El aullido y el lamento - Capítulo 25
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25: El debate de los Profesores 25: El debate de los Profesores Mientras Samara y yo intentábamos redescubrir nuestra naturaleza en Whitepine, la Universidad se sumía en una tensión palpable.
El Profesor Aélion Ványar había convocado una reunión de emergencia en su despacho con el único colega que había presenciado el incidente: el Profesor Thörne.
Quien, incapaz de quedarse quieto, caminaba de un lado a otro frente al imponente escritorio, frotándose las sienes con frustración.
Ványar, en contraste, preparaba un té de hierbas con una calma casi insultante.
—Así que, para resumir, Aélion —gruñó Thörne, deteniéndose para fulminarlo con la mirada—.
Dos de mis estudiantes más volátiles han roto el sello mágico más antiguo de la biblioteca, han liberado una maldición ancestral y ahora están de vacaciones.
Y todo porque usted les dio un hechizo y una tarea que era, en esencia, un mapa hacia el desastre.
Su imprudencia nos ha costado caro.
Ványar sirvió el té, su rostro imperturbable.
—Un mapa hacia la verdad, Profesor Thörne.
Y hacia la inevitabilidad.
Lo que esos jóvenes hicieron no fue negligencia.
Fue destino, forzado quizá por la proximidad de la runa de la quietud a sus linajes.
Thörne tomó la taza con desconfianza.
—¿De qué hablas?
El linaje licántropo de Von Wolf es problemático, sí, pero la señorita Samara es una banshee, no una criatura terrenal.
Ványar asintió, su mirada de ámbar se volvió grave.
—Ahí es donde se equivoca, viejo amigo.
El origen de la banshee es mucho más trágico y terrenal de lo que se enseña.
Es una maldición, sí, pero una maldición nacida de una tragedia.
Thörne se quedó quieto, procesando la mitología.
—Está diciendo que Samara es la descendencia de una antigua doncella druida, y Von Wolf lleva la sangre del licántropo que rompió el pacto e intentó maldecir el lugar.
¿Son reencarnaciones mágicas?
—No reencarnaciones, resonadores.
Su magia es idéntica a la del rugido que dio origen a la runa, Samara no resuena con Desiree, si no con su tragedia, con el lamento de la primera banshee, y Víktor aúlla en la misma frecuencia que aquel licántropo.
—Si bien ellos tienen un amor que es tan puro como el de la doncella y el licántropo, La runa de la quietud apareció después de la tragedia de aquella pareja.
—Creo que lo entiendo Ványar, el aullido espectral es un poderoso hechizo, la runa es una manifestación física de él, aunque no sabemos que significa o si está haciendo algo ahí, Al volverse más unidos, Von Wolf y Samara, recrearon la liberación de energía que ocurrió hace milenios.
El bosque y la runa los debe estar llamando tanto a ellos como ellos a la runa.
—Interesante deducción viejo amigo— Ványar se inclinó sobre el escritorio, pensativo.
Thörne se enderezó.
Su preocupación se había transformado en un miedo muy real.
—Entonces, la detención fue lo de menos.
Hemos enviado a dos faros andantes de magia ancestral, a los herederos de la traición, a un pueblo cercano—, dijo Thörne.
—Y usted nos ordenó no hacer nada.
—Les ordené darnos tiempo— replicó Ványar, con firmeza.
—Necesitamos investigar cómo se detiene a un poder que ni siquiera logramos entender.
Mientras ellos se distraen, nosotros encontramos la forma de salvarlos.
Si volvieran al bosque ahora… En ese momento, la voz suave y melodiosa de la Profesora Nimue resonó en el despacho, aunque la puerta nunca se abrió.
—Ustedes, los elfos altos, se creen tan sabios y aun así omiten los detalles más obvios.
Apareció junto a la chimenea, tan silenciosa como una sombra, sus túnicas de musgo pareciendo surgir de la misma piedra del castillo.
Ványar y Thörne la miraron atónitos.
—No olvide, Aélion, que hay una deuda de sangre —dijo Nimue, su voz era la calma de una brisa, pero sus palabras eran como hielo.
Se acercó, y la atmósfera se volvió más pesada—.
Lees tus pergaminos, pero no escuchas a la tierra que grita bajo tus pies.
Estas han sido nuestras tierras desde antes de que llegaran los Druidas Oscuros.
Los árboles tienen memoria, profesor, y susurran sus historias a cualquiera que se interese en escucharlos.
Se giró hacia Thörne, cuya expresión era de pura incredulidad.
—Y tú, pocionista.
Buscas un antídoto para curar una herida que no es del cuerpo, sino del alma de este bosque.
Crees que todo se puede contener en un frasco.
Ambos son arrogantes en su conocimiento.
—¿De qué deuda hablas, Nimue?
—preguntó Ványar, su orgullo herido.
—La ofrenda a la diosa de la luna nunca fue consumada —reveló ella, y la simpleza de sus palabras silenció cualquier réplica—.
El fuego que acabó con la vida de los enamorados fue un ataque cobarde, no un fuego ceremonial.
El sacrificio fue profanado.
Los árboles recuerdan la furia de los espíritus, la decepción de los dioses antiguos.
Cada eclipse de sangre no es solo un eco, Aélion.
Es un recordatorio de la deuda que sigue sin pagarse.
La magia siempre cobra lo que se le debe.
Thörne se quedó pálido.
Ványar se dejó caer en su silla, derrotado por una verdad que no estaba en ninguno de sus libros.
Nimue le dedicó a Ványar una mirada de reproche y luego se dirigió a la puerta.
—Hay algo bueno en todo esto —continuó Nimue—.
Mis raíces me dicen que, aunque estas tierras están malditas, las del pueblo no.
Los chicos estarán a salvo un par de días en Whitepine, donde la magia territorial no los puede alcanzar fácilmente.
Les dedicó a ambos una mirada de reproche y luego se dirigió a la puerta.
—Ahora, si me disculpan, tengo un jardín que atender.
Desapareció tan rápido como había llegado, dejando a Ványar y a Thörne sumidos en un silencio abrumador.
—Un espíritu vengativo, una diosa defraudada…
—murmuró Thörne, su voz llena de un pavor que no le había escuchado nunca—.
Ványar, lo que sea que esté tras esos chicos, es demasiado para ellos.
Entre todo el alboroto, ninguno de los Profesores notó al pequeño gato negro acurrucado en un rincón del aula.
—Lo sé, viejo amigo —respondió Ványar, su voz perdiendo el filo autoritario y volviéndose más grave, más personal—.
Sentí cuando resonaron por primera vez.
La historia de los gremlins sobre un “hechizo de levitación”…
era una mentira evidente.
—¡Actos impúdicos!
—interrumpió Thörne, escandalizado.
Ványar sonrió, una sonrisa cargada de una sabiduría milenaria que parecía fuera de lugar en medio de la crisis.
—Conexión, amigo.
Conexión.
Desde hacía tiempo, la magia de este lugar se sentía extraña.
Nimue lo percibía en el bosque; yo me percaté de un llamado, uno que no era para mí.
Y cuando ellos…
resonaron, supe a quién buscaba el bosque.
Hizo una pausa, su mirada perdida en los recuerdos de las últimas semanas.
—Por eso los encaminé a la biblioteca con esa tarea.
No esperaba la intervención de Nimue indicándoles buscar en el sótano, pero debo admitir que fue una idea brillante, como siempre.
Su percepción natural y sus visiones del Círculo de los Sueños a menudo opacan la lógica de mis conocimientos.
Lo que ha despertado en el bosque con el rugido espectral es antiguo y poderoso, pero me oculta su identidad.
Saber de los espíritus y los dioses solo enreda más el secreto de su naturaleza.
Debemos estar preparados para lo que sea.
Entre todo el alboroto, ninguno de los profesores notó al pequeño gato negro acurrucado bajo el escritorio, absorbiendo cada palabra.
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