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El aullido y el lamento - Capítulo 31

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  4. Capítulo 31 - 31 Madre
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31: Madre 31: Madre Samara asintió, su rostro cubierto de sudor y hollín mágico, pero con la misma resolución en sus ojos.

—¡Von Wolf!

—gritó Thörne desde la distancia—.

No sé lo que tienes en mente, pero confío en que tomarás la decisión correcta.

—Se lo agradezco, profesor —interrumpí—.

Solo espero que tenga una poción de curación en caso de que falle.

Samara y yo corrimos hacia el bosque.

Diana, Ványar y Nimue, por supuesto, nos siguieron sin decir una palabra, guardando una distancia respetuosa.

A medida que nos sumergíamos en la oscuridad de los árboles, la tensión de la cercanía del ritual me obligó a hablar.

—Lo que te dije en el despacho…

sobre la respuesta que Ványar me dio en clase…

Samara aceleró el paso para caminar a mi lado.

—¿Qué es, Víktor?

¿Cuál es la pieza final?

—susurró.

No era momento para rodeos.

La noche caía y la luna ascendía.

—Primero, lo que sentiste en mi cuarto la primera noche: algo que no era vida, pero tampoco muerte.

Segundo, la clase de Ványar: “la magia es una fuerza viva”.

Tercero, lo que dijo Nimue: “la magia siempre cobra sus deudas”.

Y cuarto, lo que Diana descubrió: el eclipse no es aleatorio, es un ciclo.

Hice una pausa para saltar sobre un tronco caído.

Diana nos seguía más de cerca que los profesores, concentrada, lo que era un milagro en sí mismo.

—No hay un enemigo, Samara.

O no como lo imaginas —continué—.

Es la magia antigua la que nos está dando una oportunidad de corregir el pasado, de terminar lo que quedó inconcluso.

La deuda debe pagarse.

—La resonancia —murmuró Samara, terminando la idea por mí.

—Exacto.

El aullido espectral, la profecía de Nimue…

nuestra magia y la del licántropo con la primera Banshee resonaron con la misma frecuencia.

Eso rompió el sello y desató el caos.

Por eso creo saber exactamente qué es lo que vamos a encontrar en ese claro.

Aceleramos el paso.

El mapa ya no era necesario; el pulso de la magia nos guiaba hacia un juicio ancestral.

—Por ahora, solo camina a mi lado, por favor.

—Creo entender Víktor— Dijo Samara con pesades en la voz.

Irrumpimos en el claro.

La tensión en el aire era física; se sentía como si el bosque nos estuviera observando.

Diana y los profesores se detuvieron bruscamente a unos metros, como si una barrera invisible los hubiera repelido.

—Aquí está —musité, mirando un círculo de tierra quemada.

En el centro no había un altar, ni espíritus furiosos.

Solo una roca marcada con la Runa de la Quietud.

Detrás de ella, un pozo profundo devoraba la tenue luz de la noche.

El aire vibraba sobre él, y podía sentir la magia caótica del campus fluyendo y convergiendo desde ese abismo.

—Es aquí, Samara —dije, mi voz ronca—.

Es el punto donde la deuda debe pagarse.

Justo en ese momento, un sonido helado rompió el silencio.

No era el grito de Samara, sino un lamento antiguo, triste y absolutamente desgarrador.

Era el lamento de la Banshee original.

—Madre… —murmuró Samara, sorprendida.

El fulgor verde espectral de la Madre se deslizaba entre los árboles al otro lado del claro, como una bruma consciente que se esparcía por el bosque entero.

Su presencia no era solo visible, era sensorial, el aire comenzó a enfriarse, pero no era el frío común de una banshee.

Este era un hielo antiguo, uno que no solo mordía la piel, sino que se infiltraba en los pensamientos, congelando la voluntad, entumeciendo la memoria.

Mucho más gélido que la bruma de Samara en mi habitación aquella noche, este frío parecía arrastrar consigo el peso de siglos de lamento.

La Banshee original, la Madre, emergió finalmente del velo de niebla, su figura translúcida y desgarrada flotando frente a nosotros, sin previo aviso, soltó un grito que no era solo sonido, sino una herida abierta en el tejido del mundo.

Un lamento espantoso, primigenio, que no solo se escuchaba, sino que se sentía en los huesos, en la sangre, en la magia misma.

Era el grito de todas las tragedias no contadas.

La magia caótica que emergía desde el pozo se detuvo, golpeada por la onda sonora del dolor ancestral.

Todo el poder que estaba escapando de la grieta regresó con una fuerza increíble.

El pozo, que antes tragaba luz, se convirtió en una boca que vomitó una ráfaga concentrada de energía.

El grito de la Madre se desvaneció en el aire como una nota final que no buscaba eco, sino silencio.

Y entonces, su figura comenzó a descomponerse, no con violencia, sino con una solemnidad que solo las criaturas antiguas conocen.

Su cuerpo espectral, antes imponente y lleno de una energía que helaba hasta los pensamientos, empezó a fragmentarse en un polvo verde pálido, como si la misma esencia del lamento se estuviera deshaciendo.

Una parte de ese polvo fue arrastrada por el viento, danzando entre los árboles como hojas en otoño, llevándose consigo siglos de dolor y memoria.

Otra parte cayó lentamente al suelo, justo en el lugar donde había flotado.

El fulgor verdoso que aún brillaba en los restos comenzó a apagarse, poco a poco, como una vela que se consume sin prisa.

Lo que antes era magia viva se tornó ceniza negra, tan densa y opaca como el carbón, sin brillo, sin calor.

La energía de la Madre se había agotado.

No quedaba más que un silencio reverente, los árboles del bosque se inclinaron, todos apuntaban hacia el centro del claro, como si el bosque mismo guardara luto y mostrara una reverencia de respeto por la banshee original.

Samara no se movió cuando la Madre comenzó a desvanecerse.

No retrocedió.

No lloró.

Solo la observó, como quien presencia el final de una era que nunca debió comenzar.

Su rostro, normalmente cubierto por sarcasmo o desafío, se volvió una máscara de tristeza contenida.

No era el llanto lo que la dominaba, sino una reverencia silenciosa, como si cada partícula de polvo verde que se elevaba al cielo llevara consigo un fragmento de su propia historia.

Se arrodilló lentamente, sin dramatismo, sin palabras.

Su mano temblorosa rozó el suelo.

—Gracias madre —susurró, apenas audible, como si temiera que el viento se llevara sus palabras antes de que pudieran llegar a donde debían.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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