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El aullido y el lamento - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - 76 Las bestias de Thörne
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76: Las bestias de Thörne 76: Las bestias de Thörne —¡Samara, Velo de Sombras a la izquierda!

¡Diana, intenta liberarte!

—ordené.

Samara lanzó una de nuestras creaciones.

La esfera de cristal se hizo añicos en el suelo y una nube de oscuridad mágica, espesa e impenetrable, cubrió la mitad del claro.

El Mordisco de Brea, que acechaba desde esa dirección, soltó un gruñido de confusión.

Aproveché la cobertura.

Usando mi conexión con la tierra, podía sentir la vibración de sus pasos sobre el piso, incluso en la oscuridad.

—¡Ahora, la pegajosa!

—le susurré a Samara.

Guiada por mis indicaciones, lanzó la bomba pegajosa justo en el camino del Mordisco de Brea.

Escuchamos un chillido de frustración cuando la criatura quedó atrapada, sus patas hundidas en el adhesivo mágico que se endurecía rápidamente.

Mientras tanto, Diana, recordando la lección, se transformó.

No en algo grande, sino en algo pequeño y fuerte: un tejón.

Con sus poderosas garras, comenzó a excavar y romper el alquitrán endurecido que la aprisionaba.

El Zavéido era más listo.

En lugar de atacar a Diana, salió de la nube de humo y, viéndome como la amenaza principal, cargó contra mí.

Era demasiado rápido.

No podría esquivarlo.

Justo cuando se preparaba para lanzar una ráfaga a quemarropa, Samara reaccionó.

Le lanzó un pequeño vial que se rompió en mi pecho.

Era la “Coraza de Raíces”.

Sentí cómo la pasta se extendía por mi torso y brazos, endureciéndose al instante en una armadura de madera viva.

La ráfaga cinética me golpeó, pero en lugar de enviarme a volar, el impacto fue absorbido por la corteza mágica, que crujió, pero resistió.

El Zavéido quedó desconcertado por un segundo.

Fue todo lo que Diana necesitó.

Ya libre, ahora en su forma base, lanzó nuestra “Bomba Sónica”.

La esfera estalló con un chillido agudo e inaudible que hizo que la criatura aullara de dolor, sacudiendo la cabeza, completamente desorientada.

Era nuestra oportunidad.

—¡Ahora, Samara!

—grité.

Con el Zavéido aturdido, canalicé mi poder.

La tierra bajo la criatura pareció volverse liquida por un segundo y al siguiente se solidificó atrapando las patas hundidas de la bestia escamosa.

Luchó, pero estaba atrapada.

—¡Bomba pegajosa!

—gritó Samara.

Su advertencia llegó justo a tiempo, un proyectil de brea pegajosa apenas rozo mi hombro, impactando el suelo donde antes me encontraba.

Era el mordisco, su pies seguían atrapados, pero su hocico deforme le permitía escupir la brea a una distancia increíble que podría resultar letal.

Una tras otra la bestia siguió lanzando sus ataques.

—En algún momento debería cansarse…o recargar —Grité.

—De verdad lo dudo, deberíamos correr a sus espaldas, su cuello gordito no le permitirá atacar hacia atrás —respondió Diana Antes de que Diana y yo pudiéramos rodear al mordisco, Samara para asegurar la victoria, sin dudar o preguntar, simplemente lanzó nuestra última creación, la “Esquirla de Hielo”.

Justo entre un ataque y otro.

El líquido helado no tocó a la criatura, sino la brea que recién comenzaba a asomarse por su hocico, congelándola entre sus fauces, dejando un tapón de hielo que lo inutilizó.

El combate había terminado.

El Mordisco de Brea no podía moverse ni atacar, y el Zavéido, completamente inmovilizado y furioso.

Estábamos jadeando, cubiertos de tierra, sudor y restos de pociones, pero habíamos ganado.

Thörne se acercó con calma, sin una palabra de elogio.

Sacó dos artefactos de su maletín, unos collares rúnicos que, al ser colocados, encogieron a las criaturas hasta que pudieron ser guardadas de nuevo en sus cajas.

—Aceptable —dijo finalmente, cerrando las pesadas tapas—.

Han sobrevivido.

—Me hubiera gustado ver su conexión mental en combate —interrumpió Nimue, su voz era una suave brisa en medio de nuestra adrenalina—.

Pero ya tendrán oportunidad de ponerla en práctica después.

Thörne la miró, con un leve gruñido de impaciencia por haber sido interrumpido.

Retomó la conversación, dirigiéndose a nosotros.

—Aprovechen el día de mañana para recolectar ingredientes y crear más recetas.

Ya tienen el conocimiento, la habilidad y la creatividad.

Y, gracias a sus explosiones, suficientes envases vacíos en el maletín que les di.

Hagan un buen inventario para el viaje.

Pasado mañana viene Ványar a darles otra lección.

Se detuvo y su mirada se fijó en mí, volviéndose inusualmente seria.

—Señor Víktor, un último consejo: a veces la única forma de saber la cualidad de un ingrediente es probarla.

No tema comer algún hongo, raíz o planta que no pueda descifrar con su instinto.

Analice bien el efecto que esta pueda tener en su cuerpo.

Luego se giró hacia Samara, y su tono sarcástico habitual regresó con toda su fuerza.

—Y señorita Samara, lleve muchos antídotos por si acaso la experimentación de su “amigo” presenta complicaciones.

Samara soltó una risita, negando con la cabeza.

—Lo tendré en cuenta, profesor.

Diana, por su parte, miraba el maletín mágico con un nuevo respeto.

—¡Más explosiones!

¡Y con permiso!

¡Este es el mejor entrenamiento de la historia!, no puedo esperar para combinar un montón de ingredientes raros, ¡Y de todos los colores!

¡Esto es simplemente genial!

Thörne suspiró, como si se arrepintiera de haberle dado la idea.

Sin más, se dio la vuelta y se marchó con su carruaje haciendo un leve gesto de despedida con mano.

No dijo nada al respecto, pero estoy seguro de que, en esa prueba, me gane su respeto, al menos un poco.

Recogimos nuestras creaciones, limpiamos las mesas y guardamos todo en el maletín.

El cansancio era profundo, no solo físico, sino mental.

Habíamos sido puestos a prueba de una forma que ninguna clase en un aula podría igualar.

Cuando todo estuvo en orden, comenzamos el camino de regreso a nuestra choza.

El sol se había ocultado por completo, y el bosque estaba bañado por la luz plateada de la luna.

Caminábamos en un silencio lleno de camaradería y de un orgullo compartido.

Nimue no nos acompañó, pero se quedó en el borde del claro, observándonos marchar.

La vimos de reojo, una silueta sabia fundida con la noche.

No necesitaba decir nada más.

Su mirada, llena de un orgullo profundo y sereno, nos siguió hasta que nos perdimos entre los árboles, de vuelta a nuestro refugio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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