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El aullido y el lamento - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Samara
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3: Samara.

3: Samara.

Recuerdo perfectamente el inicio del ciclo escolar, siempre es un fastidio.

Nos reúnen en el Gran Comedor para el mismo discurso de bienvenida.

Es la misma rutina: los de primer año parecen asustados, apestan a miedo y ansiedad.

El resto de nosotros solo mide cuánto tiempo falta para la primera clase.

O, en mi caso, para comer algo.

Uno a uno, el talento que ULTIMA ha reunido para guiarnos toma turnos para hacer su presentación.

El primero es el director, Lan’Yu.

Es un Qirin, lo que supongo que es impresionante, aunque más impresiónate resulta el hecho de que estará ausente casi todo el ciclo, uno más de sus viajes buscando criaturas que necesitan refugio y educación en ULTIMA.

En la mesa principal está mi favorito: el Profesor Eldric Thörne.

Un humano.

El único en ULTIMA, imparte Pociones Avanzadas y Alquimia.

Es un viejo gruñón que siempre me mira como si yo fuera un ingrediente que se echó a perder.

A su lado, el Profesor Aelion Ványar, el Alto Elfo.

Siempre impecable, siempre juzgando.

Imparte Historia y Artes de Combate.

No puedes evitar mirarlo, pero preferirías no hacerlo.

Luego están las profesoras del ala verde.

Nimue Aerwyn, una Elfa del Bosque que da Magia Elemental, y Elára, la Dríada de Herbología Mágica.

Sus clases, al menos, huelen bien.

A tierra y hojas, no a piedra húmeda.

También están los…

etéreos.

Thalor Caelum, un Augur, que imparte Flujos Mágicos y Adivinación.

Y Noctilora, que enseña Magia y Criaturas del Plano Etéreo.

Clases de vibraciones y fantasmas.

Al menos hay algunas clases con sustancia.

Brontar Korrun, el Minotauro, da Runas Antiguas y Glifos.

Y Garruk Emberforge, el Enano de Herrería Mágica.

Es difícil no respetar a tipos que podrían usarte de martillo.

El resto del personal es…

singular.

Vyron Dusk, el Vampiro, da Magia de Sangre y Pactos Arcanos, su aula es la que peor huele.

Después Lysindra Moonglade, un Hada lunar, da Ilusiones.

Mirellan Vey, una Cambiaformas, imparte Teatro Mágico.

Ariandel Lys, el Hada de la penumbra, imparte Poesía Mágica.

Y Serelith Nyxen, que creo que es una especie de sombra viviente de la biblioteca, da Lenguas Antiguas.

Ese es el equipo de ULTIMA y una vez terminados sus largos discursos, sirvieron por fin el desayuno.

Al terminar, pequeñas esferas nos fueron entregadas, ellas indicaban el número del dormitorio asignado.

Ignorando por completo a mis compañeros, me dirigí al edificio de dormitorios para buscar el mío, era bastante agradable, acogedor, e incluso tenía un balcón con una buena vista al exterior.

—No está mal —murmuré al entrar por primera vez, dejando caer mi mochila al pie de la única cama—.

Al menos no huele a vampiro y no tendré que compartirlo.

Me acerqué al balcón y abrí las puertas.

El aire fresco me golpeó el rostro y el olor del bosque cercano se sintió familiar.

Por un momento, me sentí en casa.

Tenía poco tiempo para prepararme antes de la primera clase, pero por alguna razón decidí quedarme un rato mirando por la ventana.

—Von Wolf, ¿eres tú?

—una voz desde el pasillo interrumpió mis pensamientos.

Me giré y vi a Samara, una cara conocida.

Habíamos cursado varias clases juntos desde el primer año, siempre compitiendo y peleando.

Era una compañera irritante que, además, resultaba ser una banshee.

En su forma base de mujer, Samara era innegablemente hermosa, parecía una estudiante más, aunque con un aura inquietante provocada sin duda por sus ojos verdes casi espectrales, cuyo iris simulaba una neblina en constante movimiento.

—Sí… Samara… ese sigue siendo mi nombre —respondí con una sonrisa ladeada y tono de fastidio.

Ella soltó esa risa aguda y cristalina que siempre sonaba a punto de anunciar una tragedia.

—Solo tú podrías tener un nombre que suena como si saliera de una novela —dijo para molestarme.

—Y solo tú podrías reír como si el mundo estuviera a punto de acabarse —repliqué.

—Y dime, ¿qué haces aquí?

—preguntó con el ceño fruncido, cruzándose de brazos—.

¿No deberías estar en clase de Pociones Avanzadas?

Ignoré su pregunta, sin perder la vista del bosque.

—Tantos años y sigues igual de irresponsable.

¿Aún no te simpatiza el profesor Thörne?

—No exactamente —respondí—.

Es solo que el profesor me mira como si quisiera disecarme.

Ella alzó una ceja, claramente no muy convencida.

—¿Y tú qué, banshee?

¿No deberías estar en Herbología?

—Decidí que hoy necesitaba una dosis de aire fresco más que un grito de mandrágora —respondió y, después de un pequeño silencio, dijo en tono burlón.

—Tal vez el profesor Thörne solo quiere entender cómo funciona tu cerebro, si es que tienes uno—.

Con un último guiño, siguió su camino por el pasillo.

—Nos vemos en la biblioteca más tarde, lobo.

No te pierdas.

Sonreí mientras la veía alejarse.

Me alegraba ver una cara conocida, pero ella no tenía por qué saberlo.

“Lo presiento”, pensé, mirando de nuevo hacia el bosque.

“Este año va a ser interesante”.

Los siguientes dos días transcurrieron con la predecible rutina de la universidad.

Las clases eran exigentes, los pasillos bullían de criaturas de todo tipo y la tensión entre Samara y yo seguía siendo un juego constante.

Nos encontrábamos en la biblioteca, compitiendo en silencio por el mismo tomo de historia arcana, lanzándonos miradas desafiantes por encima de los lomos de los libros.

Comíamos juntos en el comedor, nuestras conversaciones eran un campo de batalla de sarcasmo y réplicas afiladas que, nadie más se atrevía a interrumpir.

Fue al tercer día cuando algo cambió.

La encontré en uno de los jardines interiores, sentada en un banco de piedra, lejos del bullicio.

No estaba leyendo ni estudiando.

Simplemente miraba la fuente mágica, su rostro inusualmente serio, sus ojos verdes fijos en el agua brillante.

La barrera de ironía que siempre la rodeaba parecía haberse desvanecido.

Me acerqué en silencio y me senté a su lado.

Por un momento, no dijimos nada.

—¿Todo en orden, banshee?

—pregunté finalmente, mi voz fue sutil.

—No estás anunciando ninguna tragedia, ¿verdad?

Ella no sonrió.

Solo suspiró, un sonido extrañamente frágil.

—No.

Solo…

pensaba.

Mi magia ha estado borrosa durante estos días.

Como si algo estuviera interfiriendo.

Fruncí el ceño, mirándola con más atención.

—El bosque —dije, casi sin pensar—.

Yo también lo he sentido.

Como un llamado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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