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El aullido y el lamento - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 El licántropo y la banshee
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5: El licántropo y la banshee.

5: El licántropo y la banshee.

Me acerqué lentamente al armario, reafirmando mis intenciones.

—Tómalo como una oferta de bienvenida.

Ella sonrió.

Se levantó de la cama con un movimiento suave y relajado y comenzó a caminar hacia la puerta.

Creí que se marcharía, dejándome solo y humillado, pero cuando estaba a punto de salir, su forma comenzó a distorsionarse.

El aire a su alrededor se enfrió de golpe.

Una niebla espectral pareció emanar de su cuerpo y la puerta se cerró de golpe.

Su piel, de una palidez notable, adquirió un tono translúcido.

El verde de su iris ahora brillaba y llenaba por completo sus ojos.

Sus rasgos finos y naturales se estiraron y afilaron de forma antinatural, transformándose en una visión que enviaría escalofríos de terror incluso a las criaturas más valientes.

Su cabello castaño profundo, que caía en suaves ondas, se aclaró poco a poco hasta quedar casi plateado, flotando como una hoja en el viento gélido de la habitación.

Sus dedos se alargaron y sus uñas parecían garras, finas cuchillas delgadas, quizá aún más afiladas que las de mi forma licántropa.

Incluso su ropa, su atuendo casual, se transformó en un vestido desgarrado de un tono gris que parecía haber estado guardado por siglos.

Su neblina espectral nublaba aún mas la habitación.

El control que tenía Samara sobre su magia y su forma era aterrador.

La chica hermosa que conocía se desvaneció, dando paso a su forma pura de banshee, una visión de otro plano que silenciaba cualquier sonido alrededor.

El espectro miró hacia el bosque por el balcón, solo un instante y, en un parpadeo, esa forma fantasmagórica se lanzó sobre mí, cruzando la habitación con una velocidad irreal.

“Aquí viene el golpe”, pensé.

Antes de que pudiera reaccionar, me empujó con una fuerza helada y sorprendente contra el duro marco del armario.

El golpe me dejó sin aliento, pero la sensación de su cuerpo etéreo contra el mío era aún más impactante.

Estaba completamente paralizado.

Sus garras se retrajeron, mostrando sus dedos, que se aferraron a mi mandíbula y cuello con una posesividad dominante.

No había suavidad, solo una determinación cruda.

En definitiva, había malinterpretado la situación y provocado la ira de Samara.

Antes de que mi instinto licántropo pudiera procesar la amenaza y buscar algún escape, sus labios espectrales se estrellaron contra los míos.

No fue un beso delicado.

Era una invasión.

Una declaración.

Su boca, que en su forma de banshee no debería tener sustancia, se sentía extrañamente tangible y fría, a la vez ardiente; una contradicción que encendió todos mis sentidos.

Mi mente se nubló con la sorpresa y la intensidad.

Un aroma como a azufre y niebla se mezclaba con su propio perfume, suave y frutal.

El sabor de su beso era salvaje y antiguo.

Mi licántropo interior aulló, no de miedo, sino con un deseo primario, visceral y abrumador.

Ella estaba reclamando su derecho.

No solo a la cama o al armario, sino… a mí.

Justo cuando mi cuerpo se preparaba para responder con la fuerza de una bestia, para agarrarla y consumirla con la misma furia con la que ella me había abordado, encontré el último vestigio de mi propia terquedad.

Yo debía ser el dominante.

Y aunque el beso había derribado mis defensas, no sería domado tan fácilmente.

Con un gruñido que resonó profundo desde mi pecho, empujé hacia atrás, separando mi cuerpo del frío armario.

Mi fuerza licántropa igualaba la suya.

Me solté con una brusquedad deliberada y ella se deslizó un par de metros hacia atrás, flotando en su forma fantasmal, expectante, con el rostro distorsionado y los ojos brillando con diversión y frustración.

Me froté el cuello, sintiendo el frío residual de sus dedos.

—¿En serio, Samara?

—jadeé, mi voz áspera—.

Un fantasma cruzando la habitación a toda velocidad.

¿No puedes ser más original?

Mi pulso latía con tal fuerza que creí que mi corazón saldría por mi pecho.

Ella era una visión de horror puro y deseo insoportable.

Era aterradora y, por eso mismo, era perfecta.

—¿Original?

—su voz etérea se elevó en un silbido de burla—.

¿El beso de la banshee es algo tan común para ti?

—Debo admitir que me sorprendes, Von Wolf.

Esperaba que a estas alturas ya te hubieras desmayado.

Me incliné hacia ella, mi mirada fija en sus ojos fantasmales.

—¿Desmayarme?¡que aburrido!

Si esto apenas comienza Samara.

Cruzaste la línea Banshee… Ahora, quiero ver si eres lo suficientemente valiente para continuar.

No me asustas, solo…

me intrigas.

Así que, adelante —la desafié, con una sonrisa lenta y peligrosa—.

Demuéstrame que te has ganado ese armario.

O vuelve a tu habitación y espérame ahí.

Quizá decida visitarte más tarde.

El desafío pendía entre nosotros, más espeso que la niebla de su forma.

Ella no se movió, solo me observó, midiendo mi seriedad.

La tensión era como la de un arco a punto de disparar una flecha mortal.

La banshee espectral soltó un sonido que no era una risa, sino una vibración profunda, retumbando en cada parte de mi ser, como si un cristal enorme se estuviera partiendo.

Luego, con un esfuerzo visible, la niebla alrededor de Samara comenzó a retraerse.

La forma aterradora y etérea se encogió sobre sí misma.

El aire dejó de ser glacial, y en un parpadeo de energía mágica, la banshee volvió a ser la mujer que conocía.

Su piel recuperó su palidez mortal y sus ojos se tornaron a un verde intenso, pero había algo diferente.

Su rostro, que antes había estado lleno de sarcasmo, ahora era pura concentración.

Estaba respirando pesadamente, como si el cambio la hubiera agotado o, tal vez, estuviera conteniendo la parte más salvaje de sí misma.

—No me digas qué hacer, lobo —murmuró con desdén.

La voz que conocía estaba de vuelta, pero teñida de una determinación que nunca le había escuchado.

Samara estaba provocándome.

Sabe que odio que me digan lobo.

Cerró la distancia que la separaba de mí.

Cada paso era una declaración de intenciones.

Al llegar a mí, alzó ambas manos, no para tocarme con el tacto fantasmal de antes, sino para deslizar sus dedos sobre mis hombros, forzándome a retroceder hacia el armario.

—Ya invadí tu espacio personal de nuevo —murmuró, su aliento un poco más cálido en contraste con el frío de su beso anterior.

Sus ojos se fijaron en los míos con una voracidad salvaje—.

Ahora, déjame ver qué tan intenso eres… cachorro.

Con una última mirada desafiante, me jaló con brusquedad, girándonos en el espacio reducido entre la pared y el armario.

El movimiento me obligó a soltar mi postura defensiva.

Nuevamente fui yo quien terminó de espaldas, ahora contra la pared, pero esta vez fue su cuerpo de carne y hueso, cálido y fuerte, el que se presionó contra el mío.

Ella se alzó sobre los dedos de sus pies y, antes de que pudiera responder a la embestida, me besó de nuevo.

No fue la agresión fantasmal, sino una demanda terrenal.

Este beso era caliente, profundo, y estaba diseñado para recordarme exactamente de qué material estaba hecha la banshee debajo de la niebla.

Me aferré a ella con mis manos, cediendo el control.

Pero… si ella quería intensidad, se la daría.

Su sabor, su aliento, la forma en que su cuerpo se moldeaba al mío…

era una combinación explosiva que hacía hervir la sangre.

Entonces, sentí el frío deslizamiento de sus dedos bajaban cuidadosamente por mi pecho, lego por mi abdomen, siguiendo la línea de mis músculos y bajando un poco más.

No fue un movimiento furtivo, sino una nueva invasión marcada por una audacia que me hizo gruñir de placer y posesividad.

Sus uñas apenas tocaron la piel, justo por encima del borde de mi pantalón, ese simple contacto bastó para encender la mecha de mi instinto depredador.

Ella estaba por llevar el juego un paso más allá, dispuesta a ser la dominante.

Pero una banshee nunca podría dominar a un licántropo herido en su orgullo.

Mi respuesta fue pura velocidad bestial.

No necesité transformarme; fue una reacción visceral y primitiva.

En menos de un parpadeo, mis brazos la rodearon con la fuerza de un depredador que reclama su presa.

Con un movimiento rápido y fluido, la levanté y la llevé hacia la cama, que se hundió bajo el impacto.

Mi mundo se centró en sus ojos.

Ella levantó la cabeza, sus ojos verdes abriéndose en una mezcla de sorpresa y temor excitante al ver el cambio en los míos.

El color café oscuro de mi iris desapareció, reemplazado por un destello dorado y salvaje, el brillo momentáneo de la bestia en mi interior.

Samara no tuvo tiempo de nada.

Lo único que sintió fue el cambio abrupto de posición.

Ahora, era yo quien estaba sobre ella, mi peso y mi cuerpo bloqueando cualquier posible escape.

Mis manos se apoyaron a ambos lados de su cabeza, atrapándola.

Mi corazón latía como un tambor chamánico en mi pecho.

El juego de poder había terminado.

Yo era el vencedor.

Samara me miraba desde abajo, jadeando.

La sorpresa se había mezclado con una rendición silenciosa y expectante.

Podía oler su excitación con cada respiración.

Ella había cruzado la línea, pero yo dictaría el curso a partir de aquí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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