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El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Piloto ¿Quien es este sujeto
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1: “Piloto”/ “¿Quien es este sujeto?” 1: “Piloto”/ “¿Quien es este sujeto?” Capitulo 1: “Piloto” Desde pequeño, su vida fue un sendero de sombras y desprecio.

Las alas que adornaban su espalda, majestuosas y resplandecientes, eran su maldición, pues más que asombro, despertaban envidia y odio.

Los demás lo miraban con rencor, incapaces de ver al niño detrás de la figura angelical, al alma herida que buscaba algo tan simple como comprensión.

Sus padres lo amaron como pudieron, pero el mundo lo rechazó, señalándolo por un don que nunca pidió.

Todo cambió cuando la conoció.

Ella no lo envidiaba ni lo temía; veía más allá de su figura, más allá de sus alas.

Con ella encontró lo que nunca había sentido: aceptación.

Por primera vez, un abrazo no era un acto vacío, sino un refugio.

Pero ese momento se convirtió en su peor tragedia.

Al envolverla con sus alas, su don oculto se activó, cortando todo a su paso como si fuera mantequilla, incluso el único amor que había encontrado.

Lo que debía ser consuelo se transformó en una despedida cruel.

En su pecho, quedó el peso de un abrazo que destruyó lo que más amaba, y con ello, la certeza de que su don no era un regalo, sino una sentencia que lo condenaba a una soledad eterna.

Este chico, Ángel se sumió en un abismo del que no quería escapar.

Cada día era un recordatorio de su pérdida, y cada mirada al espejo lo llenaba de remordimiento.

Sus alas, antes símbolo de admiración, ahora estaban marcadas por un amor que nunca olvidaría.

Quería cambiar, dejar atrás lo que era, pero no encontraba cómo.

Sus días se volvieron tan oscuros como su alma, y su personalidad dulce, despreocupada, se desvaneció bajo el peso de la culpa y el dolor.

Comenzó a vestirse de negro, envolviéndose en la penumbra que reflejaba su interior, ya que Ángel siempre ha sido “detallista” con sus asuntos.

Su figura, sin embargo, seguía irradiando una belleza inquietante.

Su cabello ondulado caía como cascadas de sombras, sus alas, enormes y majestuosas, eran una mezcla de temor y admiración.

Incluso en su tormento, Ángel era tan imponente que le provocaba envidia, pero su mirada distante y su presencia marcada por la tristeza mantenían a todos a raya.

Se convirtió en un reflejo de su propio dolor, atrapado en un bucle interminable de soledad y arrepentimiento.

Sin embargo, en su interior, una chispa seguía resistiendo, pequeña pero viva.

¿Y si existiera algo, o alguien que pudiera romper el ciclo?

Tal vez…, ¿en algún rincón del mundo, podría encontrar una forma de redención, aunque el mismo no creyera que la merecía…?

Luego de preguntárselo en su propia mente, Ángel camino solo por un mundo que lo temía y lo envidiaba en igual medida.

Nadie se atrevía a acercarse, y aquellos que lo miraban veían únicamente su figura perfecta, su belleza irreal, ignorando las grietas que lo consumían desde adentro.

Su soledad era su única compañía, y con cada día que pasaba, se convencía más de que merecía ese aislamiento.

La vida de Ángel era un caos constante, un abismo en el que había aprendido a sobrevivir.

Fue víctima de abuso escolar por años sin hacer nada solo por la discriminación de sus alas a temprana edad y la confusión pensando que ese era su don principal, el cual descubrió que no lo era con un abrazo mortal.

Se convirtió en un monumento viviente al dolor… Hasta que en un paseo en el parque mientras estaba solo, llamo la atención de un chico de pelo rizado, piel morena clara, y una complexión física no tan exagerada, pero tampoco tan delgada.

El desconocido llego, con su sonrisa fácil y ese aire despreocupado, como si el mundo entero no pudiera tocarlo.

Al principio, Ángel lo ignoro, acostumbrado a que la gente se alejara o lo mirara con temor.

Pero el desconocido no era como los demás.

—¿Siempre fueron así de afiladas, o es tu manera de espantar visitas o algo?

— bromeo antes de sentarse en el mismo banco que Ángel a observar las aves que comían de un pan dulce que Ángel había comprado esa tarde, señalando las alas con un gesto casual, como si no fueran de tanto peligro.

Ángel quiso responder con frialdad, pero la mirada del desconocido lo desarmo.

Había algo en sus ojos, una mezcla de madurez y curiosidad, como si viera las alas no solo como un arma, sino como algo fascinante.

El desconocido no lo temía.

Al contrario, parecía intrigado, como si quisiera entender más de lo que Ángel estaba dispuesto a compartir.

Ángel sintió este sentimiento nuevo, sin embargo, aún no confiaba en nadie.

—Tus alas… no dejan de fascinarme… Me llamo Henry Jackman, pero llámame Jackie, ahora… ¿Siempre fueron así de intimidantes?

— pregunto Jackie, su tono más curioso que provocador.

—No te metas en lo que no entiendes— Respondió Ángel con frialdad, sin mirarlo, mientras seguía lanzándole migas de pan a las aves.

Jackie no se inmuto.

Se sentó a una distancia segura, pero no lo suficientemente lejos como para que Ángel lo ignorara por completo.

—¿Sabes?

La gente suele temer lo que no comprende.

Yo no.

Me parece que hay más en ti que esa fachada de hielo— Ángel lo fulmino con la mirada, pero había algo en esas palabras que lo dejo sin respuesta.

El silencio se alargó, y cuando finalmente hablo, su voz era un susurro contenido.

—no te conozco, y no sé nada de ti, para de conocerme y ser tan… tranquilo… solo terminaras… herido— Jackie sonrió levemente, como si la advertencia no lo afectara en lo más mínimo.

—Tal veeeez… Pero, hmm ¿y si no?

¿Y si simplemente quiero saber quién eres realmente?

— Ángel desvió la mirada, sintiendo algo que no quería aceptar.

Por más que intentara mantenerlo a raya, Jackie había logrado abrir una pequeña grieta en su aislamiento.

Y aunque una parte enorme del gritaba que lo alejase, otra, más silenciosa pero firme, empezaba a valorar esa presencia constante.

CAPITULO 2: “¿Quién es este sujeto?” Los días y semanas pasaron, y aunque Ángel había comenzado a acostumbrarse a las visitas de Jackie en el parque cada tarde en el horario de Ángel, algo en él no podía bajar la guardia.

Cada vez que Jackie le sonriera o intentaba entablar una conversación más profunda, las alarmas en la mente de Ángel se disparaban.

Sus sucios y perturbadores recuerdos, sus traumas, sus miedos, todo le gritaba que debía protegerse, que la compañía era solo el preludio del dolor.

Una tarde, mientras Jackie hablaba sobre algo trivial, Ángel lo interrumpió de golpe, su voz fría como una hoja al viento.

—¿Qué quieres de mí?

— dijo Ángel, sus ojos clavados en los de Jackie, llenos de desconfianza.

Jackie levanto las manos como si se rindiera, aunque su tono seguía tranquilo.

—No quiero nada pequeño ángel.

Solo estoy aquí.

O… ¿eso es tan difícil de aceptar para ti?

— Ángel dio un paso adelante al levantarse del banco, sus alas extendiéndose levemente, lo suficiente para que el aire pareciera más pesado.

—No me vengas con ese juego… Nadie está “solo aquí” sin querer algo.

Si buscas una razón para quedarte, no la vas a encontrar— Jackie lo miro, sin retroceder ni un milímetro.

Su voz, aunque calmada, tenía un peso que Ángel no pudo ignorar.

—¿Sabes que es raro pequeño ángel?, que prefieras imaginar que estoy aquí por un motivo oculto en lugar de aceptar que alguien pudiera querer estar a tu lado sin esperar nada — El silencio se rompió como cristal.

Las alas de Ángel se extendieron por completo, y sus ojos se oscurecieron con un brillo de advertencia.

Jackie por su parte, no se movió.

Su postura relajada contrastaba con la tensión del momento.

—Si realmente quieres pelear, adelante— dijo Jackie, su tono inmutable.

—pero si me golpeas, que sea por algo real, y no por los fantasmas que llevas cargando.

— Ángel apretó los puños, el aire a su alrededor vibrando con la energía de su furia contenida.

Y, por primera vez en mucho tiempo, se encontró en una encrucijada: ceder a su instinto de defenderse de lo que no comprendía o escuchar esas palabras que, por más que lo enfurecieran, tocaban algo profundo en él.

El aire entre ellos se volvió denso, como si el mundo mismo contuviera la respiración.

Ángel estaba tenso, sus alas ligeramente alzadas, su mirada fría y despiadada.

Jackie, en cambio permanecía firme, aunque sus ojos ya no reflejaban solo calma; ahora había algo más, algo más serio.

—Te lo advertí…— gruño Ángel, dando un paso al frente.

Jackie lo entendió antes de que ocurriera.

Apenas vio la sombra de movimiento en los hombros de Ángel, dio un salto hacia atrás justo cuando un corte invisible rasgo el aire donde había estado de pie.

Las alas de Ángel brillaron por un instante, reflejando la luz del atardecer de esa tarde, no había mucha gente alrededor, y la mayoría solo pensaban que eran unos locos peleándose por algo usual.

—Oh.

Así que va enserio— susurro Jackie, acomodándose los nudillos sin perderle la vista.

—¿Qué esperabas?

¿Qué simplemente te dejara seguir jugando conmigo?

— Ángel avanzo con un movimiento elegante y fluido, sus alas cortando el viento como hojas de guadaña —Ya he tenido suficiente de personas como tú.

— Jackie esquivo otro corte, deslizando el cuerpo con precisión.

Sus ojos, por primera vez, mostraron algo más que paciencia y determinación.

—No soy como ellos pequeño ángel— dice Jackie un poco agitado.

—Eso dicen todos antes de traicionarte— le responde Ángel con una mirada que indican peligro.

Ángel ataco de nuevo, pero esta vez Jackie giro a un lado con un movimiento rápido, sus propios reflejos afinados por la experiencia.

Sabía que un solo roce de esas alas podría ser el final, así que, mantuvo la distancia, midiendo cada paso.

—¡Si realmente quisiera lastimarte, lo habría hecho hace mucho tiempo!

— dijo Jackie, su voz sonando más alarmada — Pero tu… tu solo buscas enemigo donde no lo hay.

— Ángel no respondió.

No podía.

Sus instintos le gritaban que siguiera, que acabara con cualquier amenaza antes de que lo lastimara.

Pero entonces, por un segundo, dudo.

Y Jackie lo vio.

—Tienes miedo…— afirmo Jackie, con un tono que no era burla ni lastima, sino algo más profundo —no de mí.

De lo que significa que alguien se quede — El golpe que Ángel estaba a punto de lanzar se detuvo a medio camino.

Sus alas temblaron, sus manos se crisparon.

Jackie lo estaba desarmando sin siquiera tocarlo.

Y eso lo enojaba más que cualquier pelea parecida a esta.

El silencio que siguió fue más pesado que cualquier golpe.

Ángel estaba ahí, con los puños apretados y las alas extendidas, pero inmóvil.

Su respiración era irregular, su mente hecha un caos, Jackie no lo miraba con miedo ni con burla, sino con una calma que hacía que la sangre de Ángel hirviera aún más.

—¡No me vengas con esa mierda de que “no eres como ellos”!

— escupió Ángel ahora temblando más que antes, movido por la adrenalina del momento, y dando otro paso, su tono más afilado que sus propias alas —¿¡Qué carajos sabes tú de mí!?

¡¿Qué mierda te hace pensar que puedes quedarte como si nada!?— Jackie alzo una ceja, esquivando con facilidad otro tajo en el aire.

El filo paso a centímetros de su pecho, pero ni siquiera parpadeo.

—Hermano, te escuchas como un disco rayado.

¿¡Enserio crees que todo el mundo tiene un plan para joderte o algo así!?

Ángel gruño y cargo de nuevo, esta vez con más rabia que precisión, Jackie se deslizo hacia atrás, sin perder la compostura.

—¡Cállate!

—grito Ángel, sus alas cortando el viento con violencia.

Jackie resoplo, ahora con un destello de fastidio en su voz.

—¿Y si no quiero, que?

¿Vas a partirme en dos?

Adelante, genio, mándame a la mierda como a todos los demás.

Apuesto a que es lo que mejor haces— Ángel apretó los dientes, su mandíbula tensa como si fuera a romperse.

Sus alas se alzaron otra vez, listas para atacar …pero sus manos temblaban.

Jackie no lo atacaba, solo lo mantenía a raya como si entendiera exactamente qué hacer para no ser una amenaza ni un blanco fácil.

—Eres un imbécil —soltó Ángel entre dientes Jackie se encogió de hombros —Probablemente… pero sigo aquí… ¿o no?

— REFLEXIONES DE LOS CREADORES Anth_Acosta En este mundo, cada persona despierta un don al llegar a cierta edad.

A veces nacen únicos, a veces se heredan como un legado o una maldición familiar.

Ninguno es igual al otro: surgen del alma, de la historia y de la sangre.

Poderes que salvan o destruyen, que elevan o condenan, y todos exigen un precio que nadie puede evitar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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