El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 15
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15: Los extraños 15: Los extraños Jackie los miró en silencio durante un momento, evaluando la situación.
Luego, sin mucho más que decir, se acercó y, con un tono más suave, les dio una orden clara.
—Ayúdenme a poner a Ángel en un lugar mejor.
No lo dejemos tirado en el piso.
— Chaeun Park asintió rápidamente, agradecida por la indicación, aunque su español seguía siendo torpe.
Jiwon Jae, por su parte, observó a Jiwon con algo de desconfianza, pero al ver que parecía ser la única opción, asintió también.
—(en un inglés torpe) Sí, sí, ayudar…
a poner…
en mejor lugar.
— Jiwon caminó hacia Ángel, que seguía inconsciente, y le ayudó a levantarse con cuidado.
Chaeun lo siguió, tratando de no tropezar con sus propias palabras mientras movían a Ángel de forma torpe pero efectiva.
Mientras tanto, Jackie los observó encargarse de mover a Ángel, aliviado de ver que al menos intentaban hacer lo correcto, aunque todo se sintiera un poco extraño con la situación y la barrera del idioma.
—De acuerdo, ahora solo…
tengan cuidado.
— Mientras Chaeun ayudaba a cargar a Ángel por las escaleras, su mente no podía dejar de pensar en él.
Aunque intentaba concentrarse en la tarea, no podía evitar mirar de reojo su figura.
Pensaba en su aspecto con una mezcla de admiración y fascinación, aunque se sentía algo avergonzada de esos pensamientos, especialmente con el idioma que aún le costaba.
—(en coreano, para sí misma) Que hermoso… incluso noqueado… Su cabello desordenado… su cuerpo… es tan alto y fuerte… — Chaeun no pudo evitar sentirse un poco incomoda con sus pensamientos, pero la imagen de Ángel, tendido ahí y ahora tan cerca de ella, no la dejaba tranquila.
Aunque su español seguía siendo imperfecto, ella seguía luchando por comprender y expresarse mientras intentaba cargarlo junto con Jiwon.
—(mirando a Chaeun, con un tono serio, en coreano) ¿Qué piensas?
—dijo Chaeun con una expresión extrañada y molesta en el rostro.
—(Chaeun, en coreano, un poco sonrojada, bajando la mirada) Nada, solo… tratando de ayudar… — Jiwon no dijo nada más, pero siguió ayudando a cargar a Ángel, al parecer ajeno a los pensamientos de Chaeun.
Al llegar al piso donde Woods se encontraba, el sonido de los pasos resonó en la sala.
Los coreanos seguían cargando a Ángel con cuidado, pero el ambiente cambio cuando de repente Woods, alerta por cualquier movimiento, se despertó abruptamente.
En un parpadeo, Woods se levantó con rapidez, y extendió su mano al aire.
En un gesto preciso, hizo que un escombro de la pared volara hacia ellos, levantándose como un proyectil improvisado.
—¿Quién mierda son ustedes?
—dijo Woods con voz grave y desafiante.
La tensión en el aire era palpable.
Los coreanos, visiblemente nerviosos, se miraron entre ellos, sin saber cómo responder, mientras la sombre de duda se cernía sobre ellos.
Luego, Jackie pega un salto de un piso a otro, alcanzando el piso en el que se encuentran, y parándose justo al lado de los coreanos, apoyado del barandal.
—Relájate, Callaghan, son solo supervivientes, necesitan refugio y me dio por ayudarlos.
—dijo despreocupado, sin apartar la vista de Woods.
Pero Woods no estaba convencido.
Siguió apuntándoles con el dedo, un resplandor azulejo en sus manos como si fuera humo se creaba, analizando con sospecha sus movimientos.
Algo en ellos no le parecía del todo correcto.
Sus ojos se clavaron en los coreanos, buscando cualquier señal de que pudieran ser Vestigios o parte de DHARMA, como lo es Park Tae Hyun.
—No confío en ninguno de ustedes.
¿De dónde vienen?
¿Qué quieren?…
¿y por qué Ángel está…?
—dijo Woods fijándose en que Ángel estaba inconsciente.
Jackie, vio su reacción, y suspirando, manteniendo la calma le responde.
—Solo necesitan refugio.
Es todo lo que quieren.
No se compliquen.
— A pesar de las palabras de Jackie, Woods seguía con la guardia alta, indeciso sobre si podrían ser infectados o estar relacionados con DHARMA de alguna manera.
El aire se mantenía cargado de tensión mientras todos esperaban que Woods tomara una decisión.
Woods, tras unos segundos de tensión, finalmente baja el escombro que había levantado con su don, con un suspiro pesado, aun los observa con desconfianza, pero al final decide no hacer más preguntas.
—Hagan lo que quieran… solo no causen problemas.
— Dicho esto, vuelve a bajar la mirada, dejándose caer en su asiento como si el peso del día lo aplastara.
Jiwon, Chaeun y Jackie aprovechan la oportunidad y suben a la planta alta, moviéndose con rapidez, pero en silencio.
Chaeun y Jiwon cargan a Ángel, sosteniéndolo con esfuerzo mientras avanzan.
Luego de un rato, cuando finalmente logran dejarlo en el suelo con cuidado, Chaeun gira la cabeza hacia Jackie y, con su inglés torpe, le menciona algo sobre Ángel.
—El… fuerte, pero… muy lastimado.
— Jackie se detiene, la observa por un momento y luego asiente.
Sin decir nada, se acerca y recoge a Ángel con sus brazos con facilidad, como si estuviera acostumbrado a hacerlo, aunque no fuera así.
Su expresión es neutra, pero en sus ojos se nota una leve preocupación.
Con calma, Jackie lo lleva hasta un rincón seguro y lo acomoda en el suelo de la mejor manera posible.
Luego, da un paso atrás, cruzándose de brazos mientras observa a Ángel en silencio.
Ángel, de la nada, abre los ojos de golpe.
Su respiración es agitada, su cuerpo se tensa, y en un movimiento instintivo, su mano se aferra con fuerza al cuello de Jiwon, alzándolo unos centímetros del suelo.
— (hablando en coreano, luchando por respirar, maldiciendo) ¡Maldito loco!
¡Bájame!
— Chaeun, alarmada, se apresura a tratar de calmar a Ángel, pero sus palabras salen torpes y entrecortadas.
— ¡Espera!
No…
él…
amigo, no ataque.
—dijo Chaeun, con su pobre inglés, agitando las manos.
Mientras tanto, Jackie simplemente se queda mirando la escena, sin moverse, con una expresión entre curiosidad y cansancio.
Pero Ángel no escucha.
Su mirada es intensa, sus alas se mueven levemente, y su voz truena con furia: — ¡Por su culpa vendrán!
¡Se acercan!
—grita Ángel.
Los coreanos lo miran como si estuviera loco, sin comprender del todo lo que dice.
Woods, al escuchar los gritos, irrumpe en la habitación a toda velocidad, su arma lista.
— ¿¡Qué carajo está pasando!?
—dijo Woods con voz firme.
Pero antes de que alguien pueda responder, Ángel empuja con brutalidad a Jiwon, lanzándolo hacia una ventana con tanta fuerza que el vidrio se agrieta peligrosamente.
— ¡Por su culpa vienen!
¡No habrá refugio para nadie!
¡Que se jodan!
—gruñó Ángel, con una expresión desquiciada.
El aire se siente denso, el ambiente cargado de tensión.
Jiwon se tambalea, sujetándose de la ventana para no caer, mientras Chaeun lo ayuda, su rostro reflejando más confusión que miedo.
Jackie, sin decir una palabra, simplemente suspira y se rasca la cabeza.
Woods, con el ceño fruncido, observa a Ángel con una mezcla de incredulidad y alerta.
El sonido del viento golpea la ventana rota.
Y, en el lejano horizonte, un eco de destrucción se acerca.
El aire se vuelve denso en un instante.
CRASH La ventana se rompe en mil pedazos cuando Park Tae Hyun aterriza dentro de la torre con un salto monstruoso, su silueta apenas visible contra el caos del exterior.
Sus tentáculos se retuercen y deforman, deslizándose como serpientes mientras entra sin esfuerzo.
Su mirada recorre la habitación lentamente, hasta que se detiene en Ángel.
Una sonrisa enfermiza se forma en su rostro.
—Lo siento, me encanta joder con la menta de la gente.
Increíble lo que DHARMA puede hacer, ¿no?
¿Lo viste?
¿Viste mi llegada?…
—dijo Park Tae Hyun con voz burlona.
Su tono es de pura satisfacción, de alguien que disfruta demasiado el sonido del miedo.
—Supongo que verás la de ella también.
—añadió Park Tae Hyun, con un brillo malicioso en los ojos.
Y entonces se ríe, una risa baja y espeluznante que parece retumbar en las paredes sin previo aviso, levanta a Jiwon como si fuera un juguete y lo lanza brutalmente a los pies de Jackie.
—¡Maldito infeliz!
No te saldrás con la tuya la próxima vez.
—espetó Jackie, furioso.
Park Tae Hyun lo mira de reojo y su sonrisa se ensancha.
—No vale la pena pelear contigo.
No con una piñata.
—murmuró con desprecio.
Su tono es condescendiente, casi aburrido.
Se estira, sus tentáculos se flexionan con un crujido grotesco.
—Siento que necesito divertirme antes de acabar con todo.
Como bien rápidamente podría.
—dijo con una calma inquietante.
Silencio.
El peso de la verdad cae sobre todos como una losa de concreto.
Woods los ha llevado a una misión suicida.
Pero no hay tiempo para discutirlo.
No hay tiempo para el miedo.
Porque Park Tae Hyun no es solo un enemigo.
Es un monstruo buscando entretenimiento en la violencia.
Y ahora, ellos son sus juguetes.
Ángel avanza lentamente, su mirada fría clavada en Park Tae Hyun.
Su respiración es pesada, pero no por cansancio, sino por la mezcla de emociones hirviendo en su interior.
Odio.
Ansias.
Hambre de batalla.
—He visto tu agresividad en batalla.
Y te odio.
—dijo con voz firme, casi desafiante.
Jackie lo observa con preocupación.
Sabe lo que Park Tae Hyun le hizo antes.
Sabe que, aunque Ángel es rápido, este monstruo es otra cosa.
Pero Ángel sigue caminando.
—Te odio porque puede que me hagas perder.
Y me gusta.
Porque por fin podré desahogarme con alguien.
—añadió con una extraña satisfacción en el tono.
El aire se vuelve más pesado.
Park Tae Hyun lo mira, y por primera vez, su expresión cambia.
Ya no es solo diversión.
Hay algo más en sus ojos.
Impotencia.
Amenaza.
Placer.
Quizás, después de todo, Ángel es exactamente lo que Park Tae Hyun estaba buscando.
Jackie suspira por lo bajo, sin sorprenderse del todo.
Ángel es el único que puede golpearlo tan fuerte sin consecuencias.
Es el único que, cuando pelean, puede darse el lujo de lastimarlo en serio, incluso si a veces le cuesta más de lo que quisiera.
Pero esto…
esto no es una pelea común.
En un pestañeo, Ángel desaparece de su lugar, dejando una grieta en el suelo.
La torre se sacude con el impacto, crujidos recorren las paredes, y el aire se llena de polvo y tensión.
Park Tae Hyun, con reflejos inhumanos, ya envolvió su brazo con tentáculos antes de que Ángel lo alcance.
Su carne se deforma en el último instante, mutando su propia mano para recibir el golpe.
Pero Ángel no se detiene.
—¡Pelea como lo hiciste con Jackie, maldito imbécil!
¡Desátate!
—gritó con furia.
Las alas de Ángel se extienden, el filo de sus plumas brilla por un segundo en la penumbra.
Y luego, el corte.
Un instante después, Park Tae Hyun está en el suelo.
Partido en dos.
El silencio pesa sobre la torre.
¿Acaso Ángel simplemente ganó?
Ángel se da la vuelta sin emoción en su rostro.
No se sorprende.
No sonríe.
Solo lo observa.
El cuerpo partido de Park Tae Hyun empieza a retorcerse en el suelo.
Sus dos mitades se arrastran una hacia la otra como si tuvieran vida propia, pegajosas, convulsionando, deformándose en un espectáculo grotesco de carne y tendones retorcidos.
Un sonido húmedo y repugnante inunda la torre.
Las dos partes se fusionan, piel estirándose como si nunca hubiese habido un corte.
Park Tae Hyun se reconstruye por completo, ahora desnudo, con una sonrisa torcida.
—Nunca pensé que esas alas harían eso.
—dijo mientras se estira, sin vergüenza alguna.
Su mirada se clava en Ángel, pero no con odio.
Sino con deseo.
—Me aseguraré de quitártelas.
Así me divierto mejor con tu cuerpo.
—añadió con una sonrisa enferma.
La torre se siente más fría.
El aire pesa.
Jackie traga saliva.
Ángel no reacciona.
Sus alas se mueven levemente, como si estuvieran vivas.
Ángel intenta moverse, pero antes de que pueda reaccionar, Park lo toma por la cintura y lo lanza como si fuera un juguete.
El viento silba a su alrededor mientras su cuerpo atraviesa el aire, cayendo violentamente 500 metros lejos de la Namsan Tower.
Su impacto contra el suelo levanta escombros y una nube de polvo.
No hay tiempo para respirar.
Park Tae Hyun salta alto, deformando sus brazos en dos mazos monstruosos, con venas pulsando y un brillo enfermizo en su piel.
Desde el cielo, se deja caer sobre Ángel con una fuerza devastadora.
BOOOM El suelo debajo de ellos se quiebra, la onda de choque sacude edificios cercanos.
Ángel siente cómo su espalda y su pecho se hunden con el golpe, su cabeza da vueltas, pero antes de poder recomponerse, Park Tae Hyun ya lo está tomando de nuevo.
Otro golpe.
Otro.
Ángel se siente como un muñeco de trapo, su cuerpo despedido contra muros, calles, vehículos destrozados.
Cada impacto suena como huesos rompiéndose.
Desde lo alto de la torre, Chaeun, Woods y Jiwon observan la brutalidad con ojos abiertos de horror.
—(en coreano) No.
—dijo Chaeun con la voz ahogada.
Woods aprieta los dientes.
Él ha visto muchas peleas, pero esto no es una pelea.
Jiwon, sin embargo, está más sorprendido y asqueado que preocupado.
Sus ojos reflejan algo más allá del miedo.
Algo que nunca quiso ver en su vida.
Ángel apenas logra respirar.
Su cuerpo se hunde en los escombros mientras la sangre gotea de su cabello, manchándole la cara.
Su pecho sube y baja pesadamente, intentando recuperar el aire.
Sus alas… aún no las domina del todo, y eso le está costando caro.
Park Tae Hyun lo observa desde arriba, con esa sonrisa enferma en su rostro desfigurado.
Sus brazos gotean una sustancia oscura y pegajosa, y su piel, retorcida y mutada por DHARMA, luce más resistente que nunca.
—Me gusta cómo aguantas.
—rió entre dientes Se agacha y toma a Ángel por el cuello con una mano monstruosa, levantándolo contra la pared.
Ángel siente la presión en su tráquea.
Sus alas metálicas rozan el concreto, rasgándolo como si fuera papel, pero él no puede moverse.
—No recordaba la última pelea digna después de que DHARMA me diera todo esto… —susurró Park con placer Con una sonrisa sádica, lo lanza otra vez.
Ángel choca con el suelo, su cuerpo rodando entre el polvo y los fragmentos de piedra.
Tose sangre.
Su visión se nubla.
En su cabeza, por primera vez en mucho tiempo, siente miedo.
No miedo a perder.
Sino miedo a que, incluso si gana, no saldrá de esto entero.
De repente, Park Tae Hyun desaparece.
Silencio.
Ángel intenta levantarse, apenas logrando ponerse de rodillas.
Su respiración es pesada.
Y entonces.
¡BAM!
Un nuevo golpe lo manda de vuelta al suelo, su cuerpo rebotando contra los restos de un edificio destruido.
—Siempre eran lo mismo…
Militares…
Helicópteros a veces…
Fuerzas especiales…
Me cansé de oír sus gritos…
—ríe con una voz llena de locura.
Empieza a caminar en círculos alrededor de Ángel, como un depredador acechando a su presa.
—Algunos…
acabé con ellos…
Con otros…
—dice con una sonrisa cruel.
Hace una pausa.
Su lengua asoma por la comisura de sus labios, como si estuviera recordando algo delicioso.
—Me satisfací…
—añade con deleite enfermizo.
Ángel siente un escalofrío en la espalda.
Se agacha frente a él, observándolo de cerca con esos ojos llenos de locura.
—Pero contigo…
—susurra con expectación contenida.
Su sonrisa se ensancha.
—Siento algo que creo que nunca sentiré…
—confiesa, embriagado.
Sus dientes deformados brillan con la luz de la luna.
—Diversión.
—concluye, casi con ternura.
Ángel escupe sangre contra el suelo.
Su cuerpo apenas responde, y su respiración es errática.
Con cada latido, siente el dolor de los golpes recorriendo su cuerpo como fuego.
Levanta la mirada y ve a Park Tae Hyun acercarse de nuevo, sus pasos resonando en el silencio de la calle destruida.
—¡Para!
—grita con voz ronca, desesperado.
Por alguna razón, Park Tae Hyun se detiene.
El aire se congela.
Pero Ángel ya no tiene fuerzas para pelear.
Apenas logra levantar su cabeza, jadeando, su cara cubierta de sudor y sangre.
Se deja caer.
Respira pesadamente contra el suelo, sintiendo la suciedad pegarse a la piel.
Rendido.
Él lo observa por un momento, y sonríe.
—Suficiente descanso.
—susurra, escalofriante.
Y antes de que Ángel pueda reaccionar— ¡BAM!
Un golpe brutal lo entierra en el suelo, rompiendo el asfalto.
El impacto resuena en el aire como un trueno.
Sin darle tiempo de respirar, Park Tae Hyun lo patea con fuerza, enviándolo, volando lejos.
El mundo gira.
Ángel rueda por la calle hasta chocar con algo extraño.
Se reincorpora lentamente, mareado, y al levantar la vista, lo ve.
Frente a él, una multitud de figuras deformes lo observan en silencio.
Seres retorcidos.
Cuerpos enredados en carne mutada.
Un ejército de cosas raras.
El pecho de Ángel se acelera.
—¡No me miren!
¿Qué hacen?
¿¡Qué son?!
—desesperado, mirando a todos lados.
Silencio.
Los ojos de esas criaturas lo perforan, inexpresivos, esperando algo.
Y entonces— ¡BAM!
Un golpe lo lanza de nuevo lejos, esta vez en dirección contraria.
Jackie había aparecido de la nada otra vez, con su sonrisa despreocupada.
Ángel se retuerce en el aire y logra recuperar el equilibrio a duras penas.
Se impulsa con sus alas y gira para atacar en el aire con un movimiento brutal, y solo se le paso por la mente cuando hizo lo mismo con Jackie.
¡CRACK!
Había sido su propia mano la que se había roto contra el cuerpo de Park Tae Hyun.
Se quedó paralizado por un segundo.
Sus nudillos quedaron destrozados, la piel abierta, la sangre escurriendo por sus dedos.
El impacto había sido brutal.
Y Park Tae Hyun ni siquiera se inmutó.
Pero Ángel no tuvo tiempo de procesarlo.
Antes de que pudiera reaccionar, Jackie apareció de la nada— ¡BAM!
Y Park, no le importo, mostraba superioridad, y lo lanzó otra vez lejos con una velocidad equivalente a la velocidad de sonido al aire para que no interrumpa, llevándolo lejos.
Ángel se retorció en el aire, usando sus alas para estabilizarse como pudo.
El dolor en su mano derecha lo estaba matando.
Apenas podía cerrarla.
Pero entonces— Park Tae Hyun apareció frente a él en un parpadeo.
Su sonrisa torcida aún en su rostro.
—Oye… ¿Sabes?
— Se sacudió la mano, como si el golpe anterior no le hubiera hecho absolutamente nada.
Park Tae Hyun (en coreano, con una sonrisa de emoción): “Mi cuerpo… no es ni siquiera prácticamente como el tuyo…” Dio un paso adelante, con los ojos brillando de emoción.
—Ni siquiera sé qué Woods te dijo qué es DHARMA exactamente.
— Su sonrisa se ensanchó.
—Es lo que ustedes llaman ‘la anomalía’… — Y antes de que Ángel pudiera moverse, Park Tae Hyun lo tomó de las piernas— ¡Y lo arrastró violentamente contra el asfalto!
El suelo raspó su piel, arrancándole pedazos de su ropa, su cuerpo quemándose contra la calle.
Ángel apenas pudo contener los gritos de dolor que escapaban de su garganta.
Park Tae Hyun seguía caminando con calma, arrastrándolo como si fuera un muñeco de trapo.
Su voz sonaba tranquila, pero con un tono cruel, casi disfrutándolo.
—cuando tenía 19… Yo era un muchacho… desagradable….
Con una vida de mierda, no te mentiré.
— Hizo una pausa, como si saboreara el momento.
—Y todo el bla, bla, bla, qué aburrido.
— Su sonrisa se ensanchó aún más.
—Hasta que DHARMA llegó… — Apretó más las piernas de Ángel, haciendo que su piel se pusiera morada.
—Me dijo que si quería unirme…— De repente, corrió— Arrastrando a Ángel a gran velocidad por la calle.
Ángel gritó entre dientes, el dolor recorriéndole todo su cuerpo.
Cada piedra y grieta en el suelo le desgarraba la piel, dejando un rastro de sangre a su paso.
Pero Park Tae Hyun solo reía.
—¡Abusaban de mí en la universidad, para resumirte las cosas…!
— De repente, lo soltó.
Ángel rodó varios metros, su cuerpo temblando.
Alzó la vista, jadeando, viendo a Park Tae Hyun levantar los brazos con locura.
—¡Y mírame ahora!!— Sus ojos brillaban con éxtasis enfermizo.
—¡¡Soy más de lo que pude desear!!— El sonido del caos llenó el aire, mientras Park Tae Hyun se mantenía jugando con Ángel, disfrutando de cada golpe, cada momento de sufrimiento que le causaba.
Ángel apenas podía reaccionar, su cuerpo sangrando, destrozado por la tortura, pero Park Tae Hyun no parecía tener ningún interés en terminarlo pronto.
Sin embargo, en medio de la batalla, un paso firme interrumpió la escena de horror.
Woods llegó al lugar, con la mirada fría y llena de furia.
Al ver a Park Tae Hyun desnudando, jugando con Ángel como si fuera un objeto, su ira explotó.
No podía permitir que su compañero fuera tratado de esa manera.
Woods no dijo una palabra de inmediato.
Su mano se levantó lentamente, y de un solo movimiento, sacó su pistola de su cinturón, apuntando a Park Tae Hyun.
La tensión aumentó instantáneamente, su voz resonando con una furia controlada pero peligrosa.
—Mandaste a volar a Jackie como si nada, a pesar de que te dio mejor pelea que este muchacho…
pero a mí sí que no me mandas…— Park Tae Hyun se detuvo por un momento, al escuchar esa voz tan familiar, esa voz que sonaba tantas veces de forma desesperada y fría cada vez que Park mataba a un soldado de Truman.
Su sonrisa se volvió una mezcla de diversión y sorpresa, reconociendo la presencia de Woods.
—¡Woods!
Mi compa— — Antes de que pudiera terminar la frase, Woods actuó rápidamente.
Usando su don telequinético, levantó escombros de los edificios cercanos, creando una gran pared detrás de él, y de inmediato el suelo tembló.
Al mismo tiempo, una segunda pared apareció frente a él y, encima de todo, formó un techo para encerrarlos en ese pequeño espacio.
Las rocas que formaban la pared brillaban con una luz tenue que cortaba la oscuridad que los rodeaba, dándole una atmósfera extraña y ominosa.
Woods estaba controlando su poder de manera tan precisa que el lugar ahora era más visible, pero también más peligroso.
La luz que emanaba de las rocas parecía alimentarse de la ira que Woods sentía en ese momento.
—¡BIENVENIDO A MI JUNGLA, MONSTRUO DE MIERDA!
— En ese instante, desató su furia.
Desde su pistola, disparó cuchillas afiladas hechas de escombros, mientras las balas de sus pistolas volaban directo a Park Tae Hyun.
La velocidad y el poder de su ataque fueron imponentes, tan controlados y veloces que Park Tae Hyun apenas tuvo tiempo de reaccionar.
El aire se llenó de explosiones y golpes fuertes, mientras las cuchillas cortaban el aire y las balas rompían el espacio, dirigiéndose directamente hacia el monstruoso enemigo.
Woods estaba completamente enfocado en acabar con Park Tae Hyun, sin importar la destrucción a su alrededor.
Park Tae Hyun, por su parte, se rió, pero esta vez con un tinte de molestia.
Sabía que la pelea contra Woods no sería fácil, y esa mirada desafiante de Woods lo incomodaba más de lo que quería admitir.
La batalla entre ellos estaba a punto de intensificarse aún más.
La batalla había alcanzado su punto máximo.
Los ataques de Woods lanzaron a Park Tae Hyun contra las paredes, rompiendo todo a su paso.
Las cuchillas y balas golpearon con furia, y el impacto fue tal que Park voló hacia atrás, destrozando la estructura que Woods había creado para enfrentarlo.
El terreno tembló bajo la fuerza de la colisión.
Justo cuando parecía que todo había terminado, Woods corrió a Ángel, sorprendido de que, después de todo el sufrimiento, Ángel aún se mantuviera de pie.
A pesar de su cuerpo dañado, su mirada seguía firme, como si la batalla nunca hubiera sido suficiente para quebrantar su voluntad.
Woods, sin pensarlo dos veces, intentó llevarlo consigo, pero antes de que pudieran moverse, el sonido de una risa quebró la tensión.
Park Tae Hyun, desde afuera, seguía riendo, su risa llenándolo el aire como un eco de locura.
Su frustración y diversión se mezclaban, irritado pero emocionado por la interrupción en la pelea.
De repente, una figura apareció en el cielo.
Una presencia imponente descendió del aire, y en un abrir y cerrar de ojos, una figura femenina aterrizó con un poderoso golpe en la cabeza de Park Tae Hyun, abriendo un hoyo profundo en el suelo.
Park Tae Hyun cayó al suelo, atónito por la repentina aparición.
La mujer que lo había golpeado era Miranda Stone, la madre de Ángel, y su físico impresionante dejaba claro que no estaba dispuesta a ser un simple espectador.
Miranda miró al monstruo en el suelo, y sin perder tiempo, rompió su uniforme, dejando ver su cuerpo fuerte, tan imponente como su presencia.
Solo llevaba una camisa de fuerza, que sostenía su torso y pecho con firmeza.
Sin miedo, se acercó a Park Tae Hyun mientras este aún intentaba levantarse del suelo.
Miranda lo tomó del cuello, lo levantó con facilidad y lo miró fijamente, sus ojos llenos de determinación y poder maternal.
Con un tono firme, le susurró al oído de Park Tae Hyun, dejando claro que su juego de violencia había llegado a su fin.
—“El Señor es mi fortaleza y el escudo de mi casa; en Él confía mi corazón… y con Él, mi familia nunca caerá.” —
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