El caballero del Vacío - Capítulo 21
- Inicio
- Todas las novelas
- El caballero del Vacío
- Capítulo 21 - 21 El vacío en los ojos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: El vacío en los ojos 21: El vacío en los ojos Capítulo 21 Pasaron unos minutos.
Tal vez cinco.
Tal vez diez.
El tiempo se sentía distorsionado.
Arel seguía abrazado a Lyra.
Su llanto había disminuido a sollozos suaves.
Su cuerpo temblaba menos.
Pero seguía roto.
Lyra le acariciaba la cabeza con gentileza, murmurando palabras de consuelo que apenas se escuchaban.
Sheska estaba a su lado, con una mano sobre su hombro, firme pero cálida.
Taren observaba con expresión seria, sin saber qué más decir.
Dentro del caos mental de Arel, las palabras de Lyra y Sheska comenzaron a filtrarse.
Poco a poco.
Como luz atravesando agua turbia.
“No fue tu culpa.” “Hiciste lo correcto.” “Protegiste a los demás.” Una parte de él—pequeña, débil, pero ahí—comenzó a procesar.
No a aceptar.
No a superar.
Eso sería imposible.
Pero sí a procesar.
Lo que hice… no puedo deshacerlo.
Nunca podré deshacerlo.
Esto me marcará… para siempre.
Respiró profundamente.
El aire entró con dificultad, como si sus pulmones se resistieran.
Pero ellos… están aquí.
Me están sosteniendo.
No estoy solo.
Y entonces lo escuchó.
BOOM.
Una explosión.
A lo lejos.
Constante.
Violenta.
Sevrak.
Los ojos de Arel se abrieron.
Kaerys.
Se separó lentamente de Lyra.
Su rostro seguía pálido.
Sus ojos rojos e hinchados.
Pero había algo más ahí ahora.
Determinación.
Débil.
Pero ahí.
—Kaerys… —murmuró con voz ronca—.
Necesita… ayuda.
Lyra lo miró con preocupación.
—Arel, no puedes… —Tengo que… —interrumpió Arel con dificultad.
Cerró los ojos.
Comenzó a fluir maná hacia sus heridas.
Pero algo estaba mal.
El maná no respondía como antes.
Era torpe.
Descontrolado.
Como si su cuerpo se hubiera olvidado de cómo hacerlo.
Concentró más.
Trató con más fuerza.
Pero no funcionaba.
La sanación era lenta.
Mucho más lenta de lo normal.
¿Qué me pasa?
¿Por qué no puedo…?
Lyra lo notó.
Vio la frustración en su rostro.
La forma en que sus manos temblaban.
—Arel… —dijo con voz suave—.
Llévalo con calma.
Acabas de pasar por algo muy traumático.
Arel asintió débilmente.
Siguió intentando.
Lentamente.
Con dificultad.
Las heridas comenzaron a cerrar.
Apenas.
Después de lo que pareció una eternidad, se puso de pie.
Sus piernas temblaban.
Había perdido mucha sangre.
Pero se mantuvo erguido.
—Tenemos que… ayudar a Kaerys.
Sheska se levantó de inmediato.
—No.
Arel la miró.
Sheska habló con voz firme: —No es que no quiera ayudarla.
Pero mira el estado en el que estamos.
Señaló a Taren.
—Taren está cubierto de quemaduras.
Apenas puede moverse.
Señaló a Arel.
—Tú perdiste mucha sangre.
Estás débil.
Y acabas de… Se detuvo.
No terminó la oración.
No hacía falta.
—No podemos enfrentarnos a Sevrak así.
Es como un Arconte.
Nos destrozaría.
Hizo una pausa.
—Necesitamos una estrategia.
O no sobreviviremos.
Arel apretó los puños.
Sabía que tenía razón.
Pero cada explosión que escuchaba… Era como una puñalada.
Kaerys está peleando sola.
Contra un enemigo muy fuerte.
Podría morir.
Pero Sheska tenía razón.
No podían simplemente lanzarse.
Sería un suicidio.
Mientras tanto, en otro lugar del bosque… Kaerys estaba hincada con una rodilla en el suelo.
Su sable clavado en la tierra frente a ella, sosteniéndola.
Respiraba con dificultad.
Tenía rasguños en los brazos.
Cortes superficiales en el rostro.
Su armadura estaba agrietada en varios puntos.
Toda cortesía de las explosiones de Sevrak.
Pero seguía de pie.
Seguía peleando.
Frente a ella, a varios metros de distancia, estaba Gorath.
El caballero colosal.
Cubierto casi completamente por cristales de hielo.
Solo su cabeza quedaba libre.
Su voz retumbó desde dentro del casco: —Impresionante.
Verdaderamente impresionante.
Hizo una pausa.
—Tu hechicería… tu poder… a pesar de tu corta edad… Se rio.
Una risa profunda.
Resonante.
—Tu apodo y título como Dama de Hielo están bien ganados.
Otro silencio.
—Es un honor para mí luchar contra una rival como tú.
Kaerys no respondió.
Solo lo observaba con ojos fríos.
Calculadores.
Y entonces… El hielo comenzó a temblar.
Las grietas se formaron.
Gorath gritó.
Un rugido que hizo temblar el suelo.
CRASH.
El hielo explotó.
Fragmentos volaron en todas direcciones como metralla mortal.
Gorath se liberó.
Se puso de pie lentamente.
Su armadura estaba intacta.
Como si nada hubiera pasado.
Detrás de él, Sevrak se reía.
—¡Te aprisionó como a un animal, Gorath!
¡Qué vergüenza!
Gorath no respondió al insulto.
En cambio, miró a Kaerys.
—Tu habilidad es digna de elogio, Dama de Hielo.
Pocas veces he sido contenido de tal forma.
Kaerys se puso de pie lentamente.
Levantó su sable.
Lo apuntó directamente hacia ellos.
Sus ojos brillaban con determinación absoluta.
No dijo nada.
Solo… Se lanzó.
Kaerys se movió como un rayo.
Atravesó la distancia en un segundo.
Gorath se quedó inmóvil.
Esperando.
Levantó su mazo.
Y lo dejó caer.
CRASH.
Kaerys esquivó.
Saltó hacia un lado justo antes del impacto.
El suelo explotó donde había estado.
Aterrizó con gracia.
Y atacó.
El sable cortó hacia el costado de Gorath.
CLANG.
El metal chocó contra la armadura.
Pero no penetró.
Kaerys frunció el ceño.
Atacó de nuevo.
Otra vez.
Otra.
CLANG.
CLANG.
CLANG.
Múltiples cortes.
Todos dirigidos a puntos débiles de la armadura.
Articulaciones.
Costuras.
Grietas.
Pero nada funcionaba.
La armadura era demasiado resistente.
Gorath giró lentamente.
Levantó el mazo de nuevo.
Lo dejó caer hacia Kaerys.
Ella saltó hacia atrás.
El mazo impactó el suelo.
CRASH.
Otro cráter.
Kaerys aterrizó.
Y entonces lo sintió.
Un cambio en el maná.
A lo lejos.
Sevrak.
Levantó la vista.
Y lo vio.
Con la mano extendida.
Sonriendo.
Mierda.
BOOM.
La explosión fue masiva.
Exactamente entre Gorath y Kaerys.
El suelo se desintegró.
Las rocas volaron.
El calor fue brutal.
Kaerys saltó hacia atrás justo a tiempo.
La onda expansiva la empujó varios metros.
Aterrizó rodando.
Se puso de pie de inmediato.
Y miró hacia Gorath.
Él había recibido la explosión de lleno.
Directamente.
Pero… No tenía ni un rasguño.
Se incorporó lentamente, sacudiéndose el polvo.
—Sevrak —dijo con tono de reproche—.
Eso fue peligroso.
Sevrak se rio.
—¡Deja de quejarte!
¡Sabes que puedes soportarlo!
Gorath suspiró.
—Aun así… Kaerys observaba todo con expresión seria.
Ya han hecho esto antes.
Sevrak bombardea sin importar si Gorath está en el área.
Porque sabe que Gorath puede soportarlo.
Apretó la empuñadura del sable.
Es una estrategia arriesgada.
Pero efectiva.
Gorath es tan resistente que pueden pelear sin preocuparse por el fuego amigo.
Retrocedió varios pasos.
Tomó distancia.
Y comenzó a hablar.
En voz baja.
Como un cántico.
Un susurro que se elevaba en el aire.
“Escucha, mundo herido, mi voz nace en lo dormido.” El aire comenzó a enfriarse.
Gorath levantó la vista.
—¿Qué…?
Sevrak frunció el ceño.
—¿Qué está haciendo?
“Que el aliento se haga escarcha, que el latido se deshaga.” El maná de Kaerys comenzó a elevarse.
Visible.
Palpable.
Como una ola creciente que llenaba el aire.
Sevrak sintió el cambio de inmediato.
Sus ojos se abrieron.
—¡ESTÁ CONJURANDO!
“Por el hielo que no miente, por la nieve permanente, que se detenga tu ardor, que se enfríe tu rencor.” La temperatura cayó en picada.
Dramáticamente.
Como si el invierno mismo hubiera descendido sobre el bosque.
El aliento de Gorath se volvió visible.
—Esto es… “Que el tiempo en ti se cierre, que tu furia se congele, no como pena o castigo, sino como fiel abrigo.” El suelo alrededor de Kaerys comenzó a congelarse.
La escarcha se extendía como venas blancas.
Los árboles se cubrieron de hielo.
El aire brillaba con cristales diminutos.
“Inclínate ante el invierno, calma blanca, frío eterno.” WHOOOOSH.
El maná de Kaerys explotó.
Una ola de poder puro.
Visible.
Abrumadora.
Sevrak retrocedió un paso.
—¡MIERDA!
Gritó hacia Gorath: —¡PREPÁRATE!
Gorath asintió.
—¡Ya lo sé!
Comenzó a canalizar maná en su cuerpo.
Reforzando cada músculo.
Cada fibra.
Conservando el calor.
Porque lo sentía.
El frío.
Un frío antinatural que penetraba incluso su armadura.
El suelo se congeló completamente.
Como una pista de hielo perfecta.
Lisa.
Brillante.
Mortal.
Y Kaerys… Se movió.
Su velocidad se triplicó.
Se deslizaba sobre el hielo como si fuera parte de él.
Sin fricción.
Sin resistencia.
Pura velocidad.
Apareció frente a Gorath en un instante.
El sable cortó.
SLASH.
La armadura se abrió.
Sangre brotó.
Gorath gritó de sorpresa.
—¡¿QUÉ?!
Kaerys ya no estaba ahí.
Había desaparecido.
Reapareció a su izquierda.
Otro corte.
SLASH.
Más sangre.
Gorath giró.
Pero ella ya no estaba.
Derecha.
SLASH.
Espalda.
SLASH.
Costado.
SLASH.
Cada corte era preciso.
Mortal.
El filo del sable había aumentado.
Reforzado por el frío absoluto.
Cortaba la armadura como si fuera papel.
Gorath comenzó a sangrar por todas partes.
Pero no retrocedió.
—¡Impresionante!
Levantó el mazo.
Lo dejó caer hacia donde estaba Kaerys.
Pero ella ya se había movido.
El mazo golpeó el hielo.
Resbaló.
Gorath perdió el equilibrio por un segundo.
Y Kaerys atacó de nuevo.
SLASH.
Otro corte profundo en el brazo.
Sevrak observaba todo con creciente desesperación.
Levantó ambas manos.
Y comenzó a crear explosiones.
BOOM.
La primera explotó donde había estado Kaerys.
Pero ella ya no estaba ahí.
Había levantado un muro de hielo.
Anticipándose.
La explosión impactó el muro.
Lo destruyó.
Pero Kaerys estaba intacta.
BOOM.
Otra explosión.
Otro muro.
BOOM.
Otra.
Otro muro.
Sevrak comenzó a bombardear.
Explosión tras explosión.
Llenando el aire de fuego y humo.
Pero nada funcionaba.
Kaerys predecía cada ataque.
Sentía el flujo de maná de Sevrak.
Sabía cuándo atacaría.
Dónde atacaría.
Y se anticipaba.
Cada vez.
Sevrak comenzó a desesperarse.
—¡MALDITA SEA!
Aumentó el ritmo.
Más explosiones.
Más rápido.
Más fuerte.
BOOM BOOM BOOM BOOM.
El bosque se iluminó con fuego naranja.
El suelo se fracturó.
Los árboles se incendiaron.
Pero Kaerys seguía esquivando.
Cortando.
Moviéndose.
Como un fantasma de hielo.
Imparable.
Y entonces… Sevrak lo notó.
Estaba condensando energía.
Para un ataque grande.
Más grande que antes.
Sus manos brillaban con maná comprimido.
Kaerys lo vio.
Ahí.
Dejó de atacar a Gorath.
Y se lanzó.
Directamente hacia Sevrak.
A máxima velocidad.
Sevrak levantó la vista.
Y la vio venir.
Sus ojos se abrieron.
—¡NO!
Trató de terminar el ataque.
De liberarlo.
Pero era tarde.
Kaerys llegó.
El sable se movió.
Un estoque perfecto.
Directo al pecho.
SCHLK.
El sable atravesó.
Completamente.
La punta salió por la espalda de Sevrak.
Sangre brotó de inmediato.
Sevrak miró hacia abajo.
El sable atravesándolo.
Y lo supo.
Fallé.
No pude… vencerla.
Levantó la vista.
Miró a Kaerys directamente a los ojos.
Ella lo observaba con frialdad absoluta.
Sin emoción.
Sin piedad.
Solo… hielo.
Sevrak tosió sangre.
Y sonrió.
Una sonrisa cínica.
Llena de locura.
Agarró el sable con ambas manos.
—Tal vez… es mi fin… Su sonrisa se amplió.
—¡PERO ME LA LLEVARÉ CONMIGO!
Gritó.
Y comenzó a condensar energía en su pecho.
Justo donde el sable lo atravesaba.
Kaerys sintió el cambio.
Sus ojos se abrieron.
Se va a explotar.
¡Va a explotar conmigo!
Trató de retirar el sable.
Pero Sevrak lo sostenía con fuerza.
Reforzando su agarre con maná.
—¡NO TE IRÁS A NINGUNA PARTE!
La energía aumentaba.
Cada vez más.
El pecho de Sevrak brillaba.
Como un sol a punto de estallar.
Kaerys tiró del sable con todas sus fuerzas.
Pero no cedía.
Mierda.
¡MIERDA!
Tres segundos.
Dos.
Uno.
Y entonces… SHHK.
Algo impactó su hombro izquierdo.
Con fuerza brutal.
Kaerys gritó de dolor.
—¡AGH!
Era un rayo.
Rojo.
Líquido.
Sangre.
Sevrak soltó el sable por la sorpresa.
Sus manos se abrieron.
Kaerys retrocedió de inmediato.
Arrancó el sable del pecho de Sevrak.
Y saltó hacia atrás.
Desde las sombras del bosque, emergió una figura.
Un hombre.
Alto.
Delgado pero musculoso.
Vestía ropajes blancos con detalles carmesí que brillaban bajo la luz de las llamas.
Su túnica estaba adornada con runas rojas que parecían pulsar como venas.
Su cabello era corto, de un negro azabache, peinado hacia atrás con precisión militar.
Sus ojos eran de un rojo profundo.
Casi como rubíes.
Y en su mano derecha, flotaba una esfera de sangre que giraba lentamente.
Valerius Sanguinar.
Caballero de Oriana.
Magia de Sangre.
Miró a Sevrak con expresión seria.
—Aún no es hora de que te mates, Sevrak.
Su voz era fría.
Calculada.
—Todavía tienes que dar mucho por Oriana.
Sevrak lo miró con incredulidad.
—Valerius… ¿qué…?
—Cállate —interrumpió Valerius—.
Retírate.
Yo me encargo.
Kaerys retrocedió más.
Casi tropezó.
Su hombro izquierdo sangraba profusamente.
El ataque de Valerius había sido preciso.
Profundo.
Maldición… Pero no tuvo tiempo de quejarse.
De procesar.
Porque escuchó algo.
Pasos pesados.
Rápidos.
Giró la cabeza.
Y vio a Gorath.
Corriendo hacia ella.
A pesar de todas sus heridas.
A pesar de la sangre que cubría su armadura.
Levantó el mazo.
Y lo dejó caer.
Directo hacia su costado.
Kaerys reaccionó por instinto.
Reforzó la zona con maná.
Todo lo que pudo.
En una fracción de segundo.
CRASH.
El impacto fue apocalíptico.
Kaerys salió disparada.
Como una muñeca arrojada por un gigante.
Atravesó un árbol.
CRASH.
La madera explotó en astillas.
Aterrizó varios metros más allá.
Rodando.
Finalmente se detuvo.
Tosió sangre.
Costillas… rotas.
Tal vez… tres.
O cuatro.
Trató de levantarse.
Pero el dolor era cegador.
Se quedó en el suelo.
Jadeando.
No puedo… contra tantos.
Tres caballeros de nivel Arconte.
Es… demasiado.
Cerró los ojos.
Y pensó.
En su padre.
En su hermano.
En su madre.
Lo siento… No pude… ser lo suficientemente fuerte.
Y entonces… Una imagen.
Arel.
Su rostro.
Sus ojos Cafés.
Su sonrisa tímida.
Arel… ¿Qué será de ti?
¿Qué… pudo haber sido… de nosotros?
Abrió los ojos lentamente.
Vio a Gorath acercándose.
Caminando lentamente.
Su mazo arrastrándose por el suelo.
Se detuvo frente a ella.
Levantó el arma.
—Fue un gusto haber peleado con alguien como tú, Dama de Hielo.
Su voz era respetuosa.
Genuina.
—Me hubiera encantado poder pelear a solas contigo.
Durar más.
Disfrutar el combate.
Hizo una pausa.
—Pero dadas las circunstancias… no es posible.
Levantó el mazo completamente.
—Descansa en paz.
Y lo dejó caer.
CLANG.
El sonido fue como un trueno.
Gorath parpadeó.
El mazo no había impactado.
Algo lo había detenido.
Miró hacia abajo.
Y vio una espada.
Bloqueando el golpe.
Una espada quebrada.
El filo estaba destrozado.
Grietas por toda la hoja.
Pero ahí estaba.
Sosteniendo el mazo.
Y detrás de la espada… Arel.
De pie.
Con ambas manos en la empuñadura.
Sus brazos temblaban.
Sus piernas se hundían en el suelo agrietado.
Pero no cedía.
CRACK.
La espada se rompió.
Completamente.
El filo se hizo pedazos.
Cayó al suelo.
Pero Arel no retrocedió.
En cambio… Levantó las manos.
Y agarró el mazo.
Directamente.
El metal cortó sus palmas.
La sangre brotó de inmediato.
Pero no soltó.
Empujó.
Con todo lo que tenía.
El suelo bajo sus pies se agrietó aún más.
Sus rodillas temblaron.
Pero sostuvo.
Gorath lo miraba con asombro absoluto.
—¿Qué…?
Y entonces… ¡BOOM!
Un impacto brutal en su pecho.
Gorath salió disparado hacia atrás.
Atravesó varios árboles.
CRASH.
CRASH.
CRASH.
Finalmente se detuvo.
Se incorporó lentamente.
Miró hacia adelante.
Y vio a Taren.
De pie donde había estado él.
Con el puño extendido.
Humeante.
Jadeando.
Gorath se rio.
—Impresionante… En ese momento… Pequeñas esferas cayeron del cielo.
Rodeándolos.
Gorath las miró con confusión.
—¿Qué…?
PSHHH.
Explotaron.
No con fuego.
Con humo.
Denso.
Blanco.
Cegador.
Llenando el área en segundos.
Y en ese instante… BOOM.
El suelo tembló.
Un terremoto localizado.
Gorath perdió el equilibrio.
—¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!
Sevrak y Valerius retrocedieron, confundidos.
Y en medio del caos… Arel levantó a Kaerys.
Con cuidado.
Con gentileza.
La sostuvo entre sus brazos.
Y corrió.
El grupo se reunió.
Taren adelante.
Lyra y Sheska a los lados.
Arel atrás, cargando a Kaerys.
Corrieron.
A través del bosque.
Alejándose del humo.
De los enemigos.
Del peligro.
Mientras corrían, Taren gritó: —¡Fue justo a tiempo!
Sheska respondió, jadeando: —¡Demasiado justo!
¡Casi no llegamos!
Lyra añadió: —¡El rescate fue un éxito!
¡Pero esos enemigos…!
Taren completó: —¡Sobrepasan nuestras habilidades!
¡No podemos enfrentarlos directamente!
Sheska asintió: —¡La mejor estrategia era salvar a Kaerys del ataque!
¡Nada más!
Siguieron corriendo.
El plan había funcionado.
Apenas.
Por los pelos.
Pero había funcionado.
Kaerys estaba consciente.
Apenas.
Sentía el movimiento.
Los brazos sosteniéndola.
Abrió los ojos lentamente.
Y vio a Arel.
Corría con ella entre sus brazos.
Su rostro estaba serio.
Concentrado.
Pero había algo… Algo raro.
En sus ojos.
No era seriedad.
No era frialdad.
Era… Vacío.
Sus ojos estaban apagados.
Como si algo dentro de él se hubiera roto.
Como si la luz se hubiera ido.
Kaerys trató de hablar.
De decir algo.
Pero no pudo.
La oscuridad la envolvió.
Y se desmayó.
Lo último que vio… Fueron esos ojos.
Vacíos.
Como un abismo sin fondo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com