El Brujo Más Fuerte - Irregular del Mundo de Magos - Capítulo 442
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Capítulo 442: Algo oscuro, peligroso e increíblemente sexy
—Lo estás haciendo genial, Ethan.
—Todo es gracias a ti, Lilian. Fuiste una profesora muy paciente.
—No. Tú solo eres un buen estudiante. Estoy segura de que las damas en el baile te darán el aprobado.
Ethan sonrió mientras la música de fondo se desvanecía.
En ese momento, Lilian estaba apoyando la espalda contra Ethan, mientras él la rodeaba con sus brazos.
El baile que acababan de terminar era el que estaba pensado para parejas.
Como alguien que había participado en varias fiestas de salón de alto nivel, Lilian conocía el tipo de bailes que se usaban comúnmente en estas reuniones.
En total, Lilian le enseñó a Ethan tres bailes debido al poco tiempo del que disponían.
Pero esos tres bailes serían suficientes para cubrir todo tipo de baile que sonara en la fiesta.
—No tienes permitido usar este baile con nadie más que no seamos nosotros, ¿entendido? —dijo Lilian antes de darse la vuelta para abrazar a Ethan y ponerse de puntillas—. Absolutamente prohibido.
—De acuerdo —respondió Ethan mientras le daba un beso en la frente a Lilian—. No usaré este baile con otras chicas.
—Incluida Nicole —añadió Lilian.
Ethan rio entre dientes antes de darle a Lilian un ligero abrazo. —Está bien.
—¡Solo bromeaba! —rio Lilian—. Estoy segura de que intentará evitar que la inviten a este tipo de baile. Siendo ese el caso, su única opción es bailar contigo. Así que, asegúrate de echarle una mano.
—¿Estás segura? —Ethan enarcó una ceja—. ¿Y si se queda impresionada con mi baile y se enamora de mí?
—Tonto Ethan —Lilian le pellizcó suavemente las mejillas a su amado—. Nicole no se enamorará de ti porque bailes bien. Hará falta más que eso para domar su corazón herido.
A Ethan de repente le entró la curiosidad tras oír las palabras de Lilian.
Pero decidió no entrometerse en la vida privada de Nicole.
Ya tenía bastantes problemas con los que lidiar, y no le gustaba añadir más.
—Bueno, ¿has preparado la ropa que vas a usar para la fiesta? —preguntó Lilian.
—… ¿Necesito preparar ropa? —parpadeó Ethan—. Pensé que la Academia me proporcionaría algo.
—… ¿Hablas en serio? —Lilian no sabía si reír o llorar porque la cara de Ethan lo decía todo—. ¿Aún no tienes ropa para la fiesta de salón?
Ethan negó con la cabeza.
Todo este tiempo, pensó que la Academia le proporcionaría ropa, o que la conseguiría al llegar al palacio.
Por eso, no hizo ningún esfuerzo por comprar ropa que usaría para la fiesta.
También estaba la serie de acontecimientos que se habían desencadenado, empezando por la llegada del Gran Archimago del Reino.
En pocas palabras, ni siquiera había tenido tiempo suficiente para comprar algo para la inminente fiesta de salón.
—Ethan, a veces no sé si debería estar feliz de conocerte, o triste de que todavía tengas esta faceta a pesar de ser uno de los Magos más destacados de esta generación —Lilian acunó las mejillas del joven—. Bueno, en realidad no me importa, ya que somos los únicos que vemos este lado tuyo.
—Sin embargo, ahora que sé que todavía no tienes nada que ponerte, ¡es hora de ir al Pueblo Limeburgh!
Sin decir una palabra más, Lilian agarró la mano de Ethan y lo arrastró de compras.
De camino a la salida de la Mansión Dud, se encontraron con Luna y Selene, que acababan de regresar ahora que la belleza angelical había terminado sus clases extra.
—¡Llegas justo a tiempo, Luna! —dijo Lilian mientras agarraba también la mano de Luna—. Ven con nosotros al Pueblo Limeburgh. Ethan todavía no tiene un traje para la fiesta de salón.
—Oh, no, eso no está bien —la expresión de Luna se puso seria tras oír las palabras de Lilian—. ¡Vamos de inmediato!
Esta vez, en lugar de que lo arrastrara una chica, ahora eran dos, lo que hizo que Ethan negara con la cabeza con impotencia.
—————————
Varios minutos después…
Los tres llegaron finalmente al Pueblo Limeburgh, y la primera tienda a la que fueron fue la que vendía trajes.
Como no había tiempo suficiente para que a Ethan le hicieran un traje a medida, tuvieron que conformarse con la segunda mejor opción.
Afortunadamente, los Sastres del Mundo de Hechicería se especializaban en magia de alteración, así que cambiar la talla de la ropa no era un problema.
Tras escoger algunos trajes que combinaban con el color de su pelo y sus ojos, Luna le pidió a Ethan que se probara algo que le llamó la atención.
En el momento en que el adolescente salió del probador, las dos jovencitas, así como los demás clientes de la tienda, lo miraron atónitos.
—… Luna.
—… Lilian.
—Eres una genio.
—Gracias. Yo tampoco estaba muy segura de si le quedaría bien.
En ese momento, Ethan llevaba el traje de mayordomo negro que Luna le pidió que se probara después de verlo en exposición.
Incluso la costurera asintió con la cabeza en señal de apreciación tras ver a un joven apuesto vistiendo una de sus creaciones.
—Ethan, ¿puedes llamarme Su Alteza? —preguntó Lilian—. Por favorcito.
Ethan le dedicó una sonrisa diabólica a su amada antes de hacer una reverencia apropiada.
—Sí, Su Alteza.
Las damas, que también estaban dentro de la tienda, miraron a Ethan con expresiones de adulación en sus rostros.
—¡Kuh! ¿Podemos quedárnoslo para nosotras? ¿Cuánto tengo que pagar para contratarlo?
—¿Por qué el mayordomo de mi familia es un anciano? ¿Por qué no puede ser un adolescente joven y apuesto como él?
—Quiero llevármelo a casa.
Luna y Lilian, que oyeron los comentarios de las damas a su alrededor, no pudieron evitar asentir con la cabeza, de acuerdo.
—¡Maestro, compramos este traje de mayordomo!
—¡Es un placer hacer negocios con ustedes dos!
Ethan decidió seguirles el juego a sus dos amadas y se dejó puesto el traje de mayordomo.
Los tres tuvieron entonces una breve cita en la ciudad, con casi todas las jovencitas y mujeres mirando en su dirección.
Su largo pelo azul estaba recogido a la espalda y sujeto con una horquilla de lobo.
Este era uno de los regalos que Lily le había dado, y siempre lo usaba para mantener su pelo presentable.
—Creo que deberíamos volver a la Academia —comentó Lilian mientras miraba el sol poniente a lo lejos.
—Será lo mejor —respondió Luna.
Pero, en ese preciso instante, se encontraron cara a cara con Leah, Lyall y Conall, que también estaban en la ciudad comprando recuerdos para llevar a casa.
—¡Ahhhhh! —chilló Lyall al ver a Ethan con un traje de mayordomo.
Al instante siguiente, intentó saltar a sus brazos, pero su madre, Leah, fue más rápida.
—¡Leviticus! —dijo Leah mientras apuntaba con la varita a su hija, haciéndola congelarse en pleno salto.
Lyall intentó liberarse del hechizo que ataba su cuerpo, pero el control de Leah sobre ella era firme, lo que la hizo rendirse al final.
—¿Puedes no avergonzarme en público, Lyall? —Leah miró a su hija con una expresión de desaprobación en el rostro.
La hermosa mujer suspiró antes de mirar al apuesto joven, que iba de la mano de dos chicas hermosas.
Ya conocía los nombres de las amadas de Ethan, pero aún no las había mirado bien desde que llegó a la Academia.
—Madre, déjame presentarte a Luna y Lilian —dijo Ethan—. Esta es la Dama Leah, la Madre de Lily.
—Encantada de conocerla, Dama Leah —Lilian hizo una reverencia perfecta, que Leah también le devolvió.
—Encantada de conocerla, Dama Leah —Luna también hizo una reverencia, lo cual se esperaba de una dama de su rango.
«Este chico sí que sabe elegir flores», pensó Leah mientras miraba a las dos adolescentes, cuya belleza no tenía nada que envidiar a la de su hija. «Bueno, Lily ya es su Primera Esposa, así que no tengo que preocuparme de que otros la intimiden».
Lyall, que seguía flotando en el aire, mantuvo su mirada fija en Ethan, haciendo que este último se sintiera un poco incómodo.
—El sol está a punto de ponerse, así que vuelvan todos a la Academia —declaró Leah—. Ethan, mañana regresaremos a Southshire. Agradecería que estuvieras allí para despedirnos.
—Allí estaré, Madre —asintió Ethan—. Ahora volveremos a la Academia.
Tras una breve despedida, los tres montaron en sus escobas voladoras para regresar a la Academia lo más rápido posible.
—¡Madre! ¿Por qué me detuviste? —Lyall hizo un puchero—. ¡Estaba así de cerca!
—Ya basta, deja de avergonzar a nuestra familia —respondió Leah—. Conall, asegúrate de que no ataque a Ethan esta noche. Cuento contigo.
—Sí, Madre —respondió Conall—. Me aseguraré de que Lyall no te cause problemas a ti ni a la Academia.
—¡Hmph! —Lyall se cruzó de brazos y decidió ignorar a su hermano y a su madre.
En el fondo, envidiaba a Lily porque había conseguido encontrar a un buen hombre que era digno de ella.
Pero, por alguna razón, Ethan ejercía sobre ella una atracción fatal.
No era solo porque fuera guapo.
No.
Lyall podía sentir algo oscuro, peligroso e increíblemente sexi, escondido bajo la tranquila mirada del joven, y eso hacía que su corazón se agitara en su pecho.
Era muy sensible a los individuos muy peligrosos, especialmente a aquellos que tenían el poder de matarla.
Pero, en lugar de temerlo, abrazaba este sentimiento, lo que le daba el fuerte impulso de abrirle el pecho a Ethan y comerse su corazón, para que así se quedara con ella… para siempre.
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