Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 40

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Cielo También Tiene Ruinas
  4. Capítulo 40 - 40 Veamos si sirves de algo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

40: “Veamos si sirves de algo” 40: “Veamos si sirves de algo” Las máquinas se levantaron del suelo con un rugido metálico.

Sus ojos rojos se encendieron como faros en la penumbra del campo.

En cuanto los sensores detectaron movimiento, se lanzaron contra el soldado sin piedad.

El hombre no dudó.

Con un movimiento ágil desenfundó su rifle, disparando ráfagas precisas que derribaban a los primeros enemigos antes de que llegaran a tocarlo.

Se movía bien, con instinto, esquivando por puro reflejo.

Pero no era perfecto: dejaba que varios golpes lo alcanzaran.

Su cuerpo se sacudía con el impacto, pero no retrocedía ni un paso.

Ángel lo observaba con atención, sin moverse de su sitio.

Sus ojos eran bisturís, diseccionando cada acción del soldado.

—Se mueve decentemente… —murmuró—.

Pero recibe más de lo que debería.

Si sigue así, no pasa de la mitad.

Sarah, junto al panel, seguía el conteo.

Tenía los ojos abiertos de par en par, nerviosa, observando la escena.

Ángel se giró hacia ella, repentino: Las máquinas se lanzaron contra el soldado con violencia.

Sus disparos retumbaban, pero entre cada ráfaga recibía impactos que lo hacían tambalearse.

Ángel lo observaba con calma depredadora, analizando cada error, cada movimiento.

De repente se giró hacia Sarah, que estaba junto al panel de control, observando con cierta tensión.

—Tú.

—dijo Ángel con voz cortante—.

¿Cuál es tu don?

Sarah parpadeó, sorprendida.

—¿Mi… don?

—Sí, no finjas que no sabes de qué hablo.

—Ángel la miraba fijo, esperando.

Ella respiró hondo.

—Manipulación auditiva… puedo alterar, amplificar o distorsionar los sonidos a mi alrededor.

Incluso puedo implantar voces o ruidos en la mente de alguien, pero… me cuesta controlarlo.

Ángel frunció el ceño, como evaluando cada palabra.

—Entonces lo usas como un truco barato para asustar.

—dijo, seco.

Sarah se mordió el labio, un poco dolida.

—No es solo eso… —Claro que no.

—Ángel la interrumpió, su tono más agudo y cortante—.

Si puedes manipular el sonido, puedes manipular reacciones.

El oído humano es más frágil que los ojos, más fácil de engañar que la vista.

Incluso un soldado entrenado se pierde si cree escuchar un disparo detrás de él… aunque no exista.

Sarah abrió los ojos, sorprendida.

—¿Entonces puedo…?

—Puedes controlar el campo de batalla sin levantar un dedo.

—Ángel la interrumpió otra vez, esta vez con un leve tono de enseñanza disfrazada de burla—.

Voces, pasos, explosiones.

Haz que el enemigo mire a otro lado, que dude de su propia percepción.

Un segundo de distracción es todo lo que necesito para cortarle la cabeza.

El soldado, mientras tanto, seguía resistiendo.

Una máquina lo tomó por el hombro, lo lanzó contra el suelo, y él disparó al aire para liberarse.

Ángel giró la cabeza hacia la pelea y bufó.

—Míralo.

—señaló al hombre que sangraba del labio, aun peleando—.

Buena puntería, resistencia aceptable… pero no piensa.

Deja que lo lleven como una oveja.

Sarah apretó los puños, su voz un poco más firme.

—Yo no quiero ser así… Ángel la miró de reojo, frío.

—Entonces aprende a usar lo que tienes.

Tu don no es para ti.

Es para los demás.

Para el equipo.

Para mí.

Sarah se quedó en silencio, procesando sus palabras.

No estaba segura si eran un insulto, un consejo… o ambas cosas.

Ángel la miraba de reojo, esa mirada seca que no dejaba espacio para juegos.

Sarah, que siempre trataba de mantener su tono animado y ligero, de pronto sintió el peso de esa atención clavada en ella.

Una punzada le recorrió el pecho, tan fuerte que no sabía si era miedo o pura admiración por él.

No quiso bajar la mirada, pero tampoco pudo sostenerla del todo.

Su respiración se aceleró apenas, y justo entonces Angel levantó un brazo, apoyándolo con firmeza sobre su hombro.

Con un gesto brusco la giró para que quedara frente a él.

Sarah abrió un poco los ojos, sorprendida.

El contacto no era suave; era directo, autoritario.

Ángel inclinó apenas el rostro hacia ella, su voz saliendo grave y seca: —Dime algo… ¿sabes cantar?

Sarah parpadeó varias veces, confundida por la pregunta.

—¿C-cantar?

—balbuceó, casi riéndose de nervios—.

Bueno… sí, un poco, ¿por qué?

Ángel no sonrió, no se inmutó.

Solo mantuvo la mirada fija en ella, como si quisiera atravesar su fachada juguetona.

—Porque si tu don es manipulación auditiva… —apretó un poco más su hombro— entonces tu voz puede ser un arma.

Sarah tragó saliva, esa punzada en el pecho creciendo más, mezclando nervios y algo que no entendía.

—¿Un arma…?

Ángel asintió con un leve movimiento, implacable.

—Exacto.

Un canto, una nota, un grito… lo que salga de tu garganta puede desorientar, puede romper.

Si aprendes a dominarlo, nadie va a ver venir el golpe.

Sarah no supo qué decir al instante.

Una parte de ella quería bromear, quitarle el peso al momento, pero otra sentía que esas palabras de Ángel la atravesaban en serio.

—Dime… ¿Qué géneros de música te gusta escuchar?

—le pregunto Ángel a Sarah con los dedos en la barbilla.

Sarah se llenó un poco de alegría ya que le encantaba hablar de ello, de la música.

—¡Ah!

Sí, me encanta el metalcore, el heavy metal, eeeehmmm, el hard rock, ¡y el metal en general!

Ángel se cruzó de brazos después de escuchar a Sarah.

No se lo esperaba para nada.

—¿Metalcore… heavy rock?

—repitió, arqueando una ceja.

Su tono sonaba entre incrédulo y molesto—.

Genial… lo complicas todo, idiota.

Sarah infló las mejillas en modo puchero.

—¡¿Y eso qué tiene de malo?!

Son géneros poderosos, llenos de energía.

—Sí, sí… poderosos —respondió Ángel, ladeando la cabeza—, pero también complejos.

No es como si pudiera enseñarte ahora mismo a usar la manipulación auditiva con eso.

Tendré que investigar un poco más esos estilos.

Sarah abrió la boca para decir algo, pero Ángel levantó una mano para detenerla.

—Mientras tanto, canta más en el baño, donde no jodas a nadie, y practica.

—La miró fijo otra vez, serio—.

Quiero que controles tu voz antes de que empiece a ser útil.

Sarah chasqueó la lengua y giró los ojos, pero no pudo ocultar la sonrisa ligera que se le escapó.

Ángel se dio media vuelta, presionó el botón rojo al lado del panel japonés y detuvo la simulación.

Las máquinas se apagaron una tras otra, dejando el silencio del campo de entrenamiento.

Luego se giró hacia el soldado, que estaba empapado de sudor y respirando agitado.

—Reprobaste.

—La voz de Ángel fue seca, directa, como un martillo—.

Puedes seguir intentando, pero cuando vuelvas quiero ver más análisis, menos agresión.

Más estrategia, menos fuerza bruta.

El soldado apretó la mandíbula, golpeado más por las palabras que por los robots.

Ángel dio un paso al frente, clavándole los ojos.

—Piensa esto: ¿qué pasaría si todos muriéramos, y quedas tú solo contra Park?

¿Qué harías?

El soldado abrió mucho los ojos ante la pregunta.

Bajó la cabeza un instante, lo pensó, y la respuesta se dibujó en su rostro: determinación pura.

Luego, sin dudar más, se inclinó ante Ángel en señal de respeto.

—Seguiré practicando… señor.

Y en el campo de batalla… puede contar conmigo.

Se enderezó, dio un saludo formal de soldado y se marchó del campo, todavía con la respiración pesada, pero con un brillo distinto en los ojos.

Sarah lo siguió con la mirada, luego volvió a Ángel y murmuró en voz baja: —Wow… creo que acabas de reclutar a tu segundo fanático oficial.

—Y quien es el primero?

—Respondió Ángel confundido con los brazos cruzados Luego de esto, Sarah solo se quedó callada con una sonrisa, como si ya es obvio quien es, pero Ángel aun ni sabe la respuesta.

Ángel apenas desvió la mirada cuando Sarah lanzó su comentario juguetón.

Fingió ignorarla, pero sus hombros se tensaron, y sin darse cuenta empezó a mover la espalda, como si buscara algo que ya no estaba allí.

Sarah lo notó, frunció el ceño, pero no dijo nada.

Con un tono bajo, casi gruñendo, Ángel rompió el silencio: —Cuando Dharma me quitó las alas… —su voz se endureció— fue horrible.

Sentí que me arrancaban algo que soy, no algo que tengo.

Sarah abrió los labios, pero Ángel levantó un dedo para que no lo interrumpiera.

—La primera vez que pasó algo parecido, cuando pensé que las había perdido… me volví loco.

Culpe a Woods de todo, lo acusé de inútil, hasta de traidor.

—Hizo una mueca amarga—.

Pero eran solo una carcasa de metal encima, nada más.

Se pasó la mano por la nuca, intentando controlarse.

Sus ojos parecían oscurecerse al recordar.

—Esta vez fue distinto.

Hice todo lo posible por mantener la compostura, aunque por dentro quería destruirlo todo.

—Pausó, bajando la mirada—.

Pero ya no se trata de mis alas… me importa más matar, capturar o neutralizar a Dharma.

Dios, demonio, lo que sea.

Sarah tragó saliva, la atmósfera se volvió más densa.

Ángel alzó la cabeza y la miró fijo, con esa frialdad que quemaba.

—Ella es la raíz de todo.

Todos los problemas, todas las muertes… incluso la de… Samantha.

El nombre salió como un golpe seco.

Sarah abrió los ojos de par en par, como si acabara de tropezar con una pieza de un rompecabezas que no entendía.

—¿Quién… es Samantha?

—preguntó sin rodeos, su voz cargada de curiosidad y un atisbo de duda.

Ángel apretó los dientes, chasqueó la lengua con frustración y giró el rostro hacia otro lado.

—No debí mencionar su nombre —murmuró entre dientes, casi como un reproche hacia sí mismo.

Sarah frunció el ceño, insistente.

—Pero lo hiciste.

¿Quién es?

Ángel la miró de reojo, con esa mirada que mezclaba ira y dolor contenido.

—Olvídalo —escupió, frío, tajante—.

Haz como si no lo hubieras escuchado.

El silencio que siguió fue pesado.

Sarah sintió que había tocado un tema que quemaba, pero al mismo tiempo sabía que no podía sacárselo de la cabeza.

En una de las salas comunes, Jackie estaba sentado con Cristóbal y Chaeun alrededor de una mesa metálica, repartiendo cartas del Bullet.

Las luces eran suaves, apenas iluminando el centro donde el mazo esperaba.

—Ya saben, no pienso tener piedad —dijo Jackie con una sonrisa confiada, barajando de manera exagerada y lanzando las cartas a cada uno.

Cristóbal recogió su mano con calma, mirándola como si estuviera evaluando una partida de ajedrez.

—No se trata de piedad… se trata de paciencia.

—Sí, claro, paciencia dice el tipo que se quedó con veinte cartas la última ronda —rió Jackie, tirando la primera carta al montón.

Chaeun, riendo también, se adelantó con un descaro juguetón: —Cambio de color a verde.

Empiezo fuerte.

Jackie arqueó una ceja.

—¿En serio?

Apenas arrancamos y ya quieres guerra.

—Obvio, ¿no era de eso que se trataba?

—respondió ella, entre risas.

Cristóbal puso un “+2” encima con serenidad.

—Entonces guerra tendrás.

Chaeun le lanzó una mirada incrédula y agarró dos cartas de golpe.

—¡Traidor!

Jackie carcajeó.

—Me estoy empezando a divertir.

El ambiente se llenó de risas, un contraste total con la tensión de los últimos días.

Por un momento, parecían tres amigos normales, compitiendo con toda seriedad por un simple juego de cartas.

La partida de Bullet se detuvo en seco cuando Chaeun, con la mirada perdida en sus cartas, soltó sin pensar: —¿Qué creen que pase ahora con Ángel?

… digo, después de perder las alas.

¿Seguirá entrenando igual?

¿Podrá pelear como antes?

El silencio se extendió un segundo incómodo.

Cristóbal bajó la mirada al mazo y respondió con la frialdad calculada de siempre: —La pérdida de un recurso así, en teoría, debería limitarlo.

Pero… siendo él, lo más probable es que encuentre una manera de adaptarse.

Es lo que hace.

Aunque no lo conozco lo suficiente para suponer más.

Jackie, que hasta entonces mantenía una sonrisa relajada, suspiró y apoyó sus cartas en la mesa.

—Mejor no pensemos mucho en eso.

Para él, es un tema… demasiado pesado.

—Alzó la vista y bajó un poco la voz—.

Las alas no son solo herramientas.

Son parte de lo que lo define, y tocar ese tema así como así podría ser… peligroso.

Mejor dejarlo pasar.

En ese momento, mientras Jackie terminaba de hablar, notó a un costado de la sala el cuerpo metálico de Park en forma de perro, tendido sobre la cama.

Su sistema estaba en modo reposo, aunque de vez en cuando emitía un zumbido eléctrico extraño, como si incluso en sus sueños mecánicos no pudiera dejar de gruñir o insultar.

Jackie lo señaló con el mentón, esbozando media sonrisa cansada.

—Mírenlo… hasta dormido parece un problema esperando estallar.

Chaeun y Cristóbal desviaron la vista hacia Park, compartiendo ese breve momento de calma tensa, donde la conversación sobre Ángel quedó flotando en el aire como un secreto que nadie quería seguir tocando.

La puerta se abrió sin aviso, y el primero en entrar fue Ángel, con su andar firme y esa mirada que nunca terminaba de revelar si estaba molesto, cansado o simplemente ausente.

Tras él, casi flotando por la energía que desprendía, apareció Sarah, tarareando al principio y luego entonando con toda la seguridad de quien no tiene miedo a ser escuchada.

La melodía llenó la habitación de Jackie como un torrente inesperado.

No era un canto suave ni angelical; era poderoso, áspero, con un filo que recordaba al metal moderno pero filtrado por la dulzura natural de su voz.

Al instante, la partida de cartas quedó olvidada.

Chaeun entreabrió la boca, sorprendida, incapaz de apartar la mirada.

—Dios… suena… increíble.

Cristóbal, que rara vez dejaba que algo le moviera el semblante, dejó escapar una breve exhalación, casi un suspiro de reconocimiento.

Jackie, por su parte, ladeó la cabeza con una sonrisa genuina, arrullado por la fuerza que tenía la voz de Sarah.

—Carajo…suena bien eh—murmuró—.

Mientras tanto, Ángel se detuvo un momento al notar la mole metálica de Park ocupando media cama.

Su ceño se frunció: la tentación de patear a ese perro chatarra y despejar el sitio era fuerte, pero imaginó el sermón mecánico que vendría después.

Así que respiró hondo, murmuró algo entre dientes y lo dejó donde estaba.

En su lugar, se dejó caer en el suelo junto a Jackie, Cristóbal y Chaeun, apoyando los codos sobre las rodillas como si siempre hubiera estado ahí.

Sarah, todavía cantando, se acurrucó junto a ellos de manera tierna, como si la habitación entera fuese un escenario improvisado y la mesa de cartas, su público cautivo.

El contraste era tan extraño que nadie supo cómo reaccionar al inicio: el canto arrollador en japonés, lleno de fuerza, contra esa calma pesada que había reinado minutos antes.

Pero en poco tiempo, la vibración de la voz de Sarah envolvió a todos, y hasta el zumbido irregular de Park pareció acompasarse, como si incluso en su modo de reposo no pudiera ignorar lo que estaba ocurriendo.

Jackie apoyó la espalda contra la cama, cerró los ojos un segundo y sonrió.

—Supongo que… oficialmente la partida terminó.

Chaeun rio por lo bajo, todavía fascinada.

—Y creo que nadie va a quejarse.

Cristóbal, con la mirada fija en Sarah, simplemente asintió.

Había algo en ese canto que no era solo música: un poder latente, una promesa.

Ángel no dijo nada.

Solo observó, tranquilo, como si aquella fuera la respuesta que había estado esperando desde que le pidió que cantara.

Ángel entró con Sarah todavía vibrando de energía y, tras sentarse junto al resto, bajó la mirada unos segundos.

Parecía elegir con cuidado las palabras, como si no quisiera sonar demasiado solemne en un ambiente que hasta hacía poco era un juego de cartas.

—Estuvimos entrenando —dijo al fin, con voz grave—.

Su don… no sé si recuerdan, es manipulación auditiva.

Y aunque al principio puede sonar limitado, en realidad es más complejo de lo que parece.

Sarah, que seguía balanceando las piernas como si el suelo fuera demasiado aburrido para ellas, lo interrumpió con una risita.

—¡Pero todavía estoy solo al veinte por ciento!

—exclamó, levantando un dedo como si fuera una alumna orgullosa.

Chaeun arqueó una ceja.

—¿Veinte por ciento?

¿De qué hablas?

Sarah infló las mejillas con dramatismo, y luego canturreó la explicación con un tono juguetón que le restaba gravedad a sus propias palabras: —Pues… mi poder no sirve tanto como creen.

No hago que la gente obedezca ni nada.

Así que Ángel me dijo que voy a entrenar cantando todo lo que diga, hasta que mi voz logre romperle los tímpanos a alguien… o que alguien sienta algo raro al escucharme.

Cristóbal dejó las cartas en la mesa, observándola con atención.

—En otras palabras… estás usando la música como canal para tu manipulación.

Sarah asintió rápidamente, todavía cantando sus frases en un tono melódico japonés que desentonaba y, al mismo tiempo, fascinaba.

—¡Exacto~!

¡Porque no sé si puedo manipular otros sonidos!

Jackie soltó una carcajada corta, incrédulo.

—¿Me estás diciendo que, de aquí en adelante, nos vas a hablar como si estuvieras en un maldito musical?

Sarah lo miró con una sonrisa amplia y desafiante, y respondió cantando con un giro de voz poderosa que estremeció la habitación: —¡Siiiiií~!

El eco de esa última nota rebotó en las paredes.

Incluso Park, en su aparente sueño mecánico, emitió un zumbido más agudo, como si aquella vibración hubiera sacudido su sistema interno.

Chaeun no pudo evitar soltar una carcajada nerviosa, llevándose la mano al pecho.

—Vale… sí que se siente extraño.

No sé si es sugestión, pero… me ha recorrido un escalofrío entero.

Ángel cruzó los brazos, serio, como si todo aquello estuviera perfectamente dentro de su plan.

—Ese es el punto.

Que su voz no solo se escuche.

Que se sienta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo