El caballero del Vacío - Capítulo 23
- Inicio
- Todas las novelas
- El caballero del Vacío
- Capítulo 23 - Capítulo 23: El ejército de Oriana
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 23: El ejército de Oriana
Capítulo 23
Arel miraba a Valerius.
Sin expresión.
Sin emoción.
Solo… vacío.
Sus ojos grises brillaban con una luz antinatural.
Como plata líquida bajo la luna.
A lo lejos, ocultas entre los escombros, Sheska susurró:
—Su maná… es raro.
Lyra asintió, con los ojos cerrados, sintiendo las ondas de Resonancia.
—Está tranquilo. Pero… es enorme.
Su voz temblaba ligeramente.
—Como si rebosara de su cuerpo.
Kaerys observaba también.
Examinando el flujo de maná de Arel con sus sentidos entrenados.
Es mucho.
Demasiado.
Hizo una comparación mental.
Tal vez no tanto como Yuren… pero se acerca.
Frunció el ceño.
¿Cómo es posible?
Solo tuvo una semana de entrenamiento.
Una sola semana.
Esto no es normal.
Miró a Lyra y Sheska.
—Algo le está pasando.
Sheska asintió nerviosamente.
—Lo sé. Pero… por ahora es lo mejor que tenemos.
Se ajustó los lentes.
—Menos mal que le sucedió.
Kaerys no respondió.
Solo observaba a Arel.
Con preocupación creciendo en su pecho.
Arel comenzó a caminar.
Lentamente.
Hacia Valerius.
Sus pasos eran firmes.
Controlados.
Como si el mundo entero se hubiera ralentizado.
Valerius retrocedió.
Por puro reflejo.
Sevrak hizo lo mismo.
Sus ojos llenos de miedo.
Somos la presa.
Él es el depredador.
Valerius tragó saliva.
—Sevrak… tenemos que irnos.
Sevrak asintió, sudando.
—Lo sé…
Pero no podían apartar la mirada.
El recuerdo de Gorath siendo aplastado estaba grabado en sus mentes.
Si nos quedamos…
Moriremos.
Y entonces…
El maná de Arel aumentó.
WHOOOOSH.
Todos lo sintieron.
Como una ola invisible expandiéndose.
Pero no era explosivo.
No era caótico.
Era…
Calmado.
Absolutamente calmado.
Como un océano sin olas.
Profundo.
Infinito.
Aterrador en su serenidad.
Sheska sintió cómo se le erizaba la piel.
—Dios… ¿qué es eso?
Lyra no podía respirar bien.
—Es… tranquilo. Pero se siente como si pudiera aplastarnos sin esfuerzo.
Kaerys apretó los dientes.
Arel… ¿qué te está pasando?
Arel seguía caminando.
Y entonces…
SHHK.
Algo cortó el aire.
Una lanza.
De plata pura.
Con un diseño intrincado—runas grabadas en espiral desde la punta hasta el asta, brillando con luz azul tenue. La hoja estaba forjada en forma de hoja de sauce, elegante pero mortal. El mango estaba envuelto en cuero negro con detalles de plata.
La lanza pasó rozando el rostro de Arel.
A centímetros.
Arel la esquivó.
Sin cambiar su expresión.
Sin parpadear.
La lanza siguió su trayecto y se clavó en el suelo detrás de él.
Valerius giró la cabeza bruscamente.
Y gritó con desesperación y alivio:
—¡¡¡MAESTRO!!!
Todos miraron hacia la dirección de donde vino la lanza.
Y lo vieron.
Un hombre emergía del bosque.
Totalmente calvo.
Su cráneo brillaba bajo la luz de las llamas del campamento destruido.
Tenía una barba larga, totalmente blanca, que le llegaba hasta el pecho. Estaba trenzada en tres secciones, cada una atada con un anillo de plata.
Aparentaba unos 60 años, pero su cuerpo era el de un guerrero en su mejor momento. Musculoso, fornido, con cicatrices visibles en los brazos desnudos.
Vestía ropas similares a las de Valerius—túnica blanca con detalles carmesí—pero con adornos grises como ceniza en los bordes. Un cinturón de cuero grueso sostenía múltiples dagas pequeñas. Sus ojos eran de un gris acerado, fríos y calculadores.
Magnar Sanguinar.
Maestro de Valerius.
Elite de Sangre.
Caminaba con confianza absoluta.
Y detrás de él…
Un ejército.
El primero en aparecer fue un coloso.
Más grande que Gorath.
Mucho más grande.
Medía fácilmente tres metros de altura.
El doble de ancho.
Su armadura era de un plateado metálico brillante con detalles dorados que reflejaban la luz como espejos. Cada pieza estaba grabada con símbolos de montañas y rocas. El casco cubría completamente su rostro—solo dos ranuras brillantes revelaban ojos amarillos.
En sus manos sostenía una maza colosal.
El doble de grande que la de Gorath.
La cabeza era de piedra maciza reforzada con bandas de oro. Cada movimiento del arma hacía temblar el suelo.
Titanius Brokmar.
Maestro de Gorath.
Elite de Tierra.
Miró los restos aplastados de su alumno.
Y habló.
Su voz era como un terremoto contenido.
—Al parecer encontraste un digno oponente, bisoño.
No había tristeza en su voz.
Solo… aceptación.
Y algo de orgullo.
A su lado caminaba una mujer.
Elegante.
Letal.
Vestía ropas blancas con detalles negros—un diseño similar al de un espadachín árabe, pero adaptado para combate. La túnica era ligera, con mangas cortas que dejaban sus brazos libres. Pantalones holgados de seda blanca atados en los tobillos. Una faja negra alrededor de su cintura sostenía su sable.
El sable era hermoso—curvado como una media luna, con la hoja de acero azulado que brillaba como agua. La empuñadura estaba envuelta en seda blanca con hilos de oro entretejidos. La guarda tenía forma de flor de loto abierta.
Su cabello rubio estaba recogido en una trenza alta que caía sobre su hombro. Ojos verdes esmeralda, afilados como su espada. Piel bronceada por el sol. Aparentaba unos 35 años.
Celestia Luminar.
Elite de Cristal.
Y detrás de ella, casi como su sombra…
Una chica más joven.
Tal vez 18 años.
Vestía de forma casi idéntica—ropas blancas y negras, pero con detalles dorados en lugar de negros. Su sable era más pequeño, más delgado, pero igual de hermoso.
Cabello rubio más claro, casi platinado, recogido en dos trenzas que caían por su espalda. Ojos verdes como su madre, pero con más luz en ellos. Menos frialdad. Más curiosidad.
Seraphine Luminar.
Hija de Celestia.
Custodio de Cristal.
Seraphine miró la escena y susurró:
—Madre… ¿ese chico mató a Gorath solo?
Celestia asintió lentamente.
—Eso parece.
Sus ojos se afilaron.
—Mantente alerta.
Junto a ellas caminaba un hombre de complexión media.
Vestía ropas verdes y blancas—túnica de sanador con el símbolo de Oriana bordado en el pecho. Pantalones blancos y botas de cuero verde.
Cabello castaño corto, peinado con cuidado. Barba corta y bien recortada. Anteojos de montura dorada que reflejaban la luz.
Ojos marrones, cálidos pero cansados. Aparentaba unos 40 años.
Llevaba un morral grande lleno de suministros médicos.
Elion Vitalis.
Elite de Vida.
El equivalente de Oriana a Elior Vitae.
Observó a Arel con interés profesional.
—Interesante…
Murmuró para sí mismo.
Detrás de él, una figura envuelta en sombras.
Totalmente cubierta.
Ropas negras como la noche—capa, capucha, máscara. No se veía ni un centímetro de piel. Como si fuera una sombra viviente.
Solo sus ojos eran visibles—amarillos reptilianos.
Idénticos a los de Mordrin.
Tenebris Umbralis.
Maestro de Mordrin.
Elite de Sombras.
No dijo nada.
Solo observaba a Arel.
Con esos ojos fríos.
Calculadores.
A su lado, una mujer con armadura ligera.
Color azul eléctrico, como el cielo antes de una tormenta.
La armadura cubría su torso, hombros y muslos, dejando espacio para movilidad. Placas metálicas conectadas por tela azul oscura. Guanteletes que chisporroteaban con electricidad estática.
Cabello negro corto, cortado justo por encima de los hombros. Ojos azules turquesa que brillaban con intensidad. Piel clara con algunas pecas en el rostro.
Aparentaba unos 30 años.
En su espalda llevaba dos espadas cortas gemelas—hojas rectas de acero plateado que vibraban con energía eléctrica.
Tempest Voltaris.
Elite de Electricidad.
Miró a Arel y sonrió.
—Este va a ser divertido.
Y detrás de todos ellos…
Más caballeros.
Muchos más.
Primera en avanzar:
Una mujer joven de unos 20 años.
Cabello rojo fuego recogido en una cola de caballo alta. Ojos naranjas brillantes. Piel pálida con pecas.
Vestía armadura ligera de cuero rojo y negro. En sus manos, guantes con púas de metal en los nudillos.
Ignia Flare.
Caballero de Fuego.
Se relamió los labios.
—Espero que sea tan fuerte como parece.
A su lado:
Un hombre joven de 22 años.
Alto y delgado. Cabello negro largo hasta los hombros. Ojos verdes oscuros.
Vestía ropas verdes militares—chaqueta con charreteras, pantalones con botas altas. Llevaba un arco largo en la espalda.
Verdant Archer.
Caballero de Viento.
Observaba con expresión seria.
—No subestimen a ese chico. Acaba de matar a Gorath.
Detrás de ellos:
Una mujer de 19 años.
Pequeña y ágil. Cabello castaño en un corte pixie. Ojos grises.
Vestía ropas de cuero marrón oscuro. Múltiples dagas colgaban de su cinturón.
Shade Viper.
Caballero de Veneno.
Sonrió con malicia.
—Solo espero que sobreviva lo suficiente para que yo lo envenene.
Junto a ella:
Un hombre de 21 años.
Musculoso y bajo. Cabello rubio muy corto, casi rapado. Ojos azules.
Vestía armadura pesada de acero gris. Escudo grande en una mano, espada ancha en la otra.
Bulwark Stone.
Caballero de Defensa (magia de refuerzo físico).
Golpeó su escudo con la espada.
—Estoy listo.
A su derecha:
Una mujer de 23 años.
Alta y esbelta. Cabello negro largo y liso. Ojos violetas.
Vestía un vestido negro largo con ranuras para movilidad. Llevaba un bastón de madera oscura con una gema púrpura en la punta.
Nyx Shadowmere.
Caballero de Oscuridad (manipulación de luz negativa).
Murmuró suavemente:
—Qué interesante… su maná es tan tranquilo…
Detrás:
Un hombre de 18 años.
Joven y nervioso. Cabello castaño despeinado. Ojos marrones.
Vestía ropas simples de cuero con placas de metal en puntos clave. Llevaba una lanza.
Garret Pike.
Caballero de Impulso (similar a Taren).
Tragó saliva.
—¿Tenemos que pelear contra eso?
A su lado:
Una mujer de 20 años.
Cabello plateado corto. Ojos grises metálicos.
Vestía armadura ligera plateada. Llevaba un látigo de cadenas metálicas.
Silver Chain.
Caballero de Metal.
Hizo girar su látigo.
—No seas cobarde, Garret.
Más atrás:
Un hombre de 22 años.
Cabello negro con mechones blancos. Ojos heterocromáticos—uno azul, uno marrón.
Vestía ropas blancas y negras mezcladas. Llevaba dos dagas curvas.
Dusk Twilight.
Caballero de Crepúsculo (mezcla de luz y sombra).
Observaba en silencio.
—Hay algo raro en ese chico…
Junto a él:
Una mujer de 19 años.
Cabello rosa brillante en dos coletas. Ojos verdes.
Vestía ropas coloridas—chaqueta rosa, falda corta negra, botas altas. Llevaba bombas pequeñas en su cinturón.
Candy Blast.
Caballero de Explosiones (versión menor de Sevrak).
Sonrió ampliamente.
—¡Esto va a ser divertido!
A su lado:
Un hombre de 21 años.
Cabello castaño rizado. Ojos azul claro. Pecas en el rostro.
Vestía ropas azules de marinero. Llevaba un tridente.
Aqua Flow.
Caballero de Agua.
Miró alrededor.
—No hay agua cerca… esto será difícil.
Más adelante:
Una mujer de 23 años.
Cabello blanco largo hasta la cintura. Ojos rojos.
Vestía ropas blancas etéreas. Llevaba un grimorio pequeño.
Luna Pale.
Caballero de Hielo (versión menor de Kaerys).
Observó fríamente.
—Si es tan fuerte… esto será interesante.
Junto a ella:
Un hombre de 20 años.
Cabello negro con una franja roja. Ojos rojos.
Vestía armadura negra con detalles rojos. Llevaba una guadaña.
Crimson Reaper.
Caballero de Sangre (aprendiz de Valerius).
Sonrió con arrogancia.
—Déjenme a mí. Lo haré sangrar.
Al final:
Un hombre de 18 años.
Cabello verde claro. Ojos verdes.
Vestía ropas verdes de cazador. Llevaba un arco corto.
Forest Hunter.
Caballero de Naturaleza.
Murmuró nerviosamente:
—Hay demasiada tensión aquí…
Y junto a él:
Una mujer de 22 años.
Cabello naranja en un moño alto. Ojos amarillos.
Vestía ropas naranjas y amarillas. Llevaba abanicos de guerra.
Ember Fan.
Caballero de Calor.
Abanicó el aire.
—Hace calor aquí… o soy yo.
Y detrás de todos ellos…
Tropas.
Caballeros ordinarios de Oriana.
Decenas de ellos.
Tal vez cincuenta.
Tal vez más.
Formando filas.
Como un pequeño ejército.
Los caballeros comenzaron a conversar entre ellos mientras avanzaban.
Ignia se acercó a Verdant.
—Oye, ¿crees que ese chico sea realmente tan fuerte?
Verdant asintió.
—Mató a Gorath. Eso dice suficiente.
Shade se rio.
—Tal vez tuvo suerte.
Silver negó con la cabeza.
—Nadie tiene esa suerte.
Garret temblaba.
—¿Y si nos mata a todos?
Candy le dio un golpe en el brazo.
—¡Deja de ser tan negativo!
Nyx habló suavemente:
—Hay algo extraño en él… su maná es diferente.
Dusk asintió.
—Lo siento también. Es como… vacío.
Luna frunció el ceño.
—¿Vacío?
Crimson se rio.
—No importa qué sea. Sangrará como todos.
Forest susurró:
—No estés tan seguro…
Ember abanicó más rápido.
—¿Pueden dejar de asustarme?
Magnar Sanguinar hizo un gesto con un dedo.
La lanza clavada en el suelo detrás de Arel comenzó a vibrar.
Y voló.
De regreso hacia él.
Pero en su trayecto…
Giró.
Apuntando hacia Arel.
Directo a su espalda.
Pero la lanza no conectó.
Chocó contra algo invisible.
CLANG.
Como si hubiera golpeado un muro de acero.
Se detuvo en el aire.
Y luego voló de regreso a las manos de Magnar.
Él la atrapó con facilidad.
Y sonrió.
—Interesante.
Su voz era profunda.
—Así que no tienes tus “barreras” activas siempre.
Sus ojos se afilaron.
—Reaccionas a los ataques.
Mientras el grupo se acercaba, Taren—herido, cojeando—se arrastró hacia Arel.
Su voz salió débil.
Desanimada.
—Mierda… son demasiados.
Miró al ejército.
—Y todos se ven fuertes.
Tragó saliva.
—¿Qué haremos?
Arel no respondió de inmediato.
Solo puso un brazo sobre el hombro de Taren.
Y de un segundo a otro…
Un aura blanca cubrió el cuerpo de Taren.
Brillante.
Cálida.
Y todas sus heridas comenzaron a cerrarse.
Los cortes.
Las quemaduras.
Los moretones.
Todo.
Sanando en segundos.
Taren abrió los ojos con shock.
—¿Qué…?
Arel habló.
Su voz era diferente.
No vacía.
Sino… firme.
—Vete. Busca refugio.
Taren lo miró.
Y en los ojos de Arel…
Ya no estaban vacíos.
Estaban grises.
Pero había algo ahí.
Determinación.
—No… no puedo dejarte solo…
—Basta —interrumpió Arel.
Su tono no admitía discusión.
—Vete.
Taren se quedó callado.
Miró a Arel.
Luego al ejército.
Y asintió lentamente.
Retrocedió.
Lentamente.
Sin apartar la mirada de Arel.
Ten cuidado, hermano.
Elion Vitalis observó la sanación con fascinación.
—Curioso…
Murmuró.
—Sanación inversa. En lugar de enviar su maná al cuerpo del otro… invierte el flujo y hace que el cuerpo del otro use su propio maná de forma eficiente.
Se ajustó los lentes.
—Único. Muy único.
Mientras Taren se alejaba, el aura de maná de Arel comenzó a contraerse.
Poco a poco.
De llenar el área…
A solo cubrir su cuerpo.
Y entonces…
Sus heridas comenzaron a sanar.
Todas.
Los cortes en sus manos.
Las heridas en su costado.
El tajo en su hombro.
Todo.
Cerrándose instantáneamente.
Y donde las heridas se cerraron…
Salía humo.
Como si hubieran sido cauterizadas.
Todos los enemigos lo vieron.
Celestia frunció el ceño.
—Eso no es normal…
Seraphine asintió.
—Madre… ¿qué es él?
Tempest silbó.
—Impresionante.
Magnar sonrió más ampliamente.
—Cada vez más interesante.
Mientras tanto, Sheska y Lyra hacían señales discretas hacia Taren.
Moviendo las manos.
Señalando su posición.
Taren las vio.
Una vez se alejó lo suficiente y pudo ocultarse detrás de escombros, se movió sigilosamente hacia ellas.
Los enemigos no lo notaron.
Estaban demasiado concentrados en Arel.
Cuando llegó con ellas, jadeó:
—¿Cómo están?
Sheska asintió.
—Bien. Pero esto… esto es una locura.
Lyra miró al ejército.
—No importa qué tan fuerte sea… son demasiados.
Y entonces…
Una voz débil.
—Es alumno de Yuren Valken.
Todos se giraron.
Kaerys estaba incorporada.
Con dificultad.
Su voz era cansada.
Herida.
Pero firme.
Los tres la miraron con shock.
Taren parpadeó.
—¿Qué?
Sheska abrió los ojos.
—Espera… ¿Yuren Valken? ¿El Arconte del Mimetismo?
Kaerys asintió débilmente.
—Sí.
Sheska murmuró:
—Por supuesto…
Se ajustó los lentes.
—Eso explica su parche. El símbolo Alfa.
Recordó los rumores.
—Y las órdenes misteriosas de su llegada a la Cuarta División.
Hizo una pausa.
—Pero aun así… ¿de qué sirve? Va a enfrentarse a un ejército.
Lyra asintió con preocupación.
—Incluso si es alumno de un Arconte… esto es demasiado.
Taren apretó los puños.
—Tenemos que ayudarlo.
Kaerys negó con la cabeza.
—No pueden. Miren el nivel de los enemigos.
Señaló con la cabeza hacia los Elites.
—Magnar, Titanius, Celestia, Tenebris, Tempest, Elion… todos son Elites.
Hizo una pausa.
—Y los demás son al menos Custodios o Caballeros de élite.
Su voz se quebró ligeramente.
—Si intervienen… morirán.
Taren apretó más los puños.
—Pero…
—No lo sé —interrumpió Kaerys, con voz temblorosa—. No sé si puede ganar. No sé si…
Se detuvo.
Si sobrevivirá.
Miró a Arel.
Y sintió algo apretarse en su pecho.
Arel… por favor…
Por favor no mueras.
Lyra habló con voz seria:
—Esto no es mera casualidad.
Todos la miraron.
—Que un grupo tan grande de caballeros mágicos se juntara aquí… esto es parte de una estrategia mayor por parte de Oriana.
Sheska asintió lentamente.
—Tienes razón. Destruir el campamento es solo el comienzo.
Kaerys completó el pensamiento:
—Quieren algo más. Algo grande.
Se quedaron en silencio.
Observando.
Esperando.
Y Kaerys no podía apartar los ojos de Arel.
Ten cuidado.
Por favor.
Vuelve con vida.
Sus manos temblaban.
No puedo ayudarte.
No puedo hacer nada.
Y eso…
Me está matando.
Arel, tras curarse completamente, sintió cómo su cabello se soltaba.
La cinta que lo sostenía se deshizo.
Su cabello cayó libre.
Y comenzó a levitar.
Algunos mechones se elevaban.
Como si su maná los empujara hacia arriba.
Como si la gravedad no lo afectara.
Sus ojos grises brillaban.
Su expresión era seria.
Determinada.
Ya no vacía.
Magnar miró a Titanius.
—¿Quieres empezar tú? Después de todo… mató a tu alumno.
Titanius asintió lentamente.
—Está bien.
Su voz retumbó.
Se adelantó.
El resto de los caballeros hizo espacio.
Retrocedieron.
Formando un círculo.
Como si estuvieran a punto de presenciar un espectáculo.
Algunos caballeros ordinarios se movieron hacia el cuerpo aplastado de Gorath.
Lo levantaron con dificultad.
Y lo llevaron hacia donde estaba Elion.
Titanius se plantó frente a Arel.
A varios metros de distancia.
Levantó su maza colosal.
La sostuvo con ambas manos.
Y entonces…
Se lanzó.
A pesar de su tamaño.
A pesar de su armadura.
A pesar de su peso.
Era rápido.
Increíblemente rápido.
Cruzó la distancia en un segundo.
Levantó la maza por encima de su cabeza.
Y la dejó caer.
Con fuerza apocalíptica.
Directo hacia Arel.
Arel levantó una mano.
Una sola mano.
Y la colocó bajo la maza.
CRASH.
El impacto fue brutal.
El suelo bajo los pies de Arel explotó.
Se hundió.
Se agrietó en un radio de varios metros.
El polvo se elevó.
Pero…
Arel no se movió.
Sostenía la maza.
Con una mano.
Sin ninguna dificultad.
Sin esfuerzo aparente.
Titanius abrió los ojos con shock.
—¿Qué…?
Todos los demás observaban con incredulidad.
Celestia murmuró:
—Imposible…
Seraphine no podía creer lo que veía.
Tempest dejó de sonreír.
—Okay… eso es impresionante.
Y entonces…
Arel movió su otra mano.
Tan rápido que casi no se vio.
Un golpe.
Directo al abdomen de Titanius.
BOOM.
El sonido fue como una explosión.
Titanius salió disparado.
Como un proyectil.
Atravesó el aire.
Diez metros.
Veinte.
Treinta.
Hasta que fue atrapado por sus compañeros y varios caballeros ordinarios.
Todos forcejeando para detener su impulso.
Finalmente se detuvieron.
Titanius tosió.
Levantó la vista.
Y miró a Arel con una mezcla de shock y… ¿respeto?
El resto de los caballeros estaban en silencio absoluto.
Nadie se movía.
Nadie respiraba.
Solo miraban.
A Arel.
De pie.
Inmóvil.
Con su cabello levitando.
Sus ojos grises brillando.
Y su expresión completamente seria.
Magnar rompió el silencio.
Sonrió.
Una sonrisa amplia.
Llena de emoción.
—Esto…
Hizo una pausa.
—Se volvió mucho más interesante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com