El aullido y el lamento - Capítulo 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: Revelación.
4: Revelación.
Samara se giró hacia mí, y por primera vez, no vi a mi rival.
No vi a la sabelotodo de la primera fila.
Vi a alguien que compartía la misma inquietud.
Sus ojos verdes, esos que siempre brillaban con burla o desafío, buscaron los míos.
Y en ellos vi una vulnerabilidad pura, algo que nunca antes me había mostrado.
—Ten cuidado, Víktor —susurró.
El aire se quedó atrapado en mis pulmones.
Víktor.
No “Von Wolf”.
No “lobo”.
Hacía años que no me llamaba por mi nombre.
El uso de “Von Wolf” era parte de nuestro pacto no escrito, el muro de sarcasmo que manteníamos entre nosotros.
Y ella acababa de derribarlo con una sola palabra.
El golpe me tomó por sorpresa.
—Siento que algo grande se acerca.
Y no creo que sea bueno.
Mi instinto de licántropo se erizó.
El de ella, el de banshee, era un poder que respetaba (aunque odiara admitirlo).
Ella sentía la muerte.
Si ella estaba asustada…
eso era algo que ni mi arrogancia podía ignorar.
Quería decir algo.
Una broma estúpida para reconstruir el muro, algo como “No te preocupes, banshee, te protegeré”.
Pero antes de que pudiera responder, se levantó y se marchó.
Así, sin más.
Me quedé solo con el eco de su advertencia.
Y con esa extraña sensación de vacío en el pecho.
El juego se había interrumpido.
La rivalidad se había pausado.
Y, por alguna razón, esa pausa se sentía peor que cualquier amenaza que el bosque pudiera lanzarnos.
Esa noche, no pude quitármela de la cabeza.
La habitación se sentía demasiado silenciosa, opresiva.
El aire fresco que entraba por el balcón olía al bosque, y ahora ese olor tenía un nuevo peso.
Me quité la camisa, inquieto, tratando de sacudirme la sensación.
El juego con Samara siempre había sido simple: sarcasmo, competencia, miradas afiladas en la biblioteca.
Era nuestra rutina.
Pero lo que pasó en el jardín…
eso rompió las reglas.
No fue solo la advertencia.
Mi propio instinto había sentido el “llamado” del bosque, así que no me sorprendió que su magia de banshee también estuviera “borrosa”.
Lo que me descolocó fue su rostro.
La imagen de su preocupación, la sinceridad en su voz…
todo se arremolinaba en mi mente.
Años de llamarme “Von Wolf”, y de repente, suelta un “Víktor”.
Un susurro cargado de un miedo genuino que no tenía nada de sarcástico.
Me pasé una mano por el cabello.
La “banshee irritante” era fácil de manejar.
Pero esta versión, la que me mostraba una vulnerabilidad que nunca había visto, me dejaba sin defensas.
Me hacía sentir…
expuesto.
Y esa “extraña sensación de vacío en el pecho” era peor que cualquier herida.
El licántropo en mí estaba inquieto, no por una amenaza física, sino por esta tensión sin resolver.
Necesitaba hablar con ella, entender qué había sentido.
Estaba a punto de recoger mi camisa para ir a buscarla, cuando la puerta se abrió, era Samara.
Nos quedamos inmóviles por un segundo, sorprendidos.
—Yo…
—empezó ella, pero se detuvo.
—Pasa —dije, haciéndome a un lado.
Samara entró en la habitación sin la arrogancia de la primera vez y sus mejillas levemente enrojecidas de vergüenza.
Se movía con una cautela que no le conocía, sus ojos recorriendo el espacio como si buscara algo.
—¿Qué haces aquí?
—pregunté—.
¿No deberías estar estudiando o algo productivo?
Samara ignoró mi pregunta.
—¿A dónde te dirigías, Víktor?
Seguía usando mi nombre tan a la ligera, pero le seguí la corriente.
—Decidí que hoy necesitaba una dosis de aire fresco más que un grito de mandrágora —repliqué, usando sus propias palabras en su contra.
Ella alzó una ceja.
—¿Copiando mis excusas?
Qué poco original.
Se sentó en mi cama como si fuera suya, un gesto familiar que ahora se sentía cargado de una nueva intención.
—¿No tienes una tragedia que anunciar o una ópera que arruinar con tu risa espectral, Samara?
Ella soltó una carcajada.
—Solo vine a ver si el viejo Von Wolf seguía siendo tan dramático como siempre.
Y mira, no me decepcionas.
Von Wolf, ahí estaba de nuevo el pacto no escrito, al menos algo se sentía normal.
—Dramático no, Samara.
Intenso.
Hay una diferencia —respondí.
—Claro, claro.
Intensamente irresponsable —dijo ella, sonriendo.
Me acerqué y me senté a su lado, dejando que mi tono se volviera más relajado.
—Admite que me extrañabas —dije en tono juguetón, probando el terreno.
—Extrañar no es la palabra, Von Wolf.
Me preocupaba que el campus estuviera demasiado tranquilo sin tus quejas existenciales.
Nos quedamos en silencio por un momento, compartiendo una sonrisa.
La conversación del jardín flotaba entre nosotros.
—Este año va a ser interesante —repitió ella, bajando la voz.
—Lo será —respondí—.
Pero no si sigues invadiendo mi espacio personal, cuando estoy medio desnudo.
—¿Invadiendo?
Por favor, si fuiste tú quien se acercó a mí.
Yo solo me senté en mi cama —respondió, aferrando sus manos a las sábanas del colchón.
Le lancé una mirada retadora, ladeando la cabeza.
—Tu cama, ¿eh?
¿Algo más de lo que te quieras apropiar, Samara?
—pregunté, con una sonrisa desafiante.
Ella me sostuvo la mirada sin pestañear, como si aceptara el reto.
—Todavía estoy decidiendo.
Pero ese escritorio se ve cómodo…
y el armario tiene potencial.
—¿Mi armario?
—arqueé una ceja—.
¿Planeas robarme ropa o esconder cadáveres?
—¿Por qué no ambas?
—respondió con una sonrisa traviesa—.
Aunque con tu estilo, robarte la ropa sería más un castigo.
La tensión se disipó, pero una chispa entre nosotros se había encendido, alimentada por días de rivalidad y un momento de inesperada vulnerabilidad.
Hice una pausa, miré el bosque, después a Samara y dije: —Sabes, si de verdad le tienes tanto aprecio al armario, deberías empezar a llenarlo con tus pertenencias.
Empezando por la ropa que traes puesta.
El sarcasmo en mi voz era un filo, pero la intención detrás era clara.
Fue una apuesta muy arriesgada de mi parte.
Jamás le había insinuado algo así…ni siquiera estoy seguro de porque lo hice.
Samara se enderezó.
Yo esperaba un golpe por mi atrevimiento, pero su aire de burla fue reemplazado por un fuego repentino.
Sus ojos, normalmente velados por un humor espectral, brillaban con una intensidad peligrosa.
—¿Eso es una sugerencia, Von Wolf, o me estás retando?
—dijo, su voz baja y ligeramente ronca.
Esos años de competencia, rivalidad y sarcasmo…
¿en realidad llevaban a este punto?
Maldición, siempre la consideré atractiva, de una forma irritante, casi intocable.
Pero esto, este fuego repentino…
algo así nunca pareció…
posible.
Era Samara.
La banshee sabelotodo.
Mi rival.
Y ahora estaba aquí, mirándome como si quisiera devorarme.
La bestia en mi interior aulló en aprobación, pero tenía que asegurarse de que no estaba soñando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com