El Brujo Más Fuerte - Irregular del Mundo de Magos - Capítulo 510
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Capítulo 510: Te ves terrible
Unas gotas de sudor corrían por la frente de Chloe mientras jadeaba.
Estaba arrodillada en el suelo, con la varita apuntando a la Profesora Nicola, quien se encontraba a pocos metros de ella con una expresión de satisfacción en el rostro.
—Demos por terminado el entrenamiento —dijo la Profesora Nicola—. Lo has hecho bien, Chloe.
En cuanto oyó que el entrenamiento había terminado, Chloe dejó escapar un suspiro y bajó la mano con la que sostenía la varita.
Le dolía todo el cuerpo porque el entrenamiento había sido más exigente que de costumbre.
La Profesora Nicola le estaba enseñando a conservar eficazmente sus Reservas Mágicas durante el combate.
La mayoría de los Magos y las Brujas no lo conseguían, ya que, en cuanto se sentían amenazados, usaban instintivamente sus hechizos más poderosos para derrotar al oponente lo más rápido posible.
Por eso, sus Reservas Mágicas se agotaban a un ritmo vertiginoso, sobre todo cuando lanzaban magia ofensiva de alto nivel que podía causar daños en una zona amplia.
La Profesora Nicola se acercó a la estudiante de Primer Año, que seguía arrodillada y jadeando en el suelo, y le dejó caer una toalla en la cabeza.
—Asegúrate de cerrar bien con llave —le ordenó la Profesora Nicola antes de dirigirse a la salida—. Nos vemos en tres días. Tengo que encargarme de un asunto, así que estaré un tiempo fuera de la Academia. Pero, aunque yo no esté, siéntete libre de usar esta sala para practicar.
—Gracias, Maestra —respondió Chloe mientras se secaba la cara con la toalla—. Que tenga un buen viaje.
La Profesora Nicola le dedicó una última mirada a su Discípula antes de salir de la sala. Estaba muy contenta con la rapidez con la que Chloe progresaba en su entrenamiento.
La Profesora también estaba muy agradecida por haber encontrado una gema en bruto a la que pulir y acoger como su Discípula.
A decir verdad, en el pasado no había tenido intención de acoger a una Discípula porque nadie cumplía con sus estándares.
¿Quién iba a decir que, tras usar al Gran Archimago como blanco para practicar un hechizo silenciador, descubriría a alguien cuyo potencial había pasado desapercibido desde el inicio del año escolar?
De no ser porque le había surgido un asunto importante, habría seguido entrenando a Chloe hasta el fin de semana, llevándola al límite y haciendo que su potencial, que justo empezaba a despertar por completo, floreciera.
Chloe estaba exhausta, y de no ser por la poción de resistencia que la Profesora Nicola le había dado antes de empezar el entrenamiento, no habría tenido ni fuerzas para ponerse en pie.
Tras beber la poción, esperó casi cinco minutos a que hiciera efecto, lo que le permitió recuperar las fuerzas para ponerse de pie.
Salió de la sala de entrenamiento y se aseguró de cerrarla con llave antes de arrastrar su cuerpo agotado hasta la Mansión Jaeger.
«Quiero darme una ducha antes de cenar temprano», pensó Chloe. «Después, me iré a dormir pronto. Mañana por la tarde tengo que reunirme con Koko y los demás en el Bosque del Gran Águila para entrenar…».
Chloe se sentía como una gladiadora, obligada a luchar batalla tras batalla.
Pero, a pesar de que siempre acababa agotada física, mental y emocionalmente, no se sentía mal por ello.
De hecho, agradecía el duro entrenamiento porque sentía que se estaba haciendo más fuerte.
Incluso creía que, si ella y Langston se enfrentaran, ya no estaría en desventaja.
«Aun así, me costará un tiempo vencer a Ethan», pensó Chloe con una leve sonrisa en su rostro cansado. «Él no para de mejorar, así que tengo que darme prisa para alcanzarlo».
Antes se sentía como una damisela en apuros que obligaba a Ethan a dar la cara y protegerla de quienes querían intimidarla.
A pesar de ser un Dud, no dudó en enfrentarse a Langston, lo que la angustió mucho en aquel momento.
Sin embargo, para su sorpresa, Ethan ganó el duelo usando una Resonancia Parcial, una hazaña increíble entre los Magos y las Brujas.
En aquel entonces, Chloe se sintió muy feliz porque Ethan por fin podía usar Magia y podría quedarse con ella en la Academia Brynhildr.
Pero ocurrieron cosas inesperadas.
Antes de que ella y Luna pudieran confesarle sus sentimientos, el hombre al que amaba se vio obligado a entrar en un Nexo con Lily para escapar de los Bandidos Renegados que pretendían capturarlos.
Cuando regresó, ya no era el joven ingenuo y de voluntad débil que ella conocía.
Ethan había dejado de ser un niño para convertirse en un hombre, y todo ello había sucedido mientras no estaba a su lado.
No le disgustaron los cambios que se habían producido en él. De hecho, le encantaron.
Chloe pensaba que no podría amar a Ethan más de lo que ya lo hacía.
Pero, cuando vio su largo pelo azul, su aura madura y la confianza que emanaba de su cuerpo, sintió que el corazón le daba un vuelco.
Su sonrisa juvenil se había convertido en una sonrisa principesca capaz de hacer que los corazones de las damas latieran desbocados en sus pechos.
Además, su cuerpo, entrenado en las Tierras de Alastor, también se había vuelto muy varonil, haciendo que incluso quienes lo despreciaban en el pasado cambiaran de opinión sobre él.
Pero sus cambios también trajeron consigo otros cambios.
Lily se había convertido en su novia, y él tenía la intención de casarse con ella.
Luego estaban otras como Emma y Lilian, que también le habían hecho saber lo que sentían.
De entre todas esas damas, Chloe era la más corriente.
Era la menos impresionante del grupo de mujeres que habían ligado su destino al de Ethan.
Aunque Luna solo podía usar su Magia los días de luna llena, eso no cambiaba el hecho de que era extremadamente poderosa cuando podía utilizarla.
Lily era a la vez una fuerte luchadora y una Bruja. Su destreza en combate no necesitaba presentación.
Emma, que se había presentado como la Prometida de Ethan, era una belleza madura que ocultaba su verdadera apariencia a las masas, mostrándosela solo a Ethan y a ellas.
Lilian era poderosa a su manera, pues poseía el Legado de los Ríos y Lagos.
¿Y ella?
No era nadie.
Cuando los estudiantes hablaban de ella, siempre se referían a ella como «la prima de Ethan» o «la amiga de la infancia de Ethan».
A ojos de ellos, no era más que un accesorio del joven, cuyo atractivo y excepcional destreza en combate lo hacían destacar entre los estudiantes de la Academia.
Pero lo que de verdad le rompió el corazón fue cuando Ethan luchó contra el hermano de Lily, Conall.
Durante su duelo, Conall las atacó mientras observaban desde las gradas del Coliseo.
Esto obligó a Ethan a llevarse al límite y a arrastrar al Hombre Lobo a su Dominio para protegerlas con todo lo que tenía.
Ese día fue cuando Chloe comprendió de verdad lo débil e indefensa que era.
Si no fuera tan débil, Ethan no tendría que salvarla a todas horas.
Así que, cuando el Gato Chesmire, los Señores de los Bosques, Lord Edmundo y la Profesora Nicola reconocieron su valía, decidió que no podía seguir siendo una damisela a la que proteger.
No, quería ser fuerte para que Ethan no tuviera que preocuparse más por ella.
Esa fue también la razón por la que decidió distanciarse de Ethan.
Quería un tiempo para sí misma, sin que la distrajeran las relaciones actuales de él.
No quería sentir celos ni envidia de todas las talentosas mujeres que permanecerían a su lado para siempre.
Chloe no quería seguir siendo del montón.
Quería pasar de ser una oruga fea a una mariposa que pudiera ir adonde quisiera.
Para ello, necesitaba el poder de protegerse no solo a sí misma, sino también a las personas que le importaban.
Cuando por fin llegó a la Mansión Jaeger, se encontró a Luna hablando con Lily en la Sala Común de la mansión.
Luna era muy querida por los Magos y las Brujas de la Mansión Jaeger, por lo que tenía permiso para entrar cuando quisiera.
—Tienes una pinta horrible —comentó Luna en cuanto vio a su mejor amiga.
—Dime algo que no sepa ya —replicó Chloe, mientras dejaba que Luna la ayudara a subir las escaleras para volver a su habitación.
—Ethan quiere quedar para hablar contigo —dijo Luna—. ¿Puedes dedicarle un poco de tiempo mañana?
El cuerpo de Chloe se tensó al oír las palabras de su mejor amiga. Dudó un instante, pero tras reflexionar un momento, asintió a regañadientes, lo que hizo sonreír felizmente a Luna.
—Mañana a medianoche —afirmó Chloe—. Dile que nos veamos en la isla que hay en el centro del Lago.
No sabía por qué Ethan quería verla, pero, ya que él había tomado la iniciativa de pedírselo a Luna, pensó que debía de ser muy importante.
«¿Debería ponerme algo bonito mañana?», pensó Chloe mientras se quitaba la ropa para darse una ducha. «Me pregunto qué irá a decirme…».
Chloe no sabía en ese momento que su encuentro con Ethan desencadenaría una serie de acontecimientos que los llevaría a ambos a darse cuenta de lo mucho que se querían en realidad.
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