Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El aullido y el lamento - Capítulo 69

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El aullido y el lamento
  4. Capítulo 69 - 69 SimplementeDiana
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

69: Simplemente…Diana 69: Simplemente…Diana El sol de la mañana se coló por el balcón, trazando líneas doradas sobre la habitación.

Un suave movimiento a mi lado me despertó.

Abrí los ojos y vi que el espacio que ocupaba Samara en nuestra cama estaba vacío.

Diana, sin embargo, ya estaba despierta, sentada en el borde del colchón con las piernas cruzadas, mirando sus pies con una concentración inusual.

—Fue por el desayuno —dijo Diana, adivinando mi pregunta— Sonreí.

Era tan típico de Samara, buscar su momento de calma matutina.

Me estiré sobre el colchón, sintiendo los músculos relajados.

—Bueno, supongo que eso me deja a merced de tu vendaval de locuras —bromeé.

Diana se giró, y en un movimiento que fue puro instinto juguetón, se abalanzó sobre mí en la misma cama.

El colchón de musgo amortiguó el impacto, pero no la sorpresa.

Ella aterrizó sobre mi lado, riendo a carcajadas.

—¡Te sorprendí!

—exclamó, victoriosa.

—Eso es trampa, ¡tenías la ventaja del terreno elevado!

—repliqué, tratando de sonar serio, pero una risa se escapó.

Sin previo aviso, sus dedos encontraron mis costillas.

Un espasmo involuntario sacudió mi cuerpo.

Las cosquillas eran un arma que no esperaba.

Mi risa, grave y profunda, llenó la habitación mientras intentaba inútilmente defenderme.

En el forcejeo, logré atrapar sus muñecas, invirtiendo nuestras posiciones hasta quedar yo sobre ella, conteniéndola contra el suave musgo de la cama.

—Ríndete, Therian —jadeé, todavía riendo.

Su risa se suavizó, y por un instante, el juego se detuvo.

Nos quedamos así, muy cerca, nuestras respiraciones agitadas mezclándose en el aire.

La energía caótica de Diana se había calmado, reemplazada por algo más suave, más vulnerable.

Mi carácter, antes tan rígido e intenso, se había ablandado, contagiado por su sencillez y su alegría.

—Víktor…

—comenzó, su voz apenas un susurro—.

Tengo que pedirte perdón.

La solté, sentándome a su lado, desconcertado.

—¿Perdón?

¿Por atacarme con cosquillas?

Ella negó con la cabeza, sentándose también y abrazando sus rodillas.

—No.

Por lo de la azotea.

El día que me contaste lo de…

Alun’diel.

El nombre flotó entre nosotros, ya no con el peso del dolor agudo, sino con la melancolía de un recuerdo sagrado.

—Quería abrazarte— confesó, sin mirarme —Quería decirte algo, cualquier cosa.

Pero no supe cómo.

Vi tu dolor, y me asusté.

Por eso me enfoqué en ir con Samara.

Fue más fácil.

Lo siento.

Su honestidad me desarmó.

Me acerqué y le di un beso suave en la frente, un gesto que se sintió tan natural como respirar.

—No tienes por qué disculparte.

Hiciste lo que necesitabas hacer —dije —Y estuviste ahí.

Eso es lo que importa.

Ella levantó la vista, sus ojos húmedos.

Me atreví a confesar algo que llevaba guardando.

—Sabes…

el día que bailamos en el pueblo, una parte de mí no podía dejar de pensar en lo ridículamente hermosa que te veías.

La tensión se rompió.

Una carcajada genuina y liberada escapó de sus labios.

—¿Ridículamente hermosa?

—repitió ella, incrédula y divertida—.

¡Llevaba unas gafas de sol con forma de corazón!

—Exacto —confirmé, sonriendo— Ridículamente hermosa.

Nos quedamos en silencio un momento, la risa desvaneciéndose en una calma cómoda.

—Víktor…

¿cuándo empezó?

—preguntó, su voz volviéndose seria de nuevo —Tú y yo…

¿Nos unimos por Samara?

O…

¿cómo llegamos a esto, a compartir cama?

La pregunta era honesta, sin dobles intenciones.

Era su forma de entender, de conectar los puntos.

Y me di cuenta de que yo también necesitaba hacerlo.

—No fue solo por Samara —respondí, pensativo, mi pulgar trazando círculos suaves sobre el dorso de su mano—.

Fue gracias a ella que tuvimos la oportunidad de conectar.

Al principio, para ser sincero, solo eras su compañera de cuarto parlanchina.

—¡Oye!

—protestó, dándome un codazo juguetón, pero su sonrisa me dijo que no estaba ofendida—.

Y tú eras solo el chico gruñón y demasiado intenso que rompía las camas.

Me reí.

—Justo así era yo intenso y gruñón, no podía ver más allá de mi nariz.

Pero luego, en el bosque, durante el sacrificio…

te vi correr.

Mientras Ványar y Nimue, solo miraban, tú fuiste la única que actuó.

Corriste directo a la hoguera por nosotros.

No fue solo lealtad, Diana, fue una locura…

fue el acto más valiente que he visto en mi vida.

Diana asintió, su mirada perdida en el recuerdo.

—Tenía pavor.

Creí que los perdería a los dos.

—Como dijo Caelum, tu magia aferrándose a la nuestra, es lo que nos dio una oportunidad de sobrevivir a la hoguera, no estaría aquí sin ti… —Y después, en la azotea —continué, mi voz bajando, recordando su vulnerabilidad—.

Cuando te conté lo de Alun’diel.

Quisiste abrazarme, pero no supiste cómo.

Y, aun así, te quedaste ahí, compartiendo mi dolor en silencio.

En ese momento dejaste de ser solo la aliada de Samara.

Te convertiste en la mía.

Ella me miró, y vi en sus ojos el recuerdo de ese mismo momento, la misma empatía silenciosa.

—Y yo…

yo en ese momento dejé de ver al licántropo —confesó ella en voz baja—.

Vi a Víktor.

Y no supe qué hacer, solo que no quería que estuvieras solo.

—Luego —, continuo Diana —en el cementerio…

tu instinto nos guio, pero fue tu ternura la que me sorprendió.

Y la galleta que le di a Sam.…me hiciste sentir que mi forma de ser, mi simpleza, también podía sanar.

—Siempre lo ha hecho —afirmé con una certeza que me sorprendió a mí mismo—.

Esa simpleza, esa naturalidad, siempre es refrescante, siempre me ha sanado el alma…Pero el baile…ese baile.

Hice una pausa, buscando las palabras correctas para describir un cambio que había sentido más de lo que lo había pensado.

—No fue solo un baile caótico.

Fue el primer momento en que de verdad te vi.

No a la amiga de Samara, no a la aliada que nos sostenía.

—Vi a Diana.

Vi tu luz, tu alegría sin filtros, la forma en que te entregas al momento sin miedo.

Y me di cuenta de que no quería que esa energía, esa luz, se apagara nunca, debía protegerla, te quería siempre en mi vida.

Se sonrojó, una visión rara y encantadora que me hizo sonreír.

—Yo…

yo sentí lo mismo —admitió, su voz apenas un susurro—.

Cuando me invitaste a bailar, sentí que por fin me veías.

Que no solo “escuchabas” mi ruido, sino que querías ser parte de él.

Y cuando nos reíamos, tropezando…

me sentí en casa.

Nos dimos cuenta en ese mismo instante.

No había sido un solo momento, sino una construcción lenta, un puente tendido sobre la base de nuestra relación con Samara, pero que había adquirido su propia estructura.

Ladrillo a ladrillo.

Lealtad, vulnerabilidad, risa, preocupación…

una compleja amalgama de emociones forjaba nuestro propio vínculo.

—Así que no —concluí, apretando su mano—.

No llegamos a esto solo por Samara.

Llegamos aquí porque, mientras cuidábamos de ella, empezamos a cuidarnos el uno al otro.

Y algo…

simplemente surgió.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo