Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El aullido y el lamento - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El aullido y el lamento
  4. Capítulo 22 - 22 Whitepine
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: Whitepine 22: Whitepine El último tramo del viaje en coche a Whitepine había sido un infierno silencioso.

La tensión era tan densa que podía saborearla, metálica y agria, como el olor a magia quemada o un hechizo fallido.

Samara se había pasado las últimas horas mirando por la ventana del pasajero, su reflejo en el cristal mostrándome un rostro pálido y distante.

Se había envuelto en su chaqueta como si tuviera un frío que no venía del aire.

Yo solo conducía, mis manos apretando el volante con tanta fuerza que mis nudillos dolían.

Cada vez que recordaba las palabras de Ványar “Runa de la Quietud”, “linaje maldito” o “sacrificio”, sentía el eco en mis huesos.

Y cada vez, la imagen de la espalda ensangrentada de Samara en el sótano volvía a mí.

Por fin llegamos, Whitepine era un pequeño pueblo de montaña, tranquilo, con casas de madera y porches llenos de flores de otoño.

Un contraste radical con las góticas torres de la academia y el oscuro sótano que acabábamos de dejar.

La normalidad del lugar era casi un insulto.

Irónicamente, nos registramos en un pequeño y viejo hotel llamado “El Refugio del Druida”.

El nombre me hizo apretar los dientes, un recordatorio de los druidas oscuros de la visión.

Samara se encargó de la recepción.

Observé cómo forzaba una sonrisa encantadora para el recepcionista, una máscara perfecta que no delataba el peso que cargábamos.

Me limité a cargar nuestras mochilas, sintiendo la mirada curiosa de un par de lugareños.

Necesitábamos un lugar donde nadie pudiera reconocer a un licántropo y una banshee como algo más que cuentos de fantasmas.

Subimos a la habitación.

Era sencilla.

Limpia.

Olía a pino y a cera para muebles.

Cerré la puerta tras de mí y el clic de la cerradura sonó como el de una celda.

—Bien —dije, rompiendo el silencio.

Necesitaba romperlo.

Necesitaba que volviéramos a ser nosotros, los rivales sarcásticos—.

¿Cuál es el plan?

¿Empezamos por fingir que somos una pareja aburrida que viene a ver las hojas cambiar de color?

Mi intento de broma cayó al suelo y murió.

Samara no respondió.

Dejó su bolso junto a la puerta y caminó hacia la ventana, su silueta recortada contra la luz del atardecer.

Se quedó allí, dándome la espalda.

—Samara…

—Quiero un momento de honestidad —respondió finalmente, sin mirarme.

Su voz era apenas un susurro, tan frágil que temí que se rompiera—.

Víktor, cuanto más sabemos del pacto y de la maldición, más siento que fuimos manipulados.

Siento que una magia antigua nos forzó a esos momentos de pasión solo para romper el sello.

Se giró para enfrentarme.

Sus ojos verdes, normalmente afilados y burlones, eran ahora pozos de un miedo puro.

Vi la pregunta que la estaba consumiendo, un lamento silencioso.

—La idea me sigue dando vueltas, no puedo evitarlo —dijo, su voz temblando—.

En años anteriores, éramos solo rivales.

Había atracción, sí, un coqueteo que tú nunca captaste en nuestro sarcasmo, pero nunca cruzamos la línea.

¿Por qué justo este año?

Dio un paso hacia mí, su rostro contorsionado por la duda.

—¿Por qué nos rendimos a nuestros instintos de la forma más destructiva?

—Su voz se quebró—.

¡Carajo!

¿Por qué nos herimos?

Instintivamente, tocó la piel de su hombro, justo donde sabía que mis garras habían marcado su espalda en el sótano.

La imagen de mí, enterrando mis garras en ella, me golpeó de nuevo.

—¿Fuimos nosotros, Víktor?

¿En realidad fuiste capaz de enterrarme las garras… y yo a ti?

¿O solo fuimos una herramienta?

La duda no deja de aterrorizarme.

Sus palabras golpearon justo donde dolía.

Porque yo tenía la misma duda.

La confesión que le hice en el sótano…

no fue voluntario.

—¿Y si solo somos las piezas de ajedrez de una vieja tragedia?

—continuó, su voz ahora un sollozo ahogado—.

Si la pasión que sentimos es solo la maldita runa buscando terminar su historia…

o repetirla.

¿Y si no te elegí a ti, Víktor?

¿Y si solo fui la marioneta del lamento, y tú la del Aullido?

Apreté los puños, la furia subiendo por mi garganta.

La idea de ser un simple títere, de que mi voluntad fuera robada, era un insulto a todo lo que yo era.

—Si es manipulación, Samara, entonces la magia ancestral tiene un humor más retorcido que el mío —repliqué, mi voz era un gruñido.

Di un paso hacia ella—.

Pero no.

No voy a permitir que una maldición de otra era nos diga qué hacer.

—¿Y cómo lo sabes?

—gritó ella, golpeando mi pecho con sus puños, pero era un golpe débil, desesperado—.

¡Tú mismo lo dijiste!

¡Perdiste el control!

¡Rompiste la cama!

¡Nos lastimamos!

¿Eso te parece una “elección”?

—¡Yo sé lo que sentí!

—grité de vuelta, sujetando sus muñecas.

La sacudí levemente, necesitaba que me viera—.

¡Y no fue solo magia, lo sé!

¿Olvidas el almacén?

¿Olvidas la habitación?

¿Todo eso fue la runa?

—¡No lo sé!

—sollozó, rindiéndose—.

No lo sé…

Se desplomó contra mí, su furia rota.

La sostuve, sintiendo cómo sus temblores sacudían mi propio cuerpo.

La duda era un veneno, y ya nos había infectado a ambos.

Me quedé allí, sosteniéndola, mi propia rabia desinflándose, dejando solo el miedo frío que ella había expresado.

¿Y si tenía razón?

¿Y si mi elección de “no repetir la historia” era solo parte del mismo guion?

La aparté con suavidad, obligándola a mirarme, aunque yo mismo ocultaba mi propia duda.

—Todo va a salir bien, lo prometo.

—Forcé una calma que no sentía—.

Por ahora, necesitamos descansar.

En una cama que, con suerte, no se vaya a romper.

El intento de broma sonó patético, pero logró que ella soltara una risa húmeda y temblorosa.

Se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

Ella sonrió, una sonrisa frágil pero reconfortante.

—Promételo, Víktor —susurró, aferrándose a mi camisa—.

Promete que todo estará bien, no solo en el campus.

Entre nosotros.

La miré.

Sus ojos verdes, enrojecidos por el llanto, buscaban en mí un ancla, una certeza que yo no tenía.

Había visto a mi linaje devorarse entre sí.

Había sentido mi propio control romperse.

¿Cómo puedo prometerte algo que ni yo mismo sé si puedo mantener?

Pero no dije eso.

Tragué mi propio miedo, mi propia duda.

En este momento, ella no necesitaba mi verdad.

Necesitaba mi fuerza.

—Te lo prometo, Samara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo