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El caballero del Vacío - Capítulo 25

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Capítulo 25: El precio del Vacío

Capítulo 25

Arel jadeaba.

No podía parar.

Su respiración era errática.

Desesperada.

Como si sus pulmones no pudieran obtener suficiente aire.

Estaba demasiado cansado.

Demasiado.

Sus piernas temblaban.

Apenas podía mantenerse en pie.

Y entonces…

Cayó.

De rodillas.

Una pierna se dobló primero.

Luego la otra.

El suelo duro golpeó sus rodillas con fuerza.

Pero apenas lo sintió.

Todo dolía demasiado como para notar eso.

Miró al frente.

Hacia donde estaban los enemigos.

El color gris de sus iris estaba desapareciendo.

Lentamente.

Como tinta disolviéndose en agua.

Volviéndose café de nuevo.

Y con el cambio…

Llegó el dolor.

Dios.

DUELE.

Su cuerpo entero ardía.

No.

Quemaba.

Como si tuviera fuego corriendo por sus venas.

Como si cada célula estuviera siendo incinerada desde adentro.

Las heridas que tenía—los cortes, los rasguños—ya no solo dolían.

Ardían.

Como si alguien hubiera vertido ácido en cada una.

La sangre que salía de ellas…

Se sentía como lava.

Líquida.

Hirviendo.

Consumiéndolo.

¿Qué… qué me está pasando?

Apretó los dientes.

Tratando de no gritar.

Tengo que… terminar esto.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, extendió su mano derecha.

Temblorosa.

Inestable.

Hacia Magnar.

Voy a… aplastarlo.

Como hice con Gorath.

Tengo que…

Pero entonces…

Nada.

Su mano cayó.

El maná no respondió.

El Vacío no apareció.

No… no puedo…

Sus ojos se abrieron con horror.

¡No puedo más!

Iba a colapsar.

Lo sabía.

Lo sentía.

Su visión comenzaba a nublarse.

El mundo se inclinaba.

Pero no puedo demostrarlo.

No puedo…

Dejar que sepan…

Que estoy…

Acabado.

Magnar lo vio.

Todo.

La mano temblorosa.

La falta de respuesta del Vacío.

La forma en que Arel se sostenía a duras penas.

Y supo.

Sonrió.

Una sonrisa llena de dolor.

De furia.

De sed de venganza.

—¡ESTÁ DÉBIL! —gritó.

Su voz resonó por todo el campo de batalla.

Todos los caballeros de Oriana levantaron la vista.

—¡ESE ATAQUE LO AGOTÓ! ¡NO PUEDE PELEAR MÁS!

Los caballeros se pusieron alerta.

Muchos estaban aterrorizados todavía.

El recuerdo de Titanius desapareciendo estaba fresco.

Pero…

Magnar tenía razón.

El chico estaba acabado.

Y Titanius…

Titanius murió.

La furia comenzó a reemplazar el miedo.

Ignia apretó los puños.

—Ese bastardo… mató a Titanius…

Verdant tomó su arco.

—Tenemos que vengar a nuestro compañero.

Shade sacó sus dagas.

—No podemos dejar que esto quede así.

Silver hizo girar su látigo.

—Por Titanius.

Nyx levantó su bastón.

—Por nuestro camarada caído.

Uno por uno, los caballeros tomaron sus armas.

La moral subía.

El miedo se transformaba en furia.

En sed de venganza.

Celestia se puso de pie.

—Vamos a terminar esto.

Seraphine asintió, con lágrimas en los ojos pero determinación en su rostro.

—Por el maestro Titanius.

Tempest se incorporó, tocándose el costado adolorido.

—Ese chico… va a pagar.

Los caballeros ordinarios también se levantaron.

Decenas de ellos.

Todos listos.

Todos furiosos.

Magnar levantó su lanza.

—¡POR TITANIUS!

—¡POR TITANIUS! —gritaron todos al unísono.

Y se prepararon para cargar.

Arel los veía.

Todo parecía moverse en cámara lenta.

Sus pies acercándose.

Sus armas levantándose.

Sus gritos de guerra llenando el aire.

Es mi fin.

Estaba desplomándose.

Lentamente.

Su cuerpo dejaba de responder.

No puedo… moverme.

No puedo… pelear.

No puedo… hacer nada.

Y mientras caía…

El tiempo pareció detenerse.

Sus pensamientos se aceleraron.

¿Hice… lo suficiente?

Pensó en Yuren.

En su entrenamiento.

En todo lo que le había enseñado.

¿Estuve… a la altura?

Pensó en Kael.

Su padre.

El legendario Aegis.

¿Hice algo… digno de ti?

Una parte de él estaba satisfecha.

Aguanté lo que pude.

Hice… lo mejor que pude.

Protegí a mis compañeros.

Detuve a un ejército.

Aunque sea… por un momento.

Pero entonces…

Otra realización.

No pensé… que moriría tan joven.

Tenía 15 años.

Apenas había comenzado a vivir.

No es… lo que quería.

Pero…

Pensó en los caballeros que había matado.

Gorath.

Titanius.

Mordrin.

Y probablemente algunos ordinarios con el Vacío Absoluto.

La culpa que había sentido antes…

Ya no estaba.

Tal vez… ese sea mi destino.

Ser un arma.

Algo capaz de acabar con ejércitos.

De aniquilar enemigos.

De matar… sin sentir.

Y entonces se detuvo.

¿Qué estoy pensando?

El horror lo golpeó.

Eso es… suicida.

Eso va… en contra de todo lo que mamá me enseñó.

Recordó sus palabras.

“Salva vidas, hijo. No las tomes.”

Se sintió… menos orgulloso.

Perdóname, mamá.

Su pecho se apretó.

No cumplí… lo que me pediste.

Me convertí en… lo que no querías que fuera.

Perdóname.

Ese fue su último pensamiento.

Mientras caía al suelo.

Completamente.

Su rostro golpeó la tierra.

Y todo se volvió negro.

Mientras esto sucedía…

En el cielo.

Algo se movía.

Una figura.

Flotando.

Observando.

Caelum Astryvane.

Había estado ahí durante los últimos minutos.

Invisible en las alturas.

Observando todo.

La batalla.

El Vacío Absoluto.

La caída de Titanius.

Y ahora…

La caída de Arel.

Sus ojos cósmicos brillaban con preocupación.

Ese chico…

Ha llegado muy lejos.

Pero…

Miró a los caballeros de Oriana preparándose para cargar.

No llegará más si no intervengo.

Comenzó a descender.

Lentamente.

Como una estrella cayendo del cielo.

A lo lejos, el equipo de Arel vio todo.

Sheska se cubrió la boca.

—No… no puede ser…

Taren gritó:

—¡AREL!

Intentó levantarse.

Correr hacia él.

Pero Lyra lo detuvo.

—¡Espera! ¡Nos matarán si salimos!

Lyra miraba con los ojos llenos de lágrimas.

Arel… no…

Por favor… no mueras.

No así.

No después de todo…

Kaerys observaba con expresión destrozada.

Sus manos temblaban violentamente.

Levántate.

Por favor.

Levántate.

Pero Arel no se movía.

Y los enemigos se acercaban.

No… no puedo perderlo.

No puedo…

Las lágrimas corrían libremente por su rostro.

AREL.

Y entonces…

Algo cambió.

El cielo.

Se oscureció.

No gradualmente.

Instantáneamente.

Como si alguien hubiera apagado el sol.

Todo quedó en sombras.

Oscuridad absoluta.

Todos levantaron la vista.

Y gritaron.

Caelum descendió del cielo.

Como un ángel.

Como una estrella.

Su túnica azul medianoche ondeaba con el viento.

Sus ojos cósmicos brillaban en la oscuridad—galaxias enteras contenidas en sus iris.

Y mientras descendía…

El cielo cambió.

La oscuridad se llenó de luz.

No del sol.

Sino de estrellas.

Miles.

Millones.

Apareciendo de la nada.

Llenando el firmamento.

Como si la noche hubiera llegado en un instante.

Pero no era noche.

Era él.

Su magia.

Aterrizó suavemente frente a Arel.

De pie entre el chico caído y el ejército enemigo.

Sus pies tocaron el suelo sin sonido.

Sin esfuerzo.

Y entonces…

Habló.

Su voz era tranquila.

Pero resonaba.

Como el eco del cosmos.

—Suficiente.

Los caballeros de Oriana se detuvieron.

En seco.

Mirando al recién llegado.

Ignia retrocedió un paso.

—¿Quién… quién es ese?

Verdant entrecerró los ojos.

—Esa túnica… ese cabello plateado…

Shade susurró:

—No puede ser…

Silver dejó caer su látigo.

—Es… es él…

Nyx temblaba.

—Caelum Astryvane…

Garret cayó de rodillas.

—El Arconte de las Estrellas…

Candy no podía hablar.

Luna retrocedió varios pasos.

—Estamos… acabados…

Crimson tragó saliva.

—Es uno de los Arcontes más poderosos de Aorion…

Forest murmuró:

—Dicen que puede destruir ejércitos enteros él solo…

Ember no podía dejar de temblar.

—¿Qué hacemos…?

Los murmullos se extendieron.

Entre todos los caballeros.

Ordinarios y élites por igual.

El nombre Caelum Astryvane era conocido.

Temido.

Respetado.

Celestia apretó la empuñadura de su sable.

—Esto… complicó las cosas.

Seraphine miraba con terror absoluto.

—Madre… ¿qué hacemos?

Tempest retrocedió.

—No podemos pelear contra él… ¿verdad?

Magnar observaba en silencio.

Con expresión seria.

Caelum Astryvane.

El Estelar.

Uno de los Arcontes de élite de Aorion.

Apretó la empuñadura de su lanza.

No podemos ganar.

No contra él.

No ahora.

No en este estado.

A lo lejos, el equipo reaccionó.

Taren gritó:

—¡ES CAELUM!

Sheska se ajustó los lentes con manos temblorosas.

—Los… los refuerzos llegaron…

Su voz se quebró.

—Llegamos… a tiempo…

Lyra comenzó a llorar.

De alivio.

De felicidad.

De gratitud absoluta.

—Arel… Arel está a salvo…

Se cubrió el rostro con las manos.

—Gracias… gracias…

Kaerys no podía hablar.

Solo miraba.

A Caelum.

De pie frente a Arel.

Protegiéndolo.

Llegó a tiempo.

Llegó…

Sus piernas cedieron.

Cayó sentada.

El alivio era demasiado.

Demasiado abrumador.

Las lágrimas no paraban.

Está a salvo.

Arel está a salvo.

Caelum se puso frente a Arel.

Completamente.

Como un muro.

Miró a Magnar directamente.

—Ya han muerto varios.

Su voz era suave.

Pero firme.

—Incluyendo de los suyos.

Hizo una pausa.

El cielo estrellado pulsaba sobre ellos.

—Les doy la oportunidad de retirarse.

Sus ojos cósmicos brillaron.

—Ninguno de los presentes podría conmigo.

El silencio era absoluto.

Nadie se movía.

Nadie respiraba.

Magnar sabía que tenía razón.

Maldición.

Tiene razón.

Apretó los dientes.

No podemos ganar.

No en este estado.

No después de enfrentarnos a ese chico.

Y ahora… Caelum Astryvane.

Miró a sus compañeros.

Heridos.

Agotados.

Aterrorizados.

Si peleamos ahora…

Moriremos todos.

Tenemos que… retirarnos.

Pero la furia lo consumía.

Titanius había muerto.

Su amigo.

Su compañero.

Y no puedo vengarl ahora.

La impotencia lo carcomía.

Pero no tenía opción.

A regañadientes, habló:

—Nos… retiramos.

Su voz temblaba de furia contenida.

Los demás lo miraron con incredulidad.

Celestia frunció el ceño.

—¿Qué? Pero…

—¡DIJE QUE NOS RETIRAMOS! —gritó Magnar.

Su voz resonó por todo el campo.

Los caballeros se tensaron.

Algunos querían protestar.

Somos muchos.

Entre todos… tal vez podríamos…

Pero entonces…

Caelum cerró los ojos.

La oscuridad se hizo más profunda.

Absoluta.

Como si la realidad misma se hubiera apagado.

Y en el cielo…

Las estrellas brillaron más.

Mucho más.

No solo brillaban.

Pulsaban.

Con poder.

Con amenaza.

Y todos sintieron algo.

Una presión.

Inmensa.

Aplastante.

Como si el peso del cosmos entero cayera sobre sus hombros.

Algunos caballeros cayeron de rodillas.

Otros jadeaban.

Tratando de respirar.

La presión era insoportable.

A lo lejos, Kaerys habló rápidamente:

—¡Estén atentos!

Su voz era urgente.

—Esa es… la hechicería de Caelum.

Taren la miró.

—¿Qué hace exactamente?

Kaerys negó con la cabeza.

—No lo sé con certeza. Es un secreto de estado… su funcionamiento exacto.

Hizo una pausa.

—Pero… sé que es muy destructiva.

Sheska murmuró:

—Destructiva es… quedarse corto…

Lyra no podía apartar la mirada.

—Siento… el cosmos entero ahí arriba…

Caelum abrió los ojos.

Y habló.

Su voz era tranquila.

Pero resonaba con poder absoluto.

—Esta es la última oportunidad.

Las estrellas pulsaron.

—No demerito que sean caballeros élite y de primer grado.

El cielo brilló más.

—Pero simplemente no son contrarios para mí.

Hizo una pausa.

—No ustedes.

La presión aumentó.

Insoportable.

Los caballeros de Oriana no sabían qué decir.

Ignia temblaba.

—Primero… ese chico…

Verdant completó:

—Y ahora… el Hechicero de las Estrellas…

Shade murmuró:

—Esto no pinta bien…

Celestia observaba las estrellas.

Si ataca…

Moriremos todos.

Sin posibilidad de defensa.

Seraphine lloraba.

—Madre… tengo miedo…

Celestia la abrazó.

—Yo también, hija…

Y entonces…

Magnar explotó.

—¡¡¡NOS RETIRAMOS AHORA, DIJE!!!

Su voz estaba llena de furia.

De impotencia.

De dolor.

—¡TODOS! ¡MUÉVANSE!

Los caballeros obedecieron.

De inmediato.

Se giraron.

Y comenzaron a correr.

Retirándose.

Algunos cargando a los heridos.

Otros simplemente huyendo.

El orgullo había desaparecido.

Solo quedaba la supervivencia.

Magnar fue el último.

Miró a Caelum.

Luego al cuerpo inconsciente de Arel.

Y apretó los dientes.

Volveremos.

Y cuando lo hagamos…

Acabaremos con ustedes.

Lo juro.

Se giró.

Y corrió.

Pasaron unos segundos.

Que parecieron eternos.

El silencio era absoluto.

Y entonces…

Tras dos minutos completos…

El equipo de Arel salió de su escondite.

Taren primero.

Cojeando pero rápido.

Sheska detrás.

Lyra ayudando a Kaerys.

Algunos caballeros ordinarios de Aorion que habían sobrevivido también emergieron.

Habían presenciado todo.

Ocultos.

Aterrorizados.

Pero vivos.

Y entonces…

La oscuridad desapareció.

El cielo estrellado se desvaneció.

La luz del día regresó.

Como si nada hubiera pasado.

Caelum bajó las manos.

Y se giró hacia el equipo.

Kaerys, a pesar de sus heridas, trató de acercarse.

Cojeaba.

Jadeaba.

Pero avanzaba.

Caelum la vio.

Y se acercó rápidamente.

Con expresión preocupada.

—Kaerys… ¿estás bien?

Se arrodilló frente a ella.

—Tus heridas… son graves.

Kaerys negó con la cabeza.

—Estoy… bien.

Siguió caminando.

Hacia Arel.

Caelum la siguió.

—¿Qué pasó? ¿Quién te atacó?

Kaerys habló mientras caminaba.

Su voz era débil.

Pero firme.

—Nos… emboscaron. Tres élites de Oriana.

Hizo una pausa.

—Sevrak, Valerius y… otro con magia de explosiones.

Llegó junto a Arel.

Y cayó de rodillas.

—Pero… Arel…

Su voz se quebró.

—Arel luchó contra todos ellos…

Lyra ya estaba junto a Arel.

Lo había levantado con cuidado.

Revisando sus heridas.

—Está ardiendo en temperatura —dijo con voz alarmada.

Tocó su frente.

—Dios… está hirviendo…

Revisó entre sus cosas.

Y las de Arel.

Encontró unas píldoras pequeñas en una bolsa.

—Píldoras de supervivencia…

Miró a Taren.

—¡Taren! ¡Ve a la carreta! ¡Busca los suministros médicos!

—¡Necesito extracto de salvia fría, raíz de hielo molida y agua purificada!

Taren asintió.

Y corrió.

Lo más rápido que pudo.

Kaerys tomó una de las manos de Arel.

Estaba caliente.

Demasiado caliente.

Como si tuviera fiebre extrema.

Cerró los ojos.

Y comenzó a usar su magia.

Hielo.

Suave.

Controlado.

Enfriando la mano de Arel lentamente.

Bajando su temperatura.

—Aguanta, Arel…

Su voz temblaba.

—Por favor… aguanta…

Taren regresó corriendo.

Con tres frascos en las manos.

—¡Los tengo!

Se los entregó a Lyra.

Lyra trabajó rápido.

Vertió el extracto de salvia fría en un recipiente pequeño.

Añadió la raíz de hielo molida.

Mezcló con agua purificada.

Y trituró las píldoras de supervivencia.

Las agregó a la mezcla.

Revolvió todo con precisión.

Creando una pasta espesa de color verde pálido.

—Esto debería bajar su temperatura y estabilizar su maná —murmuró.

Abrió la boca de Arel con cuidado.

Y vertió la mezcla.

Lentamente.

Asegurándose de que tragara.

Cuando terminó, cerró la boca de Arel.

Y esperó.

Caelum observaba todo.

—¿Hay algo que pueda hacer por él?

Kaerys levantó la vista.

—Con que… protejas el área es suficiente.

Su voz era débil.

Agotada.

—No sabemos… si regresarán.

Caelum asintió.

—Entendido.

Sonrió apenas.

—Montaré guardia entonces.

Miró a Arel.

Y pensó.

Este chico…

Luchó contra un ejército.

Él solo.

Y sobrevivió.

Miró a Kaerys.

Y Kaerys…

Está llorando.

Eso es… nuevo.

Nunca había visto a Kaerys llorar.

Nunca.

Siempre había sido fría.

Distante.

Inexpresiva.

Pero ahora…

Miraba a Arel con tal preocupación.

Tal angustia.

Este chico… movió algo en ella.

Sonrió apenas.

Interesante.

Se alejó.

A montar guardia.

El equipo se concentró en Arel.

Sheska ayudaba a Lyra.

Limpiando heridas.

Aplicando ungüentos.

Vendando cortes.

Taren traía agua.

Mantas.

Todo lo que podía.

Y Kaerys…

Kaerys no se apartaba.

Sostenía la mano de Arel.

Enfriándola constantemente.

Bajando su temperatura.

Sus ojos no se apartaban de su rostro.

—Por favor… despierta…

Susurraba.

Una y otra vez.

—No me dejes… Arel…

—Por favor…

Lyra también estaba al borde de las lágrimas.

Mientras vendaba las heridas de Arel.

Hiciste tanto…

Tanto por nosotros…

Por favor… no te rindas ahora.

Sheska se ajustó los lentes.

Tratando de esconder sus lágrimas.

—Vas a estar bien, Arel…

Su voz temblaba.

—Tienes que estarlo…

Taren se arrodilló junto a él.

—Hermano… gracias.

Su voz se quebró.

—Gracias por… protegernos.

—Por luchar… cuando nadie más podía.

—Eres… increíble.

Las horas pasaron.

Tratando a Arel.

Cuidándolo.

Rezando por él.

Mientras tanto…

En la mente de Arel.

Oscuridad.

Absoluta.

No veía nada.

No sentía nada.

Solo…

Vacío.

Y entonces…

Apareció.

Una figura.

Familiar.

Kael.

Su padre.

Estaba ahí.

Como siempre.

En ese espacio oscuro.

Pero algo era diferente.

La oscuridad era más densa.

Más pesada.

Apenas podía ver a su padre.

Y Kael…

No sonreía.

Tenía una expresión de preocupación.

De… miedo.

¿Padre?

¿Por qué… esa cara?

Kael abrió la boca.

Como si fuera a hablar.

Pero entonces…

Todo desapareció.

La figura de Kael.

El espacio.

Todo.

Reemplazado por…

Oscuridad absoluta.

Un abismo puro.

Más profundo que antes.

Más aterrador.

Arel flotaba en él.

Sin cuerpo.

Sin forma.

Solo… consciencia.

Y entonces…

Sintió algo.

Algo en el abismo.

No podía verlo.

Pero lo sentía.

Observándolo.

Desde las profundidades.

Desde el vacío mismo.

Su presencia era…

Inmensa.

Antigua.

Aterradora.

Y entonces…

Habló.

Una voz.

Que no era voz.

Que resonaba directamente en su mente.

Profunda.

Como el eco de eones.

“¿Qué eres?”

Arel sintió terror absoluto.

¿QUÉ ES ESO?

¿QUÉ…?

Abrió los ojos.

De golpe.

No.

Lentamente.

Pero asustado.

Su respiración era agitada.

Veía luz.

Pero era… tapada.

Por algo.

Tela.

Una carpa.

Estoy… en la carreta.

Escuchaba sonidos.

El traqueteo de ruedas.

El andar de caballos.

Nos estamos… moviendo.

La carreta se detuvo.

En un claro.

Arel parpadeó.

Tratando de enfocar.

Y entonces…

La carpa se abrió.

Y apareció un rostro.

Kaerys.

Sus ojos se abrieron.

Con sorpresa.

Con alivio.

Con alegría absoluta.

Una expresión que Arel nunca había visto en ella.

Tan… abierta.

Tan… genuina.

—Estás despierto.

Su voz estaba conmovida.

Alegre.

Casi rompiendo.

Arel parpadeó.

—Kaerys…

Su voz salió ronca.

Débil.

—Tus… heridas…

Kaerys se rio.

Una risa suave.

Pero llena de emoción.

—¿Cómo es posible?

Negó con la cabeza.

—Recién despiertas… ¿y preguntas por mis heridas?

Se inclinó hacia él.

—Deberías ver las tuyas.

Arel bajó la mirada.

Y vio.

Su cuerpo estaba cubierto.

Vendas.

Gasas.

Curitas.

Por todas partes.

Brazos.

Pecho.

Piernas.

Estoy… destrozado.

Miró su brazo izquierdo.

El que había perdido.

Estaba ahí.

Completo.

Vendado.

Pero ahí.

Lo regeneré…

¿Verdad?

Sus recuerdos eran difusos.

¿Qué… pasó exactamente?

Miró a Kaerys.

—¿Los demás…?

—¡AREL!

Un grito.

Taren apareció.

Saltó a la carreta.

Con una sonrisa enorme.

—¡Estás despierto, hermano!

Sheska apareció detrás.

—¡Gracias a Dios!

Se ajustó los lentes.

—Estábamos tan preocupados…

Lyra apareció también.

Con lágrimas en los ojos.

—Arel…

Su voz se quebró.

—Estás… despierto…

Se cubrió el rostro.

Llorando de alivio.

Arel los miró a todos.

Confundido.

—¿Qué… pasó?

—¿Después de que me desmayara?

Taren se sentó junto a él.

—Hermano… pasaron muchas cosas.

Sheska asintió.

—¿Recuerdas algo?

Arel cerró los ojos.

Tratando de recordar.

El Vacío Absoluto.

Titanius desapareciendo.

El ejército… acercándose.

Y entonces…

Nada.

Negó con la cabeza.

—Es… difuso.

—Recuerdo… mi ataque.

Hizo una pausa.

—Y luego… nada.

Lyra se acercó.

—Después de tu ataque… colapsaste.

Su voz temblaba.

—Estabas… acabado.

—Y el ejército enemigo… iba a atacarte.

Arel sintió cómo su pecho se apretaba.

—¿Entonces… cómo…?

Kaerys habló.

—Caelum Astryvane llegó.

Sus ojos brillaban.

—Justo a tiempo.

—Los hizo retirarse.

Arel parpadeó.

—¿Caelum…?

Sheska asintió.

—El Arconte de las Estrellas.

—Llegó con los refuerzos.

—Te salvó.

Taren se rio.

—¡Deberías haber visto a esos bastardos corriendo!

—Estaban aterrorizados.

Arel procesaba la información.

Caelum… me salvó.

Estoy… vivo.

Gracias a él.

Miró a Kaerys.

—¿Y tú? ¿Cómo están tus heridas?

Kaerys sonrió.

Apenas.

—Mejor. Gracias a ti.

Hizo una pausa.

—Me curaste… ¿recuerdas?

—Antes del ataque final.

Arel asintió débilmente.

—Sí…

—Creo que… recuerdo eso.

Lyra habló:

—Llevas tres días inconsciente, Arel.

Arel abrió los ojos.

—¿Tres… días?

Sheska asintió.

—Sí. Y tus heridas…

Hizo una pausa.

—Por alguna razón… sanan muy lento.

—Mucho más lento que antes.

Arel miró sus vendas.

¿Por qué?

Normalmente… sanaría rápido.

¿Qué pasó?

Taren habló:

—Nos detuvimos aquí para descansar.

Señaló afuera.

—Hay un río cerca. Es un lugar tranquilo.

—Pasaremos el resto del día aquí.

Sheska añadió:

—Y luego… continuaremos de regreso a la capital.

Arel frunció el ceño.

—¿De regreso? ¿La misión…?

Kaerys asintió.

—La misión terminó.

Su voz era seria.

—Y… lo que sucedió cambió muchas cosas.

—Aunque no lo creas.

Arel no entendía.

—¿Qué… quieres decir?

Lyra habló suavemente:

—Arel… derrotaste a un ejército.

—Tú solo.

—Mataste a tres caballeros élite de Oriana.

—Y repeliste a docenas más.

Hizo una pausa.

—Eso no es… algo pequeño.

Sheska asintió.

—El Alto Mando querrá hablar contigo.

—Querrá saber… qué eres exactamente.

Arel sintió algo frío en su pecho.

¿Qué soy?

La voz del abismo resonó en su mente.

“¿Qué eres?”

Se estremeció.

Hubo un silencio.

Pero no incómodo.

Sino… cálido.

Taren sonrió.

—Pero por ahora… solo descansa, hermano.

Se levantó.

—Ya pensaremos en eso después.

Sheska asintió.

—Taren tiene razón.

—Por ahora… solo recupera.

Se fue también.

Lyra se quedó un momento más.

Mirando a Arel con ternura.

—Me alegra… que estés bien.

Su voz era suave.

—Nos asustaste mucho.

Tocó su mano brevemente.

—Descansa.

Y se fue.

Solo quedó Kaerys.

Se sentó junto a él.

En silencio.

Arel la miró.

—Gracias.

Kaerys parpadeó.

—¿Por qué?

—Por… cuidarme.

Arel sonrió débilmente.

—Mientras estaba inconsciente.

Kaerys desvió la mirada.

Sus mejillas se tiñeron apenas de rosa.

—No fue… solo yo.

Hizo una pausa.

—Todos te cuidamos.

—Eres… parte del equipo.

Arel asintió.

—Aun así… gracias.

Kaerys lo miró.

Y esta vez…

No desvió la mirada.

—Arel.

—¿Sí?

—Lo que hiciste…

Su voz temblaba ligeramente.

—Fue… increíble.

—Y aterrador.

—Pero increíble.

Hizo una pausa.

—Nos salvaste a todos.

Sus ojos brillaban.

—Gracias.

Arel sintió algo cálido en su pecho.

—Yo… solo hice lo que pude.

Kaerys negó con la cabeza.

—No. Hiciste más que eso.

Se inclinó hacia él.

—Mucho más.

Sus rostros estaban cerca.

Demasiado cerca.

Arel sintió cómo su corazón latía más rápido.

¿Por qué… me siento así?

Kaerys parecía darse cuenta también.

Se apartó rápidamente.

—Descansa.

Se levantó.

—Te… veré después.

Y salió.

Rápidamente.

Arel se quedó ahí.

Mirando el lugar donde había estado.

¿Qué fue… eso?

Tocó su pecho.

Donde su corazón latía.

¿Por qué…?

Afuera de la carreta.

El equipo se había reunido.

Alrededor de una fogata pequeña.

El sol comenzaba a bajar.

La luz dorada bañaba el claro.

El río cercano hacía un sonido suave.

Tranquilo.

Taren sonreía.

—Está despierto.

—Finalmente.

Sheska se ajustó los lentes.

—Sí. Menos mal.

Lyra miraba hacia la carreta.

Con expresión suave.

—Estuvo cerca…

Su voz temblaba.

—Muy cerca…

Sheska la abrazó.

—Pero está bien ahora.

—Eso es lo que importa.

Kaerys llegó.

Se sentó junto a la fogata.

Con expresión… diferente.

Menos fría.

Menos distante.

Más… suave.

Taren la miró.

—¿Está bien?

Kaerys asintió.

—Sí. Despertó bien.

Hizo una pausa.

—Solo… necesita descansar.

Lyra sonrió.

—Me alegra.

Miró a Kaerys.

—¿Cómo te sientes tú?

Kaerys parpadeó.

—¿Yo?

—Sí. Estuviste muy herida.

Kaerys tocó su hombro.

Donde había sido atacada.

—Mejor. Ya casi no duele.

Sonrió apenas.

—Gracias a Arel.

Lyra asintió.

—Sí… él…

Su voz se suavizó.

—Es… especial.

Kaerys la miró.

Y vio algo en sus ojos.

Algo que reconoció.

Porque ella también lo sentía.

Lyra… ¿tú también…?

Desvió la mirada.

No.

No pienses en eso ahora.

Pero no podía evitarlo.

El sol se puso.

La noche llegó.

El equipo descansó.

Felices.

Aliviados.

Porque Arel estaba bien.

Porque habían sobrevivido.

Porque estaban juntos.

Y dentro de la carreta…

Arel dormía.

Profundamente.

Sin pesadillas.

Sin sueños.

Solo…

Paz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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