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El aullido y el lamento - Capítulo 63

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63: El eco del deseo 63: El eco del deseo No era solo atracción.

Era algo más grande, más intenso.

Era el vínculo que habíamos forjado en el fuego, en el duelo, en las risas de Whitepine.

Cada movimiento era una promesa, no de posesión, sino de pertenencia.

Los cristales flotantes giraban más rápido ahora, su luz bañándonos en un resplandor que no era ni frío ni cálido, sino perfecto.

Samara se separó apenas, sus ojos verdes encontrando los míos, luego los de Diana.

—Esto es lo que somos —susurró Samara, y su voz no solo resonó en la sala, sino en mi pecho, una vibración que sentí hasta en los huesos—.

No solo magia.

No solo cuerpos.

Somos… nosotros.

Diana asintió, sus dedos apretando los míos con una fuerza temblorosa.

—Siempre pensé que era solo la que seguía el ritmo —dijo, su voz cargada de una vulnerabilidad que me estrujó el corazón.

—Pero ahora… siento que soy parte de la melodía.

Sonreí, inclinándome para rozar su frente con la mía, y luego la de Samara.

Olían a ozono, a bosque y a confianza.

—Y yo soy el lobo torpe que no sabe bailar —murmuré, con una sinceridad que no necesitaba el escudo del sarcasmo — Pero aquí estoy.

Me acerque de nuevo a Diana, mi frente reposaba tranquila sobre las suya, la mano de Samara recorría mi espalda, mientras su otra mano recorría el brazo de Diana que no dejaba de mirarme con anticipación, acerque mi labios a su boca, sentía su aliento en mis labios, ella estaba aún temerosa de dar un paso más.

—Tranquila, no Muerde— Dijo Samara en tono juguetón.

—No garantizo nada— respondí mientras cerraba el espacio que quedaba entre Diana y yo.

Mi boca envolvía su labio inferior, mis dientes presionaron suavemente dando un tierno jalón a su labio, terminamos por fundirnos en un beso apasionado, Samara y la magia de la sala eran testigos silenciosos.

Diana lentamente separo su rostro del mío, su respiración se había acelerado, miró a Samara, que sin preguntar o decir palabra alguna, beso de nuevo sus labios, mostrando después una mirada desafiante.

Las runas apagaron su brillo y las antorchas mágicas en las paredes brillaban a media luz.

Una neblina plateada comenzó a envolver nuestros cuerpos entrelazados, mis sentidos podían percibir el corazón agitado de Diana, y la adrenalina desbordada de Samara que aun sostenía le sostenía la mirada fija en los ojos.

Diana, que ya había notado la neblina, soltó una leve risa nerviosa y asintió en un sutil gesto de aceptación y consentimiento.

En ese momento, trozos de tela cayeron al piso, podía ver el sudor en la frente de Diana, y no solo eso, podía sentir el calor emanando de cada poro de su piel.

Samara no se quedaba atrás, podía escuchar el palpitar de su corazón, no solo en el pecho, en cada vena, como si su sangre trazara un mapa de su cuerpo para que yo la percibiera, Diana sin soltar mi mano, se acercó a Samara, quien respondió de la misma manera, al instante en que sus pechos hicieron contacto, no solo ellas sintieron el contacto de la piel desnuda.

Mis sentidos también estaban desbordados percibiendo el aroma de la excitación de ambas, podía sentir la humedad emanando de sus cuerpos, mire con encanto como se besaban, solté sus manos para que ellas pudieran bañarse en caricias, no solo veía su placer, podía saborearlo en el aire, una mezcla del aroma a tierra mojada de Diana y la fragancia etérea de la magia espectral latente de Samara.

Me moví alrededor de ellas, cual cazador al asecho, disfrutando de cada ángulo del espectáculo que me ofrecían, camine hasta quedar justo detrás de Diana, mis manos recorrieron sus muslos al tiempo que las de Samara recorrían sus pechos, mi boca se aferraba ahora a su cuello provocando deliciosos gemidos que resonaban como ecos infinitos en la sala vacía.

Recargue mi rostro en el hombro de Diana mirando a Samara que sin dudarlo me beso aferrándose a la cintura de Diana que, con una mano me sujetaba por el cabello para que no me alejara y con la otra recorría la tersa piel de Samara, trazando un camino lento pero seguro hasta su entrepierna, pude percibir como los delicados dedos de Diana se deslizaban cuidadosamente en lo más profundo de Samara, ellas se volvieron a encontrar en un beso, la magia y los cuerpos, vibraban y se llamaban con suavidad.

Con una mano recorrí la cintura de Diana, con la misma atención con la que uno explora nuevos territorios, acaricié su bajo vientre, mi mano no perdió oportunidad de seguir su camino hasta perderse entre sus piernas, con la otra mano recorría sus pechos con suavidad, su espalda se arqueaba, pero ella no perdía la concentración, sus labios seguían devorando los de Samara y sus dedos seguían llamando al placer, invocando la humedad de Samara.

Ella, perdida en mar de placer se aferraba al cabello de Diana, provocando que le temblaran las piernas, yo aproveche un pequeño espasmo de su cuerpo, la curvatura de su espalda me dio el ángulo perfecto, la tome con fuerza y delicadeza por las caderas, en un instante invadí su cuerpo con una embestida firme, reclamando su intimidad como mía.

El sonido que emanó de su garganta era indescriptible, Samara dio un paso atrás para admirar con detenimiento el vaivén de nuestros cuerpos, Diana extendió una mano, llamándola, la necesidad de su piel era irresistible, Samara se acercó, inclino su cabeza y uso sus labios para recorrer los pechos de Diana, después siguió con la lengua, poco después, un par de leves mordidas.

La habitación seguía respondiendo a nosotros con leves destellos y el fuego a media luz de las antorchas, nuestra magia formaba una nube espesa cerca del techo de la habitación, como si la energía y el placer se hubieran condensado en nubes de magia y pasión.

Una ligera lluvia comenzó a caer en la habitación, las gotas mágicas se sentían tibias al contacto con la piel, el sudor y el agua eran imposibles de diferenciar, Diana dio un paso al frente, un gemido anuncio que mi cuerpo había salido de la calidez de su interior.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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