El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 14
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14: El origen de todo 14: El origen de todo Woods lo miró de reojo.
—A ella no le importaba entenderlo.
Solo sentirlo.
— Miranda Stone cruzó los brazos, su rostro se mantenía neutral.
Ángel no parpadeaba, escuchando con atención.
—Todos los días, la mujer se sentaba fuera de la cueva y le hablaba.
Nadie sabe si la anomalía realmente escuchaba o si solo existía.
Pero un día, ella lo logró.
Llegó hasta él.
— El ambiente en el helicóptero se volvió más tenso.
—Y ahí, en lo más oscuro de esa cueva.
En un acto carnal, grotesco.
Pero para ella, satisfactorio.
Nació el primer humano dotado.
— Silencio.
Ángel sintió un escalofrío en la espalda.
—Y así siguió.
Durante siglos, la anomalía regaló dones.
A algunos, a pocos.
Y luego a más.
Hasta que llegamos al presente.
— Woods giró la cabeza hacia Ángel, con una mirada sombría.
—2025.
El año en que la anomalía se quedó sin dones para regalar.
— El silencio en el helicóptero se hizo más pesado.
Las palabras de Woods aún flotaban en el aire, y nadie se atrevía a romper la tensión.
Ángel miraba por la ventana, viendo el caos en la ciudad; sus pensamientos eran un desastre.
Jackie tenía la mandíbula apretada, aun sintiendo los golpes de Park Tae Hyun en su cuerpo, pero más que el dolor físico, le pesaba el hecho de que ese lunático seguía en pie.
Miranda Stone solo suspiró, procesando todo con calma.
Finalmente, Woods habló, rompiendo la quietud con su voz firme.
—Cambio de planes.
No podemos irnos ahora.
— Jackie lo miró.
—¿Qué?
— —El helicóptero está jodido por la pelea contra Park.
No podremos cruzar el océano en una pieza.
Nos quedaremos en Seúl.
— Ángel soltó una risa sarcástica.
—Ah, sí, claro, qué gran idea.
¿Y dónde carajos nos vamos a quedar?
No sé si lo notaste, pero hay un puto ejército de cosas ahí abajo y un tipo con tentáculos que quiere nuestra cabeza.
— Woods los ignoró.
—Nos quedaremos en uno de los edificios más seguros registrados de Seúl.
Hay uno en específico que tiene una estructura a prueba de ataques.
Es nuestra mejor opción.
— Miranda Stone asintió, entendiendo la lógica.
—¿Cuál edificio?
— Woods sacó un dispositivo y revisó rápidamente la información.
—El Namsan Tower Shelter.
Lo usaban para evacuar a figuras importantes en situaciones de emergencia.
— Jackie resopló.
—No me gusta.
Estamos atrapados en una ciudad en caos, con un helicóptero roto y un ejército de lo que sea eso, ahí abajo.
¿Cuál es el plan a largo plazo, Woods?
— Woods miró el radar, viendo los puntos moverse en la ciudad.
—El plan es sobrevivir hasta que encontremos una maldita salida.
— Luego de unos minutos rápidos, llegaron a el refugio.
El silencio en el refugio era espeso, solo interrumpido por el leve sonido del viento golpeando las ventanas.
Después de unas horas de relativa tranquilidad, Ángel se encontraba en un cuarto apartado dentro del Namsan Tower Shelter.
Cerró la puerta con seguro, encendió la tenue luz del lugar y se paró frente a un espejo grande y viejo.
Sin prisa, comenzó a quitarse la ropa y el equipo.
Primero la chaqueta, luego la camiseta.
Su torso quedó expuesto, revelando lo que ya sabía, pero siempre intentaba ignorar: su piel estaba llena de cicatrices.
Especialmente en la espalda y los brazos.
Marcas profundas, recuerdos de heridas que no debieron haber sanado, de batallas que no deberían haber ocurrido.
Pero lo que más le llamaba la atención eran sus alas.
Ya no eran las mismas.
Antes, sentía que formaban parte de él, una extensión natural de su ser, su única conexión física con ella.
Ahora, se sentían ajenas.
Frías.
Metálicas.
Artificiales.
Ya no eran las alas que una vez envolvieron a Samantha.
Ya no eran un símbolo de libertad.
Eran armas.
Un propósito distinto.
Ángel observó su reflejo fijamente; su expresión era neutral, pero en sus ojos se notaba la tormenta.
—Entonces, esto es lo que soy ahora.
— El sonido del vidrio resquebrajándose resonó en la habitación Las alas metálicas de Ángel se habían movido con precisión quirúrgica, dejando un corte limpio en el espejo.
Los fragmentos cayeron al suelo, reflejando su figura distorsionada en cada pequeño pedazo.
—Si el mundo quiere sangre para liberarlo, sangre habrá.
— Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe.
El seguro se rompió como si fuera de papel.
Miranda Stone entró con fuerza, su expresión era seria, pero en sus ojos había algo más: una mezcla de preocupación y miedo.
Y tenía razones para sentirse así.
Lo que tenía frente a ella no era solo su hija.
Era algo más.
Su cuerpo, cubierto de cicatrices, su silueta grotescamente hermosa, y esas alas.
Frías.
Afiladas.
Amenazantes.
En ese instante, Ángel parecía salido directamente de una película de terror.
Pero no una cualquiera.
Sino una donde los ángeles eran los villanos.
Miranda aparece repentinamente en la habitación, y se sienta al lado de Ángel, sin decir nada al principio.
Su mirada estaba fija en el suelo, como si las palabras que quería decirle pesaran toneladas.
Finalmente, respiró hondo y habló.
—De verdad lo siento, Ángel.
Siento haberte entregado a Woods.— Ángel no reaccionó.
Solo seguía mirando los fragmentos de espejo en el suelo.
—Pero es que ‘salvar al mundo’ sonaba demasiado lógico para algo así.
Demasiado convincente como para— —Cállate y vete.
— Su voz fue seca.
Fría.
Pero Miranda Stone no se movió.
En cambio, siguió hablando.
—Mientras los modificaban a ti y a Jackie, pasaron 9 meses y 24 días.
— Ángel levantó apenas la vista.
—El plan ya estaba en marcha para cuando despertaron.
Por eso empezó tan rápido.
— Ángel apretó los dientes.
Pero seguía sin importarle.
El daño ya estaba hecho.
Miranda Stone suspiró y, con una lentitud casi dolorosa, se inclinó un poco y apoyó su mano en el hombro de Ángel.
No lo miró a los ojos.
Solo dejó su mano ahí, sintiendo su calor.
—No espero que me perdones tan fácil.
Pero lo voy a decir igual.— Su voz se quebró apenas.
—Perdóname por lo que hice.
Por ser una mala madre para ti.— Ángel no respondió.
Solo sintió cómo el agarre de Miranda Stone se soltaba poco a poco.
Antes de irse, ella susurró: —Te quiero, hijo.— Y sin esperar una respuesta, se marchó.
Ángel no reaccionó.
Ni siquiera giró la cabeza cuando Miranda Stone cerró la puerta tras de sí.
Solo se quedó ahí, de pie, mirando el reflejo distorsionado de sí mismo en los fragmentos rotos del espejo.
Pero ya no se analizaba con curiosidad.
No se observaba con orgullo.
Se odiaba.
Su propio cuerpo era la prueba viviente de lo que sus alas le habían hecho.
Las cicatrices no eran marcas de batalla, sino de su propio poder descontrolado.
Cada vez que las activaba, sin quererlo, se cortaba la espalda y los brazos.
Una y otra vez.
Hasta que su piel se volvió un mapa de heridas mal curadas.
Pasaron minutos largos.
Pesados.
Hasta que, con un suspiro bajo y cansado, se puso la ropa de vuelta.
Cerró su chaqueta.
Se ajustó las mangas.
Sin decir una palabra más, salió de su habitación.
Y lo primero que vio fue al resto reunido alrededor de una mesa de conferencia.
La atmósfera era tensa.
Los rostros serios.
Algo estaba a punto de pasar.
Angel llegó en silencio y simplemente se sentó.
No preguntó nada.
No hizo ruido.
Solo miró a Woods, quien ya estaba repartiendo órdenes con su tono firme de siempre.
Woods: Mira, tú eres la más fuerte y la más experimentada.
Quiero que hagas lo posible por arreglar el helicóptero.
No podemos quedarnos aquí para siempre.
Miranda asintió sin quejarse.
Woods: Jackie, tú te encargas de la seguridad del edificio.
No sabemos qué tan rápido se va a descontrolar la situación afuera, pero no podemos darnos el lujo de que nos sorprendan.
Jackie simplemente levantó una mano con el pulgar arriba, apoyado en el respaldo de su silla como si no le pesara la responsabilidad.
Woods: Ángel, lo mismo.
Vigila los alrededores y asegúrate de que nadie ni nada se acerque demasiado.
Ángel no respondió.
Ni un gesto.
Ni una mueca.
Solo lo miró.
Porque había una cosa que aún no le hacía sentido.
—¿Y tú qué harás?— preguntó Ángel.
—Yo me quedaré asegurando el objetivo.— respondió Woods.
Eso no le bastó.
—¿Qué carajos es esa carga?— volvió a preguntar Ángel, con el ceño fruncido.
Woods suspiró y apoyó los codos en la mesa.
—Materiales especiales.
Para armas y equipo.
“Anti-anomalístico”, si es que lo quieres llamar así.— Ángel entrecerró los ojos.
Algo en su interior le decía que había más detrás de todo esto.
Ángel gruñó ligeramente, sin molestarse en ocultar su fastidio, y se puso de pie.
Sin decir una palabra más, se fue caminando hacia la entrada principal.
Jackie lo siguió en silencio, con las manos en los bolsillos y su típica expresión relajada, pero con los ojos atentos.
Al llegar, Ángel se detuvo y miró a Jackie de reojo antes de hablar.
—Tú vigila la entrada al tejado.
Yo me encargaré de la entrada principal.— Jackie se estiró un poco y suspiró.
—Como digas, jefe.— Sin más que agregar, se separaron, cada uno tomando su posición.
El silencio de la noche fue roto por un ruido repentino afuera.
Ángel, con la espalda apoyada contra la pared y los brazos cruzados, levantó la mirada con el ceño fruncido.
Se giró lentamente hacia la puerta y vio dos figuras moverse en la oscuridad.
Las puertas se abrieron de golpe.
Una pareja de coreanos entró apresurada, como si escaparan de algo.
Antes de que Ángel pudiera reaccionar, el hombre extendió la mano y, con un movimiento extraño, cerró la puerta tras ellos sin siquiera tocarla.
Ángel frunció más el ceño y avanzó un paso, sus alas metálicas soltando un leve chirrido al moverse.
—¿Qué carajos quieren?!
— La pareja no respondió de inmediato.
La mujer, de apariencia tranquila y casi hipnótica, se acercó lentamente a Ángel.
Su mirada era profunda, como si viera más allá de lo que él mostraba.
Ángel no se movió, pero sus músculos se tensaron cuando la chica levantó una mano y le acarició la cara con suavidad.
—Vuelve al polvo…
— Los ojos de Ángel se abrieron ligeramente, pero antes de poder decir algo… Todo se volvió negro.
Su cuerpo se desplomó al suelo y sintió una picazón en la nariz, cayendo en un profundo sueño.
La pareja se quedó en silencio por unos segundos tras ver cómo Ángel caía al suelo inconsciente.
El hombre miró alrededor con precaución, asegurándose de que no los habían seguido, y luego soltó un suspiro de alivio.
—(hablando en coreano) Por fin llegamos, ahora estamos a salvo.
—dijo el hombre aliviado mirando el alrededor.
La mujer se inclinó ligeramente sobre Ángel, observando su rostro con atención.
Su expresión se volvió de asombro al verlo más de cerca.
—(en coreano) Dios mío… es… tan hermoso.
— Pero cuando mirada descendió hasta las afiladas alas metálicas, su expresión cambió a una mezcla de temor y fascinación.
—(en coreano) Pero sus alas, son aterradoras.
— El hombre chasqueó la lengua, claramente molesto, y le dio un leve golpe en el brazo.
—(en coreano) ¡Cierra la boca!
—dijo el hombre celoso.
Antes de que pudieran seguir hablando, una voz desde arriba los interrumpió.
—Oye.
¿Qué paso aquí?
— La pareja levantó la cabeza rápidamente y se encontraron con Jackie, viendo cómo se apoyaba en la barandilla del piso superior, observándolos con una ceja arqueada.
—¿Y por qué Ángel está tirado al suelo?
— La chica, al ver que Jackie las estaba mirando, intentó hablar en inglés, aunque su acento y fluidez dejaban bastante que desear.
Ella hizo una pausa, observó a su compañero, y después, con algo de inseguridad, comenzó a hablar: —(en inglés, con esfuerzo) Nosotros… Necesitamos… refugio aquí.
—la chica trata de comunicarse, pero ve la expresión confundida de Jackie, a quien le parece un poco gracioso su acento.
—Sabemos de ustedes… sabemos de ustedes aquí… Ángel.
— El hombre miró molesto a la chica, claramente avergonzado por su falta de conocimiento con el idioma, pero ella continuó, sin notar su incomodidad.
—(inglés nervioso) L-Lo… lo noqueé… Perdón… Perdón por él… — Jackie confuso, levantando una ceja les respondió: —¿Esperen, lo noquearon?
¿Por qué?
— La chica se rascó la cabeza nerviosa, buscando como explicarse, pero su español empeoraba cada vez más.
—(hablando inglés, más nerviosa aún) E-Él… él estaba… demasiado ruidoso… tuvimos que… tuvimos que proteger… ¡perdón!
—dijo la chica mostrando un tipo de reverencia para disculparse, común en países como corea.
Jackie miró a la chica y al hombre con una leve sonrisa de incredulidad y un poco de gracia por la risa que le causaba el acento de la chica.
—Vale… está bien… pero tranquilos, ¿vale?
— El hombre frunció el ceño, claramente molesto por la forma en que Jackie hablaba, pero la chica, al ver que Jackie no parecía hostil, bajo un poco la tensión en su cuerpo, esperando que pudiera entenderlos mejor.
La chica, sintiendo la tensión, miró hacia el suelo un momento, luego levantó la mirada hacia Jackie, con una leve sonrisa.
A pesar de su acento, había algo sincero en su expresión.
—(en inglés, ahora con un poco más de claridad, pero aun nerviosa) Nosotros… no queríamos… causar problemas.
Solo… refugiarnos.
Puedes llamarme… Chaeun Park, el chico a mi lado es Jiwon…
Jiwon Jae.
— Jiwon, aún molesto, volvió a mirar a Chaeun, como sí la regañara con la mirada, y luego dirigió su atención a Jackie.
Jiwon habló por fin hacia Jackie: —(en inglés, en un tono y acento más fuerte) No tenemos tiempo para esto.
Sólo queremos estar a salvo.
— Jackie los observó unos segundos más, sin mover un músculo, pero su mente estaba alerta.
Algo no cuadraba, pero por el momento, la prioridad era otra.
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