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El aullido y el lamento - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Ideas en una botella
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29: Ideas en una botella 29: Ideas en una botella Legamos al despacho de Ványar esperando encontrar respuestas, quizás un plan.

En lugar de eso, encontramos a un elfo derrotado.

El despacho, normalmente un santuario de orden y conocimiento antiguo era un caos.

Libros y pergaminos estaban arrancados de los estantes y esparcidos por el suelo.

El Profesor Thörne, con la túnica manchada de ceniza, caminaba de un lado a otro frente al escritorio, su rostro pálido y tenso.

Y Ványar…

Ványar estaba sentado detrás de su escritorio, con la cabeza entre las manos.

La viva imagen de la derrota.

—Debo disculparme con ustedes, Von Wolf, Samara —comenzó Ványar, su voz era un hilo cansado.

Siguió con la cabeza gacha, sus ojos fijos en un tomo abierto sobre la mesa.

—He fallado.

He buscado en todo mi conocimiento sobre espíritus de la tierra, maldiciones y antiguos rituales druídicos.

Pero el caos desatado…

es demasiado vasto, demasiado indiscriminado.

No es un solo fantasma, no es un espíritu enojado.

Es como si el bosque mismo tuviera fiebre, y no logro encontrar la herida.

—Y la luna…

—continuó, su voz bajando—, los dioses no se involucran con criaturas como nosotros de esta forma desde hace eones.

Frunció el ceño y golpeó suavemente un pergamino en su escritorio.

—Es una tragedia, y aun no entiendo cuál es la causa.

Solo sé que la luna roja es una señal, no el origen de este caos.

Es un presagio, pero no el conjuro.

No sé a qué nos enfrentamos.

El silencio que siguió fue más aterrador que el caos del campus.

Si él no lo sabía, estábamos perdidos.

Fue Samara quien rompió la tensión, su tono urgente.

—Profesor, lo sabemos.

O, al menos, sabemos que es inminente.

—Señaló a Diana, que se había quedado atrás, mitad oculta por el marco de la puerta—.

Gracias a Diana, ahora sabemos que el eclipse es esta noche.

Ványar y Thörne levantaron la vista por primera vez.

Sus miradas se posaron en la criatura que estaba en la puerta.

Thörne la miró con absoluto asco.

—Por todos los infiernos, niña, ¿puedes al menos intentar tener una forma coherente?

—¡No es mi culpa!

—chilló Diana, su voz nasal de llama rebotando en los libros—.

¡La magia está loca!

Thörne suspiró, claramente superado por la situación.

Metió la mano en su cinturón de cuero, sacó un pequeño vial de vidrio ámbar lleno de un líquido plateado iridiscente y se lo lanzó.

—Toma esto, Diana.

Te ayudará con esas transformaciones descontroladas.

Bebe la mitad ahora y el resto en una hora.

Diana atrapó el vial con su tentáculo, lo abrió con su garra de cangrejo y se lo bebió sin preguntar.

Su cuerpo se convulsionó.

El tentáculo se agitó frenéticamente y disparó un chorro de tinta negra y espesa que golpeó a Thörne de lleno en la cara.

El profesor se quedó inmóvil, una gota de tinta colgaba de su nariz.

Samara ahogó una tos que sonó sospechosamente como una risa.

En segundos, las extremidades dispares y la cara de llama retrocedieron.

Diana recuperó su forma base, cayendo al suelo, desorientada pero sólida.

Thörne se limpió la tinta de la cara con un pañuelo, su expresión más oscura que la mancha.

Me crucé de brazos, una media sonrisa irónica en el rostro.

—Así que los rumores son ciertos, Profesor Thörne.

Es increíble.

Un remedio para cada mal en ese cinturón.

Thörne me fulminó con la mirada.

—Desearía tener un vial que solucione esta situación, señor Von Wolf.

—Una poción de claridad mental me vendría mejor que sus lamentos en este momento.

—Y si usted no se saltara mis clases —replicó Thörne—, sabría que no existe una poción que pueda “inventar” ideas.

Pero sí una que puede ordenar las existentes.

Abrió un cajón y sacó un pequeño frasco con un líquido azul pálido que zumbaba ligeramente.

—Tome esta poción de concentración.

Veamos si es verdad lo que dice.

Cogí el frasco, miré a Samara, que asintió levemente, y me lo bebí de un trago.

El sabor era como lamer metal frío.

Y entonces, ocurrió.

No fue una visión.

Fue…

orden.

Las piezas del rompecabezas que tenía dispersas en mi mente —el mapa de la Dama del Velo Gris, la advertencia de Ványar sobre la magia territorial, la “deuda de sangre” de la que habló Nimue, el calendario lunar de Diana y la tragedia de la Cosecha Oscura —, todo encajó en su lugar con un clic mental.

—¡Carajo!

—grité, golpeando el escritorio.

—¡Usted es brillante, profesor!

—le dije a Thörne, con un asombro genuino—.

¡No volveré a saltarme sus clases!

Ványar, impávido, solo dijo: —Me agrada el entusiasmo, señor Von Wolf, pero modere su vocabulario.

—Mis disculpas.

—Di un paso adelante, sintiendo la mirada expectante de Samara sobre mí.

Era hora de poner todas las cartas sobre la mesa.

—Creo saber a qué nos enfrentamos.

Ványar y Thörne me miraron.

La derrota en sus rostros dio paso a una chispa de esperanza escéptica.

—Una banshee en Whitepine nos entregó un mapa de flujos de poder.

No solo nos muestra el punto exacto donde se realizó el ritual en el bosque, sino que, gracias a la astucia de Diana, sabemos que incluye una especie de calendario lunar que predice los eclipses de sangre.

Como dijo Samara, el siguiente es esta noche.

Apoyé mis manos en el escritorio de Ványar, inclinándome hacia él.

—Los eclipses de sangre no son solo un recordatorio, profesor.

La luna roja es parte del ritual original.

Y si estoy en lo cierto, Samara y yo debemos estar en ese punto del mapa justo cuando el eclipse esté en su máximo esplendor.

»Mi mente trabaja a toda velocidad.

Las piezas por fin encajan en una imagen fría y lógica que me hace sentir escalofríos.

He tenido este pensamiento rondando mi cabeza desde hace tiempo.

Si mi deducción es correcta, profesor, usted me dio la respuesta desde el primer día en su clase.

Recordé su lección sobre magia territorial.

Lealtad, control y traición.

Las emociones que arraigan la magia a la tierra.

Y la visión de la Cosecha Oscura…

el asesinato del líder druida, la traición del pacto.

—Pero, como dije, necesito estar en ese lugar y a esa hora para estar seguro.

Para confirmarlo y, si todo resulta ser cierto… detenerlo.

Samara se acercó a mí, sus ojos verdes llenos de una preocupación silenciosa y profunda.

Le estaba proponiendo un salto al vacío, directamente al centro de la tormenta.

—Víktor…

—empezó, su voz apenas un susurro.

La interrumpí con una mirada, tratando de transmitirle toda mi confianza.

—Te lo explico en el bosque, de camino al lugar.

Solo confía en mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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