Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El aullido y el lamento - Capítulo 35

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El aullido y el lamento
  4. Capítulo 35 - 35 Silencio y vacío
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

35: Silencio y vacío 35: Silencio y vacío Abrí los ojos.

Por un instante, solo existió calma, estaba tendido sobre la tierra fría.

Pero luego, la ausencia me golpeó.

El aire olía a tierra húmeda y a pino…y…¿nada más?

El viento soplaba entre los árboles, era solo aire frío contra mi piel.

Mis oídos, que antes podían captar el latido de un ratón a cien metros, ahora solo escuchaban el silencio del claro y mi propia respiración.

La bestia, el compañero constante que había rugido en mi sangre desde la adolescencia, se había callado por primera vez.

El mundo, que siempre había sido una sinfonía de sensaciones abrumadoras, se había reducido a una sola y monótona nota.

Me senté, sintiéndome extrañamente…ligero.

La presión constante que había sentido en mis venas durante años, la urgencia hambrienta del licántropo había desaparecido.

Era solo yo.

Y en lugar de alivio, sentí un vértigo aterrador, como si me hubieran arrancado una parte fundamental de mi ser, dejándome incompleto.

A mi lado, Samara se movió.

Parpadeó y me miró con una confusión temporal que pronto fue reemplazada por una sonrisa agotada.

—¿Funcionó?

—preguntó con la voz ronca.

Me incorporé, el movimiento se sentía extrañamente torpe.

—No lo siento Samara…

El licántropo…no está.

No siento la magia del aullido.

Samara me miró desconcertada.

Se llevó una mano al pecho, sus ojos muy abiertos.

—¡El lamento!

—gritó, su voz aguda por el terror—.

¡No siento la muerte, no hay presagios…

solo silencio!

Comenzó a tocarse el cuerpo frenéticamente, sus manos recorriendo sus brazos, su pecho, su vientre, como si buscara algo perdido, como si no reconociera su propia piel.

—¡No está!

¡No está!

—sollozó—.

¡Víktor, no la siento!

¡Se ha ido!

¿Por qué no la siento?

Su pánico era contagioso, me acerque a ella y extendí una mano para calmarla.

—Samara…

En el instante en que mis dedos rozaron su brazo, ella retrocedió de un salto, como si mi tacto la quemara.

Me miró con un terror que nunca le había visto, no hacia mí, sino a través de mí.

—¡No me toques!

¡No…

no siento nada!

¡Está vacío!

Su rechazo me golpeó más fuerte que la hoguera misma, incluso más fuerte que mi propia perdida.

Me quedé inmóvil, bajando la mano.

La vi temblando, sus ojos moviéndose frenéticamente, perdida en un silencio que yo no podía comprender.

Me aclaré la garganta, forzando a mi propia voz a mantenerse firme, aunque la ausencia del Licántropo me hacía sentir hueco.

—Creo que el fuego tomó nuestra magia como sacrificio, Samara.

Se llevó una parte de nosotros.

Ella solo negó con la cabeza, susurrando “no, no, no”, sin parar, completamente alterada y perdida en su pánico.

Fue entonces cuando escuchamos el grito.

—¡Están vivos!

Diana.

Rompió la tensión del momento.

Corría hacia nosotros, tropezando con las mismas y piedras del bosque.

Cuando llegó a nosotros, nos abrazó a ambos con una fuerza sorprendente, llorando sin control, cubriéndonos de lodo y lágrimas.

Noté algo increíble.

En cuanto el cuerpo de Diana chocó con el de Samara, los temblores comenzaron a disminuir.

El abrazo de Diana, su calidez física y real, tuvo un efecto calmante.

Samara se aferró a ella, escondiendo el rostro en el hombro de nuestra amiga, su cuerpo finalmente se relajó.

Los Profesores, llegaron un poco después que Diana, permanecieron un poco más lejos, se miraron en silencio, como si compartieran un pensamiento que no se atrevía a ser pronunciado.

Nimue fue la primera en romper el momento, su voz apenas un suspiro entre las sombras del claro.

—Lo notaste… ¿verdad, Ványar?

El alto elfo asintió con gravedad, sin apartar la mirada de nosotros.

—Ellos no tienen que saberlo, Nimue —respondió con una calma que ocultaba una tormenta—.

Ya han sufrido más de lo que cualquier criatura podría imaginar.

Ambos se acercaron con pasos lentos, como si temieran perturbar el silencio reverente que envolvía el lugar.

Ványar se detuvo frente a mí, sus ojos de ámbar buscando en los míos algo, analizándome, no se qué era, pero no encontró nada.

Y, sin embargo, por primera vez en días, sonrió.

—El caos en el campus ha cesado —interrumpió la voz áspera de Thörne, que se acercaba desde la penumbra con el rostro marcado por el agotamiento, al vernos ahí, paradas a la mitad del claro, el agotamiento fue reemplazado por el asombro—.

La magia ha vuelto a sus cauces.

Ványar asintió con solemnidad, su voz retomando el tono que imponía silencio en cualquier aula.

—Jóvenes, es hora de volver.

Esta noche ha sido larga y el peso que han cargado no puede medirse en palabras.

Descansen.

El mundo puede esperar.

Diana, que había permanecido aferrada a nosotros, llorando a mares.

Nos miró fijamente, como si temiera que el amanecer pudiera borrarnos.

—Me alegra que estén vivos —dijo con una sonrisa temblorosa, cuando desaparecieron, creí que no volvería a verlos.

Samara y yo intercambiamos una mirada.

¿Desaparecer?

—Diana, ¿de qué hablas?

—pregunté, mi voz sonaba ronca por el grito del ritual—.

La explosión nos derribó.

Caímos al piso.

—¡No!

—insistió Diana, sacudiendo la cabeza, la histeria volviendo a su voz—.

¡No cayeron!

¡Se desvanecieron!

¡Se fueron!

La hoguera se apagó y ustedes ya no estaban.

¡No había nada!

—Fueron…

no lo sé…

¿cinco?

¿Diez minutos?

Fueron varios minutos en los que no estaban aquí.

¡Yo los busqué!

¡Los profesores los buscaron!

La miré, tratando de procesar.

¿Minutos?

Para mí había sido un parpadeo.

—Yo…

yo ya me iba —confesó Diana, las lágrimas volviendo a brotar—.

Los profesores empezaron a caminar de vuelta a ULTIMA.

Pensamos que se habían…

consumido.

Yo estaba caminando tras ellos, estaba tan…

vacía.

Pero entonces sentí algo aquí…

—se tocó el pecho—…un tirón horrible.

Y luego escuché ese sonido, como…

como si el bosque eructara.

»No lo pensé.

Solo…

sentí que tenía que volver.

Y corrí.

Y.…y ahí estaban.

Samara, que había estado en silencio, analizando, asintió lentamente.

Su rostro estaba pálido.

—Tiene razón —dijo Samara, mirándome—.

Cuando te vimos correr hacia nosotros, venías de muy lejos.

Demasiado lejos para haber sido el lugar donde te lanzó la explosión.

Y los profesores…

—miró a Ványar y Nimue, que ahora escuchaban con atención—…llegaron después que tú.

Ellos realmente creyeron que nos habíamos ido.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

Miré el suelo, la tierra húmeda donde habíamos reaparecido.

—Yo no recuerdo nada —admití, mi voz apenas un susurro—.

Solo el fuego…

y después…

un instante de oscuridad total.

Un parpadeo.

Y luego abrí los ojos y Diana estaba gritando.

¿Dónde diablos estuvimos esos minutos?

El claro quedó en silencio, roto solo por los sollozos de Diana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo