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El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - 44 Rabieta Caos
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44: Rabieta / Caos 44: Rabieta / Caos Mientras tanto, en el vacío de esa dimensión, Dharma flotaba sin esfuerzo, rodeada de oscuridad y fragmentos de luz suspendidos como basura cósmica.

El clon de Samantha estaba ahí, observándola con curiosidad genuina, haciendo preguntas simples y directas.

—Oye, ¿por qué los chicos esos hicieron tanto lío?

—preguntó Samantha, frunciendo el ceño, claramente indignada—.

¡No entiendo por qué dejan que los humanos se metan con estas cosas!

Dharma rodó los ojos, cruzó los brazos y resopló con un “hmph” que retumbó en todo el vacío.

—¡Porque SON ESTÚPIDOS!

—gritó, y un destello de luz explotó a su alrededor, como si su rabia chocara con el vacío—.

¡Siempre haciendo lo que no deben!

¡Siempre!

¡Y encima creen que pueden ganarme!

El clon de Samantha abrió la boca, pero Dharma la interrumpió, levantando un dedo como quien enseña una lección definitiva: —Escucha, tonta.

Todo esto… todo lo que ves, los Vestigios, los E.C.O, incluso esos humanos idiotas de la Tierra… es solo un juego.

¡UN JUEGO!

—dijo, golpeando ligeramente el vacío con la punta del pie y provocando que los fragmentos de luz temblaran—.

¿Entiendes?

¡No hay reglas, y si alguien se porta mal… PUM!

Cenizas.

Así de simple.

Samantha parpadeó, un poco asustada pero fascinada.

—¿Y por qué me preguntas cosas entonces?

—dijo, intentando que su voz sonara firme.

—¡Porque ME ABURRO!

—Dharma se dio media vuelta, cruzando los brazos con un puchero infantil y la cara roja—.

Y necesito alguien con quien hablar, ¿vale?

¡Así que deja de hacer preguntas tontas y escúchame, que no tengo toda la eternidad!

El clon de Samantha se quedó callada, asintiendo lentamente, mientras Dharma hacía girar un fragmento de luz entre sus manos y lo lanzaba con rabia al vacío, riendo de manera histérica y absurda.

Su energía, impulsiva y caótica, llenaba todo el espacio, haciendo que incluso la gravedad pareciera confundida, como si el universo mismo temiera su berrinche.

Dharma flotaba en el vacío, brazos cruzados, los ojos brillando con esa mezcla de infantilidad y rabia que la caracterizaba.

Sus pies golpeaban fragmentos de luz como si el espacio fuera un patio de recreo, y su voz se escuchaba chillona pero cortante: —¡AY NO, NO PUEDO CON ÉL!

—gritó—.

¡Ese creído de Ángel se cree la mayor autoridad del planeta!

¡Se cree QUE TODO LE DEBE PASAR A SU MANERA!

El clon de Samantha parpadeó, un poco asustada pero curiosa: —¿Todavía no puedes… controlarlo?

—¡CONTROLARLO!

—Dharma lanzó un destello de luz al vacío, como si golpeara una pared invisible—.

¡JA!

¡Ya le quité las alas!

¿Pero creen que eso lo detiene?

¡NO!

Sigue caminando como si el mundo le perteneciera, gruñendo, ordenando a todo el mundo, como si fuera… ¡no sé!

—Hizo un gesto exagerado, agitando los brazos—… como si yo fuera su subordinada personal o algo así.

Se tiró al suelo de vacío, rodando como niña frustrada, y luego se levantó de golpe, señalando con el dedo hacia el espacio: —¡Me irrita tanto que me dan ganas de golpearlo con cada Vestigio que creo!

¡Pero tampoco puedo matarlo, eh!

Porque… ¡porque es importante para la historia!

—gruñó, lanzando un mini fragmento de luz que explotó en mil pedazos—.

¡Lo odio y lo necesito al mismo tiempo!

—¿Entonces qué vas a hacer?

—preguntó el clon de Samantha, inclinando la cabeza.

—¡Molestarle la vida, obvio!

—Dharma saltó, dando vueltas en el vacío—.

Voy a hacerle pruebas que no pueda ignorar, a fastidiarlo hasta que se canse, a quitarle cosas, ponerlo en problemas… y lo peor es que él ni siquiera se da cuenta de lo ridículo que es mientras se cree tan importante.

Se quedó flotando, con la cara roja, los puños apretados, mientras el clon de Samantha la observaba, conteniendo una risa ante esa combinación de rabia y genialidad infantil: Dharma estaba planeando caos… pero era divertido, absurdo y totalmente fuera de control.

Samantha miró a Dharma con cierta cautela, y mencionó con voz baja: —Y… ¿qué vas a hacer con Park?

Dharma se detuvo en seco, sus ojos se abrieron como platos y su expresión cambió a una mezcla de incredulidad y furia infantil.

—¿¡PARK!?

—gritó, dando un salto en el vacío y golpeando un fragmento de luz con el pie—.

¿¡EN SERIO!?

¡Ese imbécil!

—sus brazos se cruzaron, y comenzó a dar vueltas sobre sí misma—.

¡Puse TODO mi empeño en él!

¡Todo!

Lo entrené, lo fortalecí, lo hice para ser uno de mis soldados más fuertes… ¡Y FALLA!

¡FALLA!

Samantha, con cuidado, trató de suavizar la situación: —Podrías… tal vez… liberarlo y darle otra oportunidad.

Está sellado, pero… tú eres todopoderosa, ¿no?

Tal vez puedas… Dharma se quedó quieta un momento, frunciendo el ceño.

Sus puños se apretaron, y un brillo púrpura comenzó a danzar alrededor de sus brazos.

Luego, como si estuviera debatiéndose consigo misma, respiró hondo y resopló con dramatismo.

—¡Hmph!

—dijo, cruzando los brazos de nuevo—.

Sí… podría… supongo.

Pero lo haré a MI manera.

Si lo libero, será para ver si realmente merece la segunda oportunidad.

Y si me falla otra vez… —Dharma hizo un gesto exagerado de aplastar algo con la mano, como si quisiera golpear el universo— …¡lo voy a volver a sellar y esta vez con extra chispa de castigo!

Samantha sonrió un poco, satisfecha de que Dharma al menos considerara la opción, mientras Dharma seguía girando, irritada, pero con un pequeño destello de emoción infantil en los ojos: liberar a Park sería divertido… si lograba que fuera útil esta vez.

Dharma chasqueó los dedos, y una luz gigantesca explotó frente a ellas, como un sol concentrado que hizo que Samantha se tapara los ojos con ambas manos.

—¡AAAAHH!

¡ESO QUEMA, ESTÚPIDA!

—gritó Samantha, arrugando la nariz y cubriéndose la cara.

—¡Shhh!

¡Silencio, que esto es importante!

—gruñó Dharma, rodando los ojos—.

Mira, mira, escucha con atención porque esto no es cualquier explicación aburrida, ¡es para que entiendas el CAOS que manejo!

Dharma agitó las manos, haciendo que la luz se transformara en líneas y figuras flotando alrededor de ellas, como un tablero gigante de juego cósmico.

—Los Dones… ¡son habilidades que TODOS desarrollan a cierta edad!

Sí, TODOS.

Algunos nacen con más ventaja dependiendo de la familia, la sangre, la descendencia… otros tienen que esforzarse un poquito más.

Cosas GENIALES, ¿ok?

Pero no se trata solo de heredar un poder y ya… ¡NO!

Cada don tiene niveles, y esos niveles sirven para medir qué tanto pueden usarlo ahora mismo, no cuando sean unos viejitos aburridos.

Samantha frunció el ceño, tratando de seguir el ritmo.

—Entonces… cada persona tiene un nivel diferente según su poder actual, ¿cierto?

—¡EXACTO!

—Dharma dio un salto, casi dando vueltas en el vacío—.

Pero escucha esto, que es importante: Ángel está en el nivel 4.

Nivel 4, ¡y no es un nivel cualquiera!

—Se detuvo, cruzó los brazos y puso cara de puro berrinche—.

Mira, él heredó el don de su madre, Miranda, PERFECTAMENTE, tal cual.

Sin errores, sin fallas.

Pero el problema… —señaló con un dedo invisible a Ángel—… es que él apenas lo usaba.

¡¿Por qué?!

Porque se refugiaba en sus alas, sí, esas alas enormes, brillantes, que hacían TODO por él… ¡puff!

Ya no están, obviamente.

Dharma resopló, rodando los ojos de manera exagerada y gesticulando como una niña furiosa: —Así que el pobre idiota de Ángel está atrapado ahora con un poder que podría ser descomunal… pero no sabe ni cómo usarlo bien.

Nivel 4… suficiente para destrozar cosas, suficiente para hacer daño, pero todavía no es perfecto.

¡Todavía tiene que aprender a confiar en él mismo, en su don!

Y ahora que sus alas se fueron… puff… ya no tiene excusa.

Ahora tiene que aprender o quejarse y llorar, ¡y yo AMO verlo sufrir un poquito!

Samantha parpadeó, procesando todo.

—Entonces… su poder es enorme, pero apenas lo estaba usando antes porque confiaba en sus alas… —¡BINGO!

—gritó Dharma, saltando de un lado a otro—.

Y ahora que las alas se fueron… ¡ya no hay refugio!

¡El nivel 4 es solo el comienzo de su verdadero potencial!

Pero, claro, tiene que aprender a usarlo, y ahí es donde empieza la diversión.

Hizo una mueca exagerada, cruzando los brazos y dando un pequeño salto hacia adelante: —Cada don funciona así, con niveles que puedo ajustar.

Puedo hacer que los demás suban o bajen según lo que yo quiera, ¡así el caos se mantiene equilibrado!

Pero Ángel… Ángel ahora tiene que luchar con su don puro, sin nada que lo cubra, sin alas para apoyarse.

Eso lo hace divertido… y peligroso.

Samantha suspiró, un poco asustada, un poco fascinada.

Dharma flotaba a su alrededor como un huracán rabioso y brillante, cada palabra más exagerada que la anterior, pero en el fondo dejando claro cómo funcionaba el sistema de dones y niveles, y cómo ahora Ángel se enfrentaba a su verdadero desafío.

Samantha la miró, algo pensativa, y preguntó: —¿Esto… es algo que ya estaba en su poder o lo acabas de hacer ahora mismo?

Dharma hizo una pausa dramática, frunciendo el ceño y cruzando los brazos mientras flotaba en el vacío.

Se podía notar cómo su mente giraba entre la rabia, la diversión y la impaciencia infantil.

—¡LO ACABO DE HACER AHORA MISMO!

—exclamó finalmente, golpeando un fragmento de luz con el pie y provocando que estallara en chispas—.

¡Sí, justo ahora!

¿Por qué?

¿Crees que estoy aburrida o algo?

Samantha inclinó la cabeza, un poco más calmada, y continuó: —¿No sería mejor… si también le pusieras algún tipo de balance a tus Vestigios y E.C.O?

—dijo, con cautela—.

Quiero decir… si vas a usar esto como un juego, tal vez tu entretenimiento sería más… completo si supieras administrar un ejército que tú misma creaste.

Dharma se quedó quieta un segundo, frunciendo el ceño y mordiendo el labio inferior, claramente evaluando la idea.

Luego soltó un bufido exagerado, girando en el aire y golpeando otro fragmento de luz con el pie: —¡Hmph!

—dijo, con una mezcla de irritación y diversión—.

Mmm… puede ser… puede ser interesante… Pero ¿administrar un ejército?

¡ESO SERÍA ABURRIDO!

—gritó, lanzando un destello de luz que giró en espiral—.

¡Yo quiero caos!

¡QUIERO VERLOS PELEAR, VERLOS SUFRIR, VER QUÉ TAN PATÉTICOS SON ANTES DE DECIDIR SI SOBREVIVEN!

Luego hizo una mueca, cruzó los brazos y agregó con tono más pensativo, aunque aún rabioso: —Pero… tal vez… sí, si pudiera organizarlos un poquito, ponerles límites tontos, reglas absurdas… podría ver cómo reaccionan todos a la vez… eso sería… entretenido.

MUY entretenido.

—Se palmeó la cara con ambas manos, claramente emocionada por la idea—.

Sí… podría hacerlo.

Y eso… ¡haría mi juego mucho mejor!

Samantha sonrió un poco, sabiendo que Dharma no iba a dejar de ser caótica, pero que al menos ahora pensaba en cómo hacer que todo su “juego” fuera aún más espectacular.

De repente, una chispa iluminó la cabeza de Dharma, y sus ojos brillaron con esa mezcla de rabia y emoción que solo ella podía tener.

—¡Ajá!

—exclamó, dando un salto en el vacío—.

¡Ya sé!

Un… un apoca… apocal… apoca… algo con muertos zomper caminando y cosas así.

Samantha la miró con el ceño fruncido, confundida: —¿Zomper?

Querrás decir… zombie, ¿no?

Dharma hizo una mueca exagerada, golpeándose la frente con la palma de la mano.

—¡ESO MISMO, ESO MISMO!

—gritó, rodando por el vacío—.

Ni me acuerdo cómo se llama, ¡pero da igual!

—Se cruzó de brazos, flotando como si acabara de descubrir un tesoro—.

Es perfecto.

Sí, perfecto para mis juegos.

Samantha parpadeó, algo intrigada: —¿Por qué dices que es perfecto?

Dharma comenzó a dar vueltas en el aire, con los puños apretados, claramente disfrutando de la idea: —¡Porque tienen un límite, maldita sea!

—gritó—.

No hay entrenamiento aburrido ni cosas fijas.

¡Aquí tienen que sobrevivir!

¡TIENEN QUE PELEAR, ¡LIDERAR, ¡ESQUIVAR, MATAR Y ESCAPAR!

Y como es algo contagioso… ¡la necesidad de sobrevivir es real, no fingida!

—Hizo un gesto con ambas manos como si aplastara al mundo—.

¡Y pueden aparecer tipos fuertes, líderes, entidades raras… todo mezclado!

Nada de reglas fijas, solo caos y supervivencia.

Samantha se quedó en silencio unos segundos, procesando el entusiasmo caótico de Dharma.

—Entonces… sería como un juego… pero mucho más… real.

—¡EXACTO!

—gritó Dharma, haciendo un salto mortal en el vacío y dando un puñetazo al aire—.

Y así puedo ver quién realmente sabe usar su don, quién se rinde, quién es estúpido y quién merece… ¡no sé!

¡Tal vez un premio!

—Se llevó las manos a la cabeza, riendo y gruñendo al mismo tiempo—.

¡Sí!

Esto va a ser glorioso, caótico y totalmente divertido!

Samantha suspiró, entre divertida y preocupada, mientras Dharma ya flotaba dando vueltas, visiblemente encantada con la idea de un “apocalipsis zombie” como prueba de supervivencia para Ángel, su escuadrón y cualquier otro que se cruzara en su camino.

De un chasquido, Dharma abrió un portal que hizo que el vacío de su plano existencial se doblara y retorciera.

Con un destello cegador, ella y el clon de Samantha aparecieron frente a frente al planeta Tierra, flotando sobre el espacio como dos soles irritantes y brillantes.

—¡MIRA, MIRA!

—gritó Dharma, golpeando el aire con los puños—.

¡Tierra!

¡Ahí están tus idiotas favoritos, Angel y su grupito!

¡Perfecto para mi experimento!

Samantha parpadeó, un poco mareada por el salto dimensional.

—¿Esto es… seguro?

—preguntó con cautela.

—¡SEGURÍSIMO!

—exclamó Dharma, rodando los ojos—.

Bueno, seguro para mí… ¡para ellos, no tanto!

—Rió, claramente encantada con la idea de caos—.

Vamos, baja, tonta, ¡que tienes trabajo!

Con un movimiento brusco, Dharma lanzó a Samantha como si fuera un proyectil, pero con control absoluto, y la hizo descender directamente sobre una casa en Rusia.

Samantha aterrizó suavemente, pero tambaleándose, justo dentro de la sala, mirando a su alrededor con ojos enormes.

—¡Este es el lugar!

—dijo Dharma, desde el cielo, flotando y gesticulando como una maestra rabiosa—.

Aquí vas a cumplir el primer paso: infectar al primer humano.

Sí, el primero.

Recuerda, esto no es entrenamiento suavecito ni juego de picnic, ¡es un apocalipsis zombie!

Samantha tragó saliva, nerviosa, mientras Dharma continuaba gritando desde arriba: —¡Honores, idiota!

—rugió—.

Hazlo bien o me voy a enfadar de verdad.

¡Y tú sabes que me enojo MUY rápido!

Este es el inicio de la diversión, y cada acción que hagas va a marcar cómo reaccionan esos humanos.

¡Nada de debilidades!

¡Nada de piedad!

Samantha asintió, todavía atónita, mientras Dharma flotaba unos metros más arriba, cruzando los brazos y mirándola con cara de “¡No la cagues!” mezclado con emoción infantil: —¡Vamos, vamos!

¡Hazlo ya, idiota!

¡Que empiece el caos!

El vacío y el espacio vibraban con la energía de Dharma, y Samantha se preparaba, lista para iniciar el primer paso de este apocalipsis que la todopoderosa, rabiosa y caprichosa Dharma había planeado.

Mientras caminaba por la casa, Samantha comenzó a hablar en voz baja hacia el cielo: —¡Dharma, cállate un rato!

—susurró, cubriéndose la boca con la mano—.

Déjame concentrarme… necesito hacerlo bien.

Desde arriba, Dharma rodó los ojos, cruzó los brazos y bufó: —¡Hmm!

¡Pero si esto es mi diversión!

—gritó—.

¡Yo solo quiero ver cómo te las arreglas!

Samantha suspiró y decidió ignorarla por un momento.

Avanzó hasta la sala, donde encontró a una pareja sentada en el sofá, absorta viendo una película.

La mujer tenía el ceño fruncido y el hombre parecía un poco incómodo, ambos hablando en ruso.

—Privet… —dijo Samantha, saludando tímidamente—.

Bueno… hay algo… extraño pasando aquí… —Intentaba explicarse, su voz temblando mientras trataba de mantener la calma.

La pareja se giró hacia ella, sorprendida.

La mujer apuntaba con el dedo al hombre y le gritaba: —¡Es tu culpa!

¿Por qué hay una niña en nuestra casa, eh?

¡Seguro es porque no me prestaste atención!

El hombre levantó las manos, confundido y tartamudeando en ruso, intentando defenderse: —Ya te dije que no… yo no… Samantha se quedó paralizada, completamente estupefacta, observando la pelea mientras trataba de procesar cómo transmitir la “información de apocalipsis zombie” sin que la situación se saliera completamente de control.

—¿En serio?

—murmuró para sí misma—.

¡Primera víctima y ya están peleando por celos!

¡Increíble!

Arriba, Dharma flotaba, dando saltitos y gritando: —¡Ja!

¡ESTO ES PERFECTO!

¡MIRA CÓMO REACCIONAN!

¡El caos comienza y ni siquiera lo notan!

Samantha levantó las manos, y con voz firme logró que la pareja se callara por un instante.

—¡Escúchenme!

—dijo, respirando hondo—.

Esto… esto no es un sueño, ni un juego cualquiera.

Dharma planea iniciar un apocalipsis zombie, y ustedes… bueno, ustedes van a ser los primeros en… participar.

Sí, suena raro, pero es así.

La pareja la miraba con ojos enormes, mezclando miedo y confusión, mientras Samantha continuaba explicando los detalles, tratando de mantener la calma mientras el corazón le latía a mil por hora.

En un movimiento rápido, Samantha se acercó al hombre y, con un cambio de forma sorprendente, su piel adquirió un tono morado y extraño, casi líquido, mientras un fragmento de masa brotaba de su pecho.

Sin dudarlo, extendió ese pedazo hacia la mujer, que intentaba escapar por la sala.

La masa la tocó, y en un instante, comenzó a infectarse también.

—¡Listo!

—susurró Samantha, retrocediendo un paso mientras abría la puerta principal—.

¡Salgan y hagan lo suyo!

La pareja, ahora completamente contagiada, salió tambaleándose de la casa, con movimientos torpes y extraños, esparciendo el inicio del caos en el vecindario.

En ese momento, Dharma, desde arriba, aplaudió con entusiasmo y se inclinó hacia Samantha: —¡MUY BIEN, IDIOTA!

—gritó, rodando los ojos y dando saltitos—.

¡Eso fue rápido y glorioso!

¡Ahora observa cómo se esparce el desastre!

Con un chasquido, Dharma transportó a Samantha de vuelta arriba, flotando a su lado mientras ambas miraban la escena desde el cielo.

La pareja, ya completamente transformada, comenzaba a moverse fuera de la casa, infectando todo a su alrededor.

Samantha suspiró, entre fascinada y horrorizada, mientras Dharma reía y aplaudía: —¡Mira cómo se contagian!

¡Mira cómo reaccionan!

¡ES PERFECTO!

—exclamó, cruzando los brazos con cara de satisfacción infantil—.

Esto… esto sí que es entretenimiento de primera categoría.

Las luces del apocalipsis zombie comenzaban a expandirse lentamente por la calle, y Samantha observaba, nerviosa pero concentrada, mientras Dharma flotaba arriba, completamente emocionada con el caos que había desatado.

Desde su posición flotando sobre la casa, Dharma aplaudía con entusiasmo y gritaba a todo pulmón: —¡Sí, sí!

¡Miren cómo se mueve!

¡Miren cómo se propaga!

¡ESO es un apocalipsis digno de mi genialidad!

Samantha, aún recuperándose del primer contagio, trataba de mantenerse enfocada mientras observaba a la pareja infectada tambaleándose por la calle.

Sus movimientos eran torpes, pero letales: cada toque, cada rozón, tenía el potencial de expandir la infección.

—Dharma… —susurró Samantha, con un hilo de preocupación—.

Esto… esto se está saliendo de control.

—¡QUIÉN DIJO CONTROL!

—gritó Dharma, rodando los ojos—.

¡El caos es la esencia del juego!

¡Deja que se esparza!

¡Quiero ver a todos corriendo, gritando, sufriendo, aprendiendo!

Las primeras luces del contagio comenzaron a saltar de una casa a otra, de una persona a otra.

Algunos vecinos curiosos que salían a mirar se encontraron de golpe con los infectados y comenzaron a huir, gritar o incluso tropezar entre sí.

—¡Bien!

—exclamó Dharma, golpeando el aire con un puño—.

Esto requiere organización, claro… pero no demasiado.

¡Solo lo suficiente para que las cosas se pongan interesantes!

Líderes, tipos fuertes, entidades raras… quiero verlos usar sus dones, luchar, adaptarse… ¡y morir si no pueden!

Samantha intentó respirar hondo, mientras flotaban arriba, observando el barrio convertido en un pequeño caos viviente: —Esto… esto es exactamente lo que dijiste… —dijo con un hilo de nervios—.

Pero… ¿y si se sale de control demasiado rápido?

Dharma soltó un bufido y giró en el aire, como si la idea de “demasiado rápido” fuera una broma: —¡Bah!

¡No existe eso!

¡Si se sale de control, es MÁS divertido!

—gritó, riendo—.

Mira cómo reaccionan.

Mira cómo luchan, cómo tropiezan, cómo mueren… ¡todo es información y entretenimiento!

Samantha, aunque nerviosa, empezó a notar patrones: algunos humanos eran más resistentes, otros caían rápido; la infección se expandía de manera casi caótica, pero había un ritmo.

—Ok… —susurró Samantha, con la voz temblorosa pero concentrada—.

Esto… esto sí puedo manejarlo.

Solo debo guiarlo un poco… Dharma, mientras tanto, no dejaba de dar saltitos, aplaudir y gritar instrucciones absurdas desde arriba: —¡Sí, sí!

¡Infecta, corre, tropieza, muerde, gime!

¡QUIERO TODO!

¡QUIERO CAOS PERFECTO!

Desde la ventana del cielo, Samantha miraba cómo el “apocalipsis” se extendía por la calle, y por un instante sintió miedo… mezclado con una extraña fascinación.

En la base de Truman, el reloj marcaba la hora del almuerzo.

Los aromas de comida flotaban por los pasillos, mientras varios soldados se encontraban descansando o compartiendo un momento ligero entre ellos.

De repente, las alarmas de alerta se encendieron, tintineando sobre el sonido de las conversaciones y los pasos.

Varios soldados se sobresaltaron, frunciendo el ceño y buscando las fuentes de los mensajes de emergencia en sus consolas.

—¿Qué demonios pasa ahora?

—gruñó uno de ellos, levantando una ceja mientras tomaba su arma casi por reflejo.

—Debe ser algún error… —dijo otro, encogiéndose de hombros—.

Hora del almuerzo y nos interrumpen… En la mesa de almuerzo, Ángel y su equipo se encontraban sentados, aún con los vasos de batida de banana que habían llevado del restaurante.

Cristóbal se limpiaba la boca con la servilleta, mientras Jackie ajustaba algún componente de su arma y Chaeun jugueteaba con el polvo que flotaba ligeramente en el aire a su alrededor.

Sarah seguía practicando silenciosamente algunos tonos suaves, tratando de mantener su voz lista.

Todos levantaron la vista cuando las alertas sonaron, pero nadie reaccionó de inmediato.

Para ellos, los mensajes eran solo ruido de fondo, interrumpiendo un momento de relativa calma.

—¿Qué es esta vez?

—preguntó Jackie, con voz somnolienta mientras levantaba la mirada hacia el panel de alerta—.

¿Otra misión de último minuto?

Ángel, sin apenas despegar la vista de su celular, estaba inmerso en cálculos y análisis.

Revisaba datos, esquemas y notas de combate, intentando asimilar la forma en la que habían enfrentado a los Vestigios y al E.C.O.

—Ignórenlo —murmuró, más para sí mismo que para los demás—.

Necesito terminar esto… entender cada movimiento, cada error… Cristóbal frunció el ceño, mirando a Ángel.

—¿Sigues calculando mientras suena la alarma?

—preguntó, entre divertido y preocupado—.

Este tipo nunca cambia… Jackie soltó un suspiro y rodó los ojos, mientras Chaeun sonreía levemente, divertida por la concentración obsesiva de Ángel.

Incluso Sarah, aunque seguía entrenando su voz, parecía notar que la alerta no iba a interrumpir la rutina silenciosa del líder.

Sarah regresó a la mesa con un snack en la mano, masticando distraídamente mientras se sentaba frente a Ángel y el resto del equipo.

Sus ojos brillaban con la mezcla habitual de curiosidad y emoción que siempre la acompañaba.

—Bueno… —dijo, entre mordisco y mordisco—.

Parece que hay un brote extraño en Rusia.

Al parecer… la policía, los bomberos y todo eso no pudieron controlarlo.

Así que… sí, adivinen qué… —hizo una pausa dramática mientras los miraba uno por uno—.

Le toca a Truman encargarse.

Al escuchar a Sarah, todos se quedaron congelados un momento.

—¿Rusia?

—Cristóbal escupió su snack, incrédulo—.

¿Qué?

¿En serio?

¿Ahora Rusia?

¡Ni siquiera esperaba salir de aquí!

Jackie frunció el ceño y apoyó el codo en la mesa, claramente molesto: —Genial… otra misión en el extranjero sin aviso previo.

Siempre nos sorprenden con esto… —murmuró, girando la cabeza hacia los demás—.

¿Quién planifica estas cosas?

Chaeun dejó que la nube de polvo flotara sin control frente a sus manos, suspirando con fastidio: —Rusia… en serio… ni siquiera esperaba tener que salir de la ciudad.

Esto va a ser divertido… o una locura.

Sarah, todavía masticando su snack, levantó los hombros casualmente: —Pues parece que no hay nadie más que pueda controlarlo.

La policía y los bomberos no pudieron.

Así que… sí, nos toca a nosotros.

Ángel, por su parte, no levantó la vista de su celular.

Sus dedos pasaban sobre la pantalla, repasando patrones de combate, registros de los Vestigios y análisis de daños.

—Rusia… —murmuró para sí mismo, sin perder concentración—.

Perfecto… necesito calcular cada movimiento antes de actuar.

No puedo permitirme errores esta vez.

Sarah lo miró, un poco sorprendida: —¿Estás bien?

¿Ni siquiera te sorprende que sea Rusia?

Ángel apenas levantó un ojo: —Sorprenderme no ayuda.

Analizar… sí.

—Y volvió a sumergirse en sus cálculos, completamente absorto en preparar cada posible escenario.

El resto del equipo intercambió miradas, conscientes de que, como siempre, Ángel estaba en su propia burbuja de concentración, mientras ellos procesaban la inesperada noticia de tener que viajar al otro extremo del mundo.

El comedor de la base estaba casi vacío, solo con ellos y un par de soldados al fondo.

La luz era tenue, la noche pesaba en los hombros de todos, y el cansancio se notaba en cada mirada.

Jackie jugueteaba con una botella de agua, Chaeun tenía la cabeza recargada sobre la mesa, y Sarah seguía comiendo distraída mientras intentaba mantener la conversación ligera.

Cristóbal, sin embargo, no pudo aguantar más.

Se inclinó hacia Ángel, que seguía escribiendo en su celular con el ceño fruncido.

—Oye… —dijo en voz baja, pero con firmeza—.

¿No crees que deberíamos descansar ya?

Es de noche, hermano… y lo del E.C.O.

te dejó hecho mierda.

A todos nos dejó agotados.

Ángel no levantó la mirada.

Sus dedos seguían deslizando gráficos y notas en la pantalla.

Su voz salió seca, sin titubeos, casi sin emoción: —Descansar es una pérdida de tiempo cuando el enemigo no lo hace.

Cristóbal apretó la mandíbula, un poco irritado.

—Ángel, no eres de hierro.

No puedes estar calculando veinticuatro horas al día, ¿entiendes?

Si te revientas ahora, mañana no habrá plan que sirva.

Fue ahí cuando Ángel alzó lentamente los ojos, fríos, calculadores, como si ya hubiera resuelto una ecuación en su cabeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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