El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 2
- Inicio
- Todas las novelas
- El Cielo También Tiene Ruinas
- Capítulo 2 - 2 Henry Jackman Jackie
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: Henry Jackman / Jackie 2: Henry Jackman / Jackie Ángel sintió un ardor en el pecho, una frustración que le quemaba más que cualquier herida.
Su cuerpo se tensó, su respiración se volvió errática, y sin pensarlo más, se lanzó otra vez.
—¡No entiendo!
—grito, su voz cargada de rabia y algo más profundo, algo que no quería admitir —¿¡Que carajos quieres de mí!?
¡No soy especial, no soy nadie!
¡Déjame en paz!
— Sus alas se movieron como látigos afilados, cortando el aire con una velocidad inhumana.
Pero Jackie… Jackie seguía esquivando.
No con miedo, no con desesperación, sino con la misma calma de siempre.
Sus movimientos eran limpios, fluidos, como si supiera donde y cuando moverse.
Ángel sintió como la ira le cegaba, pero entonces… noto algo.
Cada vez que atacaba, Jackie no solo esquivaba.
No era casualidad.
Jackie no tiene un físico ni se le ve que es el tipo de persona que podría moverse tan fácil de algo así, que es algo más… Sus ojos.
Esa mirada serena, analizaban cada movimiento, cada pequeño gesto de Ángel.
No estaba huyendo.
Estaba leyendo sus ataques.
Ángel entrecerró los ojos, su respiración aun agitada.
Jackie no estaba asustado, ni siquiera parecía preocupado.
—¿Qué… cara…?
—corto Ángel la palabra a la mitad, sintiendo un escalofrió recorrerle la espalda.
Jackie sonrió levemente, inclinando la cabeza, como si acabara de notar que Ángel finalmente se daba cuenta.
—¿Te diste cuenta, ¿eh?
—dijo con voz tranquila, dando un paso hacia atrás justo cuando otro corte paso rozándole el hombro.
—No es que sea rápido… es que ya sé cómo te mueves — Ángel sintió su corazón saltarse un latido.
Sus alas, su instinto, su velocidad… nada de eso estaba funcionando.
Por primera vez, alguien no solo sobrevivía a su furia, sino que la entendía.
Y eso lo desconcertó más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Jackie seguía ahí, tranquilo, esquivando cada tajo con una facilidad que no tenía sentido.
Y entonces lo entendió.
No era solo que Jackie fuera rápido.
No era reflejo, ni suerte, ni experiencia.
Era algo más.
Sus ojos… esa mirada relajada pero precisa… Jackie no estaba solo reaccionando.
Estaba viendo.
—Tu…—murmuro Ángel, con la voz entrecortada.
Sus alas vibraron con tensión, su mente tratando de procesarlo.
—No estas esquivando porque seas ágil…— Jackie sonrió, acomodándose su camiseta con total calma, sin perderle de vista.
—Bien ahí, genio.
Te tomo un rato— Ángel sintió que la frustración se transformaba en algo más.
Se dio cuenta de que, si se hubiera mostrado menos hostil antes, quizás supiera cómo funciona su don.
Sus alas bajaron apenas un poco, pero su cuerpo seguía en guardia.
—¿Qué tienes… con que Dios te bendijo?
—exigió, sus ojos clavados en Jackie como dagas.
Jackie suspiro, como si le diera pereza explicarlo.
—tengo los mismos reflejos que los de una mosca, quizá mejor, pero para llevarlo a algo más “cool”, digamos que veo tus movimientos antes de que pasen.
No como una visión del futuro ni nada “wow”.
Es más bien… cámara lenta — Ángel sintió que su pecho se apretaba.
—Cámara… lenta… — murmuro Ángel —Aja.
Tú te mueves, yo lo veo antes de que termines.
Como si todo a mi alrededor fuera un video que puedo adelantar y rebobinar en mi cabeza.
— El silencio entre ellos fue sofocante.
Ángel trago saliva, su mente girando a toda velocidad.
—Por eso no me tocas, ¿no?
—susurro Ángel, más para sí mismo que para Jackie.
Jackie sonrió de lado.
—No porque no pueda.
Sino porque no quiero.
— Ángel sintió un golpe en el pecho que nada tenía que ver con la pelea.
Jackie no solo lo había esquivado todo… Jackie había podido golpearlo letalmente en cualquier momento.
Pero no lo hizo.
No lo iba a hacer, no había razón por qué.
Y eso… lo confundía más que cualquier otra cosa El aire estaba pesado, solo roto por la respiración acelerada de Ángel.
Su mente procesaba cada detalle, pero su instinto seguía en alerta.
No podía bajar la guardia.
Su mirada se afilo con decisión.
Sin previo aviso, volvió a atacar, pero esta vez, no con un movimiento predecible.
No con algo que Jackie pudiera anticipar.
En el último instante, Ángel giro su cuerpo en el aire, y con un potente impulso de sus alas, se movió con una velocidad casi imperceptible.
En ese momento, Ángel recordó las palabras que escuchó en algún momento de su vida, y desde un rincón vacío de su cerebro, lo recuerda: “El mocoso encima de inteligente, se adapta rápido, quizás por eso no pude penetrar su piel con ese lápiz”.
Un desplazamiento lateral tan rápido que el viento rugió a su alrededor, las plantas alrededor bailaban en el aire, el polvo se levantaba del suelo.
Jackie apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Lo vio, sí, pero el cuerpo de Ángel ya no estaba donde esperaba.
Antes de que pudiera ajustarse, sintió un agarre desde un punto ciego firme en su brazo izquierdo.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Cómo…?
— dijo Jackie mientras giraba a ver a ese punto ciego.
La piel de Ángel irradiaba una extraña energía, como si por un momento su cuerpo despertara algo oculto.
Su agarre era sólido, más fuerte de lo que Jackie anticipo.
Y entonces, el impacto justo en la cara.
Ángel logro empujarlo con fuerza, haciéndolo retroceder varios metros.
El sonido de la colisión resonó en el aire, y Jackie sintió el suelo tambalearse bajo sus pies.
Pero no fue el quien perdió el aliento.
Ángel cayo de rodillas, jadeando, sintiendo el peso del esfuerzo.
Usar sus alas de esa manera, combinado con su otro don (endurecer la piel), le había drenado más energía de la esperada.
Se apoyó en una mano, tratando de mantenerse estable, y en ese momento, sus alas se activaron sin su consentimiento, cortando su espalda en rasguños, ya que este por la presión del momento tiene su don de endurecer la piel activo en el momento.
Ángel nota este comportamiento de sus alas, y mientras mantiene la mirada en Jackie, este mueve sus alas para cortar un árbol cercano en una ira ciega apretando los dientes levemente, luego, estas alas dejaron de rasguñarlo.
Jackie, aun recomponiéndose, se llevó la mano a la cara en el lado en el que Ángel lo golpeo, y exhalo con calma.
—Vaya… —dijo con una leve sonrisa.
—Ese sí que no la vi venir.
— Ángel siguió mirándolo lentamente, mientras recuperaba el aliento apoyado de una mano.
Pero lo que lo desconcertó no fue que Jackie siguiera en pie.
Fue que, lejos de molestarse… Jackie se emocionó un poco Jackie parpadeo un par de veces, procesando lo que acababa de pasar.
Se llevó la mano al rostro, sintiendo el leve ardor del impacto.
—¿Me golpeaste… en la cara?
— Hubo un breve silencio… Entonces, de repente, soltó una carcajada.
—¡Haha!
¡En la cara, carajos!
¡Eso se llama agilidad, pequeño Ángel!
— Se sacudió la camiseta con una sonrisa de pura diversión, como si acabara de presenciar algo impresionante en lugar de haber recibido un golpe.
Ángel, todavía recuperándose, solo lo miro con incredulidad.
Su respiración era pesada, su cuerpo agotado, pero algo dentro de él se retorció al ver la reacción de Jackie, le hizo pensar que no se tomaba nada enserio.
Jackie seguía riendo entre dientes, aun frotándose la mandíbula, pero su sonrisa se fue apagando poco a poco cuando vio a Ángel levantarse.
A pesar del agotamiento evidente en su cuerpo, ahí estaba.
Su silueta recortada contra la luz dorada del atardecer, con las alas en alto, proyectando una sombra imponente sobre el suelo.
Su mirada seguía siento la misma: fría, seria, calculadora.
—Entonces… —murmuro Ángel, sin apartar los ojos de Jackie mientras se acomodaba el brazo con el que lo agarro por sorpresa.
—Tu tiempo de reacción antes de esta… “cámara lenta” es muy parecida a la de una mosca… — El viento soplo suavemente entre ellos.
Jackie entrecerró los ojos, su expresión cambiando sutilmente.
—¿Huh?
— Ángel no parpadeo.
No titubeo.
—voy a aplastarte como una la próxima que me esquives… — dijo Ángel, ahora tratando de calcular perfectamente todo lo que hará Jackie, siempre ha sido alguien calculador, adaptable y atento, y aunque la ira lo cegaba, su inteligencia formaba parte de sus grandes atributos.
El ambiente seguía tenso, la luz del atardecer bañando el suelo con tonos dorados y rojizos… hasta que, de repente, todo cambio
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com