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El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 11

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11: Mejoras 11: Mejoras Después de lo ocurrido hace unas horas, Jackie estaba en su habitación, sin camisa, mirando su reflejo en el espejo.

Movía sus brazos, flexionaba los músculos y observaba como su piel se fusionaba con la tecnología que le habían implantado.

Se sentía más fuerte, más resistente… pero también diferente.

Cerró los ojos por un momento, y luego levantó la mano frente a él.

En cuanto se concentró, su visión cambió.

Todo a su alrededor se desaceleró como si el tiempo se hubiera detenido.

Cada partícula de polvo flotaba lentamente en el aire, cada sonido se estiraba hasta volverse un eco lejano.

—Increíble… esto es otra cosa.

—murmuró para sí mismo.

Movió la mano en el aire y observó cómo su percepción le permitía ver cada pequeño detalle con precisión milimétrica.

Luego, cerró el puño y todo volvió a la normalidad.

Soltó un suspiro, aun asimilando lo que había cambiado en él.

—Definitivamente me gusta esto… —dijo riendo suavemente.

Pero, por más emocionado que estuviera, una sensación incomoda no lo dejaba tranquilo.

Algo dentro de él le decía que todo esto no era un regalo… era una prueba.

Algo más grande estaba detrás de todo esto, y aun no sabía si realmente quería ser parte de ello.

Dentro de unas cuantas horas, a las 7:24PM, el avión despegó en completo silencio.

Jackie se acomodó en su asiento, cruzando los brazos mientras miraba de reojo a los demás.

Woods revisaba unos documentos sin expresión en su rostro, Miranda estaba sentada con la mirada perdida en el suelo, y Ángel… Ángel simplemente miraba por la ventana, con los ojos fríos, llenos de una ira contenida.

—Vaya viajecito nos espera… —dijo Jackie susurrando.

Ángel no respondió.

A penas parpadeaba.

Sus alas metálicas estaban plegadas, pero el leve brillo en ellas seguía ahí, como si aún tuvieran algo que decir.

—Cuando aterricemos, quiero que ambos estén listos.

No hay margen de error.

—le dijo Woods a los demás.

—¿Y qué se supone que haremos exactamente?

Porque hasta ahora, todo suena como un mal secuestro con extras de película de ciencia ficción.

—respondió Jackie con un tono burlón pero serio.

—Van a ver de lo que son capaces…

y lo que enfrentarán.

—respondió Miranda.

Ángel, sin apartar la vista de la ventana, habló por primera vez en todo el viaje.

—No necesito pruebas.

Quieren que pelee, lo haré…

pero no por ustedes.

—dijo Ángel frío y directo.

Woods cerró los documentos con un golpe seco.

—No me interesa el motivo, solo que lo hagas.

— El ambiente se volvió aún más pesado.

Nadie dijo nada más.

Solo quedaba esperar…

y prepararse para lo que venía.

Miranda se levantó de su asiento con un poco de esfuerzo gracias al movimiento del avión y caminó lentamente hacia Ángel.

Se sentó a su lado sin decir nada al principio, solo observándolo.

Ángel seguía mirando por la ventana, sin siquiera girar la cabeza.

—Ángel…

quiero hablar contigo.

— suavemente, Mira.

—No tenemos nada de qué hablar.

— sin apartar la vista, Ángel.

Miranda suspiró, tomándose un momento antes de continuar.

—Sé que me odias ahora.

Sé que crees que te traicioné, que te entregué como si fueras una simple herramienta para ellos.

— Mira.

Ángel apretó los puños, su mandíbula tensa.

—¿Y no lo hiciste?

— Ángel.

—No.

Lo que hice… lo hice porque no tenía otra opción.

Porque si no era así, Woods te habría encontrado de todas formas.

Al menos así pude estar contigo.

— Miranda dijo con una voz cargada de una ligera tristeza.

Ángel soltó una risa amarga.

—Ah, claro.

¿Entonces debería agradecerte por eso?

¿Por entregarme a esta gente antes de que ellos me cazaran como un animal?

— Ángel —Te protegí de la única forma que pude… Ángel, soy tu madre.

Nunca quise esto para ti.

—Miranda dijo con voz quebrada.

Ángel finalmente giró la cabeza y la miró directo a los ojos.

Había tanto enojo en su mirada, pero también algo más… algo más profundo.

—Ya no sé quién eres.

—dijo Ángel fríamente.

Miranda sintió que esas palabras la atravesaban más que cualquier golpe.

Bajó la mirada.

Conteniendo las lágrimas.

—Tal vez… ni yo misma lo sé.

—dijo Miranda en voz baja.

El silencio volvió a llenar el espacio entre ellos.

Ángel volvió a mirar por la ventana, y Mira solo se quedó allí, con el peso de su culpa sobre los hombros.

Woods interrumpió la conversación entre Miranda y Ángel, su expresión más seria de lo habitual.

—Bien… tenemos una misión urgente en Seúl, les diré lo que tienen que hacer por ahora, Corea del Sur.

Un antiguo soldado con información crucial ha fallecido a causa de las anomalías, las bautizamos como Vestigios por ahora, ha fallecido en un supermercado.

Su objetivo es recuperar esos datos y traerlos de vuelta.

— Woods dijo con expresión seria y objetiva.

—¿Un supermercado?

¿Cuál exactamente?

—dijo Jackie con duda.

—El incidente ocurrió en un E-Mart en el distrito de Yongsan.

— respondió Woods.

—¿Qué tipo de información estamos buscando?

—Dijo Ángel ahora fijado en su misión.

—Detalles clasificados.

Se les informará en el terreno.

Prepárense para partir.

— Woods dijo, ahora levantándose con un poco de dificultad en el avión dirigiéndose a una cabina de equipamiento.

Sin más explicaciones, Woods retiró, dejando a Jackie y Ángel asimilando la nueva misión que les aguardaba.

Después de unos minutos, Ángel, Jackie y Miranda se equiparon con equipo militar y tecnológico, Jackie y Miranda apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando vieron a Ángel saltar del avión sin previo aviso.

—¡Pero qué carajos!

¿En serio acaba de hacer eso?

— dijo Jackie ahora un poco preocupado y sorprendido.

—Tsk… ¿Qué demonios cree que está haciendo?

—Dijo Woods un poco irritado.

Miranda miró por la ventana, su rostro una mezcla de preocupación y resignación.

—Siempre ha sido así… no espera órdenes.

Obediente… — Miranda.

Mientras tanto, Ángel descendía en picada hacia el E-Mart, el viento golpeando su rostro.

Sus alas metálicas brillaban bajo la luz de la ciudad, listas para frenar su caída en el último segundo.

Ángel descendía con una gracia casi irreal, su silueta recortada contra el cielo nocturno mientras el viento silbaba a su alrededor.

Sus alas metálicas reflejaban la poca luz que tenía la ciudad, por un momento, cualquiera que lo viera podría haber pensado que era una especie de ángel vengador, cayendo con un propósito divino.

Pero entonces, la realidad golpeó… literalmente.

No calculó bien la velocidad de su descenso y, en lugar de aterrizar con la elegancia con la que había caído, su cuerpo choco contra un edificio, tratando de mantener el equilibrio rompiendo cristales que ya se encontraban rotos de por sí, y sus alas se activaron en pánico, cortando parte del edificio mientras caía.

Su cuerpo luego de chocar contra un poste de luz antes de caer, chocó contra el pavimento con un estruendo brutal.

Un ruido seco y contundente se mezcló con su grito de frustración.

—¡CARAJO!

— Ángel se quejó.

Desde el avión, Jackie se estremeció al ver a Ángel estrellarse contra el suelo.

—Dios… eso tuvo que dejar una marca.

— Jackie dijo.

Miranda cerró los ojos y respiro hondo, cruzándose de brazos.

—Este idiota de mi hijo… — Miranda dijo avergonzada.

Woods, sin embargo, dejó escapar una risa corta y burlona.

—Dramático… — Woods riendo.

Ángel, todavía en el suelo, apretó los puños antes de empujarse hacia arriba con un suspiro irritado.

No quería ni imaginarse las expresiones de los demás en el avión.

Se sacudió el polvo del traje, murmurando maldiciones entre dientes, y levantó la vista.

Ahora sí, era hora de concentrarse en la misión.

Jackie se lanza al vacío, el paracaídas se abre con suavidad y, en cuestión de segundos.

Comienza a descender hacia el supermercado desolado y vacío.

A medida que se acerca al suelo, su caída se vuelve cada vez más controlada, con la vista fija en el lugar mientras sus movimientos son suaves, casi como si ya estuviera acostumbrado a caer con ese paracaídas.

Miranda observa desde el avión, con los brazos cruzados y la mirada fija en el monitor de la nave, mientras Woods se mantiene concentrado.

—Bien, Henry, aterrizando en el punto.

Ahora, a ver cómo se comporta.

— dijo Woods viendo que acaba de empezar la misión.

—Con suerte, no causará más destrucción de la que ya hay.

Este lugar parece muerto.

— dijo Miranda concentrada.

Jackie finalmente aterriza con éxito en el supermercado, las luces del lugar parpadeando intermitentemente en la penumbra.

Él se quita el paracaídas rápidamente y lo guarda con un movimiento práctico, ya completamente listo para continuar la misión.

En ese momento, Woods y Miranda siguen analizando el terreno desde la nave.

—La zona está limpia por ahora.

Y, por cierto, Henry, si ves a alguien con una marca morada y rara en alguna parte del cuerpo, aborta con Ángel como puedan, eviten todo contacto con una persona así.

— dijo Woods analizando lo que queda de Seúl desde un monitor y teniendo a Ángel y Jackie en una pantalla.

—Lo tengo.

Empezaré a buscar.

¡Ángel, mantente alerta!

— grito Jackie a Ángel desde lejos, ya que Ángel se encontraba un poco lejos del supermercado y tiene que caminar.

Con eso, Jackie comienza a caminar hacia el supermercado, su respiración calmada mientras sus ojos recorren el interior.

Las estanterías están vacías, y el silencio absoluto es perturbador.

Ángel, mientras tanto, observando el supermercado desde su distancia y acercándose.

La misión ya no le interesa demasiado; está acostumbrado a hacer las cosas a su manera.

—Espero que no encuentras nada interesante, Jackie.

Si lo haces, bien por ti, pero esto ya parece un lugar muerto.

—le comunicó Ángel a Jackie desde un micrófono implantado en su uniforme y su equipo.

—No subestimes el lugar, Ángel.

Hay algo raro aquí.

Algo no cuadra.

— dijo Jackie desde el comunicador a Ángel.

Con cada paso que da Jackie, la sensación de desolación de profundiza, pero no se detiene.

Al acercarse a los pasillos del supermercado, observa las estanterías vacías y la suciedad acumulada, el polvo cubriéndolo todo.

Sin embargo, algo parece extrañamente fuera de lugar.

Se mantiene alerta, sabiendo que cualquier cosa puede suceder en un lugar como ese.

—Nada por ahora en el radar, está limpio… no me gusta como se ve todo esto.

Es demasiado tranquilo.

— dijo Miranda mirando el radar desde muy lejos.

—Concentra tu atención, Miranda.

Jackie, mantén el control.

Vamos a necesitar resultados rápidos.

—le dijo Woods a Jackie desde el comunicador.

Ángel sigue explorando a su manera, mirando un paquete en la estantería como si fuera lo más interesante del mundo.

Luego, su mirada se encuentra con las estanterías vacías, y de alguna forma, eso no lo hace sentirse incómodo.

—Este lugar es un completo desastre.

Pero ya nada me sorprende.

— Ángel dice, caminando en la oscuridad del supermercado.

Jackie sigue avanzando por los pasillos, decidido a encontrar lo que sea que haya causado el caos.

Pero el aire está cargado de algo que no puede identificar, como si estuviera a punto de suceder algo importante.

—Maldita… sea la anomalía y quien se apareo con ella… —dijo Woods con un tono firme y alerta.

—¿Qué pasó?

¿La señal se movió otra vez?

— dijo Miranda mirando fijamente la pantalla de su dispositivo.

—Sí, y no solo eso, parece que cambia constantemente.

No sé quién está detrás de esto, pero no son vestigios, alguien más está involucrado.

— Woods dijo gruñendo.

—¿Eso te hace sentir incomodo Woods?

—dijo Ángel con un tono indiferente, pero con una ligera sonrisa de desdén.

—A ti también te gustaría tener un poco de control, ¿verdad?

La anomalía no sigue reglas.

Y ahora parece que esa cosa con la que estamos lidiando también está jugando sucio.

—dice Woods soltando una risa sarcástica.

Luego de unos minutos incomodos caminando, Jackie y Ángel se encuentran y caminan juntos en el supermercado.

—Oye, Jackie… ¿alguna vez has tenido experiencia en algún tipo de fuerza armada?

No sé, como… Truman Company o algo similar a lo que hacen esos policías en este mundo.

— dijo Ángel con una pizca de curiosidad en los ojos.

—¿Truman Company?

¿Esos tipos con los trajes blindados y sus alteraciones variadas y todo eso?

— respondió Jackie, y lo mira sorprendido, como si nunca le hubiera hecho esa clase de pregunta.

—Sí, esos.

No sé, tal vez sepas algo de tácticas o… de cómo te preparan para salir al terreno, porque, honestamente, a mí me da la sensación de que nunca tuvimos una clase de “preparación”.

—asiente con una ligera sonrisa, sus alas metálicas brillando mientras se mueve.

—Bueno, no exactamente.

Pero, me metí en unas cuantas peleas en la calle antes de todo esto.

No exactamente un entrenamiento oficial, pero… algo de eso se queda contigo.

Como cuando lanzarte y cuando retroceder.

— dice Jackie riéndose ligeramente rascándose la cabeza.

—¿Así que eres de los que siguen su instinto más que un manual?

—dice Ángel observándolo detenidamente, notando la forma en que se mueve y sus reacciones.

—Más o menos.

Pero también sé cómo leer a las personas… lo que no siempre funciona, claro.

Pero en situaciones difíciles, esas cosas hacen la diferencia.

— dice Jackie sonriendo con un aire relajado.

Mientras Ángel y Jackie caminaban, la conversación entre ellos continuaba ligera, pero el ambiente de tensión no desaparecía.

Sin previo aviso, una pequeña risa, casi susurrante, se escuchó a lo lejos, como si alguien estuviera disfrutando de la situación.

Woods, desde el centro de mando, frunció el ceño mientras sus dedos repasaban el radar de su dispositivo.

—Detectando algo… pero no se muestra exactamente dónde está.

No me gusta esto.

— dice Woods por el radio.

—¿Qué quieres decir con que no se muestra?

¿Es uno de esos vestigios?

—pregunta Ángel deteniéndose, mirando alrededor, los ojos atentos.

—¿Qué tipo de cosa no se puede detectar?

¿No suena bien?

—dijo Ángel frunciendo el ceño, preparándose, sus alas brillando ligeramente.

La risa continuó, esta vez más clara, y Ángel y Jackie intercambiaron miradas desconfiadas.

En ese momento, un eco suave pero inconfundible se escuchó por el comunicador.

Esta vez con una voz extraña, profunda y con un acento coreano marcado.

—Entontes, ¿Qué se supone que son estos Woods?…

¿Más juguetes o un verdadero desafío?

La voz retumbó en el aire, y por un segundo, el ambiente se llenó de una sensación de amenaza inminente.

—Eso no es bueno… prepárense.

Si es quien creo que es entonces corran, sea lo que sea ya está cerca, veré si tomo un helicóptero para ir a recogerlos.

— Ángel apretó los puños, sus alas tensas a su lado, mientras Jackie observaba a su alrededor con cautela.

Sabían que este encuentro no iba a ser tan fácil como parecía.

De entre sombras del supermercado desolado, la entidad finalmente se reveló.

Un hombre con rasgos coreanos, de belleza innegable, con una presencia casi hipnótica.

Su cabello oscuro caía con naturalidad sobre su rostro, y sus ojos tenían un brillo inquietante, como si supiera más de lo que estaba dispuesto a decir.

Pero cualquier fascinación que su apariencia pudiera provocar se desmoronaba en cuanto uno miraba sus brazos.

Sus extremidades eran grotescas, deformadas en algo antinatural.

La piel parecía fusionarse con una sustancia viscosa y retorcida, formando una masa de carne y tentáculos extraños que se movían por si solos, como si tuvieran voluntad propia.

En las puntas, había garras largas y afiladas, cubiertas de un líquido espeso que goteaba al suelo, dejando marcas oscuras en el piso sucio del supermercado.

Jackie dio un paso atrás con una expresión de asco.

—Pff… que lastima.

Pintabas bien, pero esos brazos arruinan todo.

— Ángel por otro lado, no apartó la mirada, pero frunció el ceño con repulsión.

—Tienes… algo en los brazos.

¿No te molesta?

— La entidad sonrió con calma, mostrando unos dientes blancos y perfectos que contrastaban con la monstruosidad de sus extremidades.

¿Molestarme?

No.

Más bien… me divierte ver sus reacciones.

Woods desde el comunicador, observaba con atención.

—Tengan cuidado.

Esa cosa no solo es fea… también es peligrosa.

—dijo Woods desde el comunicador.

Ángel entrecerró los ojos, sus alas brillando apenas con la luz artificial del supermercado.

—Lo que sea, dinos lo que queremos saber… o lo sacaremos a la fuerza.

— La entidad se cruzó de brazos, dejando que sus grotescas extremidades se retorcieran por sí solas.

Su sonrisa se ensanchó, mostrándose aún más confiado.

—Así que ustedes son los famosos juguetes de Woods… que decepción.

Esperaba algo más imponente.

— Jackie soltó un suspiro exagerado, mirando a Ángel con diversión.

Ángel, en cambio, no se inmutó, su mirada fría clavada en el hombre frente a ellos.

—No me importa lo que esperabas.

Solo dinos dónde está el objetivo de Woods ya que de alguna forma que desconozco… lo conoces… —Dijo Ángel con una mirada fría y hostil.

La entidad soltó una risa baja y burlona antes de extender sus brazos deformados con orgullo.

—Puedes llamarme Park tae Hyun, y… oh, claro, claro… pero, ¿Por qué habría de hacerlo?

No me interesa tu misión pequeño Ángel.

Me interesa algo mucho mejor.

— Sus ojos se afilaron, su expresión se volvió más intensa.

—Un verdadero desafío.

Eso es lo que quiero.

Algo digno del poder que la anomalía me concedió.

— Jackie se cruzó de brazos, mirando al hombre con una mezcla de cautela y curiosidad.

—Déjame adivinar… ¿Tu eres uno de esos “vestigios” cierto?

— Park inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Yo?, uno de esos?

—dice antes de reír ligeramente en forma de burla.

—No… Superior.

Y estoy ansioso por probarlo ahora contra alguien que valga la pena.

— El ambiente se volvió más pesado.

Woods, desde el comunicador, observaba en silencio, pero no interrumpió porque quería confirmar algo antes de mandar retirada, sabía que esto era inevitable de todos modos.

Ángel cerró los ojos por un instante, tomando aire.

Luego, dio un paso adelante, las luces del supermercado reflejándose en sus alas metálicas.

—Si lo que quieres es una pelea… no me interesa.

No vine aquí para pelear con alguien como tú.

— Park sonrió, pero en sus ojos se notaba la frustración.

—Tarde o temprano, ángel… tendrás que pelear conmigo.

Y créeme, cuando llegue ese momento, no tendrás opción.

— Jackie se adelantó, interponiéndose entre Ángel y Park Tae Hyun.

Su expresión era tranquila, pero su postura lo decía todo: no dejaría que Ángel perdiera más tiempo con esto.

—Ángel, ve por el objetivo.

Yo me encargo de este tipo.

— Ángel lo miró por un momento, su instinto le decía que no lo dejara solo, pero sabía que Jackie no daría marcha atrás.

Con un gruñido de resignación, se giró y comenzó a moverse rápidamente por los pasillos del supermercado.

Park Tae Hyun, al ver esto, soltó una risa eufórica, repentina.

Su cuerpo tembló de emoción mientras agitaba sus grotescos brazos con entusiasmo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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