El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 37
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
37: Charla 37: Charla Ángel bufó.
Se acercó al panel de control para reiniciar la simulación…
pero una vez más, todo estaba en japonés.
Comenzó a presionar botones al azar, la pantalla pitó varias veces, sin hacer lo que quería.
—¡Tsk!
¡Maldita sea!
—exclamó, golpeando el panel con el puño lleno de fluido oscuro.
El sistema no respondió.
Solo más texto ilegible para él.
Frustrado, se dejó caer al suelo de golpe, exhalando con fuerza.
Apoyó un brazo en la rodilla, y con la mirada baja, se sentó en pose de mariposa, doblando ambas piernas.
Sin darse cuenta, comenzó a jugar con su propio cabello, enredando mechones entre los dedos.
Su respiración era pesada, pero no de cansancio físico… era emocional.
Un intento de mantener la calma.
Todo en su lenguaje decía: “no puedo más por hoy.” Y aún así, Sarah no dijo nada.
Solo lo miró, con una mezcla de respeto y ternura.
No estaba ahí para cambiarlo.
Solo… para entenderlo.
Aunque él no quisiera.
Sarah se acercó con pasos suaves, intentando no provocar otra reacción explosiva.
Se sentó lentamente junto a él, sin invadir demasiado su espacio.
Lo observó de reojo, viendo cómo enredaba su cabello en los dedos con una mezcla de tensión y desconexión.
Luego, sin más, habló.
—Puedes hablar conmigo, ¿sabes?
—dijo en voz baja, intentando no sonar invasiva—.
Si hay algo que te está…
jodiendo la cabeza.
Puedes decirlo.
Ángel no respondió de inmediato.
Sus ojos siguieron fijos en un punto del suelo.
Después, como si sus palabras fueran una reacción automática, murmuró sin mirarla: —No necesito hablar con nadie.
Solo aléjate.
O no me hago responsable.
Sarah frunció el ceño y apretó los puños.
Se le notaba la lucha interna: entre contenerse…
o no hacerlo.
Y no lo hizo.
—¡¿¡Deja de empujarme, carajo!?!
—gritó de pronto, furiosa— ¡¿Qué mierda te pasa con aceptar ayuda de una puta vez?!
¡¿Acaso prefieres seguir pudriéndote solo!?
Ángel se sobresaltó.
Fue una descarga inesperada.
Se giró hacia ella, sorprendido, con una expresión rara en él: inseguridad.
—…Ok, lo que digas…
—murmuró finalmente, bajando la mirada.
Sarah, aún jadeando de la rabia, se dio cuenta de que se había pasado un poco.
Su voz bajó, igual que su tono.
—Lo siento…
no debí gritarte.
Solo…
—tomó aire— quiero saber cómo te sientes.
¿Por qué estás así?
Ángel suspiró profundamente.
—Estoy…
cansado.
—¿De qué?
—De toda esta mierda.
—¿Cuál mierda?
—Toda.
—Se levantó bruscamente y se alejó unos pasos—.
Lo que pasó…
todo.
Las cosas con Dharma, Park, los recuerdos…
Samantha…
Y se calló.
Su mandíbula se tensó como si se hubiera arrepentido de decir el último nombre.
Empezó a caminar hacia la puerta, como si fuera a huir de nuevo de la conversación.
Pero Sarah no lo permitió.
Se levantó y le tomó de una de sus alas, con una firmeza sorprendente.
Él se giró de golpe, con una expresión entre furia y dolor.
—¡¿ACASO QUIERES QUE TE CORTE CON ELLA O QUÉ!?
Sarah lo sostuvo con fuerza.
—Ya lo habrías hecho si fuera así.
—Le sonrió, tranquila, con los ojos brillando—.
Ven.
Siéntate conmigo.
Ángel gruñó por lo bajo.
No fue su voz la que lo hizo volver.
Fue ese jalón en el punto exacto de su ala que lo obligó a sentarse por dolor reflejo.
Frustrado, cerró los ojos con fuerza.
Pero no se levantó otra vez.
Sarah sonrió y, con cuidado, le tocó el hombro, masajeándolo suavemente.
—Cuando quieras pasar un rato de calidad o solo… tranquilidad, ven conmigo.
—Su tono se volvió más ligero, más juguetón—.
Estaré más que dispuesta a darle lo que merece mi ídolo… el salvador de Corea, el héroe de Osaka~ Ángel frunció el ceño, fastidiado.
—No me llames así.
Solo dime Ángel.
Pero luego, con apenas una mueca en los labios, sonrió ligeramente.
Era pequeño.
Pero era una sonrisa.
—Está bien…
—dijo él—.
Pero no todo el tiempo.
Sarah rió.
—Te acostumbrarás, idiota.
Ya verás.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com