El caballero del Vacío - Capítulo 15
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15: Caminos helados 15: Caminos helados Capítulo 15 La Salida Este de la capital era un punto concurrido, lleno de caravanas, comerciantes, y soldados movilizándose constantemente.
El sol ya comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos naranjas y púrpuras.
Kaerys estaba de pie junto a una gran carreta cubierta con lonas amarradas con cuerdas gruesas.
Era enorme, cargada hasta el tope con provisiones: alimentos, municiones, suministros médicos, armas.
Todo lo necesario para sostener una batalla prolongada.
Junto a la carreta había un hombre de mediana edad, con barba canosa y complexión robusta.
Vestía ropa simple de viaje, manchada de tierra y sudor.
Godric el Carretero.
Había hecho este viaje docenas de veces.
Conocía cada piedra del camino, cada curva peligrosa, cada punto donde los bandidos solían atacar.
Kaerys lo saludó con un simple asentimiento.
—¿Todo listo?
Godric asintió, revisando las riendas de los dos caballos que tiraban de la carreta.
—Listo, Dama de Hielo.
Cuando usted diga.
En ese momento, llegaron Arel, Lyra, Taren y Sheska.
Taren llegó casi corriendo, con los ojos brillantes de emoción.
—¡Dama de Hielo!
—exclamó con entusiasmo apenas contenido—.
¡Es un honor estar bajo su mando!
Kaerys lo miró con frialdad absoluta.
—No estás bajo mi mando.
Solo los escoltaré.
Eso es todo.
Su voz era plana, sin emoción.
Taren se desinflá un poco, pero mantuvo la sonrisa.
—E-entendido… Lyra hizo una reverencia respetuosa.
—Es un honor, Dama de Hielo.
Kaerys asintió brevemente.
Sheska saludó con cansancio, ya resignada a su destino.
—Hola… Y finalmente, Arel se acercó.
Sus ojos se encontraron por un instante.
Apenas un segundo.
Pero fue suficiente para que Arel sintiera algo.
¿Está molesta?
Kaerys desvió la mirada de inmediato.
—Partimos ahora —dijo con voz firme—.
El viaje tomará dos días.
Descansaremos una vez al llegar a la mitad del camino.
Señaló la carreta.
—Godric conducirá.
Yo iré adelante como exploradora.
Ustedes cuatro se turnarán para caminar junto a la carreta.
Dos adelante, dos atrás.
Cambien cada cuatro horas.
Hizo una pausa.
—¿Alguna pregunta?
Nadie habló.
—Bien.
Partamos.
Kaerys comenzó a caminar adelante, sin esperar respuesta.
Godric subió a la carreta y tomó las riendas.
—Vamos, muchachos.
No se queden atrás.
Arel, Lyra, Taren y Sheska se miraron entre sí.
Taren suspiró dramáticamente.
—Dos días de caminata… genial.
Lyra lo miró con reproche.
—Deja de quejarte.
Es nuestro trabajo.
Sheska murmuró para sí misma: —Debí haber falsificado una enfermedad… Arel sonrió apenas.
Esto será… interesante.
Primer día — Primeras horas Caminaban en formación: Arel y Lyra al frente de la carreta, Taren y Sheska atrás.
El camino era amplio, bordeado por árboles altos que bloqueaban parcialmente el sol.
El sonido de las ruedas de la carreta contra la tierra era constante, casi hipnótico.
Kaerys iba unos cincuenta metros adelante, sola, explorando el camino.
Taren rompió el silencio desde atrás.
—Entonces, Arel… ¿de dónde vienes?
Arel se giró ligeramente.
—De un pueblo costero.
Aurora.
Cerca de las fronteras del sur.
Taren silbó.
—¿Aurora?
Eso está lejos.
¿Cómo terminaste aquí?
Arel dudó un momento.
No puedo contarles todo.
No todavía.
—Mi madre murió hace unos años —dijo con voz más baja—.
Decidí viajar a la capital para buscar a mis abuelos.
En el camino… pasaron cosas.
Lyra lo miró de reojo, notando la forma en que evitó dar detalles.
Está ocultando algo.
Pero no presionó.
Sheska habló desde atrás, con voz cansada: —¿Y cómo te volviste caballero tan rápido?
Usualmente toma meses de entrenamiento formal.
Arel se puso nervioso.
—Tuve… un buen maestro.
Taren se rio.
—¿Un buen maestro?
Hermano, tu uniforme es prácticamente idéntico al de ese Arconte loco.
Yuren Valken.
Arel se tensó.
Lyra notó el parche en su brazo izquierdo.
El símbolo Alfa.
Frunció el ceño levemente.
Ese símbolo… no es común.
¿Quién es realmente?
Pero no dijo nada.
Taren continuó hablando sin parar.
—Ese tipo es una leyenda.
Dicen que puede copiar cualquier hechicería con solo verla una vez.
Que tiene más maná que diez caballeros juntos.
Que una vez destruyó un batallón entero él solo.
Hizo una pausa dramática.
—Si yo pudiera entrenar con alguien así… moriría feliz.
Sheska murmuró: —Probablemente morirías en el entrenamiento.
Taren la fulminó con la mirada.
—No seas pesimista.
Arel sonrió apenas, recordando su propio entrenamiento.
No está tan lejos de la verdad.
Primer día — Mediodía Detuvieron la marcha brevemente para comer.
Godric repartió pan duro, queso y agua.
Se sentaron en círculo junto a la carreta, excepto Kaerys, que se quedó de pie a unos metros de distancia, observando el horizonte.
Taren la miraba de reojo constantemente.
Sheska lo notó y soltó una risa.
—Deja de mirarla así.
Es incómodo.
Taren se sonrojó.
—¡No la estaba mirando!
—Sí lo hacías —dijo Lyra con calma, sin levantar la vista de su comida.
Taren se cruzó de brazos, ofendido.
Arel aprovechó el momento para hablar con Lyra.
—¿Cuánto tiempo llevas en la Cuarta División?
Lyra lo miró brevemente antes de responder.
—Casi un año.
Taren y yo entramos juntos.
Hizo una pausa.
—Junto con Marcus.
El silencio cayó de nuevo.
Taren dejó de comer.
Sheska bajó la mirada.
Arel se dio cuenta de que había tocado algo delicado.
—¿Quién es Marcus?
—preguntó con cautela.
Lyra respondió con voz más baja: —Era nuestro compañero.
Nuestro amigo.
Taren añadió, con voz tensa: —El mejor de nosotros.
Más fuerte.
Más rápido.
Más valiente.
Hizo una pausa.
—Murió hace dos meses.
En una emboscada.
Arel sintió cómo el peso de esas palabras caía sobre el grupo.
—Lo siento mucho… Lyra negó con la cabeza.
—No lo sientas.
No lo conociste.
Pero su voz tenía un tono de tristeza que no pudo ocultar.
Sheska habló con voz suave: —Marcus siempre decía que moriría protegiendo a alguien.
Y lo hizo.
Salvó a un grupo de civiles durante un ataque.
Pero no sobrevivió.
Taren apretó los puños.
—Si hubiera sido más fuerte… si hubiéramos estado ahí… Lyra puso una mano sobre su hombro.
—No es tu culpa.
Taren no respondió.
Arel guardó silencio, sintiendo que no tenía derecho a decir nada más.
Pero entendió algo importante.
Este grupo… todavía está sanando.
Y yo soy el reemplazo.
El que ocupa el lugar de alguien que ya no está.
A lo lejos, Kaerys observaba la escena sin decir nada.
Primer día — Tarde Cambiaron posiciones: Arel y Taren al frente, Lyra y Sheska atrás.
Taren comenzó a hablar de nuevo, tratando de alejar los pensamientos oscuros.
—Entonces, Arel… ¿tienes alguna chica esperándote en casa?
Arel casi se tropezó.
—¡¿Q-qué?!
¡No!
Taren se rio.
—Vamos, hermano.
Eres joven.
Bien parecido.
Debes tener a alguien.
Arel negó con la cabeza, completamente avergonzado.
—No… nunca he… ya sabes… Taren lo miró con incredulidad.
—¿Nunca?
¿En serio?
Arel asintió, sonrojado.
Taren palmeó su espalda con fuerza.
—No te preocupes.
Te enseñaré.
Aunque, honestamente, yo tampoco he tenido mucha suerte.
Sheska gritó desde atrás: —¡Porque eres insoportable!
Taren se giró, ofendido.
—¡Oye!
Lyra sonrió apenas, una expresión rara en ella.
Arel notó que, a lo lejos, Kaerys había girado la cabeza ligeramente hacia ellos.
Como si estuviera escuchando.
Primer día — Atardecer Lyra caminaba junto a Arel ahora.
Sheska y Taren iban atrás, discutiendo sobre algo sin importancia.
Lyra habló con voz tranquila: —¿Eres médico?
Arel la miró, sorprendido.
—¿Cómo lo sabes?
Lyra señaló las manos de Arel.
—Tus manos.
Están limpias.
Sin callos de espada.
Y llevas vendas en tu morral.
Lo vi cuando lo ajustaste hace un rato.
Arel sonrió apenas.
—Tienes buen ojo.
—Observar es mi trabajo —respondió Lyra—.
Mi hechicería depende de ello.
Hizo una pausa.
—¿Qué tipo de medicina practicas?
—General —dijo Arel—.
Mi madre me enseñó.
Heridas, enfermedades, fiebres… lo básico.
Lyra asintió.
—Eso es útil.
Necesitamos más sanadores en el campo.
Hizo una pausa más larga.
—Marcus siempre decía que los sanadores eran los verdaderos héroes.
No los que matan… sino los que salvan.
Arel la miró.
—Suena como una buena persona.
Lyra asintió.
—Lo era.
No dijeron nada más.
Pero algo había cambiado entre ellos.
Una pequeña conexión.
A lo lejos, Kaerys giró la cabeza de nuevo.
Sus ojos se clavaron en Lyra y Arel caminando juntos.
Apretó ligeramente la mandíbula.
¿Por qué me molesta esto?
Desvió la mirada rápidamente.
Primer día — Noche Acamparon junto al camino.
Godric encendió una fogata.
Comieron en silencio: sopa simple hecha con provisiones secas.
Kaerys se sentó apartada del grupo, comiendo sola.
Taren la miraba constantemente.
Sheska lo pateó.
—Deja de mirarla.
—¡No la estoy mirando!
—Sí lo haces.
Lyra intervino con calma: —Taren, si sigues así, te congelará.
Taren se encogió.
—Solo… admiro su dedicación.
Sheska soltó una risa sarcástica.
—Claro.
“Dedicación”.
Arel observaba todo con diversión apenas contenida.
Son como hermanos peleando.
Entonces notó que Kaerys lo miraba.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente para que sus ojos se encontraran.
Kaerys desvió la mirada de inmediato.
¿Qué le pasa?
Lyra se acercó a Arel con una taza de té caliente.
—Toma.
Te ayudará a dormir.
Arel la aceptó con gratitud.
—Gracias.
Se sentaron juntos, un poco apartados del grupo.
Hablaron en voz baja sobre cosas sin importancia: el clima, el camino, las estrellas.
Desde su posición, Kaerys observaba.
¿Por qué están tan cerca?
Apretó la taza de té en sus manos.
No debería importarme.
No me importa.
Pero no podía dejar de mirar.
Sheska notó la mirada de Kaerys.
Miró a Lyra y Arel.
Luego de vuelta a Kaerys.
Y sonrió con complicidad.
Oh… esto se va a poner interesante.
Segundo día — Mañana Reanudaron la marcha temprano.
El camino comenzó a volverse más empinado, subiendo hacia colinas cubiertas de niebla.
Kaerys lideraba, como siempre.
Arel y Sheska caminaban juntos esta vez.
Sheska habló con voz cansada: —¿Cómo aguantas esto?
Llevas dos días caminando sin quejarte.
Arel se encogió de hombros.
—Crecí caminando.
En mi pueblo, todo estaba lejos.
Te acostumbras.
Sheska suspiró dramáticamente.
—Yo crecí entre libros.
Lo más lejos que caminaba era de mi cama a mi escritorio.
Arel se rio.
—¿Cómo terminaste en la Cuarta División entonces?
Sheska hizo una mueca.
—Mi padre es caballero.
Veterano.
Quería que siguiera sus pasos.
Pero yo… no soy buena en combate.
Hizo una pausa.
—Así que me pusieron en administración.
Y aquí estoy.
Sufriendo.
Arel sonrió con empatía.
—Al menos estás ayudando.
Sin ti, nadie sabría qué hacer.
Sheska lo miró con sorpresa.
Luego sonrió apenas.
—Gracias.
Eso… significa mucho.
Caminaron en silencio un rato.
Entonces Sheska preguntó con curiosidad: —¿Qué opinas de Lyra?
Arel parpadeó.
—¿Lyra?
—Sí.
Es linda, ¿no?
Arel se sonrojó.
—Y-yo… no había pensado en eso… Sheska se rio.
—Claro que no.
A lo lejos, Kaerys apretó los puños.
¿Por qué siguen hablando de él?
¿Y por qué me importa?
Segundo día — Mediodía Detuvieron la marcha para descansar.
Arel se sentó junto a un árbol, revisando sus vendas.
Lyra se acercó.
—¿Puedo sentarme?
Arel asintió.
—Claro.
Se sentó junto a él, dejando un espacio respetable entre ambos.
Hablaron sobre medicina.
Lyra le contó sobre las heridas que había visto en el campo.
Arel le dio consejos sobre cómo tratarlas mejor.
Era una conversación técnica, profesional.
Pero había algo más.
Una comodidad.
Una conexión.
Desde su posición, Kaerys observaba.
¿Por qué están tan cerca otra vez?
Taren se acercó a Kaerys con valentía.
—Dama de Hielo, ¿puedo hacerle una pregunta?
Kaerys lo miró con frialdad.
—¿Qué?
Taren señaló hacia Arel y Lyra.
—¿Cree que Lyra… ya sabes… le gusta Arel?
Kaerys sintió cómo algo se apretaba en su pecho.
—No me importa.
Su voz salió más fría de lo que pretendía.
Taren retrocedió un paso.
—E-entendido… Se alejó rápidamente.
Sheska observaba todo con una sonrisa apenas contenida.
Definitivamente interesante.
Segundo día — Tarde El camino comenzó a hacerse más peligroso.
Rocas sueltas, pendientes empinadas, niebla densa.
Kaerys ordenó que todos permanecieran alerta.
Arel caminaba junto a Taren ahora.
Taren hablaba sin parar sobre sus sueños de convertirse en Arconte algún día.
—Quiero ser como Yuren Valken.
O como Raiken Volmar.
O incluso como la Dama de Hielo.
Miró a Arel.
—¿Tú tienes algún sueño?
Arel pensó un momento.
—Quiero… proteger a las personas que no pueden protegerse a sí mismas.
Taren sonrió.
—Eso suena como algo que Marcus diría.
Hizo una pausa.
—Creo que te hubiera caído bien.
Arel asintió.
—Creo que sí.
Entonces escucharon un grito adelante.
¡Kaerys!
Todos corrieron.
Kaerys estaba de pie frente a un grupo de bandidos.
Cinco hombres, armados con espadas y hachas.
Bloqueaban el camino.
El líder, un hombre grande con cicatrices en el rostro, sonrió con dientes podridos.
—Dama de Hielo… qué honor.
Entreguen las provisiones y nadie saldrá herido.
Kaerys no respondió.
Solo elevó su mano.
El aire se enfrió de inmediato.
Arel, Lyra, Taren y Sheska llegaron corriendo.
—¡Dama de Hielo!
—gritó Taren.
Kaerys habló sin girar la cabeza: —Quédense atrás.
Yo me encargo.
El líder de los bandidos se rio.
—¿Una sola mujer contra cinco?
Qué valiente.
Kaerys lo miró con ojos helados.
—No necesito más.
Y en ese instante… El combate comenzó.
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