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El caballero del Vacío - Capítulo 24

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Capítulo 24: Vacío Absoluto

Capítulo 24

Arel estaba de pie.

Inmóvil.

Frente a todo el ejército de Oriana.

Sin decir palabra.

Sin hacer expresión alguna.

Sus ojos grises brillaban con esa luz antinatural.

Fría.

Vacía.

Todos lo observaban.

Esperando.

¿Qué haría ahora?

El silencio era pesado.

Sofocante.

Magnar dio un paso al frente.

Sus ojos grises acerados escaneaban a Arel.

De arriba abajo.

Cada detalle.

Cada movimiento.

Cada respiración.

Interesante.

Muy interesante.

Sin apartar la mirada de Arel, habló:

—Titanius.

Su voz era tranquila.

Controlada.

—¿Puedes seguir?

Titanius se incorporaba lentamente detrás de él, sostenido por varios caballeros.

Su voz retumbó desde dentro del casco:

—Por supuesto.

Magnar asintió apenas.

Y entonces…

Se lanzó.

Su velocidad era brutal.

Cruzó la distancia en un parpadeo.

La lanza plateada giró en sus manos con maestría absoluta.

SHHK.

Cortó hacia el cuello de Arel.

Arel se movió.

Apenas.

Un paso hacia atrás.

La lanza pasó a centímetros.

Magnar no se detuvo.

Giró la lanza.

Atacó desde abajo.

Arel se inclinó hacia un lado.

Esquivó.

Magnar continuó.

SHHK. SHHK. SHHK.

Estocada.

Corte horizontal.

Barrido bajo.

Giro completo.

Cada ataque fluía hacia el siguiente.

Como agua.

Como danza mortal.

Y Arel…

Solo esquivaba.

No bloqueaba.

No contraatacaba.

Solo se movía.

Un paso.

Una inclinación.

Un giro mínimo.

Como si su cuerpo supiera exactamente dónde estaría el siguiente ataque.

Como si fuera un combatiente experimentado.

Magnar frunció el ceño.

—Interesante…

Atacó de nuevo.

Esta vez más rápido.

Más preciso.

Arel esquivó.

Y entonces…

Contraatacó.

Un puñetazo rápido hacia el costado de Magnar.

Magnar lo bloqueó con el asta de su lanza.

CLANG.

El impacto hizo vibrar el metal.

Magnar sonrió.

—Así que sí puedes atacar.

Giró la lanza.

Atacó de nuevo.

Arel esquivó.

Respondió con una patada.

Magnar saltó hacia atrás.

Intercambiaron golpes.

Lanza contra puños.

Velocidad contra precisión.

Experiencia contra instinto.

CLANG. CLANG. CLANG.

El sonido llenaba el aire.

Y Magnar…

Observaba.

No bloquea.

Solo esquiva.

¿Por qué?

Se separaron.

Magnar tomó distancia.

Cerró los ojos.

Y entonces…

El campo de batalla se iluminó.

Todas las armas.

Espadas.

Lanzas.

Hachas.

Dagas.

De los caballeros caídos del campamento.

Comenzaron a levitar.

Lentamente.

Como si manos invisibles las levantaran.

Flotaron en el aire.

Decenas de ellas.

Todas apuntando hacia Arel.

Magnar abrió los ojos.

Y sonrió.

—Magia de Magnetismo.

Extendió una mano.

Las armas vibraron.

Listas.

Los caballeros de Oriana observaban con asombro.

Celestia murmuró:

—No esperaba que usara su magia tan pronto…

Seraphine asintió.

—Y con tantas armas…

Tempest silbó.

—Esto va a ser interesante.

A lo lejos, ocultos entre los escombros…

Sheska sintió cómo el estómago se le apretaba.

—Esto es malo…

Taren apretó los puños.

—Son demasiadas armas. No puede esquivarlas todas.

Lyra cerró los ojos, sintiendo el flujo de maná.

—El nivel de control que tiene ese hombre… es increíble.

Su voz temblaba.

—Arel está en desventaja.

Kaerys observaba con expresión seria.

Pero sus manos temblaban.

Arel…

Hay demasiadas.

¿Cómo vas a…?

No podía completar el pensamiento.

El miedo la consumía.

Arel miró las armas flotantes.

Un vistazo breve.

Sin expresión.

Sin miedo.

Magnar sonrió más ampliamente.

—Que comience el espectáculo.

Levantó la mano.

Y las armas se lanzaron.

SHHK. SHHK. SHHK. SHHK.

Diez armas volaron hacia Arel.

Desde todos los ángulos.

Arel se movió.

Como un fantasma.

Esquivó la primera espada por centímetros.

Se agachó bajo una lanza.

Giró para evitar un hacha.

Saltó sobre una daga.

No se detuvo.

Seguía moviéndose.

Constantemente.

Más armas llegaban.

Una tras otra.

SHHK. SHHK. SHHK.

Arel las esquivaba todas.

Su cabello flotaba con el movimiento.

Sus ojos grises seguían sin expresión.

Pero su cuerpo…

Su cuerpo se movía con precisión absoluta.

Magnar observaba con fascinación.

—Increíble… su control corporal es perfecto.

Pero entonces sonrió.

—Veamos cuánto duras.

Aumentó el número.

Veinte armas ahora.

Treinta.

Todas atacando simultáneamente.

El aire se llenó de metal brillante.

Arel seguía esquivando.

Pero era más difícil ahora.

Una espada rozó su hombro.

Un corte superficial.

Una daga pasó cerca de su mejilla.

Otro corte.

Pero seguía moviéndose.

Sin detenerse.

Sin bloquear.

Solo esquivando.

Magnar frunció el ceño.

Todavía no usa sus barreras.

¿Por qué?

Decidió cambiar de estrategia.

Todas las armas se detuvieron.

Flotaron en el aire.

Y se reposicionaron.

Rodeando a Arel.

Formando un círculo perfecto.

Desde todos los ángulos.

Arriba.

Abajo.

Izquierda.

Derecha.

No había escapatoria.

Magnar levantó ambas manos.

—A ver si esquivas esto.

Y todas las armas se lanzaron.

Al mismo tiempo.

Hacia el centro.

Hacia Arel.

Arel no se movió.

Se quedó inmóvil.

Y entonces…

CLANG. CLANG. CLANG. CLANG.

Todas las armas se detuvieron.

A centímetros de su cuerpo.

Como si hubieran chocado contra un muro invisible.

Flotaban en el aire.

Vibrando.

Tratando de avanzar.

Pero no podían.

El Vacío las detenía.

Todos los caballeros de Oriana abrieron los ojos.

Ignia murmuró:

—¿Qué… qué es eso?

Verdant negó con la cabeza.

—Barreras invisibles… nunca había visto algo así.

Shade silbó.

—Eso es trampa.

Silver frunció el ceño.

—No es trampa. Es… su magia.

Nyx observaba con fascinación.

—Interesante… muy interesante.

Bulwark golpeó su escudo nerviosamente.

—¿Cómo se supone que peleemos contra eso?

Crimson se rio, pero nerviosamente.

—Simplemente… no podemos tocarlo.

Luna habló con voz fría:

—Debe tener un límite. Todo lo tiene.

Magnar observaba.

Y entonces…

Sonrió.

Ya veo.

Levantó su lanza.

La cargó con maná.

Tanto que la lanza brillaba con luz plateada intensa.

Y la arrojó.

Con fuerza sobrenatural.

WHOOOOSH.

La lanza cortó el aire como un misil.

Directamente hacia Arel.

Y esta vez…

Arel no la detuvo con el Vacío.

Se movió.

Esquivó.

La lanza pasó junto a él y se clavó en el suelo detrás.

Todos observaban confundidos.

Celestia frunció el ceño.

—¿Por qué no la detuvo?

Seraphine asintió.

—Detuvo todas las demás… ¿por qué esa no?

Tenebris habló desde las sombras, su voz rasposa:

—Tiene un límite.

Tempest lo miró.

—¿Qué quieres decir?

A lo lejos, Taren murmuró:

—¿Por qué no detuvo esa?

Sheska se ajustó los lentes.

—Tal vez… no puede detener todo.

Lyra abrió los ojos.

—Tiene razón. El maná de esa lanza era enorme. Mucho mayor que las otras armas.

Kaerys asintió lentamente.

—Su poder tiene límites…

Su voz se quebró ligeramente.

Arel… ten cuidado.

Magnar lo había deducido.

Sonrió ampliamente.

—Ya veo.

Habló en voz alta, para que todos escucharan:

—Tu poder tiene un límite, ¿verdad?

Caminó hacia Arel lentamente.

—No puedes parar todo con tus “barreras”. Consumen mucho maná.

Hizo una pausa.

—Y no solo eso… tampoco puedes parar objetos demasiado pesados o que ejerzan una gran fuerza.

Señaló su lanza clavada.

—Como mi lanza.

Sonrió con burla.

—¿Estoy en lo correcto?

Titanius habló desde atrás, con voz de comprensión:

—Claro. Por eso detuvo mi ataque con su mano en lugar de usar sus barreras.

Se rio.

—Mi maza era demasiado pesada. Demasiada fuerza.

Magnar asintió.

—Exacto.

Miró a Arel directamente.

—Esa cara de chico rudo que tienes… te la quitaré pronto.

Hizo una señal con la mano.

—Celestia. Titanius. Tempest. Vengan.

Los tres se acercaron.

Rodearon a Arel.

Formando un cuadrado.

Magnar al frente.

Celestia a la izquierda.

Titanius atrás.

Tempest a la derecha.

Magnar sonrió con malicia.

—Hasta ahora solo has esquivado, niño.

Hizo una pausa.

—Va siendo hora de que hagas algo… o morirás.

Arel no respondió.

Pero algo cambió.

Apretó los puños.

Lentamente.

Sus nudillos se pusieron blancos.

Y entonces…

Atacaron.

Los cuatro se movieron al mismo tiempo.

Magnar con su lanza desde el frente.

Celestia con su sable desde la izquierda.

Titanius con su maza desde atrás.

Tempest con electricidad desde la derecha.

Arel saltó.

Alto.

Muy alto.

Las cuatro atacaron chocaron en el espacio vacío donde había estado.

CRASH.

El suelo explotó.

Arel aterrizó varios metros atrás.

Pero ya venían de nuevo.

Magnar fue primero.

Estocada rápida.

Arel se inclinó hacia un lado.

Esquivó.

Celestia atacó desde su punto ciego.

Corte horizontal.

Arel se agachó.

El sable pasó sobre su cabeza.

Titanius levantó la maza.

La dejó caer.

Arel rodó hacia un lado.

CRASH.

El suelo donde había estado se desintegró.

Tempest apareció frente a él.

Moviéndose como un rayo.

Puño cargado con electricidad.

Arel levantó el brazo.

Bloqueó con el Vacío.

CRACK.

La electricidad chisporroteó contra la barrera invisible.

Tempest retrocedió.

—Tch. Esas malditas barreras.

Continuaron.

Ataque tras ataque.

Arel esquivaba.

Retrocedía.

Saltaba.

Rodaba.

Pero no contraatacaba.

Solo se defendía.

Celestia creó cristales bajo los pies de Arel.

Tratando de atraparlo.

Arel saltó antes de que se formaran.

Aterrizó en otra zona.

Pero Titanius ya estaba ahí.

Levantó muros de tierra.

Rodeando a Arel.

Acorralándolo.

Arel retrocedió.

Su espalda chocó contra el muro.

Celestia aprovechó.

Creó cristales desde el suelo.

Encerraron los pies de Arel.

Lo inmovilizaron.

Magnar sonrió.

Rodeó los costados de Arel con armas flotantes.

Lanzas.

Espadas.

Dagas.

Todas apuntando.

Tempest se posicionó frente a él.

Sus ojos brillaban con electricidad azul.

—Terminemos esto.

Se lanzó.

Como un rayo literal.

Cruzó la distancia en una fracción de segundo.

Puño cargado.

Apuntando directo al rostro de Arel.

Y entonces…

Arel desapareció.

No.

Se movió.

Tan rápido que nadie lo vio.

En menos de un segundo.

Esquivó el ataque de Tempest.

Se movió hacia un lado.

Los cristales en sus pies se rompieron.

Y asestó un golpe.

Al costado de Tempest.

BOOM.

El impacto fue brutal.

Tempest salió disparada.

Rodó por el suelo varios metros.

Se detuvo finalmente.

Tosiendo.

—Maldición…

Se tocó el costado.

Duele.

Duele mucho.

No estaba noqueada.

Pero definitivamente lo sintió.

Los demás observaban con sorpresa.

Magnar frunció el ceño.

—Rápido… muy rápido.

Celestia se puso en guardia.

—No lo subestimen.

Titanius levantó su maza.

—Vamos de nuevo.

Y el combate continuó.

[Los siguientes minutos fueron un caos absoluto]

Magnar atacaba con su lanza y las armas flotantes.

Creando patrones imposibles de predecir.

Arel esquivaba.

Una espada desde arriba.

Se agachó.

Una lanza desde la izquierda.

Giró.

Una daga desde abajo.

Saltó.

Pero había demasiadas.

Una espada rozó su brazo.

Corte superficial.

Sangre.

Otra daga cortó su mejilla.

Otro corte.

Seguía moviéndose.

Celestia atacaba con su sable.

Cada corte era preciso.

Mortal.

Arel esquivaba la mayoría.

Pero algunos conectaban.

Corte en el hombro.

Corte en el muslo.

Cortes superficiales.

Pero ahí estaban.

Y Celestia también creaba cristales.

Tratando de atraparlo.

De inmovilizarlo.

Arel tenía que estar constantemente en movimiento.

No podía detenerse.

Ni un segundo.

Titanius era diferente.

No atacaba con frecuencia.

Pero cuando lo hacía…

Era devastador.

Levantaba su maza.

CRASH.

El suelo explotaba.

Creaba muros de tierra.

Bloqueando rutas de escape.

Lanzaba rocas del tamaño de personas.

Arel tenía que esquivarlas.

O bloquearlas con el Vacío.

Una roca grande voló hacia él.

Arel la detuvo con el Vacío.

Pero la fuerza lo empujó hacia atrás.

Pesada.

Demasiado pesada.

Tempest era la más rápida.

Se movía como electricidad pura.

Aparecía a la izquierda.

Atacaba.

Desaparecía.

Reaparecía a la derecha.

Atacaba de nuevo.

Era impredecible.

Arel apenas podía seguirle el ritmo.

Un puñetazo conectó en su costado.

CRACK.

Electricidad recorrió su cuerpo.

Arel hizo una pequeña mueca de dolor.

Retrocedió.

Jadeando.

Pero no se detuvo.

Contraatacó.

Un puñetazo hacia Magnar.

Magnar lo bloqueó con la lanza.

CLANG.

Pero el impacto lo hizo retroceder.

Fuerte.

Muy fuerte.

Arel pateó hacia Celestia.

Ella lo bloqueó con cristales.

CRASH.

Los cristales se agrietaron.

Celestia retrocedió.

¿Cómo puede golpear tan fuerte?

Arel esquivó la maza de Titanius.

Rodó.

Se levantó.

Golpeó el costado del gigante.

BOOM.

Titanius ni siquiera se movió.

—¿Eso es todo?

Se rio.

Arel saltó hacia atrás.

Evitando un ataque de Tempest.

El combate continuaba.

Minuto tras minuto.

Arel acumulaba más cortes.

Más heridas.

Brazo.

Pierna.

Espalda.

Rostro.

Sangre corría por su cuerpo.

Pero no se curaba.

No usaba su sanación.

Solo seguía peleando.

Magnar lo notó.

—¿Por qué no te curas?

Atacó de nuevo.

—¿Acaso no puedes?

Arel esquivó.

No respondió.

Celestia habló mientras atacaba:

—Tal vez… su sanación también consume maná.

Cortó hacia Arel.

—Y está ahorrando todo lo que puede.

Tempest apareció detrás de Arel.

—Entonces solo tenemos que agotarlo.

Atacó.

Arel se giró.

Bloqueó con el Vacío.

Contraatacó.

Tempest esquivó.

—Aunque… no parece estar agotándose.

Titanius levantó muros de tierra.

Acorralando a Arel de nuevo.

—Es resistente. Lo admito.

Dejó caer la maza.

Arel la detuvo con el Vacío.

Pero el esfuerzo era visible.

Sus brazos temblaban.

No puedo mantener esto por mucho más.

A lo lejos, el equipo observaba con horror.

Taren apretaba los puños tan fuerte que sangraban.

—No puede… no puede seguir así…

Su voz se quebró.

Sheska tenía lágrimas en los ojos.

—Está herido… está sangrando…

Se ajustó los lentes con manos temblorosas.

—¿Por qué no se cura?

Lyra tenía los ojos cerrados.

Sintiendo el flujo de maná de Arel.

—Está… conservando energía.

Su voz era apenas un susurro.

—Sabe que no puede ganar con fuerza bruta.

Abrió los ojos.

Y había lágrimas.

—Está esperando… el momento perfecto.

Pero… ¿cuánto más puede aguantar?

Miró a Arel.

Cubierto de sangre.

Rodeado de enemigos.

Por favor…

Por favor no mueras.

No puedes morir.

No así.

Kaerys observaba en silencio.

Pero sus manos temblaban violentamente.

Arel…

Su pecho se apretaba.

Quiero ayudarte.

Quiero ir ahí.

Quiero protegerte.

Pero no podía moverse.

Sus heridas eran demasiado graves.

Su cuerpo apenas respondía.

Soy inútil.

Completamente inútil.

Las lágrimas comenzaron a caer.

No puedo hacer nada.

Solo… observar.

Miró a Arel directamente.

Y en ese momento…

Sus ojos se encontraron.

Por una fracción de segundo.

Arel la miró.

Y en esos ojos grises…

Había algo.

No vacío.

Sino…

Determinación.

“Estaré bien” parecían decir.

“Confía en mí”.

Kaerys sintió algo quebrarse en su pecho.

Arel… idiota.

No tienes que hacer esto solo.

No tienes…

Pero la mirada se rompió.

Arel volvió al combate.

Y Kaerys se quedó ahí.

Impotente.

Llorando en silencio.

El combate continuaba.

Arel retrocedió.

Esquivando un corte de Celestia.

Saltó.

Evitando la maza de Titanius.

Giró.

Bloqueando un ataque de Tempest con el Vacío.

Pero entonces…

Celestia vio su oportunidad.

Arel había retrocedido.

Por solo un segundo.

Para tomar distancia.

Recuperar el aliento.

Y Celestia se lanzó.

Con velocidad brutal.

Su sable brillaba.

Imbuido de maná.

Cortó.

Directo hacia el brazo izquierdo de Arel.

Arel no reaccionó a tiempo.

SCHLK.

El sable atravesó.

Limpiamente.

Cortando carne.

Hueso.

Nervios.

Todo.

El antebrazo izquierdo de Arel cayó al suelo.

Desde el codo hacia abajo.

Rodó.

Se detuvo.

Sangre brotaba de la herida.

Silencio absoluto.

Todos observaban.

Celestia retrocedió.

Jadeando.

Lo hice.

Le corté el brazo.

Arel no reaccionó.

No gritó.

No se quejó.

Solo…

Miró su brazo.

El muñón sangrante.

Donde solía estar su mano.

Sin expresión.

Sin emoción.

Y entonces…

Giró.

Levantó su brazo derecho.

Puño cargado con maná.

Y golpeó.

BOOM.

El impacto conectó directamente en el pecho de Celestia.

Ella salió disparada.

Como un proyectil.

Diez metros.

Veinte.

Aterrizó rodando.

Finalmente se detuvo.

Hincada con una rodilla.

Tosiendo.

Duele.

Maldición… duele.

Se tocó el pecho.

Nada roto.

Pero definitivamente lo sintió.

Miró a Arel.

Es… fuerte.

Muy fuerte.

Pero sin un brazo…

No puede hacer mucho más.

El equipo de Arel explotó.

Taren gritó:

—¡NO!

Se levantó.

—¡TENGO QUE AYUDARLO!

Sheska lo agarró del brazo.

—¡No! ¡Es suicidio!

Taren trató de zafarse.

—¡NO ME IMPORTA!

Lágrimas corrían por su rostro.

—¡NO VOY A QUEDARME AQUÍ OTRA VEZ!

—¡NO COMO CON MARCUS!

Lyra también lo sostuvo.

—¡Taren, espera!

Pero Taren estaba desesperado.

—¡SUÉLTENME!

Kaerys habló.

Su voz era firme.

A pesar del dolor.

A pesar de las lágrimas.

—Detente.

Taren la miró.

—¡Pero…!

—Hay algo raro —interrumpió Kaerys.

Señaló hacia Arel.

—Su maná… está cambiando.

Todos miraron.

Arel observaba su brazo faltante.

La sangre corría.

El dolor era…

Distante.

Como si no fuera real.

No cerró los ojos.

No hizo expresión facial.

Y entonces…

Un aura blanca comenzó a brillar.

Alrededor del muñón.

Suave al principio.

Luego más intensa.

Y de la herida…

Comenzó a crecer.

Hueso.

Blanco.

Puro.

Emergiendo de la carne.

Lentamente.

Visible.

Milímetro a milímetro.

El cúbito.

El radio.

Los huesos del carpo.

Los metacarpianos.

Las falanges.

Todo.

Regenerándose.

Todos observaban con horror absoluto.

Ignia se cubrió la boca.

—Qué… qué es…

Verdant retrocedió un paso.

—Eso no es… natural…

Shade temblaba.

—Los huesos… están creciendo…

Silver no podía apartar la mirada.

—Esto es… imposible…

Nyx murmuró:

—Fascinante… absolutamente fascinante…

Garret cayó de rodillas.

—Estamos peleando contra un monstruo…

Candy dejó de sonreír.

—Esto… no es divertido…

Luna habló con voz temblorosa:

—¿Cómo… cómo detenemos algo así?

Crimson no respondió.

Solo miraba.

Aterrorizado.

Forest susurró:

—¿Deberíamos huir?

Ember no podía respirar bien.

—¿Huir? ¿A dónde?

Celestia observaba desde su posición.

Sus ojos abiertos.

¿Qué… qué demonios es él?

Seraphine estaba paralizada.

—Madre… esto es…

No pudo terminar.

Tempest retrocedió varios pasos.

—Okay… esto es oficialmente aterrador.

Titanius observaba en silencio.

Magnar no decía nada.

Solo miraba.

Con fascinación.

Y algo de miedo.

Y Elion Vitalis…

Elion observaba con los ojos brillando.

—Increíble…

Se ajustó los lentes.

—Regeneración de alto nivel… no, más que eso.

Murmuró para sí mismo.

—Reconstrucción celular acelerada. Formación ósea visible. Control perfecto del maná interno.

Sonrió.

—Es… más único de lo que creía. Esto me recuerda a ese tal Yuren…

Los huesos terminaron de formarse.

Un brazo esquelético.

Completo.

Y entonces…

Los nervios.

Rojos.

Brillantes.

Se tejieron alrededor de los huesos.

Como hilos de luz.

Conectándose.

Formando la red nerviosa.

Luego los músculos.

Fibra por fibra.

Rojo oscuro.

Creciendo.

Envolviéndose alrededor del esqueleto.

Formando forma.

Los tendones.

Los vasos sanguíneos.

Todo.

Y finalmente…

La piel.

Pálida.

Extendiéndose desde el muñón hacia la punta de los dedos.

Cubriendo todo.

Hasta que…

El brazo estaba completo.

Como si nunca hubiera sido cortado.

Arel movió los dedos.

Probando.

Cerró el puño.

Abrió la mano.

Funcionaba perfectamente.

Nadie hablaba.

Nadie se movía.

Todos estaban en shock absoluto.

Sheska susurró:

—Eso… eso es…

No pudo terminar.

Taren cayó de rodillas.

—¿Cómo…?

Lyra tenía los ojos abiertos.

Lágrimas cayendo.

Arel…

¿Qué eres?

Su corazón latía con fuerza.

Eres… increíble.

Aterrador.

Pero increíble.

Sintió algo en su pecho.

Algo cálido.

Quiero conocerte más.

Quiero entender quién eres realmente.

Quiero…

Se detuvo.

¿Qué me está pasando?

Kaerys observaba con una mezcla de asombro y terror.

Regeneró… todo su brazo.

En segundos.

¿Cómo es eso posible?

Pensó en Yuren.

¿Esto también te lo enseñó?

¿O es algo más?

Miró los ojos de Arel.

Y notó algo.

El brillo… está decayendo.

Sus ojos grises ya no brillaban tanto.

Se está agotando.

Tiene que terminar esto pronto.

O…

No quiso completar el pensamiento.

Arel probó su brazo una última vez.

Y entonces…

Hizo una pequeña mueca.

Apenas visible.

Habló.

En voz baja.

Para sí mismo.

—Debo acabar esto.

Hizo una pausa.

—No queda mucho tiempo.

Y entonces…

Comenzó a levitar.

Sus pies se separaron del suelo.

Apenas unos centímetros.

Pero ahí estaba.

Flotando.

Se alejó de sus adversarios.

Lentamente.

Deslizándose por el aire.

Todos observaban con incredulidad renovada.

Ignia gritó:

—¡¿AHORA PUEDE VOLAR?!

Verdant negó con la cabeza.

—No es vuelo. Es… levitación.

Murmuró:

—Similar a cómo yo uso el viento…

Shade susurró:

—¿Cuántas cosas más puede hacer?

Magnar observaba con expresión seria.

Está usando sus barreras para elevarse, es como su anulara la gravedad alrededor de su cuerpo.

Interesante aplicación.

Muy interesante.

Arel se detuvo varios metros atrás.

Tocó el suelo.

Sus pies se asentaron.

Y miró a Magnar.

Directamente.

Habló.

Su voz era clara.

Firme.

—Tú eres el líder, ¿no?

Magnar no respondió de inmediato.

Estaba demasiado sorprendido.

Por todo lo que había visto.

Por todo lo que Arel había hecho.

Este chico…

No es normal.

Para nada.

Arel extendió su mano derecha.

Frente a él.

Y comenzó a condensar maná.

Una esfera comenzó a formarse.

Pequeña al principio.

Del tamaño de una canica.

Negra.

Absolutamente negra.

Como si fuera un agujero en la realidad.

Pero con algo más.

Vetas turquesa.

Brillantes.

Pulsando dentro de la oscuridad.

Como venas de luz.

La esfera crecía.

Lentamente.

Más grande.

Y con ella…

Venía una fuerza.

Una atracción.

El aire comenzó a ser succionado hacia la esfera.

Las piedras del suelo temblaban.

Algunas comenzaban a levitar.

Atraídas.

Los caballeros sentían la fuerza.

Ignia se agarró de un árbol.

—¡¿Qué ES ESO?!

Verdant clavó su espada en el suelo.

Sosteniéndose.

Shade se tiró al suelo.

Abrazando una roca.

Todos luchaban contra la atracción.

La esfera seguía creciendo.

Del tamaño de una pelota.

Luego de un barril.

Luego de una casa pequeña.

Y seguía.

Las vetas turquesa pulsaban más rápido.

Como un corazón.

El sonido era aterrador.

Un zumbido grave.

Profundo.

Que hacía vibrar los huesos.

Magnar observaba con los ojos muy abiertos.

Esto… esto es…

No podía encontrar palabras.

Este chico no es un caballero normal.

No es un Custodio.

Ni siquiera un Arconte regular.

Su mente trabajaba a toda velocidad.

Este poder… esta presencia…

Es el nivel de…

Un Aegis.

Un caballero capaz de proteger un reino él solo.

Miró a Arel.

Y por primera vez en años…

Sintió miedo.

¿Qué clase de hombre… eres?

La esfera alcanzó su tamaño máximo.

Enorme.

Del tamaño de una casa completa.

Tal vez más.

Flotando frente a Arel.

Negra como el vacío del espacio.

Con vetas turquesa que brillaban como estrellas lejanas.

Hermosa.

Y aterradora.

Arel la miró.

Y entonces…

Habló.

Dos palabras.

Claras.

Finales.

—Vacío Absoluto.

Y la lanzó.

La esfera se movió.

Se movia rápido.

Imparable.

Como una avalancha.

Como un tsunami.

Como el destino mismo.

Arrasaba todo a su paso.

Un árbol.

Desapareció.

No explotó.

No se desintegró.

Simplemente…

Dejó de estar.

Como si nunca hubiera existido.

Otro árbol.

Desapareció.

El suelo.

Desapareció.

Rocas.

Arbustos.

Aire.

Todo lo que tocaba la esfera…

Dejaba de ser.

Y se dirigía directamente hacia Magnar.

Magnar estaba paralizado.

No podía moverse.

Voy a morir.

Este es… mi fin.

Pero entonces…

Titanius apareció.

Se lanzó.

Empujó a Magnar hacia un lado.

Con toda su fuerza.

Magnar cayó rodando.

A salvo.

Y Titanius…

Recibió el ataque de lleno.

WHOOOOSH.

La esfera lo engulló.

Completamente.

No hubo grito.

No hubo explosión.

Solo…

Nada.

Titanius desapareció.

Como si nunca hubiera estado ahí.

La esfera continuó.

Atravesó el campo de batalla.

Los caballeros se lanzaron a los lados.

Gritando.

Aterrorizados.

La esfera avanzó.

Kilómetros.

Devorando todo.

Árboles.

Rocas.

El suelo mismo.

Hasta que…

Impactó contra una montaña.

A varios kilómetros de distancia.

BOOM.

No.

No hubo boom.

La montaña…

Simplemente desapareció.

Un tercio de ella.

Como si alguien la hubiera borrado.

Dejando un corte perfecto.

Liso.

Imposible.

Y la esfera…

Se disipó.

Desapareció.

Dejando solo silencio.

Nadie se movía.

Nadie respiraba.

Todos miraban hacia donde había estado Titanius.

No quedaba nada.

Ni un rastro.

Ni un pedazo de armadura.

Ni sangre.

Ni huesos.

Nada.

Como si nunca hubiera existido.

Magnar estaba de rodillas.

Mirando el espacio vacío.

Titanius…

Mi amigo…

Dio su vida… por mí.

Sus manos temblaban.

—No… no puede ser…

Su voz se quebró.

—Titanius… no…

Los caballeros de Oriana estaban en shock.

Ignia lloraba.

—Eso… eso fue…

No pudo continuar.

Verdant tenía los ojos vidriosos.

—Mató a Titanius… sin esfuerzo…

Shade temblaba.

—Ni siquiera… ni siquiera quedó un cuerpo…

Silver cayó de rodillas.

—¿Cómo peleamos contra eso?

Nyx no podía hablar.

Solo miraba.

Con terror absoluto.

Garret vomitó.

El horror era demasiado.

Candy dijo con terror.

—Hay que largarse…

Luna estaba paralizada.

—Ese poder… no es humano…

Crimson retrocedió.

—Tenemos… tenemos que huir…

Forest asintió.

—Sí… antes de que nos mate a todos…

Ember no podía dejar de temblar.

—¿Vieron… vieron la montaña?

Celestia estaba en shock.

Un tercio de una montaña…

Desapareció.

¿Qué clase de poder… es ese?

Seraphine aterrada dijo.

—Madre… tengo miedo…

Celestia la abrazó.

—Yo también, hija…

—Yo también…

Tempest había caído sentada.

—Okay… esto es… esto es…

No pudo terminar.

Tenebris observaba en silencio.

Pero incluso él…

Estaba aterrorizado.

Elion Vitalis tenía los ojos muy abiertos.

—Eso… eso no debería ser posible…

Murmuró.

—Ni siquiera Elior puede hacer algo así, un sanador con un gran poder destructivo al mismo tiempo…

Se ajustó los lentes con manos temblorosas.

—Ese chico… es un monstruo…

A lo lejos, el equipo de Arel estaba igual.

Sheska no podía hablar.

Solo miraba.

Con la boca abierta.

Taren estaba paralizado.

—Arel… ¿qué… qué hiciste?

Lyra tenía lágrimas corriendo por su rostro.

Pero no de tristeza.

De asombro.

De miedo.

De algo más que no podía nombrar.

Arel…

Ese poder…

Es…

Miró hacia donde había estado la montaña.

Aterrador.

Absolutamente aterrador.

Pero entonces miró a Arel.

De pie.

Jadeando.

Agotado.

Pero… usó ese poder para protegernos.

Para salvarnos.

Sintió algo cálido en su pecho.

Eres increíble, Arel.

Aterrador.

Pero increíble.

Quiero… quiero estar a tu lado.

Quiero conocerte más.

Quiero…

Kaerys observaba a Arel.

Y su corazón latía con fuerza.

Ese ataque…

Destruyó parte de una montaña.

¿Cómo es eso posible?

Pensó en Yuren.

En el Aegis.

En su padre.

Ninguno de ellos… podría hacer algo así.

O tal vez sí…

Pero Arel…

Arel tiene solo 15 años.

¿Qué será de él… cuando crezca?

Miró a Arel directamente.

Y sintió algo.

Algo que no había sentido antes.

Miedo.

No de él.

Sino… por él.

Ese poder… lo consumirá.

Si no tiene cuidado…

Se perderá en él.

Y entonces…

Un pensamiento más profundo.

No puedo dejar que eso pase.

Tengo que… estar con él.

Protegerlo.

Así como él me protegió.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Arel… idiota.

No tienes que cargar con todo tú solo.

Estoy aquí.

Siempre… estaré aquí.

Se tocó el pecho.

Donde su corazón latía.

Y supo.

Esto… esto es…

No quiso nombrarlo.

Todavía no.

Pero lo sentía.

Creciendo.

Imparable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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