El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 ¡EN SUS MARCAS!
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33: “¡EN SUS MARCAS…!
33: “¡EN SUS MARCAS…!
Samantha dio un paso hacia atrás, su pecho subiendo y bajando rápido.
Su mirada iba de un punto a otro, abrumada, confundida, temblorosa.
Hasta que soltó un grito: —¡¿Qué carajos es esto?!
¡¿Qué estás haciendo?!
La voz de Dharma llegó, pero no desde su boca.
No desde ningún punto visible.
Entró directo a la mente de Samantha, calmada, controlada, pero con una intensidad absoluta.
Una especie de telepatía que no pedía permiso.
—No es necesario que hables, pequeña.
Solo mira.
Lo que estoy a punto de hacer… es para divertirme.
Samantha retrocedió otro paso, su respiración alterada.
El público falso seguía gritando, eufórico, como si algo grandioso estuviera por comenzar.
Y al centro de todo, Dharma observaba desde algún lugar invisible, no como una diosa… sino como una espectadora que estaba a punto de ver su función favorita empezar.
Y así, sin advertencia, Dharma chasqueó los dedos una vez más.
Toda la carne orgánica, el entorno viscoso y grotesco que dominaba el espacio, se deshizo como humo denso, retrocediendo en espirales hacia la nada.
La distorsión se comprimió, se transformó… y el mundo cambió.
Donde antes había pulsos de nervios vivos y estructuras hechas de materia imposible, ahora todo tenía forma tecnológica.
Paredes de metal pulido, estructuras flotantes iluminadas por luz neón, pantallas suspendidas en el aire proyectando datos incomprensibles.
El círculo central se había convertido en un enorme aro cerrado, un circuito.
Una mezcla perfecta entre una pista de carreras, una arena de combate y un coliseo futurista.
Una infraestructura tan avanzada que parecía diseñada por la imaginación de miles de civilizaciones distintas.
La pista se expandía hacia los extremos, giraba en espiral, subía y bajaba hasta que se conectaba de nuevo con su inicio, cerrando el círculo.
Era un espacio de caos absoluto, preparado para algo violento, frenético, sin sentido lógico más allá del espectáculo.
Y entonces, Dharma aplaudió otra vez.
Samantha parpadeó.
Y sin darse cuenta cómo, ahora ambas estaban sentadas en una plataforma suspendida, justo en el centro superior de todo.
Desde ahí se veía todo el circuito, toda la arena, todo el público.
Las criaturas deformes del público aún estaban allí, pero ahora tenían un estilo más “entendible”: algunos con visores, otros con trajes cibernéticos.
Aún deformes, pero más adaptados al nuevo entorno.
Gritaban igual.
Aplaudían igual.
Esperaban algo.
Y sobre todo, ahora había sonido amplificado.
—¡Señoras y señores, entidades de toda forma, tiempo y plano de existencia!
—dijo una voz potente desde los altavoces invisibles— Capítulo 3: “La competencia” ¡Bienvenidos a otra edición de lo IMPOSIBLE!
¡Donde la realidad se rompe, y la diversión se convierte en muerte!
Samantha volteó bruscamente hacia Dharma, aun procesando lo que veía.
—¿Qué es esto ahora?
¿Qué más estás haciendo?
Dharma, elegantemente cruzada de piernas, sostenía una copa que parecía vino, pero cuya sustancia giraba en su interior como si tuviera vida propia.
No miraba a Samantha.
Miraba el circuito.
Sonreía, relajada, como si estuviera en una ópera.
—Te estoy mostrando lo que hago cuando me aburro —dijo, con voz tranquila, casi maternal—.
Esto… es solo un pequeño escape.
Una función.
Una manera de matar el tiempo mientras los mundos se rompen solos.
Le dio un pequeño sorbo a su bebida.
—Quiero que veas.
Quiero que entiendas lo que significa jugar con las almas, con el caos, con las probabilidades.
Samantha observaba la escena, el coliseo artificial, la audiencia imposible, los neones brillando como si el mundo fuera solo una carcasa para una función cruel.
Tenía la copa frente a ella, no la tocaba.
Solo miraba.
Respiraba lento.
No entendía todo… pero sentía demasiado.
—¿Dharma…?
—preguntó, sin mover la cabeza—.
¿Esto…
está mal?
Dharma giró solo un poco su rostro, su sonrisa aún suave, su tono igual de tranquilo que antes.
—¿Mal?
No importa si está mal.
Estas cosas —dijo con un movimiento de su mano señalando hacia el vacío bajo ellas— no son reales.
Son copias, simulaciones.
No tienen valor real.
Solo memorias, personalidad derivada, programación emocional.
Como el Ángel que exploté.
Como Miranda.
No eran ellos… solo versiones de lo que podrían haber sido.
Samantha se estremeció ligeramente.
Aun así, no apartó la mirada.
Había algo en todo eso que le provocaba incomodidad… pero también un tipo de fascinación inquietante.
Quería entender.
No sabía por qué.
Y entonces, las luces de la arena bajaron, dejando la pista central iluminada por un resplandor tenue.
Un estruendo metálico se escuchó desde el fondo.
Una puerta gigantesca se abrió lentamente, dejando salir una niebla blanca y fría.
El comentarista volvió a hablar con voz eufórica: —¡Y aquí vienen nuestros tres nuevos participantes del evento principal!
¡Directamente de las posibilidades distorsionadas, versiones únicas, y copias con peso narrativo!
¡Denle la bienvenida a…!
La primera figura emergió caminando con paso firme.
Jackie.
Samantha lo observó con atención.
Era alto, más de lo que debería ser, su cabello oscuro y largo recogido con un nudo descuidado.
Su cuerpo tenía más metal que carne visible, una estructura robótica asimétrica, aún humano pero rediseñado.
Su expresión era seria, sin la energía caótica que solía asociarse con alguien con ese nombre.
—¿Quién… es él?
—preguntó Samantha en voz baja, más para sí que para nadie.
Dharma la escuchó igual.
—Una versión.
Un “¿y si…?”.
Me gusta su diseño.
Aunque está más roto por dentro que por fuera.
Luego salió el segundo.
Un muchacho que parecía de 14 años, pero algo en él decía lo contrario.
Una expresión dulce, casi angelical, y una gabardina larga que arrastraba apenas el suelo.
Caminaba con calma.
Su mirada era vacía, pero consciente.
Sus manos estaban en los bolsillos.
—¡Callaghan de Madera!
—dijo el comentarista—.
¡Heredero de un mundo en ruinas, hijo de un poder que jamás entenderá!
Samantha frunció el ceño.
—¿Quién es ese?
Dharma asintió lentamente.
—Es una versión de Callaghan Woods.
Distorsionada.
Nacido en otra línea.
Hijo de sí mismo.
O algo peor.
¿No es maravilloso?
Samantha se confundió al escuchar ese nombre, pero no le dio muchas vueltas después de preguntar lo último.
—Callaghan… Woods… a ¿Callaghan de Madera?…
que creativo.
Y entonces, cuando la multitud artificial empezó a gritar con más fuerza, salió el tercero.
Samantha lo vio de inmediato.
Ángel.
Sin alas.
Pero la misma cara.
El mismo caminar.
Esa forma de arrastrar la rabia con cada paso, de llenar el aire con solo existir.
Su mirada era idéntica.
Fría.
Cansada.
Peligrosa.
No parecía desconcertado.
No parecía parte del espectáculo.
Parecía haber aceptado desde antes que iba a pelear.
Samantha sintió un nudo en la garganta.
—…¿Él también es una copia?
Dharma soltó una pequeña risa contenida, levantando la copa con suavidad.
—No lo sabría decir.
Pero no importa.
Se ve hermoso, ¿no?
Esto… va a ser divertido.
Una vibración poderosa sacudió el aire.
De pronto, una música estalló por todo el estadio, combinando los metales pesados de una guitarra brutal con la magnificencia de una sinfonía orquestal.
Cuerdas intensas, percusión marcial, coros artificiales de voces sintéticas.
La pista circular empezó a brillar con luces intermitentes.
Las gradas se agitaban, los espectadores deformes gritaban como bestias inteligentes, cada uno celebrando a su favorito sin saber realmente por qué.
Era solo emoción primaria.
El comentarista rugió con fuerza a través de los altavoces: —¡¡Y AHORA SÍ, PÚBLICO DE TODOS LOS PLANOS!!
¡¡VÉANLOS!!
¡¡ESTÁN A PUNTO DE ENTRAR EN ESCENA!!
¡¡CONÓZCANLOS, SIENTAN SU ENERGÍA, APUESTEN SUS VIDAS O SUS ALMAS, ¡¡NO IMPORTA!!
¡¡ESTO…
ES… SANGRE EN CIRCUITO!!1 Un gigantesco holograma se activó sobre el centro de la arena, visible desde cada punto del estadio.
Las figuras de los tres participantes se alzaron en 3D, cada uno rodeado de datos.
JACK Clase: Tecno mutante Cibernético Avanzado Habilidades: – Velocidad de reacción aumentada por neurocircuitos internos –Adaptación instantánea al entorno mecánico – Capacidad de análisis en tiempo real y visión térmica Historia (resumen): Único sobreviviente de una escaramuza dimensional.
Su cuerpo ha sido reconstruido incontables veces, haciéndolo resistente, silencioso y calculador.
Letalidad en carrera: 7.5/10 Inteligencia de combate: 8/10 Apuestas en tiempo real: 10.400 unidades energéticas / 3 almas conscientes1 CALLAGHAN DE MADERA Clase: Heredero de la Anomalía Habilidades: – Maestria en fabricación de armas y artefactos – Proyección de energía residual distorsionada – Alta resistencia psíquica y capacidad regenerativa impredecible Historia (resumen): Hijo de una versión colapsada de Callaghan Woods, crecido entre anomalías y tecnologías arcaicas.
Su edad y poder no coinciden.
Letalidad en carrera: 5/10 Inteligencia de combate: 9/10 Apuestas en tiempo real: 7.200 unidades energéticas / 1 alma fracturada1 ÁNGEL Clase: Mutado Reprimido Habilidades: – Proyección de fuerza bruta en aumento progresivo – Dominio instintivo del combate cercano – Capacidad de contención emocional volátil (riesgo letal elevado) Historia (resumen): Construido desde los restos de múltiples realidades.
Aunque sin alas, mantiene la esencia del original.
Frío, decidido, imposible de leer.
Letalidad en carrera: 9/10 Inteligencia de combate: 7.5/10 Apuestas en tiempo real: 17.800 unidades energéticas / 0.19980 almas latentes1 Luego de la presentación, las luces de la arena se enfocaron en cada uno de los tres participantes, que ahora se encontraban en plataformas separadas a lo largo del circuito.
Las cámaras flotantes los rodeaban, transmitiendo en directo cada expresión, cada movimiento, cada gesto previo al combate.
Todo era parte del espectáculo.
Jack solo giró ligeramente el cuello, haciendo un pequeño clic mecánico mientras sus brazos se ajustaban solos con una breve descarga eléctrica.
Su expresión era de completa calma, como si ya hubiese corrido esta carrera mil veces en su mente.
Callaghan de Madera se cruzó de brazos, mirando alrededor con cierta arrogancia, como si todo lo que lo rodeaba fuese inferior.
Parecía tranquilo, pero esa tranquilidad cargaba una amenaza sutil.
Ángel, por su parte, permanecía inmóvil, con la mirada clavada al frente.
No tensaba ni un músculo, pero su presencia hablaba sola.
Un peso en el aire que hacía que las cámaras flotaran con cautela a su alrededor.
En la sala de control flotante, Dharma no apartaba los ojos de Ángel.
Su copa descansaba en el aire a su lado, olvidada.
Solo observaba, con una sonrisa que no era de admiración, sino de genuino interés, como si presenciara el florecimiento de un experimento que jamás creyó tan perfecto.
Samantha, sin entender del todo cómo funcionaba, movía las manos entre los hologramas, analizando las fichas flotantes de los tres.
Su mirada pasaba de Jackie a Ángel… y se detenía con más tiempo en Callaghan.
Había algo extraño en él que la hacía elegirlo sin saber por qué.
Quizás su juventud, su rareza, su energía inestable… o simplemente intuición.
—Él… —dijo, tocando su ficha flotante—.
Él es mi elección.
Y justo entonces apareció el siguiente panel: las monturas.
Cientos.
Desde motocicletas aerodinámicas hasta criaturas biomecánicas, reptiles colosales, caballos eléctricos, bestias flotantes, vehículos de guerra, tanques sin ruedas, y hasta entidades vivientes en forma de sombras que ofrecían su espalda.
Samantha dudó por un segundo, pero eligiendo algo veloz y maniobrable, tocó un tipo de montura que parecía un lobo gigante de acero fundido, con patas largas y ojos azules.
Ágil, adaptable.
Era más una mezcla entre vehículo y ser vivo.
En ese instante, Callaghan de Madera giró el rostro hacia una pantalla holográfica que flotaba frente a él, y pudo ver en tiempo real quién lo había elegido y qué montura había activado.
Su expresión pasó de neutra a molesta en cuestión de segundos.
Frunció el ceño, y con un tono seco y amenazante, murmuró: —Más te vale que esa elección valga la pena… o te juro que salgo de esta pista, subo a esa sala de control y te rompo cada maldito hueso.
Y volvió la cabeza al frente, como si nada.
Samantha se congeló.
No por miedo real, sino por lo directo que fue.
Y Dharma… solo rió.
—Ah, jóvenes con temperamento —murmuró con voz suave, mientras el circuito comenzaba a encenderse.
La cuenta regresiva estaba por empezar.
El estadio entero entró en un silencio artificial, controlado, exacto.
Cada foco de luz apuntaba a los tres corredores desde ángulos imposibles.
En las pantallas gigantes flotaban sus nombres, sus imágenes, y una línea de energía recorría el borde del circuito como un latido creciente.
El comentarista soltó un grito entusiasta que resonó en cada rincón de la arena: —¡¡A LA CUENTA REGRESIVA!!
¡¡PREPÁRENSE PARA LA CARRERA DE SUS VIDAS…
O DE SUS MUERTES!!
Las unidades energéticas son la moneda corriente: medidas estandarizadas de energía pura que sirven para transacciones diarias, comercio básico y contratos cósmicos, sin la rareza ni la singularidad de las almas fragmentadas.Son fragmentos que, a pesar de su división, conservan pensamiento, emociones y cierta voluntad propia.
Son abundantes y relativamente fáciles de encontrar, pero su capacidad de actuar por sí mismas las hace inestables como recurso; pueden resistirse, huir o incluso manipular al portador que las posea.
Por eso, en el mercado astral, su valor es bajo: se consideran el “oro barato” de los comerciantes cósmicos, útiles para pequeñas tareas, exploración o experimentos menores, pero poco confiables para la extracción de energía pura o la creación de artefactos poderosos.Estas son los fragmentos de almas que han sido cuidadosamente divididas y purificadas.
Cada fragmento conserva una esencia estable y concentrada de la original, lista para alimentar portales, forjar artefactos o ser intercambiada como energía pura.
Su rareza y utilidad las convierten en la verdadera moneda de alto valor en el cosmos: codiciadas por civilizaciones enteras y disputadas en subastas y duelos astrales.
Su historia está marcada por sacrificios y rituales antiguos, pues no cualquier alma puede ser fracturada sin perder su potencia.Almas completas e intactas, con todo el poder y memoria del ser original.
Son extremadamente raras y su valor va más allá de lo económico: poseen influencia absoluta, conocimiento único y capacidad de alterar reinos enteros.
Civilizaciones enteras han girado alrededor de la posesión o protección de una Alma Latente, y su comercio es secreto, reservado solo para los más audaces o desesperados del cosmos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com