El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 13
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13: Jackie vs Park Tae Hyun 13: Jackie vs Park Tae Hyun De vuelta al presente, Park con entusiasmo, se fija en el físico ahora mejorado de Henry, y se sorprende.
—¡Ahhh!
¡Mira nada más!
¡Que físico más impresionante!
¡Tú sí que me das esperanzas!
— Jackie solo rodó los ojos y se estiro el cuello de lado a lado.
—¿Sabes qué es lo peor de los tipos como tú?
Hablan demasiado.
— La sonrisa de Park Tae Hyun se ensanchó aún más, sus ojos llenos de adrenalina.
—¡Entonces haz que me calle!
— Jackie adoptó una postura de combate.
La pelea estaba a punto de comenzar.
Jackie reaccionó en el instante en que Park Tae Hyun movió su grotesco brazo para atacarlo.
Se lanzó hacia adelante, pero su oponente bloqueó con facilidad, como si hubiera esperado ese movimiento.
Sin perder el ritmo, Park contraatacó con una velocidad brutal, su puño y la deformidad de su brazo dirigiéndose directo al rostro de Jackie.
En un instante, Jackie activó su don.
Todo a su alrededor pareció ralentizarse.
El golpe que se acercaba a su cara ahora se movía como si estuviera bajo el agua, dándole el tiempo suficiente para analizar la trayectoria y la fuerza detrás de él.
Jackie pensando, se dijo a sí mismo: “Veloz, pero no lo suficiente” Con precisión milimétrica, inclinó la cabeza hacia un lado, dejando que el ataque pasara rozando su mejilla en cámara lenta.
Ahora, tenía una apertura.
Jackie aprovechó la apertura y, con un movimiento preciso, lanzó un golpe directo al estómago de Park Tae Hyun.
La fuerza del impacto lo hizo retroceder varios metros, deslizándose por el suelo antes de detenerse.
Sin embargo, en lugar de mostrar dolor, Park se inclinó ligeramente hacia adelante y dejó escapar una risa baja y temblorosa.
—¡Sí…!
¡Sí!
¡Así me gusta!
—exclamó con euforia.
Sus ojos brillaban con una mezcla de emoción y locura mientras se enderezaba nuevamente.
Sus brazos grotescos temblaban, como si su propia carne no pudiera contener la energía dentro de él.
—¡Eres rápido!
¡Muy rápido!
¡Más rápido de lo que pensaba!
Esto va a ser divertido… muy divertido.
—dijo riendo con entusiasmo enfermizo.
Jackie frunció el ceño, analizando la situación.
Aquel tipo no solo era fuerte, sino que parecía disfrutar la pelea de una manera enfermiza.
—Genial… otro lunático.
—pensó Jackie, con un gesto de disgusto.
Park golpeó el suelo con una fuerza brutal, haciendo que todo el centro comercial temblara como si un terremoto lo sacudiera desde las entrañas.
Los estantes se desplomaron, el polvo se elevó en el aire y el sonido del impacto resonó como un trueno dentro del edificio abandonado.
Jackie apretó los dientes, esforzándose por mantenerse en pie mientras el suelo bajo él vibraba sin control.
Sus instintos le gritaban que Park no era solo un lunático con fuerza bruta, había algo más en él.
Sin perder tiempo, Jackie empezó a moverse.
Calculó cada paso con precisión, acercándose lentamente, esquivando los escombros que caían a su alrededor.
Pero justo cuando levantó la mirada y se encontró con los ojos enloquecidos de Park, una sensación extraña lo invadió.
De inmediato, ralentizó el tiempo.
En el silencio absoluto de su habilidad activada, observó con detalle cada rasgo de su oponente.
Su piel parecía humana, pero sus brazos… esos brazos deformes y grotescos… Algo en ellos le provocaba un escalofrío indescriptible.
—Este hombre… No parece nada más que un lunático al que supero por mucho y que puedo acabar fácilmente.
Pero ¿por qué carajos siento que tengo que acabar con él aquí y ahora?
¿Qué es esta sensación?
—pensó Jackie con creciente inquietud.
Era como si una parte de él estuviera gritando, como si su cuerpo supiera algo que su mente aún no comprendía.
Algo en Park le resultaba terriblemente…
peligroso.
Jackie sintió su cuerpo congelarse por un instante.
Su mente seguía atrapada en aquel pensamiento, y en ese preciso momento, el tiempo volvió a la normalidad.
Sus ojos apenas alcanzaron a captar el movimiento antes de que fuera demasiado tarde.
El puño de Park ya estallaba en su mejilla.
El impacto fue brutal.
Jackie salió despedido como una bala fuera del supermercado, atravesando las puertas de vidrio y estrellándose contra un poste de luz, doblándolo por la mitad antes de seguir volando sin control.
Pero Park no le dio respiro.
En el aire, como depredadores en una danza mortal, ambos se encontraron nuevamente.
Cada choque de golpes enviaba ondas de choque que rompían ventanas, arrancaban trozos de edificios y hacían vibrar el suelo bajo ellos.
Jackie intentó ralentizar el tiempo para esquivar, pero la intensidad del combate lo hacía más difícil de lo normal.
Finalmente, Park lanzó un golpe que los llevó hacia el interior de un edificio.
Ambos irrumpieron en lo que parecía una oficina de llamadas.
Escritorios, computadoras y teléfonos salieron despedidos por la fuerza del impacto.
Pero antes de que Jackie pudiera reaccionar, Park movió sus tentáculos grotescos y los extendió por toda la sala.
Con un solo movimiento, los tentáculos desgarraron todo a su paso.
Cortaban escritorios como mantequilla, hacían pedazos los monitores y arrancaban las luces del techo.
Jackie no tuvo más opción que dejarse caer al suelo, acostándose de espaldas para esquivar el ataque por apenas unos centímetros.
Sentía los cortes pasar por encima de él, rozando su piel, pero sin tocarlo.
Park abrió los brazos, extasiado, su voz resonando con locura mientras sus tentáculos seguían destruyendo todo a su alrededor.
—¿¡PUEDES VERLO?!
¿¡PUEDES VER LO QUE DHARMA TIENE PARA TODOS?!
¿¡LO ESTÁS VIENDO?!
¿¡LO ESTÁS VIENDOOOO?!
—gritó con fervor desquiciado.
Sus ojos brillaban con una mezcla de euforia y demencia.
Algo estaba mal.
Jackie no sabía qué demonios era “Dharma”, pero la forma en que Park Tae Hyun hablaba de ello lo ponía en alerta.
Este tipo no solo quería pelear.
Quería mostrarle algo.
Y eso… eso era lo que realmente le preocupaba.
—¡Jackie, aguanta lo más que puedas!
¡Ángel ya tiene el objetivo, solo necesitamos unos segundos más!
¡No lo dejes alcanzarlo!
—dijo Woods por radio, con urgencia.
Jackie apenas podía escuchar mientras esquivaba tentáculos afilados que se lanzaban a su alrededor.
El aire estaba lleno de cortes y destellos de metal contra concreto.
Con cada movimiento, Jackie ralentizaba el tiempo lo suficiente para moverse entre la tormenta de golpes, girando en el aire, deslizándose con precisión entre los ataques.
Entonces, vio la oportunidad.
Con un impulso brutal, cargó contra Park y le asestó un golpe demoledor en el abdomen.
El impacto lo mandó disparado al cielo.
Pero entonces, algo cambió.
El cielo comenzó a teñirse de morado con destellos azulados, el mismo color de los brazos retorcidos de Park.
Era como si su presencia estuviera contaminando la misma atmósfera.
Algo en Jackie gritaba que eso no era normal.
No era solo fuerza bruta.
Había algo más.
—¡NO, WOODS!
¡SEA LO QUE SEA, HAY QUE ACABAR CON ESTE PENDEJO AHORA!
¡NO PUEDE ESTAR VIVO, TAL ABOMINACI—!
—gritó Jackie.
Antes de que pudiera terminar su oración, Park Tae Hyun, aún en el aire, tomó una antena de señal desde la azotea de un edificio y con un giro violento, la usó como un bate de béisbol improvisado.
El golpe fue descomunal.
La antena chocó contra Jackie con una fuerza brutal, doblándose en el impacto mientras él salía disparado a través de la ciudad como un meteorito.
Pero Park no lo dejó ir tan fácil.
—¡JAJAJAJA!
—rió con una risa maníaca, siguiéndolo a toda velocidad, y así comenzó la verdadera guerra en los cielos.
Ambos peleaban con furia, lanzándose golpes que hacían retumbar los edificios, atravesando estructuras enteras, rompiendo antenas, ventanas y todo lo que se interpusiera en su camino.
Las luces de la ciudad parpadeaban con cada choque, destellos de energía y golpes iluminaban la noche como si fuera un espectáculo de fuegos artificiales.
Era una pelea hermosa.
Caótica.
Y absolutamente destructiva.
Ángel salió del supermercado con el objetivo asegurado.
No era un cuerpo, ni un artefacto extraño, era una simple laptop.
Pero si Woods había enviado a dos soldados mejorados por ella, debía contener algo realmente importante.
Sin perder tiempo, Ángel se elevó en el aire con esfuerzo con sus alas metálicas que convenientemente tenían un propulsor añadido, alejándose rápidamente hacia el helicóptero que ya había subido más de lo previsto, gracias a la locura desatada en la pelea de Jackie contra Park.
Desde las alturas, observó el desastre.
Jackie y Park se movían como ráfagas de energía en medio de la ciudad.
Golpes explosivos, escombros cayendo, estructuras derrumbándose.
Era una batalla de dioses en medio de humanos.
Ángel respiró hondo y apretó los dientes.
No tenía tiempo para esto.
Se llevó la mano a la radio, pero su paciencia se agotó.
—¡Jackie, vámonos!
¡Solo derrótalo, no vale nada!
— Su voz resonó por encima del estruendo de la batalla.
Pero Jackie.
Jackie aún no respondía.
En medio del caos, un golpe brutal lanzó a Jackie por los aires.
Su cuerpo cruzó la distancia como un proyectil, directo hacia el helicóptero de extracción.
El impacto sacudió la nave con violencia.
Todos se aferraron como pudieron.
Miranda casi cayó, Woods soltó una maldición, y el piloto forcejeó con los controles para estabilizarla.
Pero no hubo daños graves.
Ángel no perdió tiempo.
Se lanzó hacia Jackie y lo sostuvo por el uniforme, asegurándose de que estuviera consciente.
Su respiración era pesada.
Tenía un corte en la mejilla, pero estaba vivo.
—No vayas por él, ya terminaste —dijo Ángel, con firmeza.
Jackie respiró hondo, cerró los ojos por un segundo.
La adrenalina seguía quemándole por dentro, pero asintió en silencio.
Desde la radio de Woods, aún se escuchaba la voz de Park Tae Hyun.
—Carajo, Woods, gracias por esto.
Gracias por darme esta satisfacción tan… ughh.
¡Qué increíble!
Su risa eufórica resonó como un eco distorsionado en la frecuencia.
Pero ya no importaba.
Ángel y Jackie estaban a salvo.
La misión estaba completa.
El silencio volvió a instalarse en la cabina, pesado y cargado de una tensión que nadie se atrevía a romper.
Afuera, la ciudad parecía apagada.
Los destellos morados en el cielo habían cesado, pero en su lugar solo quedaba una oscuridad artificial, como si la luz misma hubiera sido drenada del mundo.
Woods bajó la mirada, clavándola en la laptop que sostenía como si fuera un fragmento sagrado.
Sus dedos tamborileaban sobre la carcasa metálica, indeciso.
—Necesito saber qué tiene esto dentro.
Y lo necesito ya.
— Jackie lo miró de reojo, aún con el rostro manchado por el polvo y el sudor de la pelea.
Se notaba agotado, pero su mirada seguía siendo aguda, alerta.
—¿Crees que lo de Park tenía algo que ver con eso?
— Woods no respondió de inmediato.
Pasó la lengua por sus labios resecos y finalmente asintió.
—Todo apunta a que sí.
Su transformación… esa fuerza, los tentáculos… Todo estaba conectado.
Y esa cosa —dijo, señalando la laptop— es la clave.
— Miranda se acercó desde el asiento opuesto.
Había estado observando en silencio, pero ya no podía callar más.
—Entonces tenemos que abrirla.
Ya.
— La marcha no era una huida.
Era una formación organizada, casi militar, avanzando entre los escombros con precisión.
Cada paso resonaba con un ritmo que no pertenecía a los humanos.
El helicóptero se mantuvo en silencio, todos dentro observando con atención.
Incluso el piloto bajó la velocidad para no llamar la atención.
Woods levantó la vista del monitor portátil que había comenzado a revisar y murmuró: —Esto… esto no es normal.
— Miranda no apartaba la vista de los binoculares.
Su voz, cuando habló, apenas fue audible.
—Jackie… esas cosas no están vivas.
— Jackie se inclinó hacia la ventana.
Lo que vio le heló la sangre.
Las figuras avanzaban sin tambalearse, sin dudar, como si fueran parte de una sola conciencia.
Sus ojos, cuando se volvían hacia el cielo, brillaban con una luz vacía.
—¿Dharma los hizo?
¿Son como Park?
— preguntó Jackie en voz baja.
—No —respondió Woods—.
Son peores, al menos Park conservaba algo de humanidad — El helicóptero comenzó a ascender con rapidez.
El piloto, visiblemente nervioso, hablaba por radio intentando contactar con la base más cercana.
Abajo, los soldados deformes levantaron la cabeza al unísono.
Y empezaron a correr.
Un ejército inmenso se movía por las calles destrozadas, marchando como si nada los afectara.
Y no eran soldados normales.
Sus cuerpos estaban cubiertos por una armadura avanzada, sus rostros ocultos bajo cascos negros con visores brillantes.
Llevaban armas que ninguno de ellos reconocía completamente, algunas parecían incluso más avanzadas que las que Truman Company había desarrollado.
—Dharma.
No es posible que tengan tantos operativos en este lugar.
— Ángel no apartó la mirada.
Cada fibra de su ser le decía que esto no era un simple despliegue.
—No son solo soldados.
Algo más está con ellos.
— Jackie tragó saliva, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, su propio instinto de lucha le advertía que esto era diferente.
Ángel tomó los binoculares de los ojos de Jackie con brusquedad, sin decir una sola palabra.
Ajustó el enfoque y se concentró en la imagen.
Sus pupilas se contrajeron.
Allá abajo, al frente de todo ese ejército, estaba Park Tae Hyun.
Ya no reía con la misma euforia de antes.
Ahora se veía distinto, más imponente.
Sus brazos aún tenían esos tentáculos grotescos, pero algo más había cambiado.
Su piel parecía más pálida y, en su rostro se reflejaba una expresión de absoluta superioridad.
—Maldita sea.
— Pero lo que realmente hizo que Ángel apretara los binoculares con más fuerza no fueron los soldados.
No eran soldados.
Eran algo más.
Algo antinatural.
Sus cuerpos estaban deformados, algunos con extremidades más largas de lo normal, otros con piel translúcida que dejaba ver algo moviéndose dentro.
Algunos tenían múltiples ojos parpadeando al azar en sus rostros, mientras que otros no tenían ninguno en absoluto.
Y todos ellos se movían con perfecta sincronización.
—Dime que son trajes.
Dime que son robots.
Algo.
— Ángel bajó lentamente los binoculares y lo miró.
—No sé qué carajos son.
Pero sea lo que sea, son de lo que está hecho Park Tae Hyun.
— El helicóptero quedó en silencio por unos segundos.
Hasta que Woods susurró con fastidio: —Maldita sea la anomalía y quien se apareó con ella.
— Ángel, con los dientes apretados y el ceño fruncido, le lanzó los binoculares a Woods con fuerza.
El impacto sonó seco contra su pecho, pero el hombre apenas reaccionó.
—¡Ahora sí dime qué carajos es DHARMA!
¿Qué tiene que ver con la anomalía?
¿Y por qué repites siempre lo mismo de “maldita sea la anomalía y quien se apareció con ella”?
— El helicóptero quedó en silencio.
Todos miraban a Woods, esperando una respuesta.
El hombre tomó aire con calma y, tras un suspiro cansado, empezó a hablar.
—Porque es la verdad, mocoso.
Todo esto, todo lo que ves, todo lo que tienes, lo que Jackie tiene.
Lo que incluso ese lunático de Park Tae Hyun tiene.
Todo viene de ella.
— Jackie frunció el ceño.
Miranda Stone observaba a Woods con seriedad.
Ángel, aún con el enojo en su expresión, esperó.
—Hace muchos años.
Existió una mujer.
No sabemos si era una diosa, una semidiosa, o simplemente una mortal con demasiada belleza.
Pero ella estaba sola en este mundo.
Sola con la anomalía.
— El tono de Woods se volvió más grave.
—Imagínatelo.
En lo más profundo de una cueva, oculta del mundo.
Algo estaba allí.
Algo antiguo, algo imposible de comprender.
No hablaba, o al menos no como lo hacemos nosotros.
Pero ella la entendía.
Se amaban.
— Jackie arqueó una ceja.
—¿Amor?
¿Con una cosa que ni siquiera entendemos?
—
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