

El inventario de suministros para pociones está desorganizado.

Necesito que pasen el tiempo que sea necesario organizando mi almacén, clasificando las esencias y, ya que quieren investigar sobre sus linajes, verifiquen las existencias de polvo de luna y raíces de lamento.

La ironía era exquisita: nos castigaba haciéndonos buscar ingredientes que aludían directamente a nuestra propia naturaleza, pero que eran prácticamente imposibles de obtener.

—¿Polvo de luna, profesor?

—pregunté, conteniendo un gruñido.

—Sí —confirmó con una sonrisa maliciosa—.

Y me parece que, si los gremlins tienen razón, debo mencionar que mi almacén debe conservar su integridad estructural, a diferencia de su dormitorio, señor Von Wolf.

Los veré en el laboratorio cuando terminen.

Thörne se dio la vuelta y se fue, dejándonos con una misión forzada.

—¡Rayos!

Es el doble de aburrido y el doble de sarcástico que tú —dijo Samara, pateando el suelo—.

Nos está obstaculizando con polvo de luna y raíces de lamento.

El viejo brujo es un sádico.

—La raíz de lamento solo nace cuando una banshee hace su primer grito de muerte.

Es imposible que haya una en esta escuela.

—¿Grito de muerte?

—pregunté.

—Sí, lobo torpe, grito de muerte.

Las banshees somos mensajeras.

El Segador nos dio la misión de anunciarle a ciertas personas cuándo van a morir.

Aquellos que dedicaron su vida a hacer el mal a otros escuchan nuestro lamento justo antes de morir.

Somos lo último que escuchan; así nos aseguramos de que lo único que se lleven de este mundo sea puro terror.

La voz de Samara se había vuelto más seria, un tono de rechazo acompañaba su historia.

—La raíz solo se crea la primera vez que una banshee anuncia la muerte, y únicamente si lo hace sobre tierra fértil, es como una respuesta de la tierra “lamentando” escuchar que una vida se tiene que apagar.

En fin, si el primer grito sucede en una ciudad, en un auto o en un avión, no habrá raíz.

Entre más estructuras humanas hay en el mundo, menos probabilidades hay de encontrarla.

Hizo una pausa, mirándome.

—¿Y qué hay de ti, Von Wolf?

¿Cómo puedo conseguir polvo de luna?

—Sin duda es una historia mucho menos interesante que la tuya —dije, frotándome los brazos para calmar la piel de gallina—.

El polvo de luna se desprende de nuestros cuerpos en grandes cantidades la primera vez que nos transformamos en licántropo.

Cuando alcanzamos la madurez física, el punto de mayor fuerza y agilidad, estamos listos.

Pero esto solo sucede con la primera luna llena después de alcanzar ese punto.

Después, nuestras transformaciones son a voluntad y ya no producen el polvo.

—Por suerte para ti es madurez física y no emocional —dijo Samara entre risas—.

De lo contrario, jamás podrías alcanzar la transformación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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