El aullido y el lamento - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 En busca de la verdad
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14: En busca de la verdad 14: En busca de la verdad Samara se despidió con una mirada y un tierno beso en la mejilla.
El verde brillante de sus ojos estaba de vuelta.
Sin perder más tiempo, corrió por el castillo hasta llegar al pasillo de alquimia, en dirección al almacén de pociones que pasaba junto al laboratorio de Thörne.
Yo, con un destino mucho menos emocionante pero más crucial, me dirigí a la torre de Historia de la Magia para encontrar al único ser en el campus que, al parecer, sabía que estábamos en problemas: el Profesor Ványar.
Encontré al profesor en su despacho, un lugar tan ordenado, antiguo y pulcro como él.
Estaba escribiendo con una pluma de cristal sobre un pergamino que despedía un leve brillo esmeralda.
Ni siquiera levantó la mirada cuando abrí la puerta.
—Adelante, señor Von Wolf.
Asumo que ya ha clasificado las pociones, ingredientes y esencias, como lo ha ordenado el Profesor Thörne —dijo, sin dejar de escribir.
—En efecto, profesor —respondí, cerrando la puerta tras de mí.
Fui directo al grano, pues él no apreciaba la pérdida de tiempo—.
Pero es su tarea de investigación la que me ha traído aquí.
Ványar finalmente alzó la vista.
Sus ojos de ámbar eran tan penetrantes que sentí la necesidad de asegurar mi arracada.
—Ya veo.
Parece que mi tarea ha sido más…
inspiradora de lo que esperaba.
¿Qué ha “resonado” con usted, señor Von Wolf?
—La fuente, profesor.
La Profesora Nimue sugirió que una parte de nuestra investigación no está en los archivos, sino en el nivel inferior de la biblioteca —mentí a medias, usando a Nimue como escudo.
—Pero, como sabrá, el acceso está sellado con un sortilegio antiguo que podría requerir el Veritas Ancestral para su apertura.
Necesito ese hechizo para completar la investigación.
Ványar me miró fijamente durante un largo momento, su rostro impasible.
—Así que la Profesora Nimue lo está asesorando.
Qué interesante giro.
Pero estoy seguro de que los Archivos Oscuros contienen un par de tomos sobre resonancias y linajes, suficientes para la tarea asignada, señor Von Wolf.
Al parecer usted quiere investigar a fondo, pero el Veritas Ancestral puede ser un hechizo peligroso.
Hay secretos que es mejor dejar durmiendo.
—Por favor, profesor —repliqué—.
Si es el hechizo que creo, exige honestidad de propósito y una prueba de quienes buscan la verdad.
Él se inclinó ligeramente sobre su escritorio.
—Si le doy ese hechizo, no hay vuelta atrás.
Estará entrando en un camino que lo sacará de la comodidad en la que ha vivido y podría encontrar cosas que quizá no quiera saber.
Hice una pausa, reuniendo mi determinación.
—No me importa, profesor.
Como lo exige el hechizo, hay honestidad en mi propósito —le dije con toda seguridad—.
Han ocurrido cosas “inesperadas” con Samara.
Nuestra magia está resonando.
En su clase se nos manifestó una runa, y la advertencia que usted nos dio…
todo se está uniendo.
Si la única forma de recuperar el control y entender qué demonios está pasando es ir al sótano, lo haré sin dudar.
Ványar sonrió, pero era una sonrisa de aceptación sombría.
—Asumo que la Profesora Nimue le explicó cómo funcionan el sortilegio y el sótano —dijo con frialdad.
—Sí, profesor.
Nos contó del hechizo, la prueba de linaje y que debíamos demostrar la importancia de lo que buscábamos.
—Es correcto, señor Von Wolf.
La prueba se presenta en el mismo momento en que se intenta abrir el sortilegio y es única para cada criatura.
Si todo se realiza correctamente, el sótano les mostrará lo que buscan, aun cuando no sepan qué es.
Alcanzó un pequeño frasco de tinta y, en lugar de un pergamino, dibujó rápidamente una serie de glifos complejos en la palma de mi mano.
—Ahí lo tiene, señor Von Wolf.
El Veritas Ancestral.
Será el sortilegio quien juzgue su propósito, no yo —murmuró, mientras la tinta se hundía en mi piel, sintiéndose fría y potente—.
Es un hechizo de voz, pero los glifos le recordarán la estructura correcta.
Ahora, váyase.
Y recuerde: la honestidad de propósito no es suficiente si la intención es estúpida.
Me levanté, sentí el poder del hechizo grabado en mi piel, y salí del despacho.
Ahora solo faltaba Samara y su botín.
Mientras tanto, Samara se escabullía por el pasillo de alquimia.
Pasó por el laboratorio de pociones de Thörne, quien ya estaba en su silla, trabajando con atención en una receta.
Llegó al fondo del corredor y estaba a punto de adoptar su forma espectral para atravesar la pared del almacén cuando una voz aguda la detuvo.
—¡Samara!
¡Por fin te encuentro!
Una chica de cabello rojo y rizado se plantó frente a ella con una energía que a Samara le pareció agotadora.
Era Diana Wilder, una Therian, un tipo de cambiaformas capaz de transformarse únicamente en un animal que hubiera visto.
—¡Samara!
¿Me recuerdas?, soy Diana—, dijo con un particular timbre de voz.
—Claro que me recuerdas, cursamos juntas runas y glifos, además una vez derrame un vial de baba de oruga sobre tu vestido, espero que no haya dejado mancha, en fin, ¿ya te dijeron los prefectos?
—Este año yo seré tu compañera de cuarto, ¿No te parece increíble?
A mí me parece genial compartir mi cuarto con un espectro ancestral, bueno siempre que no me haga flotar dormida o algo parecido, pero tú no puedes tomar posesión de cuerpos mortales… ¿o sí?
¡Ah!
Pero que estoy diciendo, aunque fuera posible es contra las reglas, una chica como tú no rompería las reglas—.
Samara forzó una sonrisa, tratando de procesar el torrente de palabras.
—Diana, baja la voz, por favor.
¿Compañeras de cuarto?
—¡Sí!
Y lo sabrías si hubieras pasado la noche en la habitación —la reprendió Diana, con los brazos cruzados en un berrinche infantil—.
¡Me dejaste sola con una mancha de humedad sospechosa en la pared!
Por un momento creí que era otro tipo de fantasma.
¿Dónde has estado?
Samara no tenía tiempo para explicaciones, pero su mente vio una oportunidad.
Tenía que evitar que Thörne la viera.
—Mira, Diana, después te contaré todo a detalle, pero ahora tengo una emergencia.
Necesito entrar al almacén de Thörne para buscar un remedio para la…
tos espectral.
Pero necesito que me cubras.
Bajó la voz a un susurro conspirador.
—Thörne es un obstáculo.
Y tú eres una Therian.
Diana frunció el ceño.
—¿Y eso qué?
—Eso significa que eres increíblemente útil —respondió Samara, señalando el laboratorio—.
Necesito que vigiles a Thörne.
Mantenlo ocupado por diez minutos.
¿Puedes transformarte en algo discreto pero lo suficientemente molesto para distraerlo?
Diana sonrió con malicia.
—Puedo ser un cuervo o ¡un hurón!, pero…
¿qué gano yo?
El viejo gruñón nos castigará a las dos si nos pilla, además, puedes pedirle el remedio a la enfermera…no creas los rumores, no es una dragona, solo es un ogro malhumorado, nadie ha visto dragones o draconidos en siglos, pero eso ya deberías saberlo, debe ser una tos muy fuerte si estas dispuesta a robarle al viejo Thörne, una vez me castigo solo por estornudar en su clase, tuve que acomodar los libros del laboratorio en orden alfabético… ¡y sacudirlos primero!
Nunca has notado lo polvoriento que esta ese lugar, uno podría pensar que el polvo podría afectar las pociones si cae en un caldero ¿no crees?
—¡Diana!
— murmuro Samara con un todo disimulado de frustración.
—Thörne guarda una colección increíble de esencias en su almacén —dijo Samara, mirándola a los ojos—.
Elige lo que quieras.
Puedo robar cualquier cosa para ti.
¡Es un regalo de bienvenida, compañera de cuarto!
Diana asintió, con los ojos brillando de codicia por el botín mágico, su entusiasmo por hacer amistad con Samara era más que obvio.
—Gato.
Puedo ser un gato negro increíblemente estúpido que insiste en cazar moscas en su laboratorio.
Sí, eso debería irritarlo lo suficiente.
¡No puedo creer que me necesites para romper las reglas, es como nuestra primera misión secreta!, no puedo creer que tú me necesites… En un parpadeo, Diana, aun parloteando, se encogió y adoptó la forma de un elegante gato negro que salió disparado hacia el pasillo.
Samara no perdió ni un segundo.
Su forma humana se hizo translúcida y se deslizó a través de la pared hasta el almacén.
En segundos, con la precisión de un espectro, localizó y extrajo los dos frascos que había visto brillar en su encuentro conmigo: el Polvo de Luna y la Raíz de Lamento.
Regresé al patio de la biblioteca sintiendo el frío del hechizo de Ványar en mi palma.
Unos minutos después, Samara llegó, deslizándose a mi lado con la respiración entrecortada, pero triunfante.
—Tengo el botín —anunció con pesadez en la voz, sosteniendo dos pequeños frascos—.
Pero tienes que oír esto, me encontré con mi compañera de cuarto.
Se llama Diana y es…
agotadora.
No te imaginas.
—Es una Therian increíblemente parlanchina, con un aura entre infantil y torpe que me saca de quicio.
Logré convencerla de que me ayudara a distraer a Thörne a cambio de un “botín” de su elección del almacén.
Y después de todo el drama, ¿puedes creer que la despistada se fue sin decirme qué demonios quería que le robara?
Supongo que ahora le debo un favor.
—Suena casi tan irritante como tú—repliqué, devolviéndole la burla.
Yo le conté sobre Ványar y el Veritas Ancestral.—El hechizo ya es nuestro.
Los ingredientes también.
La honestidad de propósito y la prueba de linaje abren el sello.
Estamos listos —dije, mirando a Samara.
—Vamos al sótano.
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