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El aullido y el lamento - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 El llamado del bosque
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8: El llamado del bosque.

8: El llamado del bosque.

Samara respiro profundamente, hasta recuperar el aliento por completo —Lo que yo siento.

No es una “llamada de linaje”, por supuesto.

Las banshees no funcionamos así.

Pero el aire está demasiado quieto —explicó, frunciendo el ceño—.

Mi habilidad para detectar la muerte, para presagiar el futuro…

ha estado borrosa.

Se siente como si algo estuviera filtrando el futuro.

No puedo oír los lamentos distantes de las tragedias en el mundo exterior.

Es como si el bosque absorbiera todo el ruido espectral, concentrando su propia magia.

Se detuvo, y sus ojos verdes se encontraron con los míos.

Su mirada estaba llena de añoranza y la mano que tenía libre descansaba sobre su vientre.

—Al entrar a tu habitación…

sentí algo.

Algo que no era muerte, pero tampoco era vida.

No le di importancia en el momento, pero fue mucho más intenso cuando liberé mi forma espectral.

Al menos ahora sé que no estoy loca.

Samara me dio una sonrisa tensa.

Pero la sonrisa apenas se dibujaba en sus labios.

Su mirada se nubló un poco y sus facciones se tensaron.

Ya había visto eso antes en ella; cosas de banshee, destellos del futuro presentándose ante ella o algo así.

El aire a su alrededor pareció enfriarse, volverse delgado.

La sentí ausente por un segundo, desconectada, y mi instinto de licántropo saltó, odiando esa sensación de que cualquier cosa que me la quitara, aunque fuera por un instante.

—¿Todo en orden, Samara?

—pregunté.

Mi voz me delataba por completo.

Estaba preocupado.

Ella parpadeó, regresando de golpe, y de inmediato levantó su escudo de sarcasmo.

Fue demasiado rápido, demasiado practicado.

—Tranquilo, Von Wolf —sonrió—.

Solo es otra profecía borrosa por la interferencia del bosque.

La miré fijamente.

Estaba mintiendo.

O, mejor dicho, estaba ocultando la verdad detrás de una media verdad.

—¿Puedo preguntar qué viste?

—susurré.

Samara dudó.

Por una fracción de segundo, después, confió.

—Vi una sombra de algo…

¿dolor?

¿Miedo?…

cruzar su rostro antes de que lo controlara.

—No estoy segura.

—Desvió la mirada hacia sus propias manos, que estaban apretadas en su regazo—.

Alguien sostenía mi mano, pero solo por un instante y después se desvaneció.

Me quedé callado, procesando eso.

Alguien sostenía mi mano.

La intimidad de esa imagen, seguida de la pérdida…

me dejó un gusto amargo en la boca.

Era una visión extrañamente triste.

—Esto suele ser mucho más claro… obra de lo que sea que pase en ese bosque, supongo —respondió, recuperando su tono de tranquilidad forzada.

Y justo así, la Samara que conocía regresó, usando la burla para cambiar de tema.

—En fin, parece que estás en problemas, Von Wolf: ¿cómo vas a explicarle a la universidad que tu habitación parece haber sido atacada por un troll?

Nos levantamos, rodeados de los restos de la cama, que ahora parecía una exhibición de arte postapocalíptico.

Recogimos las sábanas caídas y pedazos del colchón, improvisando un nido en el suelo que, a falta de estructura, al menos era cálido y cómodo.

Ver el cuerpo desnudo de Samara acariciado por la tenue luz de luna que se colaba por el balcón era la única promesa de paz en medio de tanta destrucción.

No era solo lujuria; era la confirmación, silenciosa y visual, de que la química entre el licántropo y la banshee era real.

La pasión podía esperar antes de repetirse; la certeza de este momento juntos, no.

—Hemos tenido suficiente intensidad para todo un mes y no ha pasado ni una semana, Von Wolf —murmuró Samara, su voz apenas audible por el cansancio—.

El bosque o lo que sea que te llame desde ahí, tendrá que esperar.

Por ahora, sé un caballero y trae algo para cenar mientras me doy una ducha, huelo a lobo sudado.

Mañana, después de clases, podemos ir a la biblioteca.

Seguro hay algo sobre el bosque en los archivos.

La mejor manera de entender lo que sea que esté pasando es con conocimiento aburrido.

Asentí, de mala gana por su broma, pero disfrutando una última vez la vista mientras ella se encaminaba al baño de la habitación.

—Lindo trasero banshee —respondí—.

Voy a tomar algo de ropa limpia e iré por la comida.

—Eso no será necesario —respondió Samara mientras abría la llave del agua caliente—.

Además, el armario ya es mío.

Siguió murmurando palabras indescifrables para mí, mientras una niebla plateada me envolvía, devolviéndome una copia exacta de mis ropas.

—Muy astuta, banshee —dije mientras me dirigía a la salida.

Unos minutos después regresé a la habitación con un par de panecillos y café.

Samara estaba en el nido improvisado en el piso, cepillando su cabello, su cuerpo cubierto solamente por una de mis camisas.

—La cafetería estaba cerrada.

Por suerte para ti, mis encantos funcionaron con una harpía en la cocina y me regaló unos cuantos panes y suficiente café para los dos.

—Cuidado, Von Wolf, podría ponerme celosa —respondió entre risas.

Dejé los panes y el café junto a ella, eché un vistazo a sus largas piernas y me dirigí a la regadera.

Momentos después, salí del baño y le arrojé mi toalla en la cabeza.

Así, completamente expuesto y con los brazos cruzados, pregunté: —Entonces, Samara, ¿acabamos de arruinar nuestra amistad?

Ella me miró; tardó un momento en responder.

Una risa suave escapó de sus labios.

—¿Teníamos una amistad, Von Wolf?

Pensé que solo era una lucha de egos o una rivalidad cargada de sarcasmo.

—Mis ojos están aquí arriba, Samara —respondí en tono burlón.

—Tú no dejas de mirar entre mis piernas.

Además, no quería ver tus ojos.

—La risa malvada de Samara mostraba cuánto estaba disfrutando nuestra conversación.

Fui al armario, tomé una camisa limpia y un bóxer, y me acomodé a su lado.

—Ahora —susurró, su voz cayendo en el sueño—, tenemos algo mucho más…

intenso.

Buenas noches, Señor Lobo.

—Ya te he dicho que soy licántropo, no lobo.

Yo no me transformo en un animal.

Estoy seguro de que Samara solo fingía estar dormida para no responder.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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