El Caballero Legendario - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 El Susurro de las Leyendas
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1: El Susurro de las Leyendas 1: El Susurro de las Leyendas Capítulo 1: El Susurro de las Leyendas El viento aullaba como un lobo hambriento, golpeando las paredes de la pequeña cabaña de madera.
Elian, con apenas quince inviernos a sus espaldas, se acurrucaba junto al fuego, intentando ignorar el frío que se filtraba por las rendijas.
Fuera, la aldea de Valle Umbrío dormía bajo un manto de nieve, ajena a los sueños que bullían en la mente del joven.
Tomó el libro de cuero gastado que descansaba en su regazo.
Las páginas, amarillentas por el tiempo, contenían relatos de héroes y villanos, de magia y batallas épicas.
Eran las leyendas de los Caballeros Legendarios, guerreros que habían jurado proteger el mundo de la oscuridad.
Elian conocía cada historia de memoria.
La valentía de Sir Kael, la sabiduría de Lady Lyra, el poder de Lord Valerius.
Sus nombres resonaban en su corazón como un eco de esperanza en medio de su vida solitaria.
Huérfano desde que tenía uso de razón, Elian había sido criado por la anciana Elara, la curandera de la aldea.
Ella le había enseñado a leer y escribir, pero fue en los libros donde Elian encontró su verdadera compañía.
“Tonterías,” solía decir Elara, mientras preparaba sus ungüentos y pociones.
“Las leyendas son solo cuentos para asustar a los niños.
La vida real es dura y cruel.” Pero Elian no podía evitar soñar.
Anhelaba escapar de la monotonía de Valle Umbrío, de los días grises y las noches frías.
Quería ser más que un simple aldeano.
Quería ser un caballero legendario.
Una noche, mientras leía sobre la espada de Sir Kael, un trueno sacudió la cabaña.
Elian saltó del susto, dejando caer el libro al suelo.
La llama de la vela parpadeó, amenazando con extinguirse.
De repente, un sonido rasgó el silencio.
Gritos.
Gritos de terror.
Elian corrió hacia la ventana y miró hacia afuera.
Antorchas danzaban en la oscuridad, iluminando figuras encapuchadas que corrían por las calles.
Bandidos.
Valle Umbrío estaba siendo atacada.
Sin pensarlo dos veces, Elian salió de la cabaña.
El frío lo golpeó como una bofetada, pero no se detuvo.
Corrió hacia el centro de la aldea, donde la gente se agolpaba, presa del pánico.
Los bandidos saqueaban las casas, robando comida y objetos de valor.
Algunos aldeanos intentaban resistirse, pero eran superados en número y en fuerza.
Elian vio a un bandido forcejeando con Elara, intentando arrebatarle su bolsa de hierbas.
La anciana se aferraba con todas sus fuerzas, pero era inútil.
La furia hirvió en el pecho de Elian.
No podía permitir que lastimaran a Elara.
Corrió hacia el bandido y lo golpeó con todas sus fuerzas.
El hombre cayó al suelo, sorprendido por el repentino ataque.
Elian ayudó a Elara a levantarse.
“Vete,” le dijo.
“Ponte a salvo.” “Pero tú…” “Estaré bien,” mintió Elian.
Elara lo miró con preocupación, pero asintió y corrió hacia el bosque.
Elian se enfrentó a los bandidos.
No tenía armas, solo su valor y su determinación.
Luchó con ferocidad, esquivando golpes y propinando patadas.
Su agilidad y velocidad sorprendieron a los bandidos, que no esperaban resistencia de un simple aldeano.
Pero eran demasiados.
Uno de los bandidos lo golpeó en la cabeza con la empuñadura de su espada.
Elian cayó al suelo, aturdido.
Los bandidos se abalanzaron sobre él, listos para acabar con su vida.
Pero entonces, un grito resonó en la noche.
“¡Dejadlo en paz!” Una figura encapuchada se lanzó contra los bandidos, blandiendo una espada con destreza.
Los bandidos retrocedieron, sorprendidos por la repentina aparición.
Elian, con la cabeza dando vueltas, vio a la figura luchar contra los bandidos.
Era un joven, casi de su misma edad, pero con una habilidad y una confianza que Elian solo había visto en los libros.
El joven luchó con valentía, derribando a los bandidos uno tras otro.
Su espada brillaba a la luz de las antorchas, como un rayo de esperanza en medio de la oscuridad.
Finalmente, los bandidos, superados y asustados, huyeron hacia el bosque.
Elian se levantó con dificultad y se acercó al joven.
“¿Quién eres?” preguntó.
El joven se volvió hacia él y sonrió.
“Me llamo Liam,” dijo.
“Y al igual que tú, aspiro a convertirme en un caballero legendario.”
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