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El caballero del Vacío - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Obumbratio
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18: Obumbratio 18: Obumbratio Capítulo 18  El amanecer llegó con una brisa fresca que sacudía las ramas de los árboles.

Arel abrió los ojos lentamente.

Había dormido mejor que la noche anterior.

El dolor en su mano había disminuido notablemente.

Todavía estaba ahí, constante, punzante.

Pero ya no era insoportable.

El flujo constante de maná funciona.

Miró la venda.

La movió con cuidado.

Los dedos respondieron.

Lentamente, pero respondieron.

Bien.

Estoy sanando.

Se incorporó y estiró el cuerpo.

A su alrededor, el campamento ya estaba despertando.

Taren bostezaba ruidosamente mientras se levantaba.

Sheska se frotaba los ojos, todavía medio dormida.

Lyra ya estaba de pie, estirando sus brazos con movimientos precisos.

Y Kaerys… Kaerys estaba de pie junto a la carreta, con los brazos cruzados, observando el horizonte con expresión seria.

Como si nunca hubiera dormido.

Godric ya estaba preparando los caballos.

—Buenos días, muchachos —dijo con voz cansada—.

Hora de partir.

Taren gruñó.

—¿No podemos descansar cinco minutos más?

Sheska lo golpeó en el brazo.

—Deja de quejarte.

—¡Oye!

Arel sonrió apenas.

Es reconfortante.

Esta rutina.

Estas personas.

Se acercó a Kaerys.

—Buenos días.

Kaerys lo miró de reojo.

—¿Cómo está tu mano?

—Mejor.

Todavía duele, pero ya puedo moverla.

Kaerys asintió.

—Bien.

No hagas ningún esfuerzo innecesario.

Todavía tienes fracturas.

Su voz era fría.

Pero había algo más ahí.

Preocupación.

Apenas perceptible.

Pero estaba.

Arel sonrió.

—Gracias por cuidarme.

Kaerys desvió la mirada rápidamente.

—No me agradezcas.

Es mi trabajo.

Pero sus mejillas se tiñeron apenas de un color rosado.

Tan leve que Arel no lo notó.

Pero Lyra sí.

Y desde su posición, sonrió apenas.

Definitivamente hay algo ahí.

Levantaron el campamento con eficiencia.

Recogieron las mantas.

Apagaron la fogata.

Borraron cualquier rastro de que hubieran estado ahí.

Era una práctica militar estándar.

No dejar evidencia.

No dar pistas al enemigo.

Godric enganchó los caballos a la carreta y subió al asiento del conductor.

—Todos listos, ¿verdad?

Kaerys asintió.

—Partamos.

Comenzaron a caminar.

El sol subía lentamente en el cielo.

La luz dorada iluminaba el camino.

Todo parecía tranquilo.

Pero todos sabían que no lo era.

Que en cualquier momento… Podría pasar algo.

Sheska iba sentada en la parte trasera de la carreta.

Tenía varias hojas en blanco sobre su regazo.

Y el libro de poemas de Arel en sus manos.

Lo observaba con atención absoluta.

Sus ojos se movían rápidamente de página en página.

Tomaba notas.

Dibujaba líneas.

Conectaba palabras.

Estaba completamente absorta.

Arel caminaba junto a la carreta y la observó con curiosidad.

—¿Sheska?

Ella no respondió.

—¿Sheska?

Nada.

Arel se acercó más.

—¡Sheska!

Sheska dio un salto, casi dejando caer el libro.

—¡Ah!

¡Arel!

¡Me asustaste!

Se llevó una mano al pecho, respirando agitadamente.

Arel se rio.

—Perdón.

Te llamé dos veces pero no respondiste.

Sheska se ajustó los lentes.

—Estaba concentrada.

Miró el libro.

—Hay… algo extraño en este libro.

Arel frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

Sheska señaló una de las páginas.

—Mira.

Este poema.

Las palabras están ordenadas de una forma específica.

Arel se acercó más para ver.

—¿Sí?

—Pero si reordenas ciertas palabras… el poema cambia completamente.

Lo demostró con su dedo, señalando diferentes palabras.

—Por ejemplo, aquí dice: “El cielo llora en silencio mientras la luna observa”.

Movió el dedo.

—Pero si tomas solo estas palabras específicas: “Cielo”, “silencio”, “luna”, “observa”… y las unes en orden diferente… Escribió en su hoja.

—Obtienes: “Observa el silencio de la luna en el cielo”.

Hizo una pausa.

—Es un mensaje completamente diferente.

Arel la miró sorprendido.

—¿Mi padre… hizo eso a propósito?

Sheska asintió.

—Estoy segura.

Hay patrones en todo el libro.

Palabras que se repiten de formas muy específicas.

Sus ojos brillaban con emoción.

—Es como un rompecabezas gigante.

Arel sintió algo en su pecho.

Padre… ¿qué estabas tratando de decirme?

Sheska continuó revisando el libro con fascinación.

—Necesito más tiempo.

Pero estoy segura de que hay algo importante aquí.

Arel asintió.

—Está bien.

Tómate el tiempo que necesites.

Sheska sonrió.

—Gracias.

Arel se alejó y volvió a caminar junto a Lyra.

Pero no podía dejar de pensar en el libro.

¿Qué secretos guardas, padre?

El día avanzó con relativa calma.

Caminaban en formación como siempre.

Kaerys adelante.

Godric conduciendo.

Arel, Lyra, Taren y Sheska rotando posiciones.

Taren caminaba junto a Arel ahora.

—Oye, hermano.

—¿Sí?

—¿Cómo va tu mano?

Arel movió los dedos lentamente.

—Mejor.

Todavía no puedo usarla completamente, pero va sanando.

Taren silbó.

—Qué rápido.

Lyra dijo que tenías fracturas en todos los huesos.

Arel se encogió de hombros.

—Estoy usando maná para sanar de forma constante.

Es lento, pero funciona.

Taren lo miró con admiración.

—Eres increíble, ¿lo sabías?

Arel parpadeó.

—¿Eh?

—En serio.

Salvaste a Lyra.

Te enfrentaste a ese tipo de las sombras tú solo.

Y ahora te estás curando mientras caminas.

Se rio.

—Definitivamente no eres un soldado común.

Arel se sintió incómodo.

—Solo… hago lo que puedo.

Taren palmeó su espalda con fuerza.

Arel casi se tropezó.

—¡No seas tan modesto!

Eres genial, hermano.

Desde adelante, Kaerys giró la cabeza ligeramente.

Escuchó todo.

Y sintió algo cálido en su pecho.

Es cierto.

No es común.

Es… especial.

Desvió la mirada rápidamente.

No pienses en eso.

Lyra caminaba junto a Sheska ahora.

—¿Cómo vas con el libro?

Sheska levantó la vista de sus notas.

—Bien.

Estoy encontrando más patrones.

Hizo una pausa.

—Pero hay algo que me molesta.

—¿Qué?

—No entiendo el propósito.

¿Por qué alguien haría algo así?

¿Por qué encriptar mensajes en un libro de poemas?

Lyra se encogió de hombros.

—Tal vez quería proteger información importante.

Sheska asintió lentamente.

—Tal vez.

Siguió escribiendo.

Pasaron las horas.

El sol alcanzó su punto más alto.

Decidieron detenerse brevemente para comer.

Godric repartió pan duro y queso.

Todos se sentaron en círculo.

Kaerys se quedó de pie, observando el camino.

Arel se acercó a ella con un pedazo de pan.

—Toma.

Tienes que comer.

Kaerys lo miró.

—Estoy bien.

—No lo estás.

Has estado de pie toda la mañana.

Kaerys frunció el ceño.

Pero aceptó el pan.

—Gracias.

Se sentó junto al árbol más cercano.

Arel se sentó a su lado.

Kaerys lo miró de reojo.

—¿Qué haces?

—Comer contigo.

—No necesitas hacer eso.

Arel sonrió.

—Lo sé.

Pero quiero hacerlo.

Kaerys desvió la mirada.

Pero no se alejó.

Comieron en silencio por unos minutos.

Era un silencio cómodo.

No incómodo.

No forzado.

Solo… tranquilo.

Después de un rato, Kaerys habló.

—¿Siempre eres así?

Arel la miró.

—¿Así cómo?

—Amable.

Con todos.

Arel se encogió de hombros.

—No lo sé.

Supongo que sí.

Hizo una pausa.

—Mi madre siempre decía que la bondad no cuesta nada.

Kaerys lo miró.

—Tu madre suena como una buena persona.

Arel sonrió con nostalgia.

—Lo era.

La mejor.

Kaerys asintió lentamente.

—Mi madre también era buena.

Arel la miró sorprendido.

Era la primera vez que Kaerys compartía algo personal.

—Apuesto que lo era.

Kaerys asintió.

—Murió en combate hace tres años.

Era una Arconte.

Su voz era plana.

Sin emoción.

Pero sus ojos brillaban con algo más.

Dolor.

Arel sintió algo en su pecho.

—Lo siento.

Kaerys negó con la cabeza.

—No lo sientas.

Murió haciendo lo que amaba.

Protegiendo el reino.

Hizo una pausa.

—Fue honorable.

Arel no supo qué decir.

Así que no dijo nada.

Solo se quedó sentado junto a ella.

Compartiendo el silencio.

Y Kaerys lo agradeció.

Después de un rato, Kaerys habló de nuevo.

—Tu mano.

¿De verdad está mejor?

Arel la levantó y la movió lentamente.

—Sí.

Ya casi no duele.

Kaerys lo miró con expresión seria.

—No te excedas.

Si la usas antes de que sane completamente, podrías dañarla permanentemente.

Arel asintió.

—Lo sé.

Seré cuidadoso.

Kaerys lo observó un momento más.

Luego asintió.

—Bien.

Se levantó.

—Es hora de partir.

Arel se levantó también.

Pero antes de alejarse, Kaerys habló de nuevo.

—Arel.

—¿Sí?

Se giró para mirarlo.

Sus ojos eran más suaves que antes.

—Gracias.

Por… hablar conmigo.

Arel sonrió.

—Cuando quieras.

Kaerys asintió.

Y esta vez… Sonrió.

Apenas.

Tan leve que casi no se notó.

Pero estaba ahí.

Arel sintió cómo algo cálido florecía en su pecho.

Reanudaron la marcha.

Sheska seguía en la parte trasera de la carreta.

Escribiendo.

Dibujando.

Conectando.

Y entonces… Se detuvo.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—No… no puede ser… Miró sus notas.

Luego el libro.

Luego de vuelta a sus notas.

Su respiración se aceleró.

—¡Arel!

—gritó.

Arel se giró de inmediato.

—¿Qué pasa?

—¡Ven aquí!

¡Rápido!

Arel corrió hacia la carreta y se subió.

Sheska lo miró con expresión de shock absoluto.

—Encontré algo.

Le mostró sus notas.

—Descubrí dos cosas.

Un mensaje oculto.

Y un dibujo.

Arel frunció el ceño.

—¿Un dibujo?

Sheska asintió.

—Sí.

Cuando armé uno de los mensajes y ordené los dibujos de sus respectivas páginas… formaron ciertos trazos.

Le mostró una hoja.

Había líneas.

Curvas.

Trazos que parecían no tener sentido.

—Los calcé en una hoja limpia.

Y… Le mostró el resultado.

Arel sintió cómo la sangre se le helaba.

El dibujo era… espeluznante.

Una serpiente enorme.

Con una cara esquelética.

Dientes afilados como cuchillas.

Ojos vacíos.

Pero con un iris luminiscente que parecía brillar incluso en el papel.

Tres cuernos retorcidos emergían de su cabeza.

Las escamas estaban dibujadas con un detalle antinatural.

Como si la criatura pudiera salir del papel en cualquier momento.

Era aterrador.

Y debajo del dibujo, había palabras.

“Esto espera en el Vacío”.

Arel sintió cómo algo frío recorría su columna.

—¿Qué… qué es eso?

Sheska negó con la cabeza.

—No tengo idea.

Pero es… Tragó saliva.

—Es espeluznante.

Incluso para ser la calca de un dibujo encriptado.

Arel no podía apartar los ojos del dibujo.

“Esto espera en el Vacío”.

¿El Vacío?

¿Mi magia?

¿O algo más?

Sheska lo miró con preocupación.

—¿Sabes qué es?

Arel negó con la cabeza lentamente.

—No.

No tengo idea.

Miró a Sheska.

—Si no fuera por ti, jamás hubiera descubierto que el libro poseía un mensaje así.

Sheska se ajustó los lentes.

—Eres buena dibujando también —dijo Arel, señalando el trazo perfecto del dibujo.

Sheska se sonrojó un poco.

—Gracias.

Es… una habilidad que desarrollé junto con mi magia.

Memorizar imágenes y reproducirlas.

Hizo una pausa.

—Pero esto… esto es diferente.

Esto es… Miró el dibujo de nuevo.

—Inquietante.

Arel asintió.

—Voy a seguir buscando más cosas —dijo Sheska—.

Tal vez haya más mensajes ocultos.

Arel asintió.

—Está bien.

Pero ten cuidado.

Sheska lo miró sorprendida.

—¿Cuidado?

—No sabemos qué más puede haber en ese libro.

Si mi padre lo encriptó así… tal vez tenía una razón.

Sheska asintió lentamente.

—Entiendo.

Arel se bajó de la carreta.

Volvió a caminar junto a Lyra.

Pero no podía dejar de pensar en el dibujo.

Una serpiente con cara esquelética.

Tres cuernos.

Ojos vacíos con iris luminiscente.

“Esto espera en el Vacío”.

¿Qué significa?

¿Es una advertencia?

¿Una profecía?

¿O algo más?

Decidió no ponerle tanta importancia por ahora.

Tenía que concentrarse en el camino.

En no ser atacado.

En llegar al destino.

Ya tendré tiempo para pensar en eso después.

El resto del día transcurrió con relativa normalidad.

Caminaron durante horas.

El sol comenzó a descender.

Taren caminaba junto a Arel.

—Oye, hermano.

—¿Sí?

—¿Alguna vez has pensado en qué harás cuando todo esto termine?

Arel lo miró.

—¿A qué te refieres?

—Ya sabes.

La guerra.

Las misiones.

Todo esto.

Taren miró hacia el cielo.

—¿Qué harás cuando ya no haya nada por lo que pelear?

Arel lo pensó un momento.

—No lo sé.

Supongo que… seguiré siendo médico.

Sonrió.

—Es lo que me gusta hacer.

Taren asintió.

—Suena bien.

Hizo una pausa.

—Yo… no sé qué haré.

Toda mi vida he entrenado para ser caballero.

Nunca pensé en qué haría después.

Arel puso una mano sobre su hombro.

—Ya lo descubrirás.

Tienes tiempo.

Taren sonrió.

—Gracias, hermano.

Lyra caminaba junto a Sheska.

—¿Tú qué harías?

—preguntó Lyra—.

Después de todo esto.

Sheska cerró el libro y lo pensó.

—Volvería a la biblioteca.

Leería todo lo que no he podido leer.

Se rio.

—Y tal vez escribiría un libro.

Sobre todo lo que he visto.

Lyra sonrió.

—Me gustaría leerlo.

Sheska se sonrojó.

—¿De verdad?

—Claro.

Eres buena para las palabras.

Sheska sonrió con calidez.

—Gracias.

Kaerys caminaba adelante.

Sola.

Observando el camino.

Pero escuchaba las conversaciones detrás de ella.

¿Qué haré yo?

Cuando todo termine… ¿Qué me espera?

No tenía respuesta.

Toda su vida había sido entrenamiento.

Combate.

Deber.

Nunca había pensado en un futuro más allá de eso.

Tal vez… debería empezar a hacerlo.

La tarde cayó.

Acamparon junto al camino.

Godric encendió la fogata.

Todos se sentaron alrededor.

Comieron en silencio.

Lyra se acercó a Arel.

—¿Cómo está tu mano?

Arel la movió.

—Mucho mejor.

Casi completamente curada.

Lyra sonrió.

—Qué rápido.

Se sentó junto a él.

—Arel.

—¿Sí?

—Gracias.

Otra vez.

Arel se rio.

—Ya me lo has agradecido como diez veces.

Lyra se sonrojó.

—Lo sé.

Pero… es que no sé cómo más expresarlo.

Lo miró directamente.

—Me salvaste la vida.

Eso no es algo que se olvida.

Arel sonrió con calidez.

—Eres mi amiga.

Haría lo mismo una y otra vez.

Lyra sintió algo cálido en su pecho.

Amiga.

Él me ve como su amiga.

No supo por qué, pero esa palabra la hizo sentir… extraña.

No mal.

Solo… diferente.

Desde su posición, Kaerys observaba.

Y sintió cómo algo se apretaba en su pecho de nuevo.

Otra vez.

¿Por qué están tan cerca?

Se levantó y se acercó.

—Arel.

Arel la miró.

—¿Sí?

Kaerys se sentó del otro lado.

—Necesitas descansar.

Mañana será un día largo.

Arel asintió.

—Lo sé.

Kaerys se quedó sentada ahí.

En silencio.

Pero cerca.

Lyra la miró de reojo.

Y sonrió apenas.

Definitivamente hay algo ahí.

Ya habían pasado seis días fuera de la capital.

Contando el día extra por el desmayo de Arel.

El séptimo día amaneció con niebla densa.

Todos se levantaron temprano.

Kaerys reunió al grupo.

—Hoy llegaremos al punto de las coordenadas.

No descansaremos hasta llegar.

Todos asintieron.

Levantaron el campamento rápidamente.

Y partieron.

La marcha fue rápida.

Casi sin descansos.

Solo breves paradas para beber agua.

El cansancio comenzaba a hacer mella.

Pero nadie se quejó.

Sabían que estaban cerca.

El sol comenzó a descender cuando vieron las primeras señales.

Humo.

Fogatas.

Y entonces… El campamento.

Era provisional.

Tiendas de campaña dispersas.

Barricadas improvisadas.

Soldados moviéndose de un lado a otro.

Muchos soldados.

Más de los que esperaban.

Cuando entraron al campamento, los soldados comenzaron a verlos.

Y al reconocer a Kaerys… Se pusieron firmes.

Saludo militar.

Puño sobre el pecho.

—¡Dama de Hielo!

—gritaron al unísono.

Kaerys asintió con firmeza.

—Descansen.

Los soldados volvieron a sus labores.

Un hombre se acercó.

Era alto, de complexión robusta, con armadura desgastada por el uso.

Tenía una cicatriz que atravesaba su ojo izquierdo.

Su cabello era gris, cortado de forma militar.

El comandante del campamento.

—Dama de Hielo —dijo con voz grave—.

Es un honor tenerla aquí.

Kaerys asintió.

—Comandante.

Traemos las provisiones solicitadas.

El comandante miró la carreta.

—Excelente.

Mis hombres las descargarán de inmediato.

Hizo una señal.

Varios soldados se acercaron y comenzaron a descargar las cajas.

Godric los observaba con atención, asegurándose de que no dañaran nada.

Kaerys se giró hacia el comandante.

—¿Cuál es la situación?

El comandante se puso serio.

—Estable por ahora.

Pero sabemos que se acerca un ataque.

Hizo una pausa.

—Nuestros exploradores reportaron movimiento enemigo al norte.

Tres caballeros mágicos.

Kaerys frunció el ceño.

—¿Tres?

—Sí.

Uno con magia de sombras.

Otro con magia de fuego.

Y el tercero… Apretó la mandíbula.

—Parece tener hechicería de explosiones.

Arel sintió cómo su cuerpo se tensaba.

Mordrin.

Seris.

Y… Sevrak.

El grupo entero se tensó.

Taren tragó saliva.

Lyra cerró los ojos.

Sheska se ajustó los lentes nerviosamente.

Kaerys se quedó inmóvil.

Sus ojos se afilaron.

Sevrak Ignivar.

El que me hirió.

El que casi me mata.

Arel recordó ese día.

El campamento médico.

La explosión.

Kaerys herida.

Yuren furioso.

Va a volver.

El comandante continuó: —No tenemos muchos caballeros mágicos aquí.

De hecho… ustedes son los únicos.

El silencio cayó como una losa de piedra.

Arel sintió cómo el peso de esas palabras se asentaba sobre sus hombros.

Somos los únicos.

Si perdemos… Todo el campamento caerá.

Kaerys habló con voz firme: —Necesito reportar al Sensor.

El comandante asintió.

—Adelante.

Kaerys reunió al grupo.

Sacó el cristal de su morral.

Lo sostuvo frente a ella y canalizó maná.

El cristal brilló.

La proyección encapuchada apareció.

—Dama de Hielo.

Escucho.

Kaerys habló con voz clara: —Misión completada.

Provisiones entregadas.

Nos encontramos en el campamento.

El Sensor asintió.

—Confirmado.

Buen trabajo.

Hizo una pausa.

—Sin embargo, tengo nuevas órdenes.

Kaerys frunció el ceño.

—¿Órdenes?

—Sí.

Se aproxima un ataque enemigo.

Tres caballeros mágicos.

Desde el norte.

La voz del Sensor era fría.

Calculada.

—Uno con magia de sombras.

Mordrin Umbralis.

Uno con magia de fuego.

Seris Ignivar.

Y uno con magia de explosiones.

Sevrak Ignivar.

El grupo se tensó aún más, tras la confirmación por parte de los sensores.

El Sensor continuó: —Su misión es simple.

Enfrentar y vencer al enemigo.

Kaerys asintió.

—Entendido.

El cristal dejó de brillar.

La proyección desapareció.

Kaerys guardó el cristal lentamente.

Se giró hacia el grupo.

Todos la miraban con expresión seria.

Arel habló: —Tengo que contarles algo.

Todos lo miraron.

—Ese caballero con magia explosiva.

Sevrak Ignivar.

Hizo una pausa.

—Me enfrenté a él junto a Yuren en el campamento médico.

Taren abrió los ojos.

—¿Qué?

Arel asintió.

—Es fuerte.

Muy fuerte.

Tiene el nivel de un Arconte.

Miró a Kaerys.

—Kaerys fue herida por él.

Yuren tuvo que intervenir para detenerlo.

El grupo se quedó en silencio.

El peso de esas palabras era aplastante.

Kaerys habló con voz firme: —Entonces ya saben qué esperar.

Miró a cada uno de ellos.

—Sheska, Taren, Lyra.

Ustedes tres irán por Seris.

Los tres asintieron.

Kaerys miró a Arel.

—Arel.

—¿Sí?

Sus ojos se clavaron en los de él.

—¿Puedes vencer a Mordrin?

El silencio se hizo más pesado.

Arel cerró los ojos.

Respiró profundamente.

Recordó la última batalla.

El golpe que le dio.

La forma en que lo envió a volar.

Puedo hacerlo.

Tengo que hacerlo.

Abrió los ojos.

—Sí.

Su voz era firme.

Sin duda.

Kaerys asintió.

Sheska y Taren se miraron entre sí.

Se les hacía raro que Kaerys confiara tanto en él.

Pero al mismo tiempo… Sabían que era el adecuado.

Arel había demostrado que podía ganarle en velocidad.

Que podía herirlo.

Lyra lo miró con expresión seria.

Ten cuidado.

Arel preguntó: —¿Qué harás tú?

Kaerys se giró hacia el norte.

Sus ojos brillaban con frialdad mortal.

—Es hora de mi revancha.

Su voz era como el hielo.

Cortante.

Implacable.

—Sevrak Ignivar y yo… tenemos cuentas pendientes.

El grupo se quedó en silencio.

Todos entendieron.

Esta batalla… No era solo una misión.

Era personal.

El sol comenzó a descender.

La luz dorada se volvió naranja.

Y luego roja.

Como sangre.

El comandante se acercó a Kaerys.

—¿Cuál es el plan?

Kaerys habló con voz firme: —Emboscada.

Los atraeremos hacia el bosque al este.

Ahí los separaremos.

Señaló hacia Sheska, Taren y Lyra.

—Ellos tres enfrentarán a Seris Ignivar.

Señaló a Arel.

—Él enfrentará a Mordrin Umbralis.

Y luego se señaló a sí misma.

—Yo enfrentaré a Sevrak Ignivar.

El comandante frunció el ceño.

—Es arriesgado.

Si fallan… —No fallaremos —interrumpió Kaerys con frialdad.

El comandante la miró.

Y asintió.

—Entendido.

Se alejó para dar órdenes a sus hombres.

Kaerys se giró hacia el grupo.

—Prepárense.

No sabemos cuándo llegarán.

Pero cuando lo hagan… Sus ojos brillaban con determinación absoluta.

—No habrá piedad.

Todos asintieron.

Arel sintió cómo su corazón latía con fuerza.

Esto es real.

Voy a pelear de nuevo.

Contra Mordrin.

Apretó los puños.

Su mano derecha ya no dolía.

Estaba completamente curada.

Estoy listo.

Esta vez… No voy a contenerme.

La noche cayó.

El campamento se preparó.

Soldados en posiciones.

Armas listas.

Todos esperando.

Kaerys estaba de pie en el borde del campamento.

Mirando hacia el norte.

Sus ojos brillaban con frialdad absoluta.

Sevrak.

Vienes por mí.

Y yo te estaré esperando.

Arel estaba junto a un árbol.

Revisando su espada.

Asegurándose de que estuviera lista.

Lyra, Taren y Sheska estaban juntos.

Hablando en voz baja.

Preparándose mentalmente.

El viento sopló.

Frío.

Cortante.

Y en la distancia… Un destello de luz.

Naranja.

Rojo.

Fuego.

Kaerys lo vio.

Sus ojos se afilaron.

—Ya vienen.

Su voz cortó el silencio.

Todos se tensaron.

Arel se puso de pie.

Taren activó su magia.

Lyra cerró los ojos y comenzó a enviar ondas.

Sheska se escondió detrás de una barricada.

Y Kaerys… Kaerys desenfundó su sable.

El aire a su alrededor comenzó a enfriarse.

Cristales de hielo se formaron en el suelo bajo sus pies.

Sus ojos brillaban con un azul mortal.

—Que empiece la batalla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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